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El Hierro y el reto demográfico

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Hay que reconocer el esfuerzo del actual Gobierno de Canarias por al menos `remendar´ el abandono al que han estado sujetas históricamente las llamadas islas menores, ese apodo que parece que ahora no gusta pronunciar, y que a mí al menos no me desagrada porque al fin y al cabo somos casi siempre menores en tamaño, menores en población, menores en inversiones, menores en renta per cápita, menores en importancia, menores en protagonismo,… 

Titulares como que “Gobierno y ayuntamientos de menos de 10.000 habitantes acuerdan activar un Plan de Desarrollo Rural Sostenible de Canarias” (que ya van por 47), no deja de ser como el canto de La Meda, una pieza improvisada del romancero tradicional de El Hierro en el que la pregunta siempre tiene una respuesta repetitiva, vamos un canto de trabajo con la que se entretenían nuestros antepasados en el campo. Con toda la pasividad, mirando para otro lado, y a paso de tortuga han puesto de manifiesto que las islas menores solo han estado para intereses partidistas y partidarios, prometiendo antes de las elecciones todo y cumpliendo una mínima parte o esperando la suma de diputados por eso de los pactos de gobierno que unas veces han sido de hormigón y otros de las flores. Lo he visto durante décadas y me da que lo vamos a seguir viendo. 

Teniendo en cuenta las buenas intenciones y los estudios del ISTAC que avalan la situación, hay muchas preguntas que hacerse: ¿qué ha cambiado en Canarias para que una evidencia tan clara sea ahora motivo de extrema preocupación?. Pues en el caso de Canarias una realidad muy clara, las grandes urbes y los núcleos turísticos no aguantan tanta presión demográfica, ahora son ellos los que se desangran día a día. Las rentas se desequilibran progresivamente porque la riqueza se reparte entre unos pocos y los niveles de pobreza aumentan para la mayoría, o lo que es lo mismo, los ricos lo son cada vez más y los pobres pasan a la indigencia, el suelo es caro y el precio de la vivienda. 

La canción `No hay cama pa´ tanta gente´ del Gran Combo de Puerto Rico, bien podría ilustrar la realidad de Canarias, porque mientras miles de canarios están a la espera de una vivienda, un trabajo, una ayuda a la dependencia, una consulta médica, una operación quirúrgica, presumimos que Canarias recibió una cifra record de turistas en 2023, 14,1 millones de visitantes foráneos que se reparten fundamentalmente entre Tenerife con 5,6 millones y 600 mil más que en 2019 y Gran Canaria con 3,6 millones y 80.000, vamos que Tenerife gana por goleada y no lo digo para crear pleitos, sino para constatar estos desequilibrios históricos, porque como bien dice el lema de aquella última manifestación: “Canarias tiene un límite”. 

El 2024 Canarias continua al alza, habiendo recibido 5,5 millones de pasajeros aéreos internacionales en el primer cuatrimestre del año lo que supone un 11,9% más que en el mismo periodo de 2023, según los datos publicados el pasado viernes por Turespaña. Todas estas elocuentes y prometedoras cifras se contradicen con la realidad de la Comunidad Canaria, donde un 36% de su población, es decir casi 780.0000 se encuentra en riesgo de pobreza y exclusión social y no hablemos de vivienda o de prestaciones sociales y sanitarias porque entraremos en depre. 

El reto demográfico en El Hierro 

Hecha esta introducción, me gustaría referirme a El Hierro con datos aportados por el ISTAC que vienen a reflejar que nuestra situación sigue siendo, porque esto no es nuevo y viene de atrás, delicada y complicada. Así vemos que las poblaciones en los tres municipios crecieron durante el 2023 de manera desigual, insignificante para Valverde con un 0,8%, y Frontera y El Pinar con unas cifras un poco más esperanzadoras, un 3,1% y El Pinar con un 2,3%. Todo hay que decirlo, se lo debemos en su mayoría a la emigración retornada. 

El envejecimiento de la población herreña es patente, con cifras preocupantes desde el 2022. A la cabeza El Pinar con una media del 47,8 años y un envejecimiento del 24,91%, seguido de Valverde con un 46,1 años y envejecimiento del 22,76%, y Frontera con una media de 45,3 años y 22,52. Tenemos por tanto una isla de mayores y nuestros jóvenes desaparecen día a día y sin remedio. Curioso el dato la media de hogares que no supera nunca las tres personas: Valverde con un 35%, Frontera con un 29,5% y El Pinar con un 36,4%. En los tres municipios la mayoría es de nacionalidad española: un 90,5 Valverde, Frontera con un 83,7% y El Pinar con un 86,1%. 

Otro dato relacionado con el envejecimiento de la población es el que se refiere a la estructura de empleo segmentada por edades. Así vemos que el empleo entre personas entre 16 a 24 años nunca llega al 4%, y el mayor colectivo de personas empleadas está entre los 40 y 59 años. Muy preocupante es la bajada de la actividad del sector primario con cifras extremadamente bajas en Frontera con un 13,4% dela población, El Pinar con un 10,4% y Valverde con un insignificante 3,2%. Estos datos contrastan con el peso de la Administración que en el caso de Valverde ocupa el 44,3%, en Frontera el 13,3% y en El Pinar el 18,8%. El comercio y la hostelería le salvan los muebles a Valverde y a Frontera, y la construcción y la hostelería a El Pinar. Sería muy extenso exponer otros datos, pero en el caso de El Hierro es la administración pública, la hostelería y el comercio, la que mantiene su economía en un régimen de `sostenimiento histórico´. 

Resulta cuanto menos curioso que cuando El Hierro ejemplificaba a Canarias en el año 1996 con un Plan de Desarrollo Sostenible, en despachos de la Comunidad Autónoma se daban permisos a mansalva para construir hipermercados, centros comerciales, complejos hoteleros, autopistas, y entorno a ellos metros cúbicos de hormigón para puertos inoperativos, viviendas de compra y venta con las que nos hemos hipotecado hasta las cejas, aparcamientos subterráneos de pago ejecutados por los mismos y otros intereses empresariales y especulativos de índole privado. 

Nunca es tarde si la dicha es buena, pero es ahora cuándo se preocupan de estas islas que han ido en cambio corto y a ralentí por establecer medidas compensatorias, cuáles y para cuándo. No sería conveniente que hablaran de leyes como las que gravan a la economía canaria como la de dobles sedes, la de la capitalidad compartida, o de equilibrios territoriales con reconocimiento más real del hecho insular. 

Para equilibrar las poblaciones entre las islas no sólo bastan gestos, sino hechos. ¿Cómo atraemos gente a las islas más despobladas sin economía de base, sin vivienda, sin comunicaciones ágiles y sin sobrecostos, sin centros educativos modernos y habitables, sin una sanidad dimensionada, sin brecha digital, ….? Por algo se empieza, pero a mí me da que como me decía mi abuela cuando le pedía dinero: “mucho te quiero perrito, pero amor poquito”. 

Hay que reconocer el esfuerzo del actual Gobierno de Canarias por al menos `remendar´ el abandono al que han estado sujetas históricamente las llamadas islas menores, ese apodo que parece que ahora no gusta pronunciar, y que a mí al menos no me desagrada porque al fin y al cabo somos casi siempre menores en tamaño, menores en población, menores en inversiones, menores en renta per cápita, menores en importancia, menores en protagonismo,… 

Titulares como que “Gobierno y ayuntamientos de menos de 10.000 habitantes acuerdan activar un Plan de Desarrollo Rural Sostenible de Canarias” (que ya van por 47), no deja de ser como el canto de La Meda, una pieza improvisada del romancero tradicional de El Hierro en el que la pregunta siempre tiene una respuesta repetitiva, vamos un canto de trabajo con la que se entretenían nuestros antepasados en el campo. Con toda la pasividad, mirando para otro lado, y a paso de tortuga han puesto de manifiesto que las islas menores solo han estado para intereses partidistas y partidarios, prometiendo antes de las elecciones todo y cumpliendo una mínima parte o esperando la suma de diputados por eso de los pactos de gobierno que unas veces han sido de hormigón y otros de las flores. Lo he visto durante décadas y me da que lo vamos a seguir viendo.