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Se nos acaba de morir un hombre

Se nos acaba de morir un hombre.

Es necesario recordar su infancia;

volver a los umbrales de la risa

donde es la muerte tan lejana.

Su vida fue sencilla,

como el brotar del trigo la mañana.

(La tristeza afloraba entre sus ojos

presagiando el final de la mirada).

Pensaba que era cierto,

-él vio la muerte en una madrugada-

pero con la alegría de la vida

cuando es secreto nido entre las ramas,

luminosa mañana y correrías,

sorpresa de la hierba masticada.

Era la vida tierna como un junco,

por eso la trataba con cuidado

procurando decir a cada instante:

>.

Cuando el llanto brotó por vez primera,

comprendió tristemente que era el paso

hacia una orilla de lejana playa.

Comprendió que el llanto y la risa

era la misma agua que de una fuente mana.

Esta es su historia a grandes rasgos,

luminosa y sencilla,

como el brotar del trigo en la mañana.

La realidad está a cuerpo presente

y es necesario recordar su infancia

negándole evidencia a aquella muerte

que estaba presagiando en la mirada.

(En la muerte de Manuel González Barrera, autor del poema, Arucas, 1936, Arrecife de Lanzarote, 2012)