eldiario.es

Menú

Las muñecas rusas de Ramón Betancor

La escritura para Ramón Betancor es también como un largo y extraño viaje lleno de peligros que habrá que ir sorteando. Sus novelas son como un extenso ovillo por devanar.

- PUBLICIDAD -

Siempre me gustaron las muñecas rusas y desde hace muchos años permanecen en las estanterías de mi casa y me acompañan de un lugar a otro. Ese juego de colocarlas unas dentro de otras me fascinaba cuando era niña desde que mis padres me trajeron de Moscú una de esas Matrioshkas de colores vivos tradicionales que se crearon en 1890 con las que juegan los niños de Rusia y que los turistas compran como recuerdo. Sigo jugando a lo mismo cuando caen en mis manos libros que tienen una estructura parecida a una de esas mamushkas de madera pintada y los leo con la misma pasión con que sigo jugando a poner objetos en distintos lugares de la casa para darles una nueva forma. Un entretenimiento en el que la lógica interviene de una manera definitiva.

En esta ocasión el libro se titula  Camino del suelo, una novela escrita por Ramón Betancor a quien le gusta el mismo juego a la hora de escribir. A él hace tiempo que lo he colocado en una de mis estanterías. A sus libros en los estantes de mi biblioteca y a él cerca de mi corazón porque decir su nombre es igual a contar la historia de un muchacho que nace en Santa Cruz de La Palma en 1972 y llega a ser escritor, músico y periodista y al que he conocido ejerciendo esos distintos oficios con la maestría que le caracteriza. Porque Ramón ha escrito guiones, teatro, poemarios, aforismos, relatos y novelas, En 2015 puso en marcha el proyecto Redgeneración Literaria, una apuesta por la democratización de la literatura con la que consiguió dar visibilidad y acercar al público canario a numerosos autores residentes en las Islas. Ha prologado libros como Duelo de azules, de la escritora Carmen Velasco y ha sido Jurado del I Premio de Narrativa Breve Dolores Campos-Herrero. Es miembro de la Mesa de Desarrollo Creativo del Pacto Insular por la Lectura y la Escritura del Cabildo de Gran Canaria y de la Mesa Técnica del Libro y las Bibliotecas del Consejo Sectorial de Cultura del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria. Sus textos han sido incluidos en múltiples antologías, como Hakawatis de hoy (Puentepalo, 2012), Nieve transparente (Cartas Diferentes, 2015) o Enterversando (Lapsus Calami, 2016). Todo eso es lo que se dice sobre él. Y todo ese bagaje se debe a su ambición y a su lucha por ser todo lo que he citado y muchas cosas más porque mucho más es lo que le espera a quien, como él, es capaz de perseguir los sueños con verdadero empeño.

Ramón Betancor no sería nada si no fuera por los sueños que ha sabido alcanzar desde niño: ser músico, ser cantante, ser escritor, ser… Cualquier cosa que pusiera a prueba su capacidad de enfrentarse a la vida  para llevar a cabo lo deseado por difícil que pareciera. Un día decidió ser músico y agarró una guitarra y lo hizo posible. Otro día quiso escribir una novela y se sentó a escribir las aventuras de Mario Rojas, un escritor al que sus ansias de publicar le llevan a intentar saldar la deuda que un amigo ha contraído con una organización secreta que se lucra con el trabajo de artistas a quienes promete poderes mágicos enseñándoles cómo alimentarse de los sentimientos y las almas de quienes les rodean para crear así obras increíbles. Y lo hizo.

Y así nos encontramos hoy ante una obra de ficción y de intriga, El Reino de los Suelos una trilogía compuesta por Caídos del suelo (la noche que cambió nuestros días), Colgados del suelo (el día que alargó nuestras noches) y Camino del suelo (el origen de El Clan), editados por Baile del Sol. En ellas, el amor, el sexo, el dinero, el poder, la amistad, la traición, las dudas y el paso de los años, forman parte de una intriga que nos invita a reflexionar sobre cuál es el precio que muchos artistas están dispuestos a pagar por llegar a lo más alto. Un asesinato y una serie de mensajes en clave, guiarán a los personajes de estas novelas hasta una caja que deben tratar de abrir. Su contenido les llevará a vivir diferentes situaciones. Camino del Suelo es la novela que cierra la trilogía. En ella, un joven Marc Oliver nos desvelará cómo se fraguó el origen de El Clan.

¿Qué es esta novela? ¿Qué diablos quiere contarnos su autor? Para empezar yo diría que es un libro dentro de otro libro.

“Se le vino a la cabeza una matrioska, ese conjunto de muñecas rusas en el que cada una encierra otra más pequeña en su interior.” (Pág. 109)

Los personajes están dentro de otros personajes que a su vez se van enlazando como en el engranaje de un puzzle literario con enigmas, intrigas y misterios que el autor va creando y obligando al lector a descifrar. La novela es la larga odisea de una serie de personajes que buscan su destino, la isla definitiva que los acoja como una Ïtaca imposible de alcanzar. La novela es la historia de un largo viaje a través de vericuetos y aventuras diversas que los personajes van atravesando como si fueran en distintas embarcaciones pero siempre buscando el mismo final que no es otro que descubrir el misterio de una extraña organización, una rara mafia literaria en la que unos y otros se devoran entre sí y pagan un precio muy alto por conseguir llegar a ser escritores famosos.

“El objetivo no era otro que reforzar la autoestima del artista para potenciar su capacidad creativa. Un baile de egos tras un espeso telón de presunta magia, que les hacía creer que podían alimentarse de los sentimientos y las emociones de quienes les rodeaban.” (Pág. 27)

La escritura para Ramón Betancor es también como un largo y extraño viaje lleno de peligros que habrá que ir sorteando. Sus novelas son como un extenso ovillo por devanar. Los textos se adaptan a ese ir y venir y sus personajes dicen lo mismo que diría el autor que los ha puesto en ellos y les ha dado vida.

“Además, siento que la novela que estoy escribiendo se me escapa de las manos. No sé, es como si avanzara sola. Como si yo no tuviera el control sobre ella y sus personajes.” (Pág. 77)

Las repeticiones, los saltos temporales y espaciales responden a esas turbulencias propias de un viaje por los mares interiores de cada uno de los personajes en los que hay poesía y filosofía a partes iguales y en las que las citas musicales aparecen de forma constante y nada aleatorias porque no podía ser de otra manera tratándose de alguien que ama la música y la lleva dentro, tan dentro que es raro no encontrar alusiones en sus páginas a músicos, canciones, partituras y acontecimientos curiosos como ese extraño viaje dentro del viaje de sus protagonistas en el que el autor narra con toda suerte de detalles la llegada de Los Beatles a Madrid en 1965.

“Es como la música, por ejemplo. Hay canciones inolvidables que se adhieren a tu memoria con una crudeza feroz. Melodías engarzadas a letras que escuchas una y otra vez y nunca te cansas de saborear.” (Pág. 80).

Los protagonistas de la novela caminan de la mano de sus lectores y estos, a su vez, deben leer y descifrar los enigmas que el autor les propone. El lector permanece siempre en un primer plano dentro de la intriga en la que están inmersos los protagonistas y siente, junto al autor del libro que se está escribiendo dentro del libro, cómo la novela a veces se escribe sola.

“Además, siento que la novela que estoy escribiendo se me escapa de las manos. No sé, es como si avanzara sola. Como si yo no tuviera el control sobre ella y sus personajes.” (Pág. 77)

Nosotros, lectores, y ellos, Mario, Julia, Jotas, Marc, M. y toda una suerte de personajes que han compuesto el hilo conductor de los tres libros, deben ir descifrando los enigmas hasta llegar al final. Y mientras transcurren sus (nuestras) historias, Ramón Betancor aprovecha para sentenciar, recriminar, apuntar observaciones de un claro matiz moral que pone en boca de los seres misteriosos que pueblan la novela.

“Yo no creo en fechas ni en metas ni en fracasos ni en dependencias emocionales que se extirpan del corazón con el simple paso del tiempo. Eso sí que me parece tan vacío y triste como no haber querido nunca. Opino que no es necesario olvidar para ser feliz, pero que sí es imprescindible aprender a convivir con esa ausencia. Con esa tristeza que cada día es menos oscura y más cotidiana. Más serena…” (Pág. 81)

Es posible que su personaje no crea en nada pero Ramón Betancor cree en algo que lo ha llevado a escribir este libro y muchos más por venir porque, como bien escribe uno de los misteriosos seres que lo pueblan,

“Por doquiera que el hombre vaya lleva consigo su novela”. (Pág. 82)

Esta es “su” novela y está esperando que la leamos y juguemos con él a escribirla y a descifrarla.

“Ahora ya puedes venir a por mí.

O, al menos, intentarlo.

¿Jugamos?”  (Pág. 82)

- PUBLICIDAD -

Comentar

Enviar comentario

Enviar Comentario

Comentarios

Ordenar por: Relevancia | Fecha