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Corrupción e independentismo

José A. Alemán / José A.Alemán

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Entre las dichosas montañas y los cientos de reclamaciones sentenciadas, o retrasadas porque los jueces no dan abasto, el panorama resulta desolador. Es evidente que el coste económico de los despropósitos gubernamentales acarreará una merma de recursos para otros cuidados en perjuicio de nuestro bienestar social, con la definitiva condena a los infiernos de los más débiles. Pero no es menos evidente que el Gobierno trata estos asuntos con la mayor naturalidad, como si no fueran con él salvo para poner las perras, pobrecito, y que la sociedad no reacciona siquiera relacionándolo todo con tantos años de administración nacionalera y recordando la complicidad del PSC y del PP que han permitido a CC estar ahí de fijo. Los isleños somos mansos y de eso se aprovechan los tres partidos para seguir viviendo de espaldas a la realidad. CC y PP, como si aquí no ocurriera nada; y los psocialistas, que deberían ser la alternativa, siguen sin hilvanar un discurso que no sea la denuncia política de la corrupción en clave electoral. El resultado es el deterioro democrático y la entronización de la desvergüenza en grado ya insoportable.

Ya he hablado en alguna ocasión del fracaso de la autonomía canaria desde el punto de vista institucional y de gobierno en armonía. Pero ¿qué decir desde la perspectiva de la gestión de los dineros públicos, que es su correlato? Los escándalos se suceden desde La Favorita al Eolo, Telde, Mogán, Las Teresitas y sus anexos, Arona, Lanzarote, por citar algunos casos conocidos sin que se produzca una reacción cívico-política comparable a la desmoralización avergonzada que exteriorizó el Parlamento catalán ante los chanchullos de psocialistas y CiU recién desvelados por el inevitable juez Garzón; al que lograron sentar en el banquillo, imaginarán la razón.

El caso es que da la impresión de que a la gente le da lo mismo ocho que ochenta; o le puede su impotencia ante la impunidad que permite a los responsables de los desaguisados continuar en la vida pública y seguir con sus trapisondas, que van desde meter la mano directamente en la caja hasta graves negligencias en la defensa de lo público y las correspondientes comisiones, con la secuela de procesamientos a quienes osen denunciarlas. Miseria moral es la palabra.

Las cuantías de que se habla convierten las loquinarias promociones turísticas de Rita Martín en mera anécdota, en dinero suelto en el bolsillo del bañador. Lo que no quiere decir que la consejera no tenga lo suyo. Se producen sus iniciativas con la paralela reducción de los dineros destinados a las necesidades urgentes, lo que responde, esto es lo grave, a la idea de la derechona de que aplicar dinero a cuidados sociales es un despilfarro e inversión inteligente el que ella dilapida y del que dice que no es gasto sino inversión. Puro neocom amaurado. Creo que la consejera se dejó llevar por el chau-chau de los representantes de la empresa peninsular que le vendió la moto como en los mejores tiempos del maurismo acomplejado, cuando se dejaban caer por aquí individuos a vendernos gofio made en Euskadi a fuerza de labia. Por cierto: una conocida marca de gofio ha rotulado en sus nuevos envases que el producto es “de maíz”, no de millo. Finos que son.

En medio de todo, para que miremos a otro lado, las proclamas independentistas. Las de El Día, muy relacionadas con los escándalos tinerfeños. Para meterle a Madrid el miedo en el cuerpo dentro de su lógica: si, como aseguran, fue el Gobierno central quien ordenó a la Justicia salir a cazar granujas, la cuestión ahora es asustarlo para que mande a los tribunales dejarlos estar.

Abundan en la misma dirección los jóvenes de CC. Me parece muy bien que, si se sienten independentistas, se manifiesten como tales. Están en su derecho y no me asusta el palabro pues lo que haya de ser, será si ha de ser. Pero no comprendo que abominen de la bota colonial española y nada digan del aplastante calzado de los caciques locales que tanto han contribuido a lo que hoy padecemos. A lo mejor es que usan botas autóctonas, de las que antes fabricaban en Agaete, y eso cambia las cosas. Sarna con gusto no pica, es fama.

Tampoco entiendo que estos jóvenes no analicen la situación en cuanto refleja la falta de dirigentes nacionalistas y no nacionalistas aptos para gobernar; ni que no hagan propuestas de organización político-administrativa interior merced al principio de arreglar la casa por dentro antes de enseñarla. Menuda independencia tendríamos con esta estructura sociopolítica caciquil. Salvo, claro, que las campanas de la libertad hagan arrepentirse a los indeseables enquistados en el poder al punto de renunciar a las cogiocas de no dejar un euro fuera. Nada digo de las diferencias entre la autonomía real y la descentralización que padecemos porque sería para nota.

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