Señales en el cielo/señales en el campo

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Se acerca el día de una gran manifestación celestial: el miércoles 12 de agosto, al amanecer, tendrá lugar una alineación de planetas; al atardecer, como plato fuerte, un eclipse de sol, y por la noche, de postre, una lluvia de Perseidas, conocidas como las lágrimas de San Lorenzo. Parece ser que los cielos quieren decirnos algo; parece que sobre nuestras cabezas se va a desplegar un vocabulario sideral para transmitir a La Tierra algún tipo de mensaje. Seguramente, el ser humano se halla pisando el cable; porque está claro que, aquí abajo, algo no va bien; y los dioses, que lo saben, no lo aprueban. En lugar de mandarnos el apocalipsis como castigo, nos envían, por el contrario, y en plan benevolente, un rosario de belleza para dejarnos perplejos; a ver si así, aprendemos lo que no hemos sido capaces de entender ni a palos. Si no tenemos en cuenta lo que nos desvela la ciencia a través del conocimiento y sus certezas; si no tenemos en cuenta lo que nos ha enseñado la historia a través de tanta sangre derramada y su memoria, seremos como los cerdos de los que hablaba Jesucristo, que, si les echaban margaritas, se las comían. Saber apreciar la belleza es indispensable para que el clavo mantenga unido el abanico del conocimiento. Y, por supuesto, para que el aire que produce si lo utilizamos, mantenga en fresco nuestras ganas de seguir aprendiendo.

Mientras los cielos se preparan para el gran despliegue y en Groenlandia, Islandia, Galicia, Asturias, Castilla la Vieja, Aragón, y Valencia hasta Peñíscola, amasan pan para tanto turista sideral, en las medianías del Este de la isla de La Palma ha refrescado y ya no hay que encender el ventilador como en estos días atrás. Para aprovechar lo que da la huerta y antes de que llegue fecha tan señalada, es conveniente hacer un potaje de verduras, sin nada de carne: solo bubango palmero verde, que en el resto de las islas y en la península desconocen completamente, frijoles tiernos y piñas de millo; esto da el sabor de base tan característico y exquisito. Además de calabaza, calabacín, zanahoria, habichuelas blancas y verdes, cebolla, pimiento dulce, tomates y ajos machacados con comino, perejil, azafrán y sal. Cuando todo esté dentro del caldero, un chorro de aceite. Lo ideal es cocinarlo a fuego lento. Entre el caldero y la llama, mi madre ponía una lata de aceite de La Giralda que mi padre le había aplanado. Es el potaje más bueno del mundo y va muy bien acompañarlo de gofio, queso de cabra y vino tinto. En este caso no hay ningún eclipse, más bien hay una supernova de sabor.

Está siendo un verano solitario, enfrascado, como ya les he dicho, en “Las memorias de ultratumba” de Chateaubriand; tal vez, un verano buscado, pero falto de ritmo y más bien receptivo que productivo. Sin embargo, voy tomando nota y mantengo la calma. Como si un necesario hastío del mundo fuera precedente de un proceso creativo que está por acontecer. Puede que también sea ya una deriva de esas que son irreversibles y se quedan por casa como un invitado eterno. A veces me pregunto si estoy esperando el santo advenimiento. Es lo que tienen los periodos de contemplación, una dificultad para comprender que lo que traen amasado entre las manos aún no puede ser horneado y hay que esperar. Hoy en día nadie tiene tiempo para esperar. Nada se espera, todo se consume al instante y pasamos a otra cosa. Preguntamos a Google, preguntamos a la Inteligencia Artificial, pero no preguntamos al otro, al que tenemos al lado. Los que nacieron después de los ochenta practican este deporte y no queda otra que aguantarse. Les quitas el móvil de las manos y les salen ronchas. Esa es la manera de ser sociable de la gente de hoy en día; creen con ello, ser más independientes y pueden ir como motos para todos los lugares. Pero no perdamos el hilo: en los espacios de la soledad, entre la pintura y la escritura, la lucidez de la luna, la calma nocturna, abre un espacio de acogida, primero, y de ofrecimiento, después. Para que esto se produzca es necesario realizar ciertos sacrificios. Y puede ser que la serenidad contemplativa suponga un cierto eclipse de algunas costumbres sociales, dejamos de hacer algo y pasamos a otros asuntos, y ello ofrece al individuo la oportunidad de observar detalles desconocidos en la corona de las cosas. Tener un punto de vista es indispensable para pintar y para escribir, es decir, para acercarse al hecho creativo; y para acceder a ello hay que tomar distancia. Alejarse para ver es lo contrario de acercarse para pronto olvidar. Solo la lejanía nos permite acceder a la profundidad de las cosas. Si es lo que toca, una vez visto el mundo o digamos, más bien, una parte proporcional de él, es aconsejable buscar un lugar retirado, (relativamente, en una sociedad como la de hoy), y así, desde cierta serenidad de espíritu, sin prisas ni agobios, poder reflexionar sobre la existencia, sobre las complejidades de la vida y sobre la importancia de la cultura en un mundo que parece que se desvanece. Ayer tarde, cuando las flores del patio ya se encontraban regadas y cuando brillaban las luces de San Bartolo en La Galga, en el recomendable programa, “El jardín de Voltaire”, de Radio Clásica, que escuchaba desde el receptor del comedor, la bella voz de María del Ser, expandió en el aire de la tarde de verano, estas palabras que Voltaire escribió a Federico de Prusia en una carta:

“La soledad atareada es la vida más plena”.

El cernícalo, muy cerca y a mi altura, trazó una parábola sobre la huerta cultivada y se quedó inmóvil en el aire aleteando levemente, después se dejó caer hacia el lomo de enfrente hasta posarse en un castañero. A lo lejos, hacia la Orotava, escuché por primera vez este verano, el canto de llamada de la lechuza. A veces pienso que la huerta, el jardín, el patio y la biblioteca no permiten que eclipse el ser, así el ente puede mantener algo de brillo o, incluso, algo de dignidad. La noche eclipsa el día y el invierno eclipsará el verano. Pero la vida no la eclipsará la muerte, sino el olvido.

Me quedé con muchas ganas de escribir un largo artículo sobre el reciente Mundial de Fútbol; debe ser que esta vez casi no he hablado con nadie, seis o siete y poco tiempo, excepto con mi hermano Everto cuando vimos juntos el España-Austria en casa. Como el resto de partidos los vi a solas, me pude quedar con todos los detalles, aunque por esa misma razón vi algunos partidos con algo de tensión hasta que llegaron los goles. Confiaba mucho en estos chicos maravillosos, por los números y por el juego brillante desplegado hasta ahora, y, sin embargo, como es habitual en este país, al principio solo encontré gente desconfiada, miedo a Francia, incluyendo muchos periodistas deportivos que llamaban “estrella” a Barcolá y no a Dani Olmo o a Mikel Merino, que para mí son enormes desde que el primero jugaba en Croacia y el segundo en la Real Sociedad. Pienso, firmemente, que ni Messi ni Cristiano deberían haber acudido como jugadores en activo al campeonato del mundo. Y esto no se lo he escuchado decir a nadie. Su egoísmo tardío, jugando en ligas de medio gas, por tanto récord ridículo y tanto dinero, tiene que dar paso a otros jugadores jóvenes que despuntan; que en el futbol son tres días y hay poco tiempo para tener suerte. Si tuvieran discurso, que no lo tienen, se dedicarían a inaugurar hospitales y canchas deportivas y a dar entrevistas desde la piscina de su retiro y dejar sitio en el campo, que hay mucha gente buena en el banquillo y es su hora, y no la de los cuarentones. En fin, que son unos pesados acaparando titulares. Pero todo tiene un límite, incluso ciertos soles cuyo brillo parece que nunca se iba a apagar. Y fue así hasta que llegó el eclipse, hasta que tuvieron enfrente la luna del juego asociativo de España. Un fútbol que les quitó la pelota haciendo que sin ella no pudieran brillar. El mismo tipo de eclipse sucedió contra Francia. Deschamp lo temía y lo anunció dando a España como favorita; lo hizo sabiendo que podía ser también su ocaso. Este mundial ha dejado mucho de lo que escribir, no solo de fútbol, sino de política, injusticia, malos arbitrajes, falta de comportamiento y respeto, integración, orgullo, solidaridad, emoción, belleza...La final inédita entre España y Argentina y las reacciones al resultado, por sí solo daría para un pequeño ensayo. Lo que está claro es que cuando en el minuto 106 de la prórroga, Ferrán Torres marcó el gol, una ola de entusiasmo recorrió el mundo entero; algo pocas veces visto. Nunca ha sido así, una alegría tan unánime, en los otros mundiales. Algo de una dimensión parecida a cuando Heinrich Schliemann, en 1870, descubrió las ruinas de Troya demostrando que lo que había escrito Homero era verdad. Con Argentina solamente iban los argentinos, Netanyahu y Ben Gvir. Ganó la filosofía y perdió la antipatía. El fútbol de la selección española, en progresión aritmética, fue eclipsando, uno a uno, a todos sus rivales. En el campo verde se consiguió lo que la política gris actual no alcanza: algo de justicia, aunque sea justicia poética. Y son muy de agradecer esas señales en La Tierra.

Ya que la luna es protagonista tanto en los cielos como en el campo verde, esta vez me despido con unas bellas palabras de Chateaubriand sobre el satélite:

Pero lo más admirable en Bretaña es la luna alzándose de la tierra y poniéndose sobre el mar.

Destinada por Dios a regir los abismos, la luna tiene, como el sol, sus nubes, sus vapores, sus rayos, sus sombras que la acompañan; pero, al igual que él, no se retira solitaria; un cortejo de estrellas la acompaña. A medida que desciende sobre mi playa natal en el extremo del cielo, aumenta su silencio, que comunica al mar; no tarda en ponerse en el horizonte, intersecándose, no muestra más que la mitad de su frente que se adormece, se inclina y desaparece en la muelle intumescencia de las olas. Los astros cercanos a su reina, antes de precipitarse en pos de ella, parecen detenerse, suspendidos en la cresta de las olas. Apenas se ha puesto la luna, cuando un soplo procedente de mar adentro rompe la imagen de las constelaciones, igual que se apagan los candelabros después de una solemnidad“.

ÓSCAR LORENZO

San Andrés y Sauces

10-08-2026