Un panorama político bastante oscuro
Como seres humanos, tenemos la necesidad de creer y confiar en quienes nos rodean y en nosotros mismos.
Hay situaciones que conforman esta actitud y nos llevan a estar en manos de quienes toman decisiones importantes que nos conciernen como ciudadanos.
A todos nos gustaría acertar cuando depositamos un voto. Siempre he defendido el equilibrio; me imagino, que como a todo el mundo, me gusta pisar sobre seguro o al menos sobre algo que no se tambalee o se desmorone.
En este sentido, ¿en qué tesitura colocamos la política de nuestro país?
En los tiempos que corren, estamos desperdiciando todo aquello que nos da la vida y es gratis: sentido común, ética, respeto, etc. Son valores que cada vez tienen menos presencia y lo triste es cuando todo ello lo percibimos en el día a día que nos sirven nuestros dirigentes desde sus tribunas y hemiciclos dispensándose las ya acostumbradas descalificaciones personales que poco nos atañen a quienes deseamos una solución a los principales problemas que presenta nuestro país.
A veces siento que hemos de anotarlo todo sobre papel sin arrugas, todo lo que no debe pasar desapercibido, todo lo que debe entrar en las carpetas de cosas que no pueden esperar.
Pensamos que no podemos cambiar nuestro bienestar, que si aquellos que están al frente de hacerlo no toman las riendas y llegan al consenso necesario, nosotros poco podemos hacer. Entonces nos pronunciamos porque es lo último que debemos perder. El derecho a quejarnos al sentirnos ciudadanos indefensos ante un panorama político que se presenta bastante oscuro.