La recuperación económica
Desde luego, es buena noticia la mejora de las perspectivas del sector turístico. Pero una cosa es una cosa y otra que se nota demasiado al Gobierno canario que ante la crisis ha permanecido sentado a esperar eso, que los países emisores estén de nuevo en condiciones de enviarnos turistas. Sólo se ha movido Berriel, consejero del Cuarto de Ambiente que nos queda, para crear las condiciones legales para volver a las andadas con menos cortapisas que antes. No concibe el Gobierno otra política que aprovechar los rebosaderos del bienestar europeo mediante la tierra quemada que, al parecer, impulsa el mentado Berriel. El asunto de la nueva moratoria o la desclasificación de especies de fauna y flora revelan esa mentalidad de acabar con todo bicho viviente proclamar la belleza de los alicatados que acaben con los hierbajos.
Nada o muy poco se ha avanzado en la famosa diversificación de actividades. Las duras circunstancias por las que atravesamos no han servido, por ejemplo, para la recuperación de la planta turística del Sur grancanario. Y en materia de estricta diversificación, avergüenza que zonas peninsulares con muchísimas menos horas de insolación hayan superado por goleada a Canarias en energía solar. De la éolica no les digo porque al propiciar buenos negocios, dio lugar a irregularidades de juzgado de guardia que le han impedido desenvolver todo su potencial alternativo. Mientras, se recortan las inversiones en investigación de la que aflore un nuevo modelo de desarrollo propio del siglo XXI. En este frente, las dos universidades canarias están a la cola más por falta de recursos materiales que humana y vemos cómo los jóvenes en condiciones de hacerlo, aprovechan las oportunidades que se les presentan para poner tierra de por medio. La fuga de cerebros recorta la potencialidad de las islas. Los que se quedan han de contentarse con unos salarios mucho más bajos que los pagados en otras comunidades (lo que ya ocurría antes de la crisis) en lo que el fracaso escolar en todos los grados educativos aparece como mal endémico; y nada les digo del deterioro de la Sanidad pública. En lo que el empresariado insiste en la reforma del mercado laboral sin que expliquen demasiado a qué se refieren de modo que, aun no dudando de la necesidad de esa reforma, se impone la desconfianza acerca de lo que realmente se pretende.
No he tocado sino unos pocos botones de muestra que delatan la ineficiencia de una Administración, con un número elevadísimo de funcionarios y carcomida por el cáncer del enchufismo partidista y en la que sólo prosperan los políticos menos escrupulosos.
Dado que ya en otras ocasiones he insistido en el fracaso de la autonomía en Canarias como organización administrativa, nada añadiré por ahí. Salvo que las resistencias a la reforma electoral indican hasta qué punto no quieren remediar nada. No es que esta reforma sea la panacea sino que, al menos, abre el espacio dominado desde hace ya demasiado tiempo las mismas siglas, los mismos nombres, las mismas prácticas políticas y los mismos intereses que, seguramente, repetirán en 2011. Esto, unido a la política de esperar a que la rebaba del bienestar europeo vuelva a beneficiarnos, hace temer que todo seguirá igual, pero más hacia abajo. Menos mal que siempre quedará Madrid para echarle la culpa; como si el Gobierno canario no tuviera responsabilidades.
La indiferencia de la gente es la otra parte del problema. Tenemos una ciudadanía temerosa, a la que parece importarle lo mismo ocho que ochenta para no buscarse complicaciones, lo que los mandarines interpretan como legitimación de su desvergonzada incompetencia.