La Palma bajo el volcán: DISA Renovables y la promesa de la geotermia
En lo profundo del Atlántico, donde la corteza terrestre aún respira el calor de la actividad volcánica, La Palma —una de las islas más jóvenes y sísmicamente activas del archipiélago canario— intenta alumbrar un nuevo modelo energético. A la sombra de su volcán más reciente, el Tajogaite, un proyecto liderado por DISA Renovables busca transformar el dolor de la destrucción en esperanza: aprovechar el calor del subsuelo para convertirlo en electricidad firme, limpia y constante. Esta es la historia de un proyecto que combina ciencia, estrategia empresarial y tensiones geopolíticas.
El corazón de la iniciativa lo ocupa Energía Geotérmica de Canarias (EGC), una filial de DISA especializada en el desarrollo geotérmico. EGC lidera actualmente la fase de exploración del mayor intento realizado hasta ahora para explotar el recurso geotérmico de alta entalpía en Canarias, con la esperanza de confirmar la existencia de un reservorio lo suficientemente caliente y permeable como para sostener una planta de generación eléctrica.
DISA no es nueva en la apuesta por las renovables. Pero esta operación, que ha logrado captar una subvención a fondo perdido de 14.479.750 euros del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) —dentro del programa “Geotermia Profunda” financiado por los fondos europeos NextGenerationEU— marca un salto cualitativo. La subvención representa la ayuda más cuantiosa adjudicada en La Palma y cubre una parte sustancial de un total de más de 48 millones de euros distribuidos entre varios proyectos energéticos en la Isla.
Pero este no es solo un proyecto técnico. Es también una carrera contrarreloj: la financiación europea impone un plazo inamovible para justificar todos los gastos antes del 31 de enero de 2026. El más mínimo retraso podría poner en jaque la viabilidad del proyecto. Las perforaciones, que podrían alcanzar o incluso superar los 2.000 metros de profundidad, deben completarse a tiempo, y los resultados deben ser concluyentes: o hay un reservorio explotable, o el esfuerzo —y parte de los fondos— se pierden.
El trabajo de campo no es menor. La perforación de pozos geotérmicos es una tarea tecnológicamente compleja, similar en muchos aspectos a la perforación petrolífera. Las plataformas requieren maquinaria de gran tonelaje, sistemas de gestión de lodos y fluidos, y personal altamente cualificado en geofísica, geoquímica e ingeniería. Cada metro excavado cuesta miles de euros. El riesgo financiero, técnico y ambiental es alto. Pero el potencial también lo es.
La geotermia es una energía inagotable a escala humana. A diferencia de la solar o la eólica, que dependen de condiciones meteorológicas, la geotermia puede operar 24/7. Esto la convierte en una fuente de generación firme, especialmente valiosa en sistemas eléctricos aislados como el de La Palma. Si los estudios confirman la presencia de un reservorio viable, podría construirse una planta de varios megavatios capaz de aportar estabilidad al sistema energético insular y reducir drásticamente la dependencia de combustibles fósiles.
Pero DISA no avanza sola. Su socio técnico en esta aventura es Reykjavik Geothermal (RG), una empresa islandesa de referencia mundial en geotermia. Fundada en 2008 por veteranos del sector energético islandés, RG aporta la experiencia acumulada en proyectos como la planta de Hellisheidi, una de las mayores instalaciones geotérmicas del planeta. La elección de un socio extranjero ha generado controversia. ¿Por qué no Involcan, el Instituto Volcanológico de Canarias, que durante décadas ha acumulado conocimiento detallado del subsuelo canario?
La pregunta no es menor. Involcan no solo posee la capacidad científica para liderar parte del proceso exploratorio, sino que ha sido protagonista en la monitorización de la erupción del Tajogaite y en el estudio de los gradientes geotérmicos del archipiélago. No obstante, fuentes cercanas al proyecto señalan que DISA buscaba una experiencia industrial aplicada a la explotación eléctrica de reservorios de alta entalpía, un área en la que RG destaca internacionalmente. Esta decisión, pragmática desde una lógica empresarial, ha sido interpretada por algunos sectores como una oportunidad perdida para reforzar las capacidades locales.
La elección del sur de La Palma como zona prioritaria de prospección responde a razones geológicas evidentes. La mitad meridional de la Isla concentra la mayor actividad volcánica reciente. En total, el Gobierno de Canarias ha otorgado permisos de investigación sobre más de 800 cuadrículas mineras en municipios como Fuencaliente, El Paso y Mazo. DISA/EGC es una de las seis empresas que compiten por liderar la exploración geotérmica en estas zonas de rift activo. Algunas cuadrículas podrían superponerse, y los criterios de adjudicación se han basado en la calidad técnica de los proyectos y la capacidad financiera de las empresas solicitantes.
Si bien el impacto visual de una planta geotérmica es limitado, los trabajos de perforación y construcción generan ruido, tráfico y una huella temporal. El cumplimiento de la normativa ambiental es obligatorio, especialmente bajo los parámetros del principio DNSH (Do No Significant Harm) exigido por la financiación europea. DISA ha optado por no iniciar su actividad dentro de espacios naturales protegidos, lo que le permite avanzar con mayor agilidad regulatoria en la fase de exploración.
El contexto político y energético del proyecto añade otra capa de complejidad. Canarias tiene una de las tasas más bajas de penetración de renovables de toda España: un 20%, frente al 40% peninsular. Además, importa casi la totalidad de su combustible, lo que encarece la factura energética y expone a las islas a vulnerabilidades externas. El PNIEC (Plan Nacional Integrado de Energía y Clima) fija para España una meta modesta en geotermia: 15 MW en 2025 y 30 MW en 2030. Pero en Canarias, el potencial es muy superior.
Los cálculos técnicos indican que una planta geotérmica de entre 5 y 10 MW en La Palma podría cubrir hasta el 20% del consumo eléctrico de la Isla. Con un sistema insular que consume aproximadamente 250 GWh anuales, esta fuente podría convertirse en el ancla que permita integrar más fotovoltaica y eólica, que hoy enfrentan dificultades de almacenamiento y gestión de picos de producción.
¿Y qué ocurrirá si no se encuentra el ansiado reservorio? En el peor de los casos, el conocimiento adquirido será valioso. Se generarán datos sísmicos, geoquímicos y estructurales inéditos sobre el subsuelo palmero. Y se establecerá una base de conocimiento crucial para futuras exploraciones. Pero el precio del fracaso sería alto: la pérdida de millones en subvenciones y una oportunidad desaprovechada para posicionar a La Palma en la vanguardia de la energía limpia.
El éxito, en cambio, cambiaría las reglas del juego. La Palma podría liderar un nuevo paradigma de desarrollo energético insular. Y DISA consolidaría su papel no solo como proveedor de energía, sino como agente de innovación. No obstante, más allá de la tecnología y las inversiones, lo que se dirime en este proyecto es una visión de futuro: si Canarias puede aprovechar sus recursos naturales de forma inteligente, con equidad social y respeto ambiental.
La ventana está abierta, pero no lo estará para siempre. Europa ha apostado por la geotermia. Ahora toca a La Palma, al Gobierno de Canarias, y a la sociedad civil decidir si quieren entrar de lleno en esta nueva era energética. Bajo el volcán, la tierra sigue ardiendo. Quizás, esta vez, para ofrecernos luz.