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La sentencia que oculta don Pepito

EL EDITORIALISTA GANA EN LA AUDIENCIA A PAULINO RIVERO

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Don Pepito, en su último juicio como acusado. Vienen más, no se desanimen.

Don Pepito, en su último juicio como acusado. Vienen más, no se desanimen.

Más de una vez han podido leer en esta sección que en los juzgados y tribunales de justicia los burros vuelan, y que con la misma ley con la que se condena a un justiciable se le exonera de cualquier responsabilidad sin que pueda haber reproche profesional (o penal) a quien la aplica, salvo contadas ocasiones en el que el reprochado sea molesto o insalubre para el sistema. La sentencia que les vamos a comentar aquí hoy es de ésas que requieren un análisis pausado y responsable. Pausado para intentar encontrar dónde está el truco, dónde puede haber colocado la magistrada ponente el gazapo para que, una vez descubierto, todo el entramado de consideraciones jurídicas se desbarate en favor del sentido común. Lectura responsable para no caer en la misma tentación en la que habitualmente cae uno de los dos protagonistas de esa sentencia, el más dicharachero editorialista de Barrio Sésamo, don José Rodríguez Ramírez, conocido en esta casa como Don Pepito. No encontramos gazapo alguno pero sí determinadas consideraciones de la juez que nos llevan a explicarnos por qué el afamado independentista de pijama y orinal sólo ha divulgado el fallo ocultando todo lo demás. El otro protagonista de la sentencia es Paulino Rivero, que sale derrotado al revocarse la resolución de primera instancia que condenó a don Pepito a pagarle 60.000 euros y a retirar de las hemerotecas (digitales e impresas) todos los editoriales de 2011 y de 2012 en los que le ofendió gravemente hasta vulnerar reiteradamente su derecho al honor. Sí, como lo leen, la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife acaba de revocar aquella primera sentencia del Juzgado de Primera Instancia número 6 de aquella ciudad, con lo que don Pepito ha quedado absuelto y con las manos libres para seguir insultando como venía haciendo hasta ahora (las sentencias condenatorias no le hacen retroceder lo más mínimo) al presidente del Gobierno. No le arrendamos las ganancias a la juez que condenó a este sujeto en Primera Instancia, porque estamos seguros de que operará ese mecanismo de vengador mesiánico que alimenta Don Pepito, que ya habrá dado órdenes a sus afamados bufetes jurídicos para que interpongan querella contra ella por prevaricación. Amenaza con esas acciones a todos los jueces que le llevan la contraria y lo llegó a hacer contra la juez de Las Palmas de Gran Canaria que le archivó una querella contra una periodista y le condenó a las costas, a pesar de que la Audiencia Provincial y la Fiscalía respaldaron completamente las actuaciones de la magistrada. Una querella, por cierto, que fue inadmitida de plano por el TSJC, pero que el dueño de la mayor colección de metopas del Atlántico sigue aireando con la única intención de pelearse con los molinos creyendo que son gigantes.

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