La industria fósil gana el relato climático: el petróleo pasa de problema a solución
Justo cuando los impactos del cambio climático se están haciendo más potentes y dañinos, las grandes petroleras se han hecho con el discurso: la industria fósil ha impuesto su visión sobre el petróleo al conseguir trasladar la idea de que no vivimos una crisis del clima, sino un problema de seguridad energética, según el análisis de cobertura mediática de la investigadora de la Universidad Pompeu Fabra Silvia Díaz Pérez.
Este cambio ha hecho que el petróleo —un combustible fósil cuyo uso emite gran cantidad de gases de efecto invernadero, un tercio del total mundial cada año— sea presentado como solución a esa necesidad de energía, en lugar de como responsable del problema del cambio climático y sus consecuencias.
En este 2026, “por primera vez desde 2018, el marco que gana la disputa por el petróleo en la prensa es el de la industria: necesidad y seguridad energética desplazan a la culpa climática. El término se ha dado la vuelta”, describe el análisis. El trabajo de relaciones públicas de la industria ha dado sus réditos, ya que “ha habido una erosión sostenida en el tiempo, hasta que en 2026 se ha cruzado el umbral a favor de las visiones de la industria”.
Imponer el relato no es algo inocuo como han demostrado las investigaciones de ciencias políticas: determina cuál es el problema urgente establece los límites del debate y justifica unas políticas u otras. Ahora, ha cedido el marco de “culpa” o responsabilidad y ha tomado la delantera el de “necesidad”, con sus implicaciones.
La investigación de Silvia Díaz utiliza un índice de dominancia narrativa (NDI) basado en la revisión de los titulares informativos. Así, para cada concepto analizado —el petróleo, el gas, las renovables, la captura de carbono etc.— puede detectarse qué actor consigue definir su significado en la prensa: el movimiento climático (valores hasta -1) o la industria fósil (valores hasta 1).
En el caso del petróleo, su índice NDI ha pasado de -0,84 en 2018, es decir, la visión del movimiento climático dominaba, a -0,67 en 2024 y el salto que ha cruzado y cambiado las tornas: 0,24 en 2026. Con la guerra en Ucrania, en 2022, se vio un primer repunte de las posturas de la industria que ha dado el sorpasso este curso.
En el otro lado, los cálculos científicos han mostrado que para mantener el calentamiento global del planeta por debajo del límite de seguridad del 1,5 °C extra al final de siglo no debería extraerse más de la mitad del petróleo aun bajo tierra.
La investigación ha revisado más de 60.000 titulares de informaciones sobre clima y energía —no el cuerpo completo— de 56 medios internacionales diferentes entre 2018 y agosto de 2026. También 44.000 posts de cuentas del movimiento climático en X y Bluesky. La investigadora monitoreó las cuentas de diez petroleras y asociaciones patronales: ExxonMobil, Chevron, Shell, bp, TotalEnergies, Eni, API, FuelsEurope, OGCI y GasNaturally.
Durante este cambio de tornas, se ha producido la guerra en Ucrania primero y el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán después –con el cuello de botella instalado en el estrecho de Ormuz–. Y, al mismo tiempo, las petroleras han multiplicado sus ingresos de manera más que notable.
La mayor petrolera del mundo, la saudí Aramco, ha declarado unos beneficios de 28.000 millones de euros para el segundo trimestre de 2026, un 33% más que el mismo periodo del año anterior. La estadounidense ExxonMobil, por su parte, dobló los beneficios y llegó a 12.500 millones de euros. Su compatriota Chevron se disparó a los 10.000 millones, lo que supone un 380% más. La británica Shell llegó a los 8.400 millones de euros (u 12% más).
A la española Repsol tampoco le ha ido mal: declaró unos beneficios de 2.200 millones de euros, lo que supone multiplicar casi por cuatro los resultados de un año antes.
Así que, cuando las repercusiones del cambio climático se están haciendo más evidentes —y graves—, la industria de los combustibles fósiles ha conseguido desplazar la percepción de cuál es el problema: del calentamiento global se ha pasado a la crisis energética. Y de paso, ha multiplicado sus ingresos.
Campos en disputa
El tema de petróleo es el asunto más en disputa entre el movimiento climático y la industria, según las conclusiones de este trabajo. Es decir, todavía “puede cambiar de manos”. El Big Oil ya domina claramente el campo del gas —que es visto como una solución sostenible y casi siempre lleva el apellido de “natural” aunque es un combustible fósil—.
La invasión rusa en Ucrania hizo que el discurso gasístico, que ya era favorable a la industria, prácticamente quedara sellado como necesidad para asegurar la energía. La visión de la industria también es la que prevalece en cuanto al uso del hidrógeno como combustible y los procesos de captura de carbono.
El movimiento climático aún es el actor principal a la hora de hablar de energías renovables, pero, indica la investigación, “se cuestiona desde dentro” con discursos sobre el “extractivismo verde” o la “justicia” a la hora de repartir cargas y beneficios de la implantación de renovables.
Lo que analiza la investigadora es que el movimiento climático ha dejado “desierto” el relato sobre soluciones en el campo energético, por lo que la industria “ha podido ocupar el espacio con el gas, la captura de carbono y el hidrógeno como respuesta”.
La cuestión es que, en 2019, el clima era el “marco maestro desde el que se interpretaba la energía”, subrayan las conclusiones, y eso ya no ocurre. En 2026, ese marco ha sido desplazado por seguridad, suministro y crisis energética. Ese desplazamiento “cambia estructuralmente la ventaja narrativa: dentro del marco climático los fósiles aparecen como problema, pero dentro de energy security pueden reaparecer como solución”.
“Las petroleras no necesitan negar el cambio climático ni su responsabilidad. Han conseguido aprovechar las guerras —primero con el gas y luego con el petróleo— para reposicionar sus productos: ahora lo verdaderamente importante es la calefacción y el precio de la gasolina”, reflexiona Silvia Díaz en conversación con elDiario.es.
En España, la nuclear
En España —donde se analizan 60.463 titulares de clima y energía en 26 medios españoles—, la lucha por el relato se centra en la energía nuclear. “Es un campo en disputa”, explica Silvia Díaz. Es el tema sobre el que se genera más volumen de información en los medios nacionales y se impone la visión de la industria eléctrica “no en abstracto, sino argumentando las consecuencias de cerrarla”. La central de Almaraz marca los tiempos de la disputa por este tema.
Así, en realidad, el relato nuclear en los medios en España es dominado por la industria desde, al menos, 2019. “Podría ser como respuesta al pico del movimiento climático de aquel año”, analiza la investigadora. Luego, el apagón general de abril de 2025 le otorgó más volumen al relato de la industria: le dio la mitad de todo su volumen total de informaciones entre 2019 y 2025 sin que cambiara el enfoque. Entre 2024 y 2025 el dominio industrial crece 23 puntos más, “el mayor desplazamiento de cualquier concepto en los nueve años de la serie”.
En 2026, se ha sustanciado el permiso del Ejecutivo para prolongar la vida de la central de Almaraz que debía cerrar, según el acuerdo con la dueña, en 2027 y 2028. El Gobierno ha aducido “el conflicto” en Oriente Próximo.
A la hora de informar sobre las energías renovables, el movimiento climático ha perdido un tercio de la ventaja que tenía respecto a la industria en cuanto a dominar el relato. El apagón del 28 de abril de 2025 le hizo mucho daño al cebar un discurso sobre la incapacidad de estas tecnologías para satisfacer toda la demanda “y no la ha recuperado nunca”.
Las conclusiones sobre España es que “no va con retraso respecto de la serie internacional”, sino que hay una “disputa distinta, con la misma gramática”, explica la investigadora. “El movimiento nuclear ha perdido terreno en la información sobre energía nuclear, sobre gas y sobre las renovables”.