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En el piso de PISA

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camy

Después de leer estos días atrás sobre los resultados del informe PISA y saber el vergonzoso puesto que ocupan nuestros alumnos canarios en el ranking de matemáticas, ciencias y comprensión lectora -de lo cual no me hago responsable pues solo hace tres meses que trabajo en esto tras muchos años en otros ámbitos-, no me queda otra alternativa que sorprenderme ante la autocomplacencia mostrada por nuestra Consejería de Educación de que somos los que mayor mejora tenemos porque estamos más cerca del nivel medio en 2015 que en 2009.

¡Pues mira qué bien! Cuánto me alegraría si no fuera que en cursos completos de los que yo tengo cerca hay chicos que en su casa no tienen ni un solo libro de lectura y mandar libros para leer en casa es perder el tiempo. A mi favor diré que, cuando yo tenía 15 años, la edad aproximada de estos chicos encuestados en el informe PISA, ahorré de comer mi bocadillo del recreo durante varios días para comprarme mi primer libro en una exposición que hicieron en mi instituto. Me costó doscientas pesetas y se llamaba Love Story, de Erich Segal. Todavía lo guardo con mucho cariño, con su cubierta en tonos rosa y la foto de Ryan O’Neill y Ali McGraw en la portada. Llegar a esa edad sin libros en casa no quiere decir que no hubiera leído nada, pues sí le había dado buena cuenta a todos los libros de las bibliotecas de mis dos anteriores colegios, de la nada despreciable colección de clásicos juveniles y Reader’s Digest que tenían los hermanos de mi amiga Beni, las revistas del corazón que siempre había en casa de mi abuela, los Mortadelos de mi hermano, la Super Pop y hasta los recatados libros de educación sexual para parejas católicas que tenían mis padres ocultos en la mesilla de noche. No era una lectora de las más voraces, pero a veces es desesperante tener en casa una biblioteca con casi ocho mil ejemplares y que mis hijas me digan que no tienen nada que leer.

Pienso que en leer y aprovechar lo leído está el progreso y que nuestros estudiantes de ahora han descendido en la calidad del conocimiento aun con todo lo que tienen en su mano para ser infinitamente más inteligentes que hace cuarenta años. A mis padres no se les hubiera ocurrido hacer una ridícula huelga de deberes para que no me pusieran tareas. Mi tarea era barrer, fregar la loza, limpiar el polvo, pelar las papas del potaje, recoger la ropa y doblarla, ayudar en lo que fuera menester en casa y, si quedaba tiempo, que siempre quedaba, entonces estudiabas para un examen o hacías las tareas de clase…, y la luz apagada antes de las diez de la noche. Eso sí: no había móviles, ni internet y un solo canal de televisión en blanco y negro que a esa hora ponía pelis de dos rombos, que a los chicos nos estaban vetadas.

Pienso que en leer y aprovechar lo leído está el progreso y que nuestros estudiantes de ahora han descendido en la calidad del conocimiento aun con todo lo que tienen en su mano para ser infinitamente más inteligentes que hace cuarenta años

Tampoco es de extrañar que no avancemos en mucho tiempo porque otras pretensiones también se han manifestado estos días y pronto seguramente le saldrán imitadores. Una federación de padres asturiana exige que los profesores trabajen en julio para dar clases de recuperación, por el simple hecho de ser funcionarios. Yo creo que es de perversos no poner a sus hijos durante todo el curso a estudiar para sacar aprobados en tiempo y forma, con todas las facilidades que se les da a los alumnos en este sistema educativo que tenemos, y, si no, echen un vistazo a las órdenes de evaluación que se están sacando: si un alumno suspende no es culpa de los padres, ni de los alumnos, ni del sistema, sino del profesor de turno, ¿cómo no? ¡Faltaría más!

Pero es más fácil darse al gandulismo y echar luego balones fuera. Les invitaría a pasar un mes a mi lado noche y día para ver si los fines de semana sin disfrutar de tu familia, los puentes corrigiendo exámenes, las horas de tarde y noche preparando clases, situaciones de aprendizaje, haciendo programaciones, evaluando por competencias...., no son suficientes para duplicar el horario de trabajo de un funcionario común y corriente.

Les diré que ya hace bastante tiempo que estoy buscando un destino donde se ejerza esta hermosa profesión de docente con más satisfacciones y mejores resultados en los receptores…

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