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“¡Guerra al intruso ‘vosotros’!”

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En el archipiélago canario se empleó siempre la oposición pronominal española vosotros/ustedes, con los mismos o parecidos valores que estos dos importantes recursos gramaticales presentan actualmente en el dialecto castellano o en el andaluz oriental, que son los siguientes: en el caso de vosotros, ‘plural de ’, que es el verdadero pronombre de segunda persona en nuestra lengua. De ahí el sentido de confianza o familiaridad que implican siempre tanto como vosotros en la realidad concreta del hablar o parole; y, en el caso de ustedes, ‘plural de usted’, que es un pronombre de tercera persona determinada con significación léxica de cortesía (de ahí que concuerde con verbos en tercera persona), proveniente de la fórmula vuestra merced de que deriva. Por eso, han desarrollado tanto usted como ustedes un matiz de respeto o cortesía en el hablar concreto, que no es otra cosa que un efecto de sentido determinado por el alejamiento personal que implica la significación de ‘no persona’ o ‘impersonalidad mostrativa’ que caracteriza a ambas formas. Así, para dirigirse familiarmente a un oyente múltiple decían los canarios de antaño y dicen muchos de los de hoy “Vosotros tenéis que coger el coche en la plaza”, por ejemplo, y, para dirigirse a él con cortesía o respeto, “Ustedes tienen que coger el coche en la plaza”, como en las modalidades peninsulares citadas.

Esta vieja oposición de la lengua española empezó a entrar en crisis en las Islas hacia finales del siglo XIX y principios del XX, a imitación del habla de la Andalucía occidental, donde había comenzado a neutralizarse tiempo atrás, en favor de la forma ustedes, o a imitación de ciertas hablas de la América hispana, tan frecuentada secularmente por la gente de las Islas y donde nuestra neutralización tenía ya por entonces cierto arraigo. La puerta de entrada de esta novedad idiomática en el Archipiélago parece haber sido el habla de Las Palmas de Gran Canaria, que actuó durante mucho tiempo como locomotora del habla insular. Con ello, se renunciaba a la forma de familiaridad vosotros y se generalizaba la forma de cortesía ustedes a todos los oyentes múltiples, fuera cual fuera su condición social, profesional, etcétera. Pecando por exceso en la consideración personal, no se corría el riesgo de que el siempre puntilloso interlocutor pudiera sentirse ofendido por una invocación que no hiciera justicia a su rango. 

¿Qué implicaba objetivamente este importante cambio gramatical, que afectaba no a una palabra aislada, sino a todo un sistema lingüístico, con formas muy diversas: la forma de sujeto y terminal de preposición vosotros, la forma complementaria (v)os, las formas posesivas vuestro, vuestra, vuestros y vuestras y los sufijos verbales -is de los modos indicativo y subjetivo y -d del imperativo? Pues lo que implicaba el cambio era nada más y nada menos que la ruina de la importantísima oposición semántica ‘segunda persona plural’, que permitía expresar la familiaridad / ‘tercera persona determinada plural’, que permitía expresar la cortesía, reduciéndose así la gama de las posibilidades designativas del oyente múltiple a la significación gramatical de ‘tercera persona determinada plural’, sin más. De esta manera se quedaba el hablante canario sin pronombre de segunda persona plural y pasaba a designar al oyente múltiple con uno de tercera, que, precisamente por la desaparición de su contrincante vosotros, perdía el matiz de cortesía que lo había caracterizado hasta entonces y se convertía en fórmula de tratamiento neutro, sin ningún matiz de familiaridad o respeto añadido. En la nueva situación, no hay ‘familiaridad’ ni ‘cortesía’, sino simplemente ‘mención inespecífica a un oyente múltiple’. A partir de ahora, para marcar el rango social o profesional del colectivo que invoca, tendrá la gente de las Islas que echar mano de recursos expresivos de otro tipo, como los tratamientos léxicos señor, señora, caballero, don, doña, maestro…, por ejemplo. De esta manera quedaba el sistema pronominal de segunda persona cojo en el habla canaria, pues una distinción que se mantenía incólume en el singular (en las formas y usted) desaparecía enteramente del plural. Como en todo episodio de neutralización, el empobrecimiento del sistema era, por tanto, evidente. Es lo que explica que los isleños no distinguidores sientan a veces la tentación de echar mano de los desterrados vosotros y vuestro para dar claridad o precisión a sus discursos, sobre todo, cuando se trata de la lengua escrita. La pérdida del vosotros significaba, además, el alejamiento de Canarias en este aspecto del resto de la Romania, donde el vos latino (procedente del indoeuropeo wos), además del español vosotros (combinación de vos+otros), había dado el francés vous, el portugués vós, el catalán vos, el italiano y rumano voi o el romanche vus, por ejemplo. 

Esta neutralización pronominal llegó a alcanzar tanto éxito y prestigio en el habla que la adoptó, que no tardó en empezar a regarse como la pólvora por el resto del Archipiélago. Primero, por el interior de la misma isla de Gran Canaria, donde la distinción se había mantenido intacta hasta mitad del siglo XX más o menos, según se deduce del hecho de que, por ejemplo, sea norma en personajes rurales de algunas novelas grancanarias de la época. Luego se proyectó hacia las islas de Lanzarote y Fuerteventura (territorios que han estado siempre bajo el radio de acción directo del habla, la cultura y las costumbres de Las Palmas de Gran Canaria), donde la distinción se mantuvo viva hasta bien adentrada la segunda mitad del siglo XX. Todavía en la década de los sesenta oía yo en el Puerto del Rosario de mi niñez frases como “Sentaivos”, “¿Vos vais?” o “El queso es para vosotros”, por ejemplo, en boca de gente de pueblos del interior de la isla, como El Roque, Tindaya, Pájara, El Time, Betancuria o Guisguey, que acudían a la capital insular a hacer sus compras, visitar el médico o realizar gestiones administrativas o que simplemente había trasladado su residencia a ella de forma más o menos permanente. De su vigencia en Betancuria hasta el año 1990, da cuenta el profesor Francisco Navarro Artiles en un sabio artículo científico perfectamente documentado y argumentado. También hacia las islas occidentales del Archipiélago viajó muy pronto la neutralización de nuestra oposición, aunque su implantación en ellas parece haberse producido de forma mucho más lenta y desigual que en las islas orientales. Esta práctica originariamente grancanaria debió de imponerse muy pronto en El Hierro, como se deduce del hecho de que no quede ni el más mínimo vestigio de vosotros en la documentación administrativa y literaria más reciente de la isla. Todo el mundo sabe hasta qué punto era Las Palmas de Gran Canaria el destino preferido de la gente de la isla del meridiano cuando esta se veía en el trance amargo de salir de su terruño para procurarse el sustento de la familia. En La Palma y Tenerife, la implantación no es homogénea. Mientras que en lugares como Santa Cruz, La Laguna, Puerto de La Cruz, Tacoronte, La Orotava, etc., en Tenerife, o Santa Cruz de La Palma, Los Llanos de Aridane, Mazo, etcétera, en La Palma, nuestra neutralización se encuentra totalmente arraigada, en otros, como La Esperanza, Arafo, Güímar, Fasnia, Arico, Granadilla, El Tanque y Buenavista del Norte, en Tenerife, y Barlovento, Punta Gorda, Garafía o incluso el barrio capitalino de Mirca, en La Palma, la distinción se mantiene más o menos viva, con soluciones a veces muy originales, como nos ha hecho ver con su habitual perspicacia en diversos artículos científicos el que fue profesor de Dialectología hispánica en la Universidad de La Lagua Antonio Lorenzo Ramos, que es la persona que con más detenimiento estudió el asunto que nos ocupa. Por el contrario, como en tantos otros aspectos de la lengua y la cultura popular insulares, La Gomera se ha mantenido siempre fiel a los orígenes. Incluso en boca de los más pequeños se oyen aquí frases como “Si no me dejáis jugar con vosotros, vos vais pal coño de vuestra madre”, donde aparecen contenidas todas y cada una de las piezas del complejo sistema que la forma pronominal vosotros implica. 

Como todo fenómeno lingüístico local destacado, llamativo o de envergadura, la neutralización que comentamos ha terminado convirtiéndose en una especie de seña de identidad o emblema lingüístico de Canarias, con campañas académicas, sociales e institucionales para promocionar el uso de ustedes y condenar o censurar con más o menos saña el uso del decadente vosotros. Por su trascendencia, aunque no por su extensión de uso, la neutralización de la oposición pronominal vosotros/ustedes, en favor de la forma ustedes, es a la gramática del dialecto lo que el seseo a su pronunciación.  “¡Guerra al afrentoso vosotros!” es la consigna de los patriotas lingüísticos. Hasta tal punto ha llegado la virulencia de las batidas contra el vosotros en Canarias, que en la actualidad nuestro pronombre casi tiene que andar escondiéndose por las esquinas, por si acaso lo sorprende uno de esos tantos antivosotrista que tenemos en las Islas, dispuestos siempre a soltarle un estacazo. Las calles canarias se han convertido en lugares poco seguros para el decano del pronombre personal de segunda persona plural de la lengua española, que lo heredó del latín en su forma primitiva vos hace más de diez siglos. 

Del apretado análisis semántico gramatical, referencial, social e histórico que acabamos de hacer, se derivan, al menos, tres conclusiones muy importantes para entender a derechas los problemas lingüísticos, sociolingüísticos e identitarios que implica la neutralización de la oposición gramatical que nos ocupa: 

En primer lugar, que, aunque tendemos a pensar que el presente o la actualidad es eterna, porque carecemos de perspectiva para analizarla, como fenómeno lingüístico vivo que es, la oposición vosotros / ustedes se encuentra en plena transformación y cambio en Canarias, sin que en rigor pueda decirse, por tanto, que haya dicho aún la última palabra. ¿Cuál puede ser el futuro de este proceso semántico tan dinámico? Podrían ocurrir, al menos, dos cosas radicalmente distintas. 

a) Que la neutralización en marcha siga avanzando hasta el final, con la claudicación definitiva de La Gomera y las zonas aún distinguidoras de Tenerife y La Palma. Es la hipótesis más probable, teniendo en cuenta el prestigio de que goza el uso exclusivo de ustedes, gracias a las hablas capitalinas. Incluso, cabría la posibilidad de que el vencedor ustedes terminara deponiendo su valor terciopersonal actual y desarrollara valor de segunda persona, como sucede ya en partes de Andalucía, donde frases como “Ustedes se quedáis en casa” o “Ustedes no sabéis el daño que le estáis haciendo a los niños con esa forma de enseñar” no son ni mucho menos infrecuentes. Se trata, empero, de una posibilidad muy remota, pues el hecho de que las formas singulares y usted se mantengan tan robustas entre los canarios condiciona seriamente el futuro de las formas plurales. Prueba de lo que decimos es que los casos de combinación del ustedes con verbos en segunda persona plural son anecdóticos en las Islas. 

b) Que el desmantelamiento de la oposición se detenga y se inicie un proceso de reposición, en aquellas zonas donde la misma ha quebrado. Como enseña la lingüística estructural, todo sistema busca siempre el equilibrio perdido. En este sentido podrían estar apuntando dos hechos muy concretos. Primero, el hecho de que, como dijimos más arriba, el vosotros sea usado a veces por los hablantes más o menos cultos para evitar ambigüedades, fundamentalmente en los textos escritos. Y, segundo, el hecho de que la forma vosotros aparezca con más o menos frecuencia en boca de no pocos canarios a imitación de la norma castellana, que es el espejo lingüístico en que se ha solido mirar siempre la gente de las Islas. Como consecuencia de este prejuicio valorativo, inducido por el sistema educativo, la España oficial, los medios de comunicación más o menos centralistas y la norma regulada por la Real Academia, que es la que sirve de base a los libros de texto que se emplean en nuestros centros educativos, a la mayor parte de la literatura que lee nuestra gente habitualmente y a las películas que suele ver en el cine o la televisión, han terminado muchos isleños por volver al revés la semántica de la oposición tradicional, empleando la originaria forma de familiaridad o confianza vosotros como fórmula de cortesía o respeto y la originaria forma de cortesía o respeto ustedes como fórmula de familiaridad o confianza. “¿Qué vais a tomar?”, por ejemplo, dice el camarero canario a sus clientes para granjearse su simpatía o benevolencia, en tanto que emplea siempre su común forma ustedes en situaciones comunicativas menos envaradas, como hablar con los compañeros en el trabajo, con la familia en casa o con los amigos en la calle. Es decir, que una distinción que en principio se basaba en un contraste semántico exclusivamente mostrativo (‘mostración directa o personal’ (vosotros) / ‘mostración indirecta o no personal determinada’ (ustedes)) ha pasado a basarse en un contraste connotativo o sociolingüístico de ‘prestigio’: vosotros ‘segunda persona plural de prestigio’ / ustedes ‘segunda persona plural de confianza’. Lo que quiere decir que la reposición que comentamos podría muy bien desarrollarse en dos sentidos distintos: en el sentido castellano, gomero, andaluz oriental, etc., con un vosotros de confianza y un ustedes de respeto; o en un sentido inédito en español, con un vosotros de respeto y un ustedes de confianza. La limitada implantación de esta oposición, el escaso prestigio de que gozan las personas que la emplean y el hecho de que la forma singular usted mantenga su sentido de respecto o cortesía incólume convierten esta segunda posibilidad en poco menos que imposible; aunque, como dice don Quijote, cosas podríamos ver que harían hablar hasta a las mismas piedras.  

Segunda, que no puede sostenerse que la identidad lingüística de los canarios en general dependa de la neutralización de nuestra oposición, dado que la misma conserva todo su vigor en muchos pueblos insulares. No creo que haya nadie que pueda decir en serio que los gomeros, los tinerfeños de Güímar o Arafo o los palmeros de Barlovento o Puntagorda sean menos canarios que los grancanarios, los majoreros, los conejeros o los herreños, por el mero hecho de que estos usen sólo un pronombre de segunda persona plural (ustedes) y aquellos, dos (vosotros y ustedes). Las islas grandes o de más importancia poblacional, política, económica, etc., del Archipiélago no deberían caer en la tentación de intentar imponer por decreto su forma de hablar a las más pequeñas, porque con ello se cometería el mismo pecado de tiranía, vasallaje o imposición que con tanta razón solemos criticar los que defendemos la diversidad lingüística. Cuando por fin hemos logrado quitarnos de encima las inquisiciones idiomáticas venidas de fuera, no parece lógico que montemos ahora los canarios una nueva para imponer los valores de unos a los demás. En realidad, la identidad lingüística de los pueblos, siempre tan cambiante de época a época, no depende de un solo rasgo idiomático, por muy importante que este pueda ser, sino de toda una constelación de ellos, que van desde los imprescindibles fenómenos fónicos, gramaticales y léxicos hasta la propia expresividad de los hablantes, con gesto y actitudes diversos a la hora de expresarse.  

Y, tercero, que, hablando con un mínimo de rigor científico sobre el asunto de la identidad personal, tampoco hay razones para afirmar que, si un isleño renuncia a dicha neutralización, renuncia a su isla o a su insularidad. No creo yo que pueda decirse que los gomeros, los tinerfeños de Güímar o Arafo o los palmeros de Barlovento o Puntagorda hayan renunciado a su gomeridad, su tinerfeñidad y su palmeridad, respectivamente, por el mero hecho de que se mantengan fieles a la distinción pronominal que nos ocupa. La lanzaroteñidad de la gente de Lanzarote, la majoreridad de la de Fuerteventura, la grancanariedad de la de Gran Canaria, la tinerfeñidad de la de Tenerife, la palmeridad de la de La Palma, la gomeridad de la de La Gomera, la herreñidad de la de El Hierro y la gracioseridad de la de La Graciosa están, como es lógico, muy por encima de la neutralización de la vieja oposición pronominal vosotros / ustedes, en favor de la forma ustedes.