TOMA DE TIERRA

Carta abierta a los comunicadores y comunicadoras que un día amaron a Kapuściński

A ustedes, que han hecho testamento sin que sus madres lo sepan porque cambiaron la redacción por una zona en conflicto bélico; que saben que las mejores historias están al final de la carretera de tierra; que han perdido amigos y sentidos en la guerra; que han visto vidas destrozadas por la migración y han hablado con niñas y niños que llegan de Libia o de Yemen.

Ustedes, que están en contacto permanente con la organización Caminando Fronteras y con Cruz Roja; que atienden las llamadas de familiares que quedaron al otro lado y que, tras saber por las noticias que un cayuco ha naufragado, preguntan “por lo que más quiera” si saben si su hijo, un buen chico al que todo el mundo quiere en el pueblo, está vivo o es un número sin rostro, lejos del amor de su familia, en el cementerio de El Pinar.

Son ustedes, quienes un día leyeron y amaron a KapuÅ›ciÅ„ski, que saben que, si la balanza está permanentemente trucada del lado del poder, la objetividad no existe, quienes deben hablar con sus compañeros para recordarles la inmensa influencia que tienen cada vez que firman con su nombre y su apellido cualquier crónica, más que el dueño de la imprenta, el que pone la pasta o el presidente del Gobierno.

Díganles que recuerden que son el cuarto poder, que con cada decisión de enfoque y tono contribuyen al ruido que mata o, por el contrario, a poner pie en pared y a decir “no en mi nombre”.

Atemperar el discurso para agradar a quienes controlan el discurso interesado que les hace mantener sus privilegios -el de poner a pelear a los pobres contra los pobres- no es lo más responsable en un momento en que se están violando tratados y el derecho internacional que nos hemos dado entre todos tras años de ensayo y error; un derecho que es una red invisible, pero no imaginaria, como una frontera, y que quizá nos salve la vida o el alma cuando tengamos que ser nosotros o nuestros hijos los migrantes climáticos, los refugiados políticos o los ahogados.