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Así como hay traga-fuegos se podría decir que yo soy una devora-libros. Pequeños, grandes, para adultos, para niños, para reír, para llorar... Me da lo mismo, los engullo sin miramientos. Para mí, no hay nada mejor que un libro, una caja de galletas y horas libres, para rellenar con lectura.

EL DIARIO DE LA PRINCESA

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Así como hay traga-fuegos se podría decir que yo soy una devora-libros. Pequeños, grandes, para adultos, para niños, para reír, para llorar... Me da lo mismo, los engullo sin miramientos. Para mí, no hay nada mejor que un libro, una caja de galletas y horas libres, para rellenar con lectura.

Esta misma mezcla fue la que terminó por forjar el carácter de Carrie Frances Fisher (1956-2016) hija, actriz, escritora, guionista y, sobre todo, la princesa Leia Organa dentro de la epopeya galáctica creada por George Lucas durante la década de los años setenta, del pasado siglo XX, aunque toda la saga comenzó mucho, mucho antes y seguro que escrita en una libreta de hojas amarillas.

Carrie Fisher fue aquella princesa guerrera que le demostró al mundo que una mujer podía ser tanto o más capaz que un varón, en una situación límite y sin importar lo ridículo que pudiera ser su peinado. Fue la hija de una pareja “ideal”, la que formaron el cantante Eddie Fisher y la actriz Debbie Reynolds, por lo menos hasta que al primero se le ocurrió abandonar a la familia para irse con una de las amigas íntimas de su madre, la también actriz Elizabeth Taylor.

También fue la hija que abandonó el instituto para irse a trabajar con su madre, como corista de su espectáculo, circunstancia que siempre le hizo creer que era una “paleta” frente al resto del mundo. El tiempo demostró que Carrie Fisher era todo lo contrario, y si no que se lo digan a todos a los que les “curó” sus guiones para que las palabras tuvieran más sentido.

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