¿Qué escribió Voltaire para acabar en la Bastilla? Sus sátiras pusieron contra las cuerdas al poder francés

Arouet pasó once meses encerrado con apenas luz natural

Héctor Farrés

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Las órdenes de encarcelamiento firmadas por el rey podían mandar a una persona a una celda francesa sin juicio y sin fecha clara de salida. La Bastilla nació como fortaleza medieval en París, pero con el paso de los siglos terminó convertida en una prisión política ligada al poder absoluto de la monarquía. Allí acababan escritores, nobles incómodos, opositores o personas que habían irritado a la corte. Su fama creció porque representaba la capacidad del Estado para castigar sin demasiadas explicaciones.

El episodio que la hizo mundialmente conocida llegó el 14 de julio de 1789, cuando una multitud parisina tomó la fortaleza durante el inicio de la Revolución Francesa. Aquella caída tuvo un enorme valor político porque mostraba que el poder del rey ya no daba miedo como antes. Mucho antes de esa jornada, la Bastilla ya había encerrado a autores que utilizaron la literatura para ridiculizar a quienes gobernaban Francia.

Voltaire acabó preso tras burlarse de Felipe de Orleans

Voltaire terminó encerrado allí por unos versos satíricos dirigidos contra Felipe II de Orleans y años después volvió a pasar por la prisión tras un choque con el caballero de Rohan. El escritor todavía se llamaba François-Marie Arouet cuando empezó a ganar fama en el París del siglo XVIII gracias a su ironía y a unos poemas breves que circulaban con rapidez entre las élites.

Los encierros marcaron la imagen pública de Voltaire

Su problema no nació de un tratado filosófico enorme ni de un libro clandestino de cientos de páginas. Bastaron unas líneas ofensivas contra el regente francés para que la policía actuara y lo enviara a prisión sin proceso judicial.

Antes de ese arresto, Arouet trabajaba en una adaptación de Edipo rey, la tragedia de Sófocles que Pierre Corneille ya había llevado antes al teatro francés. El joven escritor quería actualizar aquella historia para el público de su tiempo y encontró un escenario político especialmente delicado.

Felipe de Orleans reaccionó por rumores sobre su familia

Luis XIV acababa de morir y Felipe II de Orleans dirigía la regencia mientras Luis XV seguía siendo menor de edad. La relajación parcial de la censura permitió una circulación mucho mayor de sátiras y comentarios políticos. Arouet aprovechó ese ambiente para utilizar el teatro como herramienta de discusión pública, ya que sabía que las representaciones llegaban a más personas que los libros. La Comédie Française rechazó primero su obra y luego la aceptó revisada en enero de 1717, aunque el verdadero problema apareció fuera del escenario.

El escritor difundió unos versos donde repetía el rumor de una relación incestuosa entre el regente y su hija. Aquellas líneas tuvieron mucho recorrido en París porque atacaban la reputación personal del hombre que gobernaba Francia. Las fuentes coinciden en que el contenido exacto circuló de forma irregular, aunque el tono bastó para provocar la reacción policial.

La Bastilla encerró a rivales sin pasar por tribunales

La sátira política del momento funcionaba así. Un texto corto podía humillar a un aristócrata delante de su propio entorno y viajar de conversación en conversación mucho más rápido que un ensayo filosófico.

El 16 de mayo de 1717, Arouet entró en la Bastilla con 22 años. Pasó cerca de once meses encerrado hasta abril de 1718 y nunca tuvo un juicio formal que fijara su condena. Dependía por completo de la voluntad del regente. El escritor intentó negar la autoría de los versos, pero ya había reconocido el texto delante de varios conocidos que terminaron actuando como espías.

Voltaire regresó a prisión tras pelearse con los Rohan

Las condiciones de la prisión eran duras. Permanecía en una celda pequeña, con poca comida y sin apenas luz natural. Aun así, aprovechó el encierro para leer y escribir. Cuando salió de la Bastilla empezó a utilizar el nombre de Voltaire y pocos meses después estrenó Edipo en la Comédie Française. La obra alcanzó unas 32 representaciones y contenía ataques abiertos contra el poder religioso. Yocasta decía en una de sus frases más citadas: “Nuestros sacerdotes no son lo que la gente imagina”.

El altercado con el aristócrata francés terminó con una agresión ordenada por lacayos y después llevó al escritor hasta Inglaterra

La relación entre Voltaire y la aristocracia francesa volvió a estallar en 1726. El caballero de Rohan se sintió ofendido durante un altercado y ordenó que varios lacayos golpearan al escritor. Voltaire intentó responder y terminó otra vez en la Bastilla.

Después pasó al exilio británico, una etapa que cambió buena parte de su pensamiento. En Londres conoció un ambiente intelectual mucho más abierto y entró en contacto con los escritos de John Locke y de Isaac Newton. También observó una vida política menos rígida que la francesa. Más tarde publicó Cartas filosóficas o Cartas inglesas, donde utilizó el ejemplo británico para atacar el régimen francés. Aquellas páginas provocaron otra orden de arresto y lo obligaron a refugiarse fuera de París.

La fortaleza parisina acabó ligada al miedo de la corte

La Bastilla terminó ocupando un lugar muy concreto dentro de la figura pública de Voltaire. Sus encierros mostraban hasta dónde podía llegar la monarquía cuando un escritor ridiculizaba a los poderosos delante de toda Francia. El autor convirtió la ironía en un arma política y siguió atacando la persecución religiosa, la arbitrariedad judicial y los privilegios aristocráticos durante el resto de su vida.

De esta manera, la fortaleza parisina acabó asociada a algo más amplio que una simple prisión. Representaba el miedo del poder francés a unas palabras capaces de circular por teatros, cafés y salones hasta dejar en ridículo a la corte.

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