Que la Iglesia y el Papa me perdonen
Que la Iglesia y el Papa me perdonen, pero escuchar los argumentos casi divinos que expone el obispo de la Diócesis de Canarias, Don José Mazuelos, para excusar la visita a esta isla, no tienen desperdicio. Entre ellos que El Hierro no tiene aeropuerto suficiente ni infraestructura para la visita del Papa, no deja de ser una declaración con falta de rigurosidad y representa un absoluto desprecio a La Restinga en particular y a esta isla en general. Posiblemente tendrían cabida otros como las evidentes disputas capitalinas para tenerlo el máximo tiempo posible o la falta de encaje temporal en la agenda del pontífice. La verdad es que me había propuesto no escribir más de este asunto, pero precisamente este argumento me ha invitado porque no tiene perdón de Dios.
Salvando las distancias temporales, me viene al recuerdo la visita que hicieron en el año 2011 los Príncipes de Asturias (hoy Reyes de España) a La Restinga, un loable y agradecido gesto de los monarcas a su gente y a la de todo El Hierro, sufridores en carne propia de una crisis sísmico-volcánica sin precedentes que llevó a la evacuación del pueblo marinero en dos ocasiones, así como a la paralización absoluta de su economía y la de todo El Hierro. Tuvieron tiempo para visitar otros puntos estratégicos y hablar con los herreños y salir por el aeropuerto. También, y años antes, los reyes Juan Carlos y Sofía vinieron en helicóptero y aterrizaron en la polvorienta explanada del muelle de La Restinga y salieron por el campo de fútbol de Valverde.
Seguramente en aquellos tiempos sus Altezas Reales don Felipe y doña Leticia, pese a la logística, estuvieron mejor asesorados en su viaje, y las limitaciones aeroportuarias y la falta de infraestructura no impidieron que un helicóptero de las Fuerzas Armadas aterrizase en el muelle de La Restinga, conociesen de cerca la problemática de su gente en vivo y en directo, escuchasen sus relatos y agradeciesen personalmente a cada uno de los colectivos y personas que tuvieron que ver con la gestión del proceso sísmico y volcánico, y que padecieron y sufrieron en una isla que llegó a paralizarse por completo como consecuencia de los terremotos y los volcanes.
La verdad es que el Excelentísimo y Reverendísimo Señor Obispo de la Diócesis Canariense, Don José Mazuelos, quién por cierto tengo la duda si conoce El Hierro, no ha estado muy afortunado en sus argumentos, por decirlo con suavidad y también con el perdón adelantado de un creyente. Y, dicho sea de paso, me imagino que conoce la postura que mantuvo el Ayuntamiento de Mogán con respecto a la crisis migratoria en plena pandemia de Covid-19 en el año 2020, y que llevó al desalojo forzoso del muelle de Arguineguín, así como a sacar a los migrantes de los alojamientos turísticos y su traslado a Las Palmas, o la negativa al enterramiento de los fallecidos. Nada tiene que ver la gente de este municipio grancanario, que me consta, no deja de ser tan hospitalaria y solidaria como los herreños, pero las decisiones políticas, justificadas o no, proporcionadas o no, mandaron frente a la atención digna de los migrantes. Pero no se trata de discutir la presencia del Papa en el puerto de Arguineguín, pero por ende sí reclamar que un cariñito, aunque sea de una hora, en el muelle de La Restinga no hubiera estado desacertado.
¿Qué más da que a las costas herreñas hayan llegado desde agosto del 2023 unas 50.000 almas huyendo de guerras y de la pobreza extrema? ¿Qué más da que se hayan producido las mayores tragedias conocidas siendo espectadores impotentes los herreños? Sé que ya es tarde, pero lo es también para justificarse por los motivos que impiden la visita papal. Se pone de manifiesto con ello que esta isla es solo un Meridiano Cero en el Atlántico del olvido. Esto no es cuestión de religión ni un de capricho, es algo más; El Hierro se merece que se le devuelva la misma empatía, la solidaridad, la hospitalidad, la cercanía, ... con la que hemos afrontado en solitario el fenómeno migratorio. Se lo merece todo un dispositivo que se ha dejado la piel en conducirlos a buen puerto y atenderlos. Hasta ahora, eso sí, hemos tenido muchas visitas institucionales de cortesía, para decirnos qué solidarios somos, qué buenos samaritanos somos, qué empáticos somos, ante el fenómeno de la inmigración y el drama que le acompaña. Y para que no haya dudas respecto a mi posición, se lo digo tanto al Papa León XIV como a nuestro presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez.
Como solemos decir, cuando se quiere se puede, pero está claro que no se quiso.