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Cien años vividos, el resto por-venir

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Un centenario suele ser un momento de re-evaluación, de reconocimiento de los errores del pasado y de inspiración para los objetivos futuros. Las instituciones suelen utilizar los centenarios para destacar su patrimonio y sus logros. También pueden suscitar debates sobre las tareas resueltas y lo que se debe cambiar.

Conmemorar cien años permite reflexionar sobre momentos importantes y evaluar el impacto que han tenido en su entorno. Y sirve para celebrar los progresos, las luchas y las lecciones aprendidas a lo largo de un siglo; para preservar la memoria cultural, garantizando que las generaciones futuras recuerden los momentos cruciales que ya conforman su historia.

Conmemoración, identidad, reflexión y renovación son los términos que se mencionan en estas onomásticas porque, además de recordar, el centenario es una oportunidad extraordinaria para repasar los hitos de una institución, y para mantenerla viva y aprender de su historia, pero sobre todo un momento único para pensar y planificar el futuro. Esto es: legado, permanencia, resistencia y transformación.

Hoy vivimos en un mundo en crisis, convulso y volátil. Si salvamos las distancias históricas y los acontecimientos específicos que marcaron los locos años veinte del siglo pasado, nuestro tiempo no es muy diferente de aquel en el que abrió las puertas esta institución que ahora celebra su centena.

La también conocida como era del jazz fue un periodo de importantes transformaciones sociales y económicas, especialmente en Estados Unidos. Esa década, que siguió a la Primera Guerra Mundial, estuvo marcada por la prosperidad económica (el vertiginoso avance del consumismo), los avances tecnológicos (la radio, el cine y los automóviles) y la evolución de las normas sociales (derecho de las mujeres al voto: Estados Unidos, 1920; España, 1933). También fue testigo del auge de nuevas ideologías -la instauración del fascismo de Mussolini (1922) y la consolidación de la nueva economía-política de la Unión Soviética (1925)- y de movimientos políticos que impactaron social y culturalmente en todo el mundo. La influencia cultural y económica de los Estados Unidos se extendió a otras partes del mundo, especialmente a Europa occidental, con tendencias similares de crecimiento económico, cambio social e innovación artística.

Pero esa década acabó en la Gran Depresión (1929) y condujo directamente hacia el Tercer Reich (1933) y la consecuente Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

Creo que no hace falta que se puntualicen los acontecimientos históricos de esta década-a-medio-tramo que estamos viviendo ahora para entender ciertos paralelos con los años veinte del siglo pasado.

Después de una década de austeridad neoliberal que ha enriquecido prodigiosamente a las oligarquías financieras globales y ha empobrecido a la población en general, el ambiente de nuestros primeros años veinte no ha sido festivo en ninguna parte, mucho menos durante la pandemia reciente.

Por otro lado, el resurgimiento de la extrema derecha, la demonización de los otros, el racismo, el negacionismo y la misoginia, además de la normalización del genocidio, el creciente recorte global de libertades, el control de los medios de comunicación y la desinformación nos acerca mucho más a los años treinta del siglo XX.

En ese contexto, la conmemoración del centenario del Círculo de Bellas Artes de Tenerife cobra una especial significación. Después de siete años de clausura temporal, la nueva dirección del Círculo tiene claro que los debates culturales y artísticos son inseparables de las cuestiones éticas, sociales y políticas. Y más: el papel de la cultura y de las artes es doble. Por un lado, refleja -indirectamente- el efecto de las instituciones culturales y sociales. Por otro, se compromete en un diálogo discursivo con su propio tiempo.

Este proyecto supone arraigarse en el legado más sobresaliente de la institución para proyectarse en la próxima idea de lo que queremos ser y lo que seremos. Esto supone reimaginar y abrir la institución hacia los sectores que participan en su mantenimiento y actividades: imaginar una nueva institución al tiempo que creamos su futuro.

No se trata de predecir el futuro sino de responder al tiempo en que vivimos. Cada generación decidirá sobre las inquietudes y las experiencias que encuentren en su camino. Todas las ideas, expresiones y formas están sobre la mesa, de modo que representen la diversidad y la inclusión del arte que crean los artistas en cada momento. Esto quiere decir que consideramos tanto lo viejo como lo nuevo porque nadie avanza sobre una línea recta. El progreso -ya lo sabemos- está lleno de baches y de intervalos, de retrocesos y de saltos, de contradicciones y de sorpresas.

El Círculo no quiere ser una institución artística tradicional, sino un espacio en tensión que se propone una estrecha colaboración con los artistas para ayudarlos a realizar sus visiones. Tenemos que ser el espacio que permita a los artistas en este momento hacer su trabajo, presentar su trabajo, estar en conversación los unos con los otros y con el público. Y también un espacio que permita conversaciones sobre la realidad que vivimos, que se despliegue en narrativas complejas y dé forma a nuestra capacidad de narrar cómo todos vemos el mundo: historias individuales, historias colectivas y nuestra capacidad para reconocernos en las experiencias de cada uno. Todo esto puede facilitarlo la experiencia del arte.

En estos momentos, esta es una misión necesaria. No obstante, debemos aprender de la historia. Como dijimos, este Círculo se originó en un tiempo parecido al nuestro y lo que hoy tenemos proviene de quienes también tuvieron que emprender una idea de futuro en un momento sin garantías.

Estoy seguro de que la misión y los valores del Círculo que se inauguró en 1925 eran similares a los nuestros. Nuestro tiempo, en todo caso, es una época atormentada por la ansiedad de su futuro: ¿la vuelta al autoritarismo?, ¿la era dorada de la inteligencia artificial?, ¿la catástrofe ecológica y el apocalipsis? 

Por todo esto es tan importante y necesario el trabajo que hacemos. Pero tenemos que estar atentos; tenemos que mantener una conversación constante con las instituciones, tanto administrativas como artísticas y culturales, con nuestros colegas profesionales, con el público que nos apoya, con nuestro entorno diario y nuestros barrios, y crear plataformas que den cabida e impliquen ideas contrarias a nuestras convicciones. Con ello, estaremos ofreciendo experiencias diversas y facilitando la creación de un pensamiento abierto y plural donde podamos reflejarnos todos.

Este año, el Círculo de Bellas Artes de Tenerife celebra cien años de intensa actividad artística y cultural en nuestra ciudad y en nuestra isla. Nacido de un brillante encuentro donde convergieron y debatieron los valores tradicionales y las vanguardias a través de sus máximos exponentes, el Círculo se consolidó como un referente en artes plásticas, teatro, literatura, música y demás expresiones artístico-culturales. Por sus salas pasaron y se consagraron grandes artistas. Su postura crítica y dialogante sobre la marcha de la ciudad siempre fue notable.

Ahora, con el centenario como punto de partida, esta junta directiva, con todos sus asociados y asociadas, quiere devolver al Círculo el lugar que sin duda le corresponde: convertirlo en un centro de debate sobre la cultura y el arte en nuestra sociedad. Para ello, deseamos contar con la participación de la totalidad de los socios y socias, así como de las instituciones y asociaciones afines, para hacerlo posible de manera generosa.

El Nuevo Círculo del siglo XXI estará abierto en todos los sentidos, aportando luz y aires nuevos a los intereses de la cultura y de nuestras islas.

Un Círculo basado en los principios que guiaron nuestra candidatura:

-Repensar la asociación: adaptar los principios fundacionales a los nuevos tiempos, posicionándonos como un lugar de debate crítico sobre la cultura, el arte y el pensamiento, así como sobre los asuntos de interés ciudadano.

-Profesionalizar la gestión: crear la estructura administrativa y de gestión necesaria para un funcionamiento óptimo y la financiación de nuestras actividades.

-Abrir nuestra sede y la asociación: fomentar sinergias con todas las organizaciones y personas afines en lo relativo al arte, la cultura y el pensamiento.

Bienvenidos a este nuevo siglo que ahora comienza, a un espacio abierto para todos aquellos y aquellas que deseen hacer de la cultura, el arte y el pensamiento la vía para mejorar nuestras vidas; crear una sociedad mejor; responder a nuestras inquietudes; impulsar el diálogo como forma de entendernos; recordar nuestro mejor pasado, y caminar decididos hacia un futuro más pleno.

¡Bienvenidos al Nuevo Círculo!