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Las bacterias colonizan los microplásticos que llegan a las playas de Tenerife

Toni Ferrera

Las Palmas de Gran Canaria —

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Los microplásticos que alcanzan el medio marino y ponen en peligro la vida de cientos de especies también funcionan como reservorios de bacterias, lo que supone una nueva vía de exposición para los seres humanos. Un nuevo estudio publicado por científicas tinerfeñas de la Universidad de La Laguna (ULL) demuestra que altos porcentajes de estos miniresiduos contienen gérmenes fecales o patógenos perjudiciales para la salud, como la Vibrio alginolyticus, que principalmente causa infecciones de tejidos blandos y septicemia, aunque a su vez supone una amenaza para la acuicultura.

Las investigadoras han analizado 687 fragmentos y 139 pellets de plásticos recogidos en siete playas de Tenerife (Almáciga, Las Teresitas, La Viuda, El Socorro, Playa Grande, Punta del Bocinegro y Puertito de Adeje). De todas las muestras, la bacteria Vibrio alginolyticus fue hallada en el 100% de los fragmentos, seguida de la Intestinal Eterococci (85,7%), Faecal Coliforms (85,7%), S.aureus (71,4%) y E. coli (57.1%). Con respecto a los pellets, los valores son menores en todos los casos. Las autoras del estudio creen que esto se debe a que la superficie de los fragmentos es más rugosa e irregular, facilitando así la formación de biofilms o biopelículas, esto es, la capa en la que sobreviven los patógenos mencionados.

“Alrededor de los plásticos que están a la deriva se va formando una capa de nutrientes y se va creando esa biopelícula que hace que los microorganismos patógenos que se introduzcan puedan permanecer durante más tiempo en ella, porque están envueltos en todo lo que necesitan”, resume Cintia Hernández, miembro del departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la ULL y la primera firmante del artículo. Esa envoltura de la que habla Hernández fue descrita por el científico Zettler en 2013 como una “plastiesfera”. El plástico puede convertirse en un hábitat para las bacterias porque tiene una vida más larga que la mayoría de los sustratos marinos flotantes. Sin embargo, Cintia y el resto de investigadoras aún desconocen de cuánto tiempo estamos hablando.

“Eso es lo que estamos estudiando ahora. Hay microorganismos que son más resistentes al medio salino, como es el caso de los Vibrio. Y la otra pregunta que nos estamos haciendo es si esas bacterias prefieren adherirse a un microplástico que a otros materiales a la deriva, ya sea una piedra pómez, restos de cangrejos, de alga, etc.”, explica la experta.

Para la elaboración del estudio se desarrollaron tres pasos bien diferenciados. Una primera fase de recogida de muestras; una segunda en la que esas pruebas fueron introducidas durante 24 horas en agua de peptona, que actúa como diluyente y permite la multiplicación de microorganismos; y la tercera, que viene ya a confirmar la naturaleza de los patógenos encontrados. En todos los fragmentos analizados, se identificó a la bacteria V. alginolyticus, del grupo de los Vibrio spp. Este microorganismo es omnipresente en el medio marino. Puede infectar con frecuencia heridas u oídos, sobre todo de niños que practican actividades acuáticas, así como las extremidades inferiores de los adultos.

En cuanto a los indicadores de contaminación fecal, el estudio detalla la presencia de E. coli, Intestinal Eterococci y Faecal Coliforms, todos ellos incluidos en la legislación europea sobre la gestión y calidad de las aguas y también descubiertos en otros estudios similares. La presencia de estos tres microbios fue mayor en las playas de Puertito de Adeje, Punta del Bocinegro y Las Teresitas. Las tres comparten las mismas características de ser playas cerradas y de poco oleaje. Y también están cerca de vertidos de aguas residuales, lo que en palabras de las autoras de la investigación “puede favorecer la colonización de microplásticos por microorganismos”.

“No podemos afirmar que [la alta presencia de contaminadores fecales] sea por eso (los vertidos residuales), pero es una opción muy probable. Normalmente, esos organismos no viven tanto tiempo en medio salino”, agrega Hernández. La última bacteria estudiada, S. aureus, no es como las tres anteriores, pero fue incluida por las autoras debido a sus problemas potenciales, como infecciones de piel y mucosas.

A pesar de los presumibles riesgos alertados por el estudio, publicado en la revista Environmental Research and Public Health, Hernández y cía recalcan que no se han investigado los daños que esta colonización de bacterias podría causar entre los usuarios de las playas tinerfeñas. Básicamente porque es casi imposible conocer algo así, resume la científica. “Es muy difícil. Demostrar que alguien sufre una infección por haberse bañado en esa playa y entrado en contacto con un microorganismo como los que hemos mencionado… Eso está muy lejos todavía de nuestro conocimiento”.

Sí que se puede, por otro lado, cerrar el acceso a una playa en caso de encontrar elevadas concentraciones de E.coli, por ejemplo (las costas de Tenerife lo sufrieron especialmente hace poco más de año y medio). El problema es que en estos análisis de contaminación no se tiene en cuenta la aparición de microplásticos, a pesar de que proporcionan a los patógenos un sustrato más duradero que el resto de la basura marina. Hernández recuerda que Canarias es un punto negro de acumulación de basura plástica por culpa de las corrientes en el gran giro oceánico del Atlántico. De este modo, islotes protegidos como Alegranza se convierten en grandes vertederos de residuos procedentes de todo el mundo, como ya demostró una investigación de la revista Science.

Además, otras bacterias, como la Vibrio cholerae, causante del cólera, también se ha encontrado en la biopelícula de los microplásticos. “Esto es un problema que ocurre especialmente en las aguas de lastre de los barcos, que van de un lado para otro, donde ya se ha encontrado esta bacteria. El Vibrio se mantiene bien, por así decirlo, en medios salinos… Y una infección por cólera ya es algo más grave”, añade Hernández.

“Hay microplásticos en todos lados. Allá donde los hemos buscado siempre los hemos encontrado. Pero, ¿qué problemas adheridos tiene eso? Creo que esto que hemos tratado es un problema que también se debe de afrontar. Porque de aquí a que quitemos todos los microplásticos que hay en el océano, vamos para rato”, concluye la experta.