La portada de mañana
Acceder
El Gobierno achaca a la falta de colaboración el retraso en la respuesta en Ceuta
De las noches tropicales a las “infernales”: el calor no da tregua ni para dormir
OPINIÓN | 'Hasta el último ucraniano', por Regina Laguna

El ecologismo, indignado por la prórroga de Almaraz: “Es un caballo de Troya y mina la credibilidad del Gobierno”

Raúl Rejón

17 de agosto de 2026 21:43 h

0

Los grupos ecologistas tienen claro que la prórroga de la central nuclear de Almaraz ha sido una cesión “a los intereses económicos de las eléctricas”. No le ven razones técnicas, insisten en que socava a las renovables y temen que sea el inicio para alargar más la vida de otras instalaciones atómicas. “Es un caballo de Troya en toda regla”, recalcan.

La decisión conocida el pasado 14 de agosto “mina la credibilidad del Gobierno”, apunta el responsable de energía y clima de Greenpeace, José Luis García, quien subraya que “nosotros confiábamos en la palabra del Ejecutivo para que se impusiese el beneficio de la sociedad, pero no ha sido así”.

La misma forma en la que se dio a conocer la decisión de Transición Ecológica —un viernes justo en mitad del mes de agosto “con la menor cobertura mediática”, dice García— muestra una “grave falta de transparencia”.

En realidad, el cierre progresivo de las centrales nucleares en España que llega hasta 2035 —a medida que caduquen sus autorizaciones— era un calendario pactado ya en 2019 con las propias empresas propietarias. En teoría, las próximas en cerrar serán Ascó I (Tarragona) y Confrentes (Valencia) en 2030. Luego vendría Ascó II en 2032 para terminar con Vandellós II (Tarragona) y Trillo (Guadalajara) en 2035.

Hay un riesgo claro de que se rompa el programa de cierre de la energía nuclear, pero no hay que darlo por hecho. Las compañías eléctricas van a por todas. Otra cosa es que lo consigan, pero la confianza en la firmeza del Gobierno se ha roto

La prolongación de Almaraz “es, primero, una traición a la ciudadanía”, califica el encargado de clima y energía en Ecologistas en Acción, Javier Andaluz. Y segundo: “Un golpe al calendario de cierre nuclear y esto el Gobierno lo sabe, aunque en la propia orden diga que la decisión no le afecta porque una decisión así no puede tomarse sin un análisis profundo sobre el conjunto del sistema”, argumenta.

¿Tres reactores en 2030?

Andaluz explica que el cierre de la central extremeña según lo planeado “permitía iniciar los trabajos de desmantelamiento de manera que no se juntara con los de Ascó y Cofrentes. Ahora —prosigue— podemos encontrarnos fácilmente con el argumento de que es muy difícil hacer desaparecer tres reactores de golpe [coincidirían en 2030] por lo que conviene prorrogar alguno más”. Para el ecologista se trata de una “maniobra para perpetuar el negocio radioactivo”.

Aunque en realidad el sector nuclear —cuyo descenso continuado ha hecho que suponga un 9% de la electricidad mundial desde que tocara el 17% en 1996— nunca ha dejado de maniobrar para remontar sus números a base de presentarse como una solución para recortar emisiones de COâ‚‚.

La guerra en Ucrania le proporcionó una palanca para reforzar su carácter de energía verde. De hecho, apareció en la declaración final de la cumbre del clima de Dubai en 2023 y volvió a reforzarse en 2024 en Bakú. Y la Comisión Europea ya le allanó en cierto modo el camino al admitir tanto el gas como le nuclear como energías verdes.

José Luis García coincide en que “hay un riesgo claro de que se rompa ese programa de cierre de la energía nuclear, pero no hay que darlo por hecho”. Según el ecologista, “la intención de las compañías eléctricas está clara: van a por todas. Otra cosa es que lo consigan”. Con todo, García entiende que “la confianza en la firmeza del Gobierno se ha roto porque a las primeras de cambio han cedido”.

La propaganda pronuclear con la que se ha bombardeado a la ciudadanía ignora deliberadamente que el combustible nuclear también está financiando la guerra y nos hace muy dependientes de países como Rusia o Estados Unidos

Greenpeace encargó este año un estudio sobre qué supondría el alargamiento de la vida de Almaraz. Según ese trabajo realizado por sendos investigadores de las universidades Rey Juan Carlos y Politécnica de Catalunya, continuar con esa central va a suponer un encarecimiento de la factura de unos 3.000 millones de euros y va a taponar la implantación de energías renovables.

“Retrasaría de forma significativa la entrada de nueva capacidad renovable y de almacenamiento”, concluyó el estudio, ya que, al tener energía de origen nuclear disponible, se retrae o ralentiza la transición energética hacia fuentes renovables.

Un análisis que refleja en cierta medida la situación en Catalunya —donde operan tres reactores nucleares todavía—. En esa comunidad autónoma, las energías renovables retrocedieron en 2025 al cubrir un 15% de la demanda eléctrica frente al 16% del año anterior, según el Observatorio de las Energías Renovables en Catalunya. Ambos porcentajes están muy lejos del objetivo diseñado por el Govern del 50% para 2030. La caída se debió, explicó el documento, a un aumento de la demanda, un descenso de la generación eólica y un incremento “limitado” de la nueva capacidad renovable.

La portavoz del Movimiento Antinuclear Ibérico, Cristina Rois, considera que, a partir de esta decisión del Gobierno, “las empresas propietarias del negocio nuclear estarán ante una situación muy favorable para obtener nuevas prórrogas con rebaja de impuestos, como el de la ecotasa extremeña, un regalo de unos 40 millones de euros por año. Esta decisión tendrá consecuencias en todo el parque nuclear y en el dinero disponible para la gestión de residuos”.

Andaluz piensa que Transición Ecológica ha copiado “la propaganda pronuclear con la que se ha bombardeado a la ciudadanía, pero que ignora deliberadamente elementos como que el combustible nuclear también está financiando la guerra y nos hace muy dependientes de países como Rusia o Estados Unidos”.

España importa todo el uranio con el que fabrica el combustible nuclear de las centrales eléctricas, unas 200 o 300 toneladas anuales. Casi el 40% viene de Rusia. Los siguientes proveedores son Canadá (22%), Níger (19%) y Kazajistán (11%).