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Carolina, una mujer discreta

En Canarias los socialistas llevaban 3 años en la oposición y Juan Carlos Alemán lideraba oficialmente un partido en el que la sombra de Saavedra estaba en todas las esquinas. Carolina Darias entró en el ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria en 1999 como número dos de una lista que lideraba Sebastián Franquis, los socialistas hicieron una campaña electoral tan buena que Soria pasó de 15 a 19 concejales. Como la derrota les supo a poco, cuando Sebastián Franquis decidió dejar el acta de concejal los socialistas volvieron a hacer una demostración de su capacidad para la autodestrucción: en un alarde de machismo y antidemocracia, no respetaron que Carolina iba en el número dos de la lista y pusieron a un tal Carlos Suárez como portavoz del grupo municipal. Nuestra protagonista aguantó con su discreción habitual la humillación a la que la sometió su propio partido.

En el noveno congreso de los socialistas canarios Juan Carlos Alemán nombró a Carolina Darias secretaria de organización del partido. A los pocos meses había que tomar una decisión sobre una agrupación socialista, Carolina intentó que se cumplieran los estatutos del partido y Juan Carlos Alemán quiso que cumplieran sus deseos, la mujer discreta decidió dimitir sin hacer ruido, sin señalar con el dedo a quien la había puesto en la ejecutiva más para quedar bien que para reconocerle su esfuerzo y su capacidad.

Llegaron las elecciones municipales de 2003 y el PSOE fichó a Arcadio Díaz Tejera como cabeza de lista al ayuntamiento de la capital grancanaria. Díaz Tejera se sentía una estrella que no permitía más brillo que el propio, así que Carolina estuvo arrinconada en las filas de la oposición hasta que le ofrecieron el cargo de subdelegada del Gobierno. Tuvo como jefe a otra estrella socialista, José Segura. Pero mientras haya trabajo a Carolina no le preocupa estar en el centro del escenario. Su paso por la subdelegación del gobierno imprimió un sello de sensibilidad social al fenómeno de la inmigración irregular. Veníamos de la etapa del Delegado del gobierno que permitia manifestaciones racistas y multaba a quienes se solidarizaban con los inmigrantes africanos. Decenas de inmigrantes habían acampado en la Plaza de la Feria al grito de “Antonio, queremos papeles”, la respuesta del Delegado del gobierno de Aznar fue coordinarse con el alcalde José Manuel Soria para echar agua fría sobre las personas que dormían en el césped de la Plaza de la Feria. Carolina cambió el agua fría del PP por el calor humano. La subdelegada del gobierno acudía a los entierros de los inmigrantes muertos en nuestras costas. Carolina Darias se negaba a hacer declaraciones a los periodistas que acudían a los entierros. Cuando le acercaban un micrófono decía que era el momento del silencio y del homenaje a la memoria de los náufragos. Es cierto que la leyes de Extranjería del PP y del PSOE son una parte de la causa de esas muertes, pero prefiero a una política que acude al cementerio a homenajear a los náufragos que a la ex consejera del PP Águeda Montelongo, que jugaba al golf a cien metros del lugar donde enterraban los cadáveres de los náufragos.

Ahora Carolina Darias vuelve al ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria. Saavedra ha optado por esta mujer discreta para sustituir a la estrella fugaz de Carmelo Padrón en la Dirección de Urbanismo. Una de las canciones preferidas de Carolina es Hotel California de Eagles. Cuenta la canción en el estribillo: “Bienvenido al Hotel California, qué lugar tan encantador, trae tu coartada”. Aunque el alcalde no la ha llamado desde el Hotel California, sino desde el Hotel Metropole, la letra del tema que la banda norteamericana hizo popular a finales de los setenta sirve para la llegada de Carolina Darias al gobierno municipal. En la canción también se dice “Y en la recámara del maestro ellos se reunieron para el festín, la cortaban con sus cuchillos de acero, pero simplemente no podían matar a la bestia”. Por eso cuando llega una mujer al hotel alguien le dice “trae tu coartada”. Sabemos que Carolina no es la bestia. Pero en el Hotel Metropole también hay unos cuchillos afilados. Ten cuidadito Carolina. Suerte. Juan García Luján