San Nicolás siempre existió

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En el verano de 2024, mientras daba un pequeño paseo por mi barrio, me topé con unas nuevas señales de tráfico pasada La Cruz del Callejón, un poquito antes de llegar al Bodegón Tamanca. Las señales decían: LAS MANCHAS.

Me quedé atónito mirándolas. Pensando que se habían equivocado. Pensando que seguramente las corregirían pronto. Pero el primer mes pasó, y nada. Allí seguían las dichosas señales. Entonces me empecé a preocupar y comencé a pensar que —quizás— estaría yo equivocado.

No quise quedarme con la duda, me gusta la verdad. Así que comencé a investigar sobre el origen y el nombre de mi barrio. Recordaba con una claridad extrema mi infancia y cómo las señales de mi barrio siempre habían tenido otro nombre: SAN NICOLÁS.

Muchos de ustedes saben que soy de Las Manchas. Pero quizás no sepan que nací aquí, como tantos y tantos niños en el pasado nacíamos en los hogares de nuestros padres. Yo nací en la casa de mis padres de San Nicolás.

Aquí crecí. Aquí fui al colegio. Y aquí jugué de niño, recorriendo nuestro barrio entero con los demás pequeños de Las Manchas: los de Jedey, los de Las Manchas de Abajo, los de El Paraíso y los de San Nicolás.

Porque eso era Las Manchas entonces. Porque eso fue siempre Las Manchas.

No había camino que no conociéramos. No había rincón que no hubiéramos pisado jugando. Éramos niños de barrio, de los que se criaban jugando en la calle, en la plaza, en la cancha.

Y de repente, aquel día caminando —sin más— mi barrio había desaparecido. Y San Nicolás ya no existía. No entendía nada. Y comencé a investigar más en serio aún. Y cuanto más investigaba... menos entendía. ¿A quién coño se le había ocurrido borrar nuestro barrio del mapa?

Fue por aquel entonces que me puse a revisar los mapas generales de España en el IGN. Nadie tiene la más remota idea de la cantidad de horas que le dediqué a todo este asunto. Tampoco es necesario que lo sepan. Pero fueron muchas. Muchísimas. Hasta que un día —de repente— me topé con un mapa muy antiguo que tenía un nombre escrito en sus hojas: “S. NICOLÁS” .

Los ojos me brillaron. No me lo podía creer. ¿De verdad era San Nicolás tan antiguo? ¿De verdad? El mapa era del año 1849. Fue el mapa oficial más antiguo que conseguí verificar con certeza. A partir de entonces, San Nicolás siempre estuvo presente en los mapas oficiales del territorio español.

Fue entonces cuando publiqué mi primer artículo sobre este tema en la prensa, denunciando este hecho. Un artículo que tuvo gran acogida pero nula respuesta. Yo —iluso entonces— creía que con denunciarlo públicamente sería suficiente para revertir el error.

Al darme cuenta de que no pasaría nada, comencé a hablar con los amigos y conocidos del barrio. Todos estábamos de acuerdo: San Nicolás tiene nombre propio. Las Manchas somos todos los núcleos juntos.

Y el trabajo no paró. El siguiente paso fue presentar denuncia ante el Gobierno de Canarias por vulneración del patrimonio histórico insular. La primera vez nos ignoraron a tope de power por falta de acreditación de nuestra demanda y nos enviaron el motivo que dio la empresa SACIR para señalarlo erróneamente.

¡Van a flipar!: Un técnico de SACIR había mirado en Google Maps para poner el nombre del pueblo.

¿En Google Maps? —pensamos—.

¿Tanto le costaba a este hombre mirar el IGN o Grafcan? —¡gandul!—.

Tras esa respuesta, el enfado fue monumental. Presentamos una segunda demanda con la que acreditamos sobradamente todo y al Gobierno de Canarias no le quedó otra alternativa que darnos la razón y remitir el asunto a nuestro Cabildo Insular de La Palma.

Habían pasado meses. Creíamos que la solución ya estaba cerca. Pero nos equivocábamos.

Mi siguiente tarea de investigación fue encontrar el porqué de nuestro nombre. Y me puse durante meses a buscar el origen fundacional de San Nicolás. No recuerdo la cantidad de artículos y webs que leí. Hasta que un día me encontré con uno que marcaba una fecha clave que lo desentramaría todo: 1696. Con esa fecha llegué al documento histórico que lo explicaba todo.

Aquel año murió quien fuera Regidor Perpetuo de la isla de La Palma: Don Nicolás Massieu Van Dalle y Ratz. Era el máximo representante de la Corona de Castilla en nuestra isla. Y algo más importante para nuestro barrio: era el propietario de la “Hacienda de Las Manchas”.

Por fin todo cobraba sentido: ¡Las Manchas era una hacienda!

En otras palabras: Las Manchas fue en el pasado una propiedad de gran extensión de origen agrario. Y al ser de gran extensión, se entendía por qué en la actualidad había varios núcleos en su interior: Jedey, Las Manchas de Abajo, El Paraíso y San Nicolás. Y por qué todos juntos formaban Las Manchas.

Tras bucear en el Archivo Histórico Provincial e Insular, descubrí que don Nicolás en su testamento leído en 1696 y ejecutado en 1704 escribió:

“Ten Sebaxan del cuerpo de bienes quatro mil Reales que el heredero aguren secar garen ade tener obligación desatisfacer y pagar enesta manera = dos mil doscientos y quarenta Rs que ade entregar en dina ro de contado ala Señora Da Angela del Monte Verde altiempo y quando selo pidas que son para satisfaser una deuda que por su mano deben los herederos desta partición y mil setesientos y sesenta Rs que adegastar en la fábrica dela hermita que se ha des haser en Las Manchas como se expresaba enla declaración 8 desta partición”.

Don Nicolás, devoto como todos entonces, quería fabricar en el corazón de su hacienda de Las Manchas una ermita en honor al santo que llevaba su nombre. La ermita costó “mil setesientos y sesenta” reales. Setesientos con “s”. Curioso. Y así nació la ermita de San Nicolás de Bari.

El lugar comenzó a llamarse popularmente “la ermita” o “San Nicolás”. Hasta que el año 1849 el teniente coronel capitán de Ingenieros D. Francisco Coello incluyó “San Nicolás” como denominación oficial de nuestro amado barrio. Sin perjuicio de que se siga usando “la ermita” en el lenguaje popular.

Y así llegamos a julio de este año, en el que tras dos años de lucha el Ayuntamiento de El Paso instaló nuestras señales históricas donde siempre estuvieron. Y un mes después, nuestro Cabildo Insular hizo lo mismo en la LP-2.

Y todo porque un técnico —gandul y poco profesional en mi opinión— pensó que era más rápido mirar Google Maps que revisar el IGN o Grafcan.

Pero pese a técnicos gandules y poco profesionales, hoy San Nicolás vuelve a existir. Vuelve a existir porque buenas personas primero han entendido el sentir de todo un barrio.

Personas como Darwin Rodríguez, consejero de Obras Públicas del Cabildo Insular que tras escuchar y comprenderlo todo dio la orden de modificar la LP-2.

Personas como Eloy Martín, alcalde de El Paso, que fue un apoyo fundamental en todo esto y fue el primero en restaurar las señales del barrio.

Personas como Sergio Rodríguez, Susa, Javier Llamas, Gustavo...

Personas primero. Políticos después.

Gracias a todos por devolver a San Nicolás al lugar del que nunca debió irse.