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El mapa que puede salvarnos de los neonazis

Miembros de Núcleo Nacional durante la concentración racista no autorizada, este mayo de 2026, en la madrileña plaza de Nelson Mandela de Lavapiés.
11 de septiembre de 2026 21:33 h

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Todo se tambalea. Nuestras democracias peligran por el asedio neofascista. Intentan derribarlas, dale que dale con el ariete del odio al inmigrante. Unos le ponen a la gente la cabeza loca de paranoias y otros pasan a los actos. Llegan a acosar a una niña ceutí, de 13 años, llamándola “invasora”, porque la ven morenita y vestida en chándal, o hieren en la cabeza a un chiquillo de 8, disparándole perdigonazos, a punto de reventarle un ojo. Como si el hecho de que él sí sea marroquí, llegado a Ceuta con sus padres y hermano de 3 años, justifique atacarlo.

También agreden a periodistas, al grito de “¡Traidores, ojalá os violen!”. La espiral de barbaridades trasciende fronteras, en una antología del disparate que llegaría a desternillante si no fuera tan grave. ¡Pues no que el gobierno de Trump deporta a venezolanos refugiados, en EEUU, huyendo del chavismo… al país africano de Liberia! ¡Y los neofascistas franceses de Marine Le Pen salen horrorizados de una reunión con los neonazis de la alemana AfD al oírles que “había SS que eran buena gente”.

Si a esto le sumamos la descarada compra de votos por Trump, a 5.000 euros cada uno, en EEUU (¿pero esto es legal?), y el robo, en España, del derecho al voto para 300.000 españoles, vía Tribunal Supremo (¿legal también?), ¡por no hablar del vaticinio de destrucción de la humanidad por la IA en menos de 10 años! Si le sumamos todo cuanto drena las energías, tiempo y talento que deberían dedicarse a resolver las necesidades de vivienda, empleo, sueldo y descansos dignos, sanidad, educación, ayuda a la dependencia… es para sufrir ansiedad, depresión, problemas de salud mental (como el 55% de nuestra juventud). El mundo nos da su cara más hostil. Como se ha recordado este jueves 10, Día Mundial de la Prevención del Suicidio, en España, se suicidan diez personas cada día, 4.000 al año.

En la debacle, un logro esperanzador

Pero, en medio del asedio neofascista al proyecto de convivencia humana tras vencer al nazismo en la Segunda Guerra Mundial, va ahora la ONU y, al fin, aprueba un mapa con el tamaño verdadero de África. Que diréis, ¿y eso qué importa? ¿Qué tiene que ver? Mucho. Quizá el mapa contenga el antídoto frente al virus neonazi.

Parémonos a considerarlo, sacudiéndonos el agobio de lo mal que pinta todo. En plena debacle del orden multilateral, cuando los EEUU trumpistas intentan asfixiar, sin financiación, a los organismos de colaboración global, va Togo, apoyado por los demás países africanos, con su modesto poder en el tablero global, y defienden, con argumentos, datos científicos y diplomacia, que hay que cambiar el mapa para reflejar el tamaño mucho mayor de los continentes del sur. Que África no es igual que Groenlandia sino catorce veces más extensa. Y consiguen aprobarlo ¡con 164 votos a favor, 6 abstenciones (Estonia, Georgia, Lituania, Moldavia, Serbia y Ucrania) y un único voto en contra: EEUU!

Los mapas no son baladíes, de ahí el empeño de Trump por rebautizar Nuevo México como Nueva América, el lago Ontario como el lago América o el Estrecho de Ormuz ¡Estrecho Trump!

En pleno boicot ultra a la convivencia internacional, el logro de Togo y África de aprobar en la ONU un mapa que refleje el mayor tamaño del Sur Global debe inspirarnos, a los demócratas de todas partes, para diseñar y coser juntos un mejor patrón del mundo

La iniciativa africana, en las antípodas de las ocurrencias trumpistas, es justa y forma parte de una ambiciosa tarea para recoser el mundo con un patrón nuevo y mejor. Mientras el ruido ensordece, gente muy preparada del Sur Global imagina, diseña y se pone a la tarea de un presente e inmediato futuro donde África deje de tener el rol menor, inferior, dependiente, atrasado que el Norte le hemos impuesto.

Por eso el 25 de marzo pasado los países africanos también lograron que la ONU aprobara considerar la trata de esclavos del s.XV al XIX como “el mayor crimen contra la humanidad” de la historia. Abriendo la puerta a reparaciones jurídicas y económicas, a las que la Europa que esclavizó aún se niega. Y en la Cumbre de Tierras y Sequías de la ONU, este septiembre, han subrayado lo intolerable de que África, que sólo emite el 4% del dióxido de carbono del planeta, sea la máxima perjudicada por la destrucción climática mientras el mayor contaminante, EEUU, se niega a cuidar la naturaleza.

España sabe acabar con la migración

Nos repiten cada día lo complicado que es todo. Mientras quien se beneficia de enmarañar aún más la complejidad son los simplistas que todo lo arreglan con su odio al otro. Desbrocemos el camino y miremos, con ojos despejados, la senda que bien conocemos, porque la han recorrido nuestros pasos. A mí ha tenido que recordármela, hablando por teléfono estos días, mi querido y admirado amigo hispano-marroquí Mohamed Serifi-Villar, encarcelado en su juventud, en los 70, durante 18 años, en la prisión de Kenitra, por reclamar que Marruecos hiciera la transición democrática que sí hizo España. Un Serifi cuya biografía Bajo un cielo cuadrado acaba de ser publicada en España y recomiendo leer.

Pues bien, ¿cómo pasamos los españoles -y portugueses- de países de los que, en los años 50-60-70, la gente se iba a Alemania, a Suiza, a Bélgica, a Francia, a Inglaterra… a ser el país receptor de inmigrantes que somos hoy? ¿Cómo fue que esa juventud española que huía, no solo de la dictadura franquista, sino también por las “razones económicas” que ahora se menosprecian como razón para migrar, empezó a preferir quedarse aquí?

¿Queremos que la gente deje de salir a escape de Marruecos y África? ¡España sabe cómo! ¿O hemos olvidado cómo pasamos nosotros de ser un país del que la gente huía, por la dictadura y las hoy denostadas "razones económicas", a ser destino de inmigrantes? Lo logramos gracias a que las potencias apoyaron nuestra Transición a la democracia e invirtieron millones en nuestro desarrollo. La receta está clara: extender el bienestar al Sur Global

No hay ningún misterio. Las potencias del mundo decidieron apoyar el proceso de democratización de España y Portugal y los miembros de la entonces llamada Comunidad Económica Europea, hoy UE, sobre todo Francia y Alemania, invirtieron cantidades ingentes de dinero para equiparar el nivel de vida del sur de Europa al del norte y centro.

Así las y los españoles cambiamos. Yo lo vi, entre mi niñez y adolescencia. Cada vez había menos bocas desdentadas, generaciones menos escuchimizadas y con más estudios, las carreteras y coches mejoraron, apareció el aire acondicionado, proliferaron las autovías, aeropuertos, llegó el AVE, se multiplicaron las posibilidades empresariales y de empleo, se desarrolló la industria y, sobre todo el turismo. Así dejamos de emigrar nosotros.

Está tan claro que la receta que funciona frente a la necesidad de emigrar es extender la democracia y el bienestar, que, en 1995, se organizó en Barcelona la Cumbre Euromediterránea, cuyo objetivo era crear un área de bonanza entre el continente europeo y la orilla sur del Mediterráneo. Fue en aquellos 90 cuando, también con el liderazgo de España, el mundo casi tocó, con la punta de los dedos, la paz entre Israel y Palestina, sellada por Isaac Rabin y Yasser Arafat. La cumbre catalana estaba programada para el 27 y 29 de noviembre. Pero, el 4 se cargaron a Rabin. ¿Quién? Sorpresa para nadie: un ultranacionalista israelí de extrema derecha, de nombre Yigal Amir.

Si vemos cómo hemos llegado hasta aquí, en lo positivo y en lo negativo, y nos aliamos con los países y ciudadanías que, incluso en las situaciones más complicadas, persisten en la construcción de justicia y colaboración multilateral democrática, podremos salir del atolladero al que el neofascismo, entonces, como ahora y siempre, quiere conducirnos. Y saldremos. Lo conseguiremos.

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