Existen 102 especies de abejas que solo puedes ver en Canarias, y 56 de ellas no se conocían hasta ahora

Canarias Ahora

17 de junio de 2026 16:11 h

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Personal investigador de las universidades de La Laguna (ULL) y de Murcia han elaborado un catálogo actualizado del conocimiento de abejas silvestres de Canarias, en el que se han identificado 146 especies, de las cuales 102 son endémicas: 60 especies y 42 subespecies.

El estudio incorpora además un análisis de sus patrones biogeográficos a partir de más de 8.000 registros de ciencia ciudadana y actualiza los datos del primer gran catálogo publicado en la década de 1990, que incorporaba 122 especies y 46 endemismos.

El trabajo, publicado en la revista científica Zootaxa, aporta también 63 nuevos registros inéditos de distribución y documenta la presencia de tres nuevas especies hasta ahora desconocidas en Canarias: Lasioglossum medinai (Vachal, 1895), Seladonia gemmea (Dours, 1872) y Sphecodes rubripes (Spinola, 1838).

Los resultados confirman la singularidad de la fauna de abejas silvestres del archipiélago, caracterizada por una elevada proporción de especies endémicas y amenazadas en comparación con las regiones continentales cercanas, señala la ULL en un comunicado.

Los autores y autoras muestran con su análisis biogeográfico cómo existen incluso diferencias en la composición de las comunidades de abejas entre las distintas islas e islotes.

Esto permite identificar tres grandes grupos asociados principalmente a las islas orientales (áridas y antiguas), centrales (extensas y con mayor heterogeneidad de hábitats) y occidentales (recientes y más húmedas).

En líneas generales, alrededor del 20% de las especies presentes en cada isla tienen una afinidad a la región del Paleártico (Europa occidental). Se trata de especies nativas que habitan tanto en Canarias como en el continente europeo.

Sin embargo, también existen elementos de la fauna que destacan por su afinidad con el continente africano. Se trata de especies que habitan sobre todo las islas orientales y también pueden encontrarse en el norte de África.

Para elaborar esta actualización, el equipo investigador, integrado por David Lugo, Daniel Suárez, Gustavo Peña, Francisco La Roche y Carlos Ruiz, de la Universidad de La Laguna, junto con Pilar de la Rúa, de Murcia, integró información procedente de publicaciones científicas, colecciones biológicas y plataformas de ciencia ciudadana.

Entre las fuentes consultadas se hallan los fondos del Museo de Naturaleza y Arqueología (MUNA), que albergan ejemplares recolectados durante décadas y que han permitido recuperar registros históricos y completar la distribución conocida de numerosas especies.

Además, se examinaron más de 8.000 registros procedentes de plataformas de ciencia ciudadana como iNaturalist, revisados y validados por especialistas.

El trabajo incorpora además las revisiones taxonómicas publicadas en los últimos años, reflejando el avance del conocimiento sobre las abejas silvestres de Canarias.

Asimismo, pone de manifiesto el notable riesgo de amenaza en el que se encuentran algunas especies canarias, según los criterios de evaluación de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN). Entre ellas hay dos especies que no han vuelto a observarse desde hace más de 40 años. 

Un patrimonio biológico singular de Canarias

Para la Asociación de Apicultores de Gran Canaria (ApiGranca), el avance del conocimiento científico sobre las abejas silvestres canarias “vuelve a poner de manifiesto el extraordinario valor biológico del archipiélago y la necesidad de reforzar la investigación, el seguimiento científico y las políticas de conservación de los polinizadores”, asegura la Asociación en un comunicado, tras la actualización del catálogo.

“Canarias no solo alberga una importante diversidad de abejas, sino uno de los conjuntos de especies endémicas más relevantes de Europa, muchas de ellas todavía poco conocidas para la sociedad y para la propia ciencia”, sostienen.

“La protección de este patrimonio natural constituye un reto colectivo que exige integrar conservación, investigación científica, gestión ambiental y modelos sostenibles de desarrollo rural y apícola”.