El nuevo disfraz de Sarkozy
Los años de ministro del Interior marcaron sus rasgos políticos relevantes. El discurso sobre un Estado de tipo policial, los ataques a los jóvenes marginados, su apoyo a Estados Unidos, las campañas contra la inmigración, la defensa incondicional de la empresa privada y la descalificación permanente de la semana laboral de 35 horas. Nicolas Sarkozy consciente (siempre según las encuestas) de sus limitaciones electorales con semejante perfil, ha dado un giro de muchos grados, diciéndole a sus actuales amigos lo siguiente: ÂTienen que entender que no seré sólo el candidato de la UMP. Tengo que dirigirme a todos los franceses. Convencerles de que, juntos, todo es posibleÂ. Así que empezó el discurso por arrepentirse de no se sabe qué, ofreció una imagen conciliadora y repitió varias veces su Âcambio de talante y también, relativamente, de política. Rumbo al centro.Defendió a los empresarios de verdad, no a los Âasistidos o subvencionados, proclamando al mismo tiempo que Âel capitalismo no puede vivir sin ética ni moralÂ. Tiene gracia. Como si el capitalismo de estos tiempos funcionara sin la corrupción de sus abogados políticos comprados por las grandes empresas, sin bajos salarios, sin contratos precarios, sin desempleo, sin inmigrantes con derechos desconocidos, sin el asalto a las materias primas del llamado tercer mundo, sin destruir la naturaleza y sin guerras de agresión. Adaptándose a la actitud mayoritaria de los ciudadanos, aseguró que Âno resucitaremos la Constitución EuropeaÂ. Tiró del nacionalismo gaullista en plan radical: ÂFrancia no puede ni debe morir, porque es el país sin igual que el mundo necesitaÂ. ¿Está Francia quizás en peligro de desaparecer por algún misterio que sólo conoce el candidato? ¿O se refiere a los inmigrantes? Solicitó el voto a quienes están decepcionados de los líderes políticos gabachos. Incluso criticó la política exterior de Estados Unidos por la guerra de agresión contra Irak, no porque le parezca un crimen contra la humanidad sino Âporque fue un errorÂ. Otra adaptación oportunista a la opinión pública de su país.Royal también emprendió su propio giro, pero hacia la derecha, llegando a competir con Sarkozy en su tema preferido: el orden público. No recoge ni se siente heredera de las resistencias populares contra las privatizaciones, las protestas juveniles, el voto sobre la neoliberal Constitución Europea o las movilizaciones recientes contra el Contrato de Primer Empleo. Francia corre el riesgo de que estos sectores sociales se queden sin una expresión política genuina en la competencia por la presidencia de la República ya en la primera vuelta de las elecciones.La representación mediática de Royal tiene más que ver con el desprestigiado Tony Blair y sus especulaciones sobre la tercera vía a ninguna parte que con el viejo proyecto reformista de Mitterrand. Visto lo visto, la sospecha de Hugo Moreno, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de París 8, adquiere cierto fundamento: ÂLo más probable será una bipolarización en el enfrentamiento entre Nicolas Sarkozy y Ségolène Royal, o sea la opción entre la derecha neoliberal autoritaria y el social-liberalismo socialista rosadoÂ. Veremos. Rafael Morales