23-F: “¿Qué pasó, papá?”
Dos días después de anunciarse la muerte de Franco el 20 de noviembre de 1975, Don Juan Carlos de Borbón y Borbón, que ya había jurado acatar los Principios del Movimiento Nacional, fue proclamado Rey de España por las Cortes franquistas con el nombre de Juan Carlos I, de acuerdo con la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado de 1947. Su padre, Don Juan de Borbón, legítimo heredero al trono de España, calificó esta ley como «engendro monstruoso» y no renunció a sus derechos dinásticos hasta 1977. En sus primeros años, al ser una herencia del franquismo, el monarca no gozaba de popularidad alguna. El expresidente Adolfo Suárez reconoció que durante la Transición de 1978 decidieron no someter la monarquía a referéndum porque todas las encuestas indicaban que se hubiera perdido. Esa impopularidad empezó a cambiar a partir del intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, conocido como el 23-F, por los múltiples homenajes y galardones, nacionales e internacionales, ampliamente divulgados por los medios de desinformación y manipulación masiva, quienes se deshicieron en alabanzas al rey por haber “salvado” a la democracia.
Esa tarde unos 200 miembros de la Guardia Civil asaltaron el Congreso de los Diputados al mando del teniente coronel Antonio Tejero, que irrumpió en el hemiciclo y obligó a los parlamentarios a tirarse al suelo al grito de: «¡Quieto todo el mundo!, ¡Al suelo!, ¡Al suelo todo el mundo!, ¡Se sienten, coño!», seguido de una ráfaga de 37 disparos de su subfusil de asalto Star Z-48. El diputado canario Fernando Sagaseta fue el único herido; una esquirla del techo, desprendida por el impacto de una bala, le alcanzó la cara causándole lesiones.
Simultáneamente, en la Capitanía General de la III Región Militar, el teniente general Jaime Milán del Bosch declaró el Estado de Excepción en Valencia y ocupó las calles de la ciudad con tanques. La División Acorazada Brunete de Madrid se preparó para hacer lo mismo y hubo diversos conatos en otros puntos tales como la toma de los estudios de Televisión Española en Prado del Rey. Además de Valencia y Madrid, contaban con el apoyo inicial de casi todas las Regiones Militares. Los golpistas anunciaron que se presentaría en el parlamento un “elefante blanco” para hacerse cargo de la situación, pero el elefante no se presentó y el golpe fracasó. El rey habló personalmente con los Capitanes Generales de todas las Regiones Militares para desvincularse del golpe y persuadirlos de que no lo secundaran. La mañana del 24 de febrero Tejero se rinde, libera a los diputados retenidos y entrega las armas a cambio de que se exonere a todos los guardias civiles que participaron en el asalto. El general Alfonso Armada, Segundo Jefe del Estado Mayor del Ejército, fue una figura fundamental en el 23-F. Tras la toma del Congreso por Antonio Tejero, el plan consistía en que Armada presidiera un «Gobierno de Salvación Nacional», con el “socialista” Felipe González como vicepresidente.
Juan Carlos I (El Campechano) nació en Roma en 1938. Allí vivió hasta los diez años, cuando pisa por primera vez España, viajando en tren desde Estoril (Portugal) hasta Madrid, acompañado por un sacerdote y un guardia civil. A los 16 empieza su instrucción en la Academia General Militar de Zaragoza, tutelado por quien sería su preceptor, el entonces Capitán Alfonso Armada y Comyn, designado por Francisco Franco, quien años más tarde designaría como sucesor suyo al propio Juan Carlos para “dejarlo todo atado y bien atado”. Por eso, cuando es coronado a los 37 años, se lo veía como el heredero de Franco y, según todas las encuestas, no era aceptado por la mayoría de la población. Todo cambió de golpe a consecuencia de su intervención en el 23-F. Durante las siguientes décadas se le trató como al “salvador” de la democracia y fue ganando cada vez más popularidad, hasta que su reputación empezó a deteriorarse de nuevo treinta años más tarde a consecuencia del caso Nóos, un juicio por corrupción que lo implicaba a él y a una de sus hijas, Cristina de Borbón.
En junio de 2014 abdicó en su hijo, que subió al trono como Felipe VI (El Preparao). Quien resultó finalmente condenado y acabó ingresando en prisión en 2018 fue el esposo de la infanta, Iñaki Urdangarín. Dos años más tarde la Casa del Rey hizo pública la voluntad del emérito de abandonar el país, ante la “repercusión” generada por «ciertos acontecimientos pasados de su vida privada». En marzo de 2020 Don Juan Carlos, como han hecho anteriormente casi todos los reyes borbones, huyó de España. Actualmente sigue viviendo y manteniendo su residencia fiscal en Abu Dabi, capital de los Emiratos Árabes Unidos. Realmente, la “repercusión” era que estaba siendo investigado por cinco delitos fiscales, blanqueo de capitales y cohecho. En marzo de 2022, la Fiscalía Anticorrupción archivó las causas en curso contra él, unas por haber prescrito y otras por la inviolabilidad del rey cuando cometió los delitos.
Su situación económica fue bastante precaria hasta 1993, cuando con 55 años heredó 375 millones de pesetas (equivalentes a unos 3 millones de euros actuales) de su padre, quien tenía unos 1.100 millones de pesetas en Suiza. Según el artículo del The New York Times titulado «Chastened King Seeks Redemption, for Spain and His Monarchy», su fortuna se estimaba en unos 1.800 millones de euros en 2012. Pasó de 3 millones a 1.800 millones en menos de 20 años. Debido a la opacidad de sus negocios, a la participación de paraísos fiscales y a la ausencia de fiscalidad en su país de residencia, nadie sabe a ciencia cierta a cuánto puede ascender su riqueza en la actualidad. En 2024, se hizo público que Juan Carlos había constituido una fundación con el propósito de centralizar y agrupar su fortuna dispersa por todo el mundo, con el objetivo de que sus hijas, las Infantas Elena y Cristina, puedan recibir su herencia en condiciones ventajosas para el trasvase de activos.
Recientemente ha publicado un libro de memorias titulado Reconciliación en el que dice una frase que me llamó mucho la atención y que tiene que ver con uno de los episodios más controvertidos de su reinado: su papel en el 23-F. En un cable diplomático desclasificado por Alemania en 2012, se revelan unas declaraciones del rey al embajador alemán Lothar Lahn en marzo de 1981: «Los cabecillas sólo pretendían lo que todos (?) deseábamos, concretamente la reinstauración de la disciplina, el orden, la seguridad y la tranquilidad». Pongo la interrogación porque, en mi opinión, en esa época se respiraba más tranquilidad y seguridad que hoy en día y los únicos que se sentían intranquilos, temían por su seguridad y anhelaban la reinstauración de la disciplina y el orden franquistas eran precisamente los golpistas, entre los que parece incluirse. También declaraba el embajador alemán que, en los días previos al golpe, el monarca había aconsejado reiteradamente al presidente Suárez que «atendiera a los planteamientos de los militares…». Además, le dijo al embajador que trataría de influir en el Gobierno y la [administración de] Justicia para evitar una pena severa a los golpistas, ya que estos «sólo pretendían lo mejor». Por lo visto le hicieron mucho caso, porque aunque participaron cientos de personas en la trama del golpe, sólo procesaron a treinta y tres, y sólo quince de los treinta condenados ingresaron en prisión. A Armada, Milán del Bosch y Tejero les cayeron treinta años de condena, al resto entre uno y seis. Pero el primero salió a los siete años, indultado por Felipe González en las navidades de 1988, el segundo cumplió sólo diez años y el tercero quince. Excepto el General Armada, que declaró que el rey no tuvo nada que ver en la organización del golpe, en las alegaciones de la defensa los militares acusados argumentaron que habían participado «en la operación del 23 F en la firme convicción y plena seguridad de dar fiel cumplimiento a las consignas emanadas de S.M. el Rey».
En 2024 se hicieron públicas unas conversaciones mantenidas tres décadas antes entre Juan Carlos y Bárbara Rey, una de sus muchas amantes. Entre otras confidencias, el monarca alababa al General Alfonso Armada, a quien nombró Marqués de Santa Cruz de Rivadulla: «[…] ha pasado siete años en la cárcel, se ha ido a su pazo de Galicia y el tío jamás ha dicho una palabra. ¡Jamás!». A continuación señalaba: «En cambio, este otro está largando…», haciendo referencia a unas recientes declaraciones de Sabino Fernández Campo, que en aquellos años era secretario de la Casa Real, reconociendo que el rey, para tantear la situación, había dado “permiso” a Armada para que propusiera un Gobierno de Concentración en los días previos al golpe.
La frase del libro que me llamó la atención está en un pasaje en el que el rey emérito relata una conversación que mantuvo con su hijo Felipe la tarde del 23-F: «A los trece años me preguntó: 'Papá, ¿qué pasa?'. [Le respondió:] '¡Lancé una pelota al aire! La Corona está en el aire. ¡No sé hacia dónde caerá!'». Esa palabra que he subrayado es la que me ha dado qué pensar. No sé si es consciente de que al declarar que es él quien «lanzó» la pelota al aire, está dando a entender que es él quien alentó a los sublevados a dar el golpe. Si tenemos en cuenta esa palabra subrayada, más su íntima relación personal con el supuesto cabecilla del golpe, más sus comentarios al embajador alemán, más las declaraciones de los golpistas, más lo que le dijo a Bárbara Rey, más los comentarios de Sabino Fernández, no es descabellado suponer (y hay muchos que así lo afirman) que Don Juan Carlos I participó en la organización del golpe, pero jugando a dos bandas. Cayera del lado que cayera la pelota, la monarquía saldría ganando. Y mucho. Si fracasa el golpe, como era de esperar, se desvincula de los burdos y nostálgicos golpistas (que se envalentonaron porque confiaban plenamente en él) y “salva” a la democracia… y de paso a su corona. Si el golpe tiene éxito y se llenan las calles de violentos fascistas ultracatólicos rezadores del rosario, se presenta en el parlamento ocupado, toma el mando, forma el nuevo “Gobierno de Salvación Nacional” y “salva” a la patria… y a su corona. Reconozco que es sólo una conjetura basada en indicios y evidencias, pero sé de “altos tribunales” que dictan sentencias basándose en menos indicios o evidencias de los que se exponen en este caso. Una jugada maestra que su hijo le debería agradecer. Y no tan grave, si la comparamos con lo que hicieron sus ancestros y si tenemos en cuenta que no hubo que lamentar víctimas mortales. Se sabía que el golpe fracasaría porque nadie lo apoyaría, ya que en aquellos años el franquismo estaba muy mal visto. Nadie quería ser tildado de franquista. Los partidos de extrema derecha no sacaban ningún diputado, excepto en 1979 cuando se unieron en coalición y lograron sólo uno.
Desde entonces, el fascismo se ha mantenido agazapado, aunque latente, porque durante más de cuarenta años no hemos tenido ningún parlamentario que se declarara públicamente franquista, hasta la reciente irrupción de nuevos partidos neofascistas y la súbita proliferación de tantos jóvenes neofranquistas que idealizan al dictador sin tener ni puta idea de lo que hizo o de cómo se vivía en la dictadura. El asunto es que si fue así, nos han engañado con lo de su “apoyo” a la democracia para “salvarnos” de un golpe de estado. Si fue así, lo que hizo fue “apoyar” un golpe de estado autocontrolado para “salvar” su impopular monarquía. El hecho probado es que antes del 23-F la Casa Real pasaba desapercibida y estaba muy mal considerada por la población y a partir de esa fecha empezó a cobrar protagonismo y popularidad.
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