Ni maletas, ni resignación: exigimos una isla que nos permita quedarnos
Nos han enseñado a hacer las maletas como si fuera un rito de paso obligatorio. Nos han dicho que, si queremos futuro, debemos buscarlo fuera, y es cierto que siempre es bueno irse, ver, aprender, pero teniendo la posibilidad de volver. La Palma es una tierra de talento, y vemos cómo jóvenes palmeros y palmeras triunfan fuera de nuestra tierra, orgullos de La Palma que desearían volver y devolverle a la isla lo que esta les ha dado. Pero no pueden. No pueden volver porque no hay oportunidades, no hay vivienda, no hay un futuro digno. Y ya está bien; estamos cansados de resignarnos a la idea de tener que partir o quedarnos y pasar trabajos.
Y el problema está en la política del parche, en la política que no resuelve los problemas de raíz y que está preparada para sacarse una foto y poder decir que hizo mucho, como si le importara algo más que las siguientes elecciones.
La Palma hoy, por desgracia, necesita más vivienda que nunca debido a la erupción volcánica. Y construir vivienda pública está bien, es necesario. Pero no deja de ser un parche si no se acompaña de seguridad jurídica e incentivos a la autopromoción de vivienda, soluciones más rápidas y efectivas. Nosotros ya pusimos la propuesta sobre la mesa: necesitamos desbloquear el acceso a la vivienda mediante el programa “Rehabilita para quedarte”, facilitando bonos de 4.000 euros para gastos iniciales de propiedad y una asistencia técnica que subvencione el 70 % de los proyectos de arquitectura. Pero debemos ir más allá; la autoconstrucción, bajo un marco legal simplificado, debe ser una vía real. Es hora de crear normativas urbanísticas que permitan a los jóvenes rehabilitar edificaciones rurales o desarrollar vivienda propia con todas las garantías técnicas, reduciendo la burocracia que hoy asfixia cualquier iniciativa de edificación responsable. Queremos construir nuestra vida aquí, no ver cómo se nos escapa la oportunidad entre trámites imposibles.
En cuanto al sector primario, no podemos seguir tratando nuestra agricultura y nuestra ganadería como vestigios del pasado. Ambos son motores fundamentales de nuestro futuro, pero solo serán viables si garantizamos su rentabilidad real. Para que el emprendimiento joven en el campo y en las granjas deje de ser un acto de fe y se convierta en una apuesta profesional segura, exigimos un plan de choque contra la precariedad: ayudas directas al establecimiento, bonificaciones fiscales durante los primeros años y, sobre todo, una apuesta decidida por la tecnología. La digitalización —desde sensores de riego y gestión inteligente de cultivos, hasta sistemas de trazabilidad y automatización en la producción ganadera— es lo que marca la diferencia entre un negocio que sobrevive y uno que prospera. Proponemos un programa de mentoría intergeneracional para que la sabiduría de quienes han trabajado nuestra tierra y cuidado de nuestro ganado se combine con las herramientas digitales que nuestra generación maneja, asegurando que el relevo generacional sea competitivo y moderno.
No nos quedamos ahí. La gestión pública debe medirse por hechos y, para que la juventud palmera no tenga que emigrar en busca de formación, la creación de un campus universitario en la isla es una necesidad urgente y estratégica. Un campus que no solo ofrezca grados adaptados a las necesidades reales de nuestra economía local, sino que actúe como un núcleo de innovación y retención de talento. A esto sumamos el impulso de programas de salud emocional y formación continua, porque un joven con futuro es un joven con recursos, tanto mentales como profesionales. La infraestructura pública debe orientarse a crear un ecosistema donde el conocimiento y el desarrollo tengan un hogar permanente en La Palma.
Entendemos perfectamente que salir es necesario. Formarse, viajar y conocer otras realidades es una herramienta de crecimiento valiosísima que nos hace mejores ciudadanos. Lo que exigimos es que esa partida sea una opción, nunca una obligación. Queremos un modelo de isla que funcione como un puerto seguro: que sea capaz de retener nuestro talento, pero que también sepa recibirnos de vuelta con oportunidades reales y palpables cuando decidamos regresar. Irse debe ser una elección libre para enriquecerse, nunca el resultado de una desesperación por falta de futuro en casa.
La Palma necesita dejar de ser un lugar que solo sirve para ver cómo se van los nuestros. Queremos una isla que nos dé motivos reales para quedarnos y que ofrezca puertas abiertas para quienes, tras formarse y crecer fuera, deseen regresar para sumar.
El cambio que La Palma necesita no es fruto de la casualidad, sino del trabajo y de una visión clara. La transformación de nuestra isla depende de que pongamos sobre la mesa las soluciones que nuestra generación demanda. Es el momento de liderar con rigor, de pasar de las palabras a la acción y de construir el futuro sobre bases sólidas. Porque invertir en los jóvenes es invertir en el futuro de La Palma.
*Alexander Pérez Hernández es coordinador general de NNGG de La Palma