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A Sánchez-Simón se le atraganta La Esfinge

Se incrementa el riesgo de acciones penales contra el ex presidente de la Autoridad Portuaria de Las Palmas por los sospechosos desvíos durante su mandato

El Puerto, es decir, España, podría perder más de 50 millones de euros de la Unión Europea por un expediente que el Ministerio de Fomento se resiste a abrir

Fumero se queda solo en su empeño de ser el número dos de Patricia Hernández en la lista del PSOE por Tenerife

El disfraz de militar nazi de un concejal del PP de Durango en el Carnaval chicha da la vuelta a España

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Javier Sánchez Simón en una imagen de archivo de cuando era presidente de la Autoridad Portuaria de Las Palmas.

Javier Sánchez Simón en una imagen de archivo de cuando era presidente de la Autoridad Portuaria de Las Palmas.

Los más viejos y astutos analistas de la actualidad portuaria de Las Palmas empiezan a atar sus cabos y a concluir que el empeño de Javier Sánchez-Simón por continuar un mandato más al frente del chiringuito tenía por objetivo principal rematar expedientes fallidos y tapar con hormigón armado o con relleno de la cantera de Roque Ceniciento varias irregularidades que ya empiezan a transformarse en acciones penales. Es cierto, y eso es lo único que a día de hoy parece confirmado, que Sánchez-Simón se cabreó muchísimo cuando se vio obligado a ceder la presidencia de la Autoridad Portuaria al socialista Luis Ibarra. Hubiera sido capaz incluso de darse de alta en el PSOE con tal de que lo dejaran continuar. Quizás por eso se convirtió acto seguido en el único ex presidente incapaz de encajar su relevo, lo que se tradujo en numerosas diatribas públicas con su sucesor mayormente encaminadas a defender su propia gestión y a descalificar cruelmente la de su sustituto. Ibarra se lo tomó con bastante deportividad, todo hay que decirlo, y con la paciencia que debe iluminar a todo auditor de cuentas, su última ocupación antes de entrar en política, esperó a tener todos los expedientes leídos para reponer la legalidad vulnerada durante los mandatos anteriores, incluido el de Sánchez-Simón. Ya han pasado a formar parte del patrimonio periodístico de la humanidad las acciones emprendidas para recuperar millones de euros irresponsablemente invertidos en productos bancarios tóxicos por elementos como José Manuel Arnáiz, otro funesto presidente portuario; o para recuperar la onerosa deuda de Contenemar, cinco millones de euros que Sánchez-Simón dejó prácticamente morir hasta ver reducidas las posibilidades de cobro a un escuálido 10% (50.000 euracos) que ni siquiera cubrían el desalojo de las viejas grúas de la concesión que disfrutó la compañía. Pero donde parece estar la madre de todas las batallas es en las obras del muelle de La Esfinge, donde hubo de casi todo y casi nada bonito.

 

 

 

Perder 50 millones y empurar a los responsables

Crecen y crecen las posibilidades de que el asunto de La Esfinge adquiera todos los aditamentos de un proceso penal una vez se culminen las acciones administrativas encaminadas a la inhabilitación de los funcionarios responsables del desaguisado y los expedientes que clarifiquen si hay que devolverle o no a la Unión Europea una porriada de millones de euros como consecuencia de la cabeza loca de quienes estaban al frente del tinglado, es decir, Javier Sánchez-Simón y el director del puerto bajo su mandato, José Daniel López, este último ya sancionado (con recurso interpuesto) a seis años de inhabilitación. Ninguno de los dos puede alegar ignorancia porque al director le previnieron insistentemente las empresas adjudicatarias de que para hacer un modificado de un proyecto (como fue el caso de elevar en dos metros y medio el espaldón del muelle) era necesario un acuerdo del consejo de administración; a Sánchez-Simón, por su parte, le previno un alto funcionario de Puertos del Estado, alertado por un ex consejero de la Autoridad Portuaria. A esa irregularidad hay que añadir la calidad de los materiales empleados para los rellenos, procedentes de la cantera de Roque Ceniciento, que por fin ya se ha agotado sin que nadie haya previsto de momento una actuación regenerativa en ese paraje. El desvío de unos 4 millones de euros desde la obra de un contradique semisumergido a las obras de La Esfinge para cubrir esos modificados ya está circulando por despachos de conocidos penalistas de la ciudad para evaluar si pudiera o pudiese ser constitutivo del delito de malversación de caudales públicos, y en su caso, de motivo suficiente para que la UE obligue devolver todas las ayudas europeas a Puertos de Las Palmas, es decir, unos 50 millones de euros. El Ministerio de Fomento se debate en la tesitura de no actuar y dejar que los responsables se vayan una vez más de rositas, o en la de iniciar acciones penales y acto seguido enfrentarse a un expediente de Bruselas.

 

Tendrá que explicarse el bancario

Mientras, Sánchez-Simón continúa con su particular cruzada contra quienes fueron en el Puerto sus más socorridos interlocutores. A las actas que como inspector fiscal le abrió el año pasado a Lavinia y a Italmar (es decir, al empresario Germán Suárez) se suma ahora la que le ha metido a FCC, casualmente integrante de la UTE de La Esfinge y una de las compañías que está reclamando que le paguen lo que es suyo. El pasado día 19 declaró como testigo ante el juez Rafael Passaro, titular de Instrucción 2 de Las Palmas de Gran Canaria, para ratificarse en su actuación contra Lavinia al considerar que esta naviera griega, cuya consignataria local es Italmar, evadió impuestos por importe superior a 2 millones de euros. Su posición fue irreductible y lo mismo sostuvo que los auditores de ambas compañía hacían mal las cuentas como que los saldos aportados por el Banco Popular eran erróneos. La solución formulada por el juez ha sido llamar a declarar al director de la sucursal para que explique a las partes cómo era la póliza de crédito que usaba la naviera y si es cierto o no que el inspector Sánchez-Simón se equivocó al contabilidad dos veces los movimientos de entradas y salidas.

 

Fumero insiste (increíble)

La sacudida que vive el PSOE de norte a sur no parece haber llegado al municipio de Vilaflor, donde vive sus últimos días como alcalde el que, además, acumula a ese cargo el de secretario general del partido en la isla de Tenerife. Manuel Fumero, que así  se llama, se ha enrocado en lo que él cree imbatible poder orgánico para insistir en que él es el tocado por los dioses para ser el número dos de la lista de Patricia Hernández al Parlamento. No debe haber leído ni una sola página de la prensa nacional, ni escuchar los boletines de radio ni los informativos de la tele, que han contado con pelos y señales la operación que acabó con la carrera de un candidato con mucha más musculatura que la suya, un tal Tomás Gómez en Madrid, que ha caído por acumular tres de las muchas debilidades que adornan a Fumero. La primera, sin duda alguna, ser un candidato sin penetración social, sin capacidad electoral y sin valoración maldita. La segunda, estar imputado en una causa penal (Gómez ni siquiera lo estaba en el momento de autos) por un presunto delito ambiental. La tercera es, consecuentemente,  la existencia de candidatos más valiosos, con mayor implantación territorial, con más reconocimiento y experiencia y con posibilidades electorales superiores a las del pretencioso Fumero. Y encima, sin imputaciones penales. Se nos ocurren dos o tres así, a botepronto, pero el primero que debería estar ya en la agenda de Patricia Hernández es Gustavo Matos, que reúne con creces los requisitos y que se ofreció desde el primer día a la candidata para cerrar ese capítulo en evitación de estos penosos episodios que se están viviendo en el socialismo tinerfeño.

 

A Juanjo se le atraganta el disfraz de nazi

Al periódico El Día le pareció inicialmente hasta gracioso que el concejal del PP en Durango Juanjo Gaztañazatorre se uniformara “de alemán” el pasado 19 de febrero en el Carnaval de Santa Cruz de Tenerife “como invitado de honor y especial de la murga decana, la Ni Fú Ni Fá, “mi segunda casa, dice”.  No aclara el cronista si la segunda casa es el Carnaval de Santa Cruz o la murga decana, pero sí que al concejal la parecía una nueva experiencia esto de ir de nazi, “aquí, con el armamento preparado para salir al coso”, declaración que hizo antes de “salir a desfilar con total marcialidad por la avenida de Anaga”. Juanjo, como le conocen, lleva 43 años viniendo al Carnaval de Santa Cruz, lo que a juicio del periodista la acredita como “una voz autorizada para hablar de unos festejos que pasaron de gustarle a convertirse en una necesidad vital”. A tal punto llega su fidelidad, que “sin quererlo ni pretenderlo, casi se ha convertido en un personaje más del Carnaval chicharrero, al nivel de los tradicionales Fidel Castro, La Lecherita o Chiquito de la Calzada”. Para disfrutar del Carnaval, el señor Gaztañazatorre se ha tomado unas buenas vacaciones, del 31 de enero al 22 de febrero, lo que a su vuelta a Euskadi se ha convertido en un auténtico suplicio al tener que enfrentarse a las críticas por haber elegido un disfraz tan desafortunado para un político de derechas como el de militar del ejército de Hitler. Máxime teniendo en cuenta sensibilidades latentes en su villa como las derivadas del recuerdo latente de que fue bombardeada durante la guerra civil por la aviación fascista. Su propio partido ha salido a calificar de desafortunado el disfraz, que evidentemente es desafortunado sobre todo al saber que el político, además de este, se había hecho confeccionar otros de “gitana tradicional de la Fufa, otro para la calle y el del entierro de la sardina”. Hasta de concejal del PP hubiera estado más gracioso.

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