Cheerleading World Championships 2007
De ahí que, además de por un afán de conocer cosas nuevas, decidiera solicitar mi acreditación de prensa para cubrir el campeonato mundial de animadoras ?Cheerleaders- que se celebró los pasados días en Helsinki, capital del país donde resido.
Tampoco les descubriré nada nuevo si les digo que la imagen que se tiene de una animadora es muy simple; es decir, chica rubia, con coleta, falta de inteligencia -lo cual se suple con unos buenos atributos físicos- y que mueve dos coloridos “pompones” de manera compulsiva.
No negaré que en un mundo tan grande como el nuestro, habrá no una, sino muchas que respondan a tales señas de identidad. Otra cosa muy distinta es considerar que toda persona, ya sea del sexo femenino, como del masculino, que se dedique a ser miembro de un equipo de Cheerleaders, deba responder a las premisas antes formuladas.
Cierto es que el cine tiene parte de culpa, vendiendo una versión igualmente estereotipada de las animadoras, siempre colgadas del brazo del Quaterback del equipo de fútbol americano del instituto.
Como ya dije antes, con esas señas de identidad habrá muchas, al igual que el resto se tomará el ser animadora como algo muy serio y que exige un enorme sacrificio físico.
Quizás la película que mejor retrató el mundo de los campeonatos de animadoras -en los Estados Unidos- fue Bring it on, producción del año 2000, protagonizada por Kirsten Dunst, Gabrielle Union, y Eliza Dushku.
En ella se narraban las peripecias de varios equipos de animadoras en su afán por lograr ser las mejores, en un país donde muchas chicas viven profesionalmente de su trabajo como animadoras de los grandes equipos de la HFL o la NBA.
La película no estaba exenta de los tópicos propios de las películas juveniles de estas características, pero quedaba, más o menos claro, el trabajo que suponía ensamblar un equipo de estos. Además, tanto Kirsten Dunst como Gabrielle Union habían sido animadoras en sus años de estudiante, con lo que estaban familiarizadas con los entresijos propios de esta disciplina. De todas maneras, la realidad suele superar a la ficción y, en esta ocasión, se cumplió la mentada regla.
Para empezar se trataba de asistir a un campeonato mundial que, aunque fuera dentro de una disciplina como ésta, se le presuponía una calidad en cuanto a los participantes. Después de ver el nivel exhibido en los dos días de competición, mi afirmación quedó de sobra demostrada.
Después, el que evento se organizara en un país que cuida especialmente todo acontecimiento que se desarrolle dentro de sus fronteras, evitando estridencias innecesarias y postulando por la eficacia y el buen hacer, no dejaba de ser un aliciente más.
Una vez dentro del evento nos enteramos de la gran implantación que la disciplina tiene, dentro del territorio finlandés ?y en el resto de los países nórdicos- razón por la cual, tras las tres primeras ediciones, celebradas, dos en Japón y una en el Reino Unido, la federación internacional de Cheerleading se decidiera escoger a Finlandia para la celebración de este cuarto encuentro mundial.
A todo ello le añadiré una buena dosis de curiosidad ante la posibilidad de ver los espectaculares ejercicios que tanta veces hemos visto en el cine ?pero sin el engaño propio del séptimo arte- como última razón para pasar un fin de semana en las instalaciones del Helsinki Ice Arena, sede del encuentro.
Una vez allí tuve la oportunidad de conocer, de primera mano, las tres disciplinas de las que se compone una competición de estas características y comprobar la complejidad y el trabajo que se esconde detrás de una disciplina como ésta.
Lo primero que hay que tener claro es que ser animadora, por lo menos al nivel que se pudo ver en la competición, es una combinación de danza y gimnasia, todo apoyado en una muy buena coreografía y en una cuidada forma física.
El entrenamiento al que se deben someter, tanto ellas como ellos ?dos de las tres disciplinas son mixtas- está a la misma altura que quien escoja la gimnasia como disciplina deportiva, aunque además se deba añadir una buena dosis de fuerza para poder lanzar y/o sujetar a los miembros que desafían la ley de la gravedad en determinados ejercicios.
Dicho esto, decir que los mencionados pompones son opcionales, no secundarios, pero no son la pieza fundamental en la vida de una animadora. Puede que para los profanos lo sean, pero viendo la musculatura de los participantes uno llegaba a olvidar que estaba en un campeonato mundial de Cheerleading en vez de en una competición gimnástica.
Las tres mencionadas disciplinas son Cheer dance, Cheer all female y Cheer mixed. La primera y la tercera están abiertas a los dos sexos, mientras que la segunda, es sólo para féminas.
Cheer dance en una combinación de danza, gimnasia, trabajo en grupo y movimientos propios del trabajo de “animar” que se le presupone a una animadora. El caso es que lo que prima en este apartado es la coreografía y la coordinación entre los distintos componentes del grupo. Es digno de destacar que el país que ganó, Eslovenia, era quien mayor número de integrantes colocó en la pista para la competición. En este apartado, sólo Alemania incluyó dos varones entre los integrantes del grupo, algo que daba un toque ciertamente distinto a la propia competición. Tras Eslovenia, Finlandia y Noruega ocuparon los dos siguientes puestos en el pódium.
Cheer all female es la única de las tres disciplina abierta sólo a las féminas y la que más se conoce, por ser la que se suele ver en el cine y la televisión. La disciplina es una combinación de saltos acrobáticos, ejercicios gimnásticos, danza y movimientos pensados para animar, en el más amplio sentido de la palabra, a un determinado equipo. Resulta increíble ver cómo varias animadoras vuelan por los aires, lanzadas por sus compañeras o son elevadas para formar pirámides o estandartes humanos. También están incluidos una serie de movimientos en grupo que recuerdan a la ya mítica danza maorí Ka Mate, interpretada por los miembros de la selección de rugby de Nueva Zelanda ?All Black- al comienzo de cada partido, aunque sin dar tanto “miedo” como cuando los ejecutan los mencionados All Black.
Como era de esperar, Japón volvió a coronarse como campeón del mundo, merced a una espectacularidad que demostró, porque son las campeonas. Cada movimiento estaba perfectamente sincronizado y nada parecía demasiado difícil para las pequeñas, pero decididas miembros del equipo nacional japonés. Los 501 puntos obtenidos ?de los 600 posibles- no dejan muchas dudas al respecto. El país anfitrión recogió un merecido segundo premio, seguidos por la cercana Noruega, mismo resultado que la anterior categoría.
La última disciplina y la más espectacular es la denominada Cheer Mixed, en donde los equipos están formados por miembros de los dos sexos. Lo que se logra con ello, además de demostrar que también los chicos pueden ser animadores ?no nos olvidemos que cada vez hay más ligas profesionales femeninas- es potenciar la espectacularidad en lo que concierne a los lanzamientos y en la formación de arriesgadas construcciones humanas. Puede parecer muy sencillo, pero tratar de formar una pirámide humana, siguiendo un determinado ritmo y con un tiempo determinado, es una tarea que exige, además de preparación, una coordinación de la que pocos pueden presumir. No es de extrañar las caídas y algunos golpes que algunos de los participantes sufrieron durante sus actuaciones, a pesar de la atenta mirada y los desvelos de las personas encargadas para evitar que esto pasara.
Como ya ocurriera en la anterior categoría, el país del sol naciente se aupó a la primera posición, seguido por el equipo de Taipéi (capital de la isla china de Taiwán). Finlandia quedó en un más que honroso tercer puesto, a pesar de los nervios que le jugaron alguna mala pasada a los integrantes del equipo.
La final, y durante la ceremonia de entrega de los trofeos, quedó muy claro que este campeonato había sido una oportunidad única para los participantes, de once nacionalidades distintas, y para todos los que disfrutamos con los dos días de competición. Imagino que opiniones las habría para todos los gustos, pero los comentarios que pudimos oír estaban lejos de las envidias que se mezclaban con la trama de la serie Bring it on.
Más bien dejaban ver el afán de superación, mezclado con la admiración, ante la perfección demostrada por los integrantes del combinado japonés y de la isla de Taiwán, durante sus actuaciones.
Lo que me lleva al punto de partida con el comencé esta columna; nunca es bueno apoyarse en los estereotipos para formular un razonamiento. En la mayoría de los casos, el resultado será erróneo.
Y, por cierto, los mentados pompones, siguieron siendo opcionales a lo largo de las dos jornadas. No negaré que se dejaron ver, pero como un elemento más de toda la competición.
Agradezco a los miembros de la Federación Finlandesa de Cheerleading las atenciones y todas las facilidades aportadas durante la celebración del evento y a Elena Santana Guevara por ayudarme a cubrir los dos días de competición.
Eduardo Serradilla Sanchis