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El AVE y las bromas de Cascos

SI ÉL SUPIERA LA QUE ARMÓ

Hoy va la cosa de trenes. Todavía anda Francisco Álvarez Cascos, ministro de Fomento, revolcándose de risa por el suelo desde que se enteró de cómo se tomaron los canarios una broma que lanzó en una multitudinaria reunión en su despacho. El as

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Hoy va la cosa de trenes. Todavía anda Francisco Álvarez Cascos, ministro de Fomento, revolcándose de risa por el suelo desde que se enteró de cómo se tomaron los canarios una broma que lanzó en una multitudinaria reunión en su despacho. El asunto en cuestión era la implantación del ferrocarril en las islas Canarias, a cuyo fin se le constituyeron en el ministerio todas las fuerzas vivas de la región, con Soria, Melchior, Mauricio, Adán... La cosa parecía muy solemne y ya se sabe cómo se pone Mauricio cuando de "arrancar cosas a Madrid" se trata. Así que, venga a pedir, venga a reclamar solidaridad con unas islas abandonadas, islas que sostienen a Renfe con sus impuestos, y que si patatín y que si patatán. Cascos, que es más coñón de lo que aparenta (de ahí quizá aquella chanza tan significativa sobre mandar no se sabe qué barco al quinto pino), dijo a sus contertulios que lo mejor era un tren de alta velocidad. Los canarios se miraron perplejos, pensaron en el presupuesto, les temblaron las pupilas, las niñas y las santamarías, sonó el clinc-clinc de la caja registradora y se vinieron tan contentos para acá, privados de sus huesos porque habían arrancado a Madrid algo que nadie se esperaba: un AVE.

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