La portada de mañana
Acceder
La era de los ‘superincendios’ desata la emergencia en España
Así es el nuevo decreto de vivienda que pretende aprobar el Gobierno
OPINIÓN | "Isabel 'Nerón' Ayuso", por Antonio Maestre

El régimen del 78

En El Laberinto de la Soledad, Octavio Paz asegura que lo que caracteriza a nuestra modernidad es el pensamiento crítico. Yo soy libre de pensar. Y tú también.

Hay un libro, Por qué fracasan los países, que recoge anécdotas de Acemoglu y de Robinson. En una de ellas explica cómo organizaron una lotería en Zimbabue y el dictador Mugabe resultó ser el afortunado. Sucede a veces que no hay nada que disimular si quiero violentar a una institución y para esa gente a veces conviene hacerlo a la luz del día y sin cubrirse con pasamontañas.

La libertad que tengo para pensar hace que se me antoje ver algo parecido en el triplete de casos fiscal general, hermano y consorte del presidente. Si es una advertencia o admonición pueden ahorrarse el disimulo. No conviene.

Dice el juez Marchena que una sociedad no puede vivir desconfiando en sus jueces, que la convivencia se lamina y eso es una tragedia. Tiene razón Marchena, solo que falta saber si desconfiar me hace culpable, si es una culpa neurótica o una consecuencia de que cada cual es libre de pensar.

Me declaro inocente de ver a los tribunales votar en bloque, siempre el mismo resultado, no es ideología es militancia. Hay un principio sagrado que dicta que la justicia no solo debe ser imparcial sino parecerlo. Platón dijo que la obra maestra de la injusticia es parecer justa sin serlo. Quevedo, más mordaz, pensó que menos mal hacen los delincuentes que un mal juez.

Y ahora me instalo en el régimen del 78. Allí se estipuló que habría un carril derecho y un carril izquierdo y se pactó no circular por los arcenes. En los arcenes se quebraba el principio de lealtad institucional. En el régimen del 78 se vaciaron unos y otros los bolsillos de ideas y creencias propias de forma generosa porque merecía la pena superar no solo al franquismo sino doscientos años de constituciones partidistas. Algunos cedieron tanto que podían haber terminado en el psiquiatra. Valió la pena instalar la buena fe y la lealtad institucional.

El gran periodista Chaves Nogales antes de irse de España afirmó que de la república solo se salía con una dictadura. Solo desconocía si iba a ser muy de derechas o muy de izquierdas. Se fue porque sospechó que al conflicto sucedería la paz de los cementerios, exterminio personal y violencia física y económica. Habría paz solo para los vencedores.

Horroriza ver en la tele a Esperanza Aguirre decirle a Sánchez que no vaya a la final del mundial de fútbol, que Sánchez no es nadie. Y otros piensan que quien nunca fue nadie es ese carcamal de anacultora, siempre rodeada de patos. Cero en lealtad institucional. Cero lindando con el coma insulínico.

Sabemos lo que nos pasa, que muchos han invadido el arcén izquierdo, y eso no fue lo pactado. Quizá Podemos, en ocasiones Sánchez. Pero en el arcén derecho hay grandes problemas de tráfico porque detrás de Vox circula demasiada gente que no sabe practicar la lealtad institucional. Yo circulo por mi carril y respeto a los que lo hacen por el otro. Cuando los veo por los arcenes solo se me ocurre advertir, muchacho eso hay que pactarlo con iguales apoyos que en el 78.