De por qué soy cada día más feminista
Este 8 de marzo, día de las mujeres, en plural porque no hay un solo prototipo de mujer y somos diversas, me acuerdo de todas aquellas que hacen feminismo cada día sin saberlo. En sus barrios, liderando pequeños cambios que transforman el mundo; en el sector de la limpieza, haciendo uno de los trabajos más elementales y que la sociedad menos valora; en la Educación, dando valores de igualdad a su alumnado; en Sanidad, luchando por la investigación, la salud y la atención precoz; en la ingeniería y la ciencias en general, demostrando que esos espacios son de todas las personas. Pero en especial, este año volvemos a poner el foco en los cuidados, ese trabajo que históricamente se ha dado por hecho que deben asumir las mujeres, sosteniendo con su cuerpo, sus sueños y sus esperanzas a sus familias (aunque se empiecen a percibir cambios).
Este año contamos en un especial historias de varias mujeres a quienes los cuidados les han condicionado de alguna manera sus vidas. Pienso en ellas, pero inevitablemente me viene a la mente mi madre, que un día a la salida del trabajo fue atropellada por un vehículo y declinó ir al médico porque mi hermano y yo acabábamos de salir del colegio y quería ponernos la comida y que no nos preocupáramos por ella. Por supuesto, luego tuvo unos fatídicos dolores y secuelas por las que no fue reparada. Ese día se nos quedó a mi hermano y a mí siempre grabado, mirando atónitos las renuncias que hacía mi madre constantemente por nosotros. Unas renuncias que son las mismas que han hecho tías, abuelas y otras de las mujeres cercanas y que no son casos aislados.
La gran Alba Marrero hoy ejemplifica en un relato ficticio en qué consisten esas renuncias que a la protagonista de su cuento le cuestan los sueños y la vida. Ojalá siguiera siendo ciencia ficción que el 75% de los contratos a tiempo parcial en Canarias son firmados por mujeres precisamente para poder dedicar la otra media jornada a los cuidados, no solo de los hijos, sino también de personas mayores y dependientes. Como me decía esta semana la socióloga Marta Jiménez, no hay nada malo en cuidar, pero que ese cuidado no sea castigado con precariedad o no reconocido.
Y si es por hablar de sueños, hablemos con mujeres que sufren dobles discriminaciones, que además de ser mujer son migrantes y han sufrido el racismo, el estar alejadas de sus seres queridos, el que se desvanezcan sus sueños, el que les nieguen espacios o se los concedan solo como un “adorno” para las instituciones, como han apuntado algunas de ellas en una reciente investigación encargada por el Cabildo de Gran Canaria.
Es un orgullo y es un avance del feminismo (ese movimiento que lucha desde hace décadas por que podamos tener voz para expresarnos, poder decidir, estudiar, ser valoradas por lo que somos, tener espacios, por romper con las presiones sociales que afectan a todas las personas aunque creamos que solo va de mujeres) que hoy estemos reivindicando mejoras y ampliando la mirada, reflexionando sobre las causas estructurales que al final nos impiden avanzar en cuestiones que siguen enquistadas, como la presión sobre los cuerpos y un ideal de belleza (con un aumento de los trastornos de conducta), la precariedad laboral, las renuncias que antes comentamos, que no lleguemos a determinados espacios en los que deberíamos estar por el mero hecho estadístico de ser la mitad de la población…
También recuerdo en este día a las mujeres trans y en general a las que pertenecen al colectivo LGTBI, que sufrieron tanto durante los años del franquismo y que permanecieron ocultas tanto tiempo sin poder ser quienes eran. Esta semana se ha llegado a comentar que el feminismo no tiene que “cargar” con esas luchas, y pienso que el feminismo sí debe atender a esas dobles discriminaciones, que se aún se viven, si verdaderamente queremos avanzar en igualdad y si queremos salir a la calle a pelear unidas desde nuestra diversidad.
Hablamos mucho de salud mental últimamente, pero poco revisamos nuestras palabras y las opiniones que formulamos muchas veces sin escuchar. Necesitamos tiempo para mirarnos a los ojos, escuchar y dialogar, algo que siempre ha caracterizado a este movimiento que solo puede ser plural como nosotras. Porque solo unidas podremos avanzar.
Tampoco podemos olvidar en un día como hoy a mujeres que ponen la cara, la voz y el cuerpo día a día para pelear por todas. Para mí Fénix, Adriana, es una referente que ahora comparte su historia de sacrificios y de lucha con otras mujeres, las integrantes de la Red Feminista de Gran Canaria, que dialogan desde el respeto y que convocan una marcha por la que ir todas unidas o las feministas de otras islas, que hoy también se manifiestan por todas de forma unida.
Pero también me vienen a la cabeza mujeres políticas, que han ido abriendo caminos para luchar por muchos de nuestros derechos. Son días de mucha tensión, descrédito, de sacar cosas de contexto, de enfadarnos por decisiones, de estar de acuerdo o en desacuerdo… pero también son días de mucha violencia y ridiculización hacia las mujeres que ocupan el siempre cuestionado Ministerio de Igualdad, lo fue con Bibiana Aído y lo es ahora con Irene Montero. Nunca en momentos de tensión con otros ministerios, sobre todo en los ostentados por hombres, vemos ese alto nivel de ridiculización y faltas de respeto.
Respirar, reflexionar, decidir lo que pensamos abiertamente sin odio, mostrarnos como somos porque el feminismo siempre fue ese espacio donde nos sentíamos seguras. Siempre lo he visto (el feminismo) en esas conversaciones entre amigas que acababan reconfortándonos, en esos consejos de nuestras madres, abuelas, tías, primas, vecinas… En esa desconocida que te escuchaba en el baño de una discoteca cuando te daba el bajón, en esas mujeres que dan la mano a otras, en esas palabras de cariño entre nosotras, en no sentirnos más que otras porque el éxito no es aquello que nos contaron.
Ayer leía un post de Helena Sotoca (Femme Sapiens) que decía “Este 8M lucha si puedes, descansa si lo necesitas”, que creo que resume a la perfección ese momento actual de cuidarnos y cuidar la salud mental, luchando cada una desde donde pueda.