Una buena noticia frente al cambio climático: los bosques de Canarias capturan más carbono del que se creía

Toni Ferrera

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En medio de un verano tórrido, marcado por incendios devastadores nunca vistos y un récord de muertes por calor en España, una buena noticia frente al cambio climático llega desde Canarias: los bosques del Archipiélago capturan más carbono del que se creía, según un estudio recién publicado en la revista Carbon Balance and Management.

La investigación estima que las masas forestales de las Islas, que abarcan unas 112.735 hectáreas de terreno, almacenan 10,26 millones de toneladas de carbono, un 25% más de lo que había calculado el Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO) en el cuarto inventario forestal, publicado en 2020.

El dato es relevante porque los bosques representan una de las principales defensas frente al avance del calentamiento global. A través de la fotosíntesis, absorben dióxido de carbono (el principal gas de efecto invernadero) de la atmósfera, liberan el oxígeno y retienen el carbono, que queda almacenado en la madera, las ramas, la corteza y las raíces durante décadas o incluso siglos.

La clave de esta nueva publicación, en la que han participado científicos de la Universidad de La Laguna (ULL), de la Universidad Johann Wolfgang Goethe, de Alemania, y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), es la metodología empleada.

Los autores han conseguido generar mapas de altísima resolución espacial, con una cuadrícula de 50 por 50 metros, que permiten conocer la cantidad de carbono almacenado en cualquier tipo de bosque y en cualquier punto de Canarias. Es una metodología “más avanzada” que la empleada por el MITECO y que, por primera vez, permite disponer de este nivel de detalle, lo que constituye el “gran logro del trabajo”, en palabras de Rüdiger Otto, profesor del Departamento de Botánica, Ecología y Fisiología Vegetal de la ULL y primer autor del estudio.

“Esta herramienta podría ser muy útil para una gestión forestal sostenible, los servicios ecosistémicos, la conservación de la biodiversidad y la política climática regional”, apunta Otto.

Los resultados muestran que La Palma alberga el mayor almacén de carbono del Archipiélago, con 4,14 millones de toneladas (casi el 40% del total). Le siguen Tenerife, que concentra el 37,5% (3,77 millones de toneladas); y La Gomera, con un 12,4% (1,28 millones de toneladas).

Por su parte, Gran Canaria y El Hierro, que representan el 11,8% y el 4,9% de la superficie forestal respectivamente, custodian cada una alrededor del 5% del carbono total de las Islas (unos 0,5 millones de toneladas cada una). La investigación excluye a Lanzarote y Fuerteventura por la ausencia de masas forestales en ambas islas.

Los pinares canarios son los que más carbono almacenan: el 57,1% del total, del que un 44,8% corresponde a masas naturales y un 12,3% a repoblaciones. Los bosques de hoja perenne, como los de laurisilva y monteverde, contienen el 37% de la reserva. Las plantaciones de especies exóticas, como el pino radiata o el eucalipto, representan alrededor del 5% del carbono almacenado. Mientras que los bosques termófilos acumulan apenas un 1,1% debido a su estado de degradación por culpa de la actividad humana.

Otro hallazgo relevante es que la laurisilva es el ecosistema que más carbono almacena en Canarias. Los valores más altos se encuentran en el Parque Nacional de Garajonay, en La Gomera, donde se registran medias de hasta 413,2 toneladas de carbono por hectárea y picos máximos de 730 toneladas.

Se trata de un dato “excepcional”, concluye la publicación, que supera las estimaciones anteriores y sitúa a la laurisilva de La Gomera en niveles de almacenamiento de carbono similares a los observados en bosques tropicales y subtropicales lluviosos o los bosques húmedos de Hawái. La clave, explica el investigador Otto, está en las “favorables” condiciones de humedad que proporcionan la influencia de los vientos alisios y el mar de nubes.

El estudio muestra una foto fija del carbono almacenado en las masas forestales del Archipiélago. Pero no especifica si un bosque en concreto está actuando como sumidero de carbono, es decir, secuestrando más carbono del que libera a la atmósfera.

En condiciones normales, es así. Los bosques compensan nuestras emisiones captando dióxido de carbono (CO2) y ayudan a enfriar el planeta. Pero esa capacidad se está viendo mermada a escala global por el calor extremo y una elevada humedad, según otra investigación reciente publicada en la revista Nature Communications.

Este cóctel acelera la respiración de plantas y microorganismos, lo que incrementa la descomposición de materia orgánica y libera grandes cantidades de CO2 a la atmósfera, convirtiendo bosques enteros, originalmente aliados en la lucha contra la crisis climática, en fuentes de emisiones.

Otto indica que los bosques más jóvenes presentan una mayor capacidad de captación de carbono que los maduros, aunque estos últimos hayan acumulado más a lo largo de sus vidas. Y agrega también que esta diferencia está relacionada con el crecimiento de los árboles, que suele ser más rápido durante las primeras etapas de desarrollo y disminuye con la edad.

“Una importante tarea para futuros proyectos de investigación será evaluar la evolución de estos stocks de carbono en las últimas décadas, cuál de nuestros bosques capta carbono más rápido y cuáles son los factores estructurales y abióticos que influyen en este proceso”, razona el experto.

El primer autor del estudio explica que el agua es “el principal recurso limitante para el crecimiento de las plantas y la acumulación de carbono” y advierte de que el aumento de las temperaturas asociado al cambio climático puede incrementar la evapotranspiración. Es decir, la demanda de humedad de la atmósfera. Esto reduciría la disponibilidad de agua en el suelo y afectaría al crecimiento de la vegetación y a su capacidad para captar carbono.

“Deberían identificarse y protegerse las masas forestales que albergan los árboles de mayor tamaño dentro de cada uno de los tres principales tipos de bosque de Canarias: la laurisilva, el pinar y el bosque termófilo”, remarca Otto.

El investigador también considera relevante cuantificar el carbono almacenado en la vegetación para estimar posibles pérdidas vinculadas a los cambios en el uso del suelo, como la construcción de carreteras, urbanizaciones u otras infraestructuras. Además, cree que conocer estos datos permite identificar el “potencial de secuestro” de carbono en zonas que se encuentran “en diferentes etapas de sucesión ecológica”.

“Puede ser especialmente útil para orientar proyectos de restauración ecológica en terrenos agrícolas abandonados, aportando una razón adicional para promover su recuperación debido a su contribución potencial a la mitigación del cambio climático”, concluye Otto.