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Opinión - 'Un nuevo agosto rojo', por Rosa María Artal
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No son “las mafias”, es un jaque a Sánchez

Jóvenes marroquíes este jueves entrando a Ceuta por el espigón del Tarajal que separa la ciudad española del marroquí de Fnideq.
31 de julio de 2026 23:31 h

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Algo que me han transmitido muchas y muchos inmigrantes, en entrevistas y charlas, a lo largo de los años, es saberse piezas de ajedrez en manos de poderes internacionales. Me lo han dicho huidos de la guerra Siria, solicitantes de asilo del Afganistán víctima de los talibanes, gente palestina, libaneses… Estos días, en Ceuta, se libra una partida de ajedrez que juega con las vidas de chavales, madres, niños, bebés, como peones sacrificables. Al menos, 57 han muerto. Y que también nos maneja también a las gentes de Ceuta y toda España. Objetivo: avanzar, cobrarse la pieza más alta. Ganar.

Quienes conocemos Marruecos sabemos, por experiencia chocante, que allí la brisa no mueve ni una hoja sin que el Estado lo sepa y consienta. Ocurre gracias a los ojos de sus ubicuos policías, de uniforme y de paisano. Así que un movimiento hacia la costa norte de tantos marroquíes, sobre 50.000, 7.000 de ellos chiquillos, seguro al cien por cien que no ha pasado inadvertido. Menos aún durante en el Día del Trono en Marruecos, con el rey, el príncipe, su corte y los servicios secretos en el Palacio de Rincón, a 25 kilómetros de Ceuta.

Razones poderosas deben explicar que al majzén, la oligarquía marroquí, le compense dar, horas después del discurso del demacrado Mohamed VI, ensalzando supuestos grandes logros de su reinado, esta imagen de país del que su juventud y familias huyen desesperados.

Buscando dar jaque mate a Sánchez

Aún salían Sánchez y Marlaska de la crisis de los incendios, cuando, en las 24 horas del jueves, entraron 50.000 personas a Ceuta desde Marruecos, en una crisis migratoria que ha superado a la de 2021 para ser la mayor vivida en España.

La explicación que Sánchez dio ayer en su comparecencia tiene sentido, aunque no sea cierta. Culpar a “las mafias” es mentir, pero evita un choque con Marruecos. Ahora bien, ofende a la inteligencia. Quizá valiera más poner las cartas sobre la mesa y confiar en que la ciudadanía, desde la verdad, defendamos al Gobierno que quieren tumbarnos.

Algo de lo que los servicios secretos españoles no han advertido al Gobierno. Malo si, por ineptitud, no lo sabían; peor si les constaba y lo han ocultado. En todo caso, un nuevo golpe al Ejecutivo de PSOE y Sumar a quien derecha y ultraderecha, españolas y globales, tienen entre ceja y ceja derrocar, con todos los instrumentos mediáticos, judiciales y estratégicos a su alcance.

La explicación que el presidente Sánchez dio ayer en su comparecencia tiene sentido, aunque no sea cierta. Decir que la culpa es de “las mafias” no es verdad. Los inmigrantes recurren a traficantes de personas cuando los necesitan para llegar de un punto “A” a otro “B”. Por ejemplo, para cruzar el Estrecho en lancha hinchable o lanzarse en patera de madera del África Occidental a Canarias. Pero, ¿a santo de qué iba a pagar nadie a un intermediario cuando su forma de llegar del marroquí Fnideq a la española Ceuta es nadando o triscando por el espigón del Tarajal?

Es alarmante que los servicios secretos españoles no hayan advertido al Gobierno de la entrada de inmigrantes que se avecinaba a Ceuta. Inquieta si no han sido capaces de anticiparlo y, más aún, si haciéndolo, lo ocultaron al Ejecutivo, para contribuir a tambalearlo.

Si Sánchez da esta falsa explicación es para evitar el choque con Marruecos. Porque tal colisión es uno de los objetivos de quien, en la partida en curso, desafía al gobierno legítimo de España, y por tanto a nosotros, el pueblo que lo elegimos. Pero recurrir al mantra de “las mafias” es demasiado burdo. No cuela. Cae en el paternalismo y, por tanto, en la falta de respeto a la inteligencia de la sociedad española.

Factor clave: desesperanza juvenil

Que si a Marruecos le molesta la visita de Sánchez al presidente argelino, nuestro gran proveedor de gas; que si Marruecos vive como afrenta que España y Reino Unido supriman la frontera entre Gibraltar y la Línea mientras la mantiene entre Ceuta y Melilla; que si Marruecos devuelve el golpe por la reciente aprobación de la ley para dar la nacionalidad española a los saharauis nacidos cuando la colonia española y a sus descendientes; que si “efecto llamada” por la regularización del 1.200.000 inmigrantes; que si más “efecto llamada” por la ratificación del Supremo de que a los inmigrantes llegados por mar no se les puede “devolver en caliente”; que si Trump es el gran valedor de la anexión del Sáhara Occidental por Marruecos, por lo que Marruecos ha bautizado “Donald Trump” su autopista a Dajla y que, a la vez, busca derribar a Sánchez y al gobierno que hacen frente a su racismo facha y al genocidio de Netanyahu sobre Palestina.

Estos factores existen e interactúan en la partida de motivaciones. Derecha y ultraderecha se lanzan a hablar de “invasión” y “territorio ocupado”, los medios de “avalancha”. Hay ya efectos, como que la primera ministra italiana Meloni, con el apoyo de Finlandia pida a la UE, nada menos, que cerrar el espacio Schengen a España. Se enardecen los ánimos de los ceutíes contra Sánchez y un buen grupo lo recibe insultándole.

37.500 de los 50.000 marroquíes llegados el jueves a Ceuta volvieron a su país en 24h. Y Marruecos y España tienen un pacto de expulsión rápida que se aplicará porque no son las “devoluciones en caliente” prohibidas por el Supremo. Pero el episodio ya ha servido para crear sensación de caos, odio al extranjero y a Sánchez, y para tratar de acercar un gobierno PP-Vox.

La entrada de marroquíes a Ceuta es coyuntural y de poco recorrido. Unas 37.500 de las 50.000 personas que llegaron el jueves volvieron a Marruecos ayer viernes por sus medios y, además, Marruecos y España tienen un acuerdo bilateral de devolución de quienes cruzan de forma irregular, por el que, pese a la prohibición del Supremo de las “devoluciones en caliente”, se expulsa rápido.

La complejidad del asunto no debe eclipsar la raíz de todo: que la mayoría social marroquí, en especial sus jóvenes, ha perdido la confianza en que los ricos y poderosos hagan los cambios necesarios para crear empleo, bienestar social y condiciones para su realización vital.

Cada vez que, con manifestaciones, tan pacíficas como multitudinarias, reclaman inversión educativa, sanitaria, desarrollo de industria y empleo, reparto de los recursos en una sociedad con élite de megarricos y mayoría en la miseria, que exigen frenar los abusos policiales, instaurar la libertad, la auténtica democracia… son reprimidos con crueldad, maltratados, encarcelados, sometidos, desaparecidos. Pasó con el movimiento Hirak, del 2016, volvió a ocurrir una década después, este octubre de 2025, en las protestas de la generación Z

Por muchos factores implicados en esta entrada de inmigrantes a Ceuta, sólo uno es la raíz: la desesperanza de la juventud de Marruecos frente al rey y la oligarquía, que viven en la opulencia, sin hacer los cambios necesarios para que la mayoría social pueda tener trabajo, condiciones de vida digna y un horizonte en que realizar sus expectativas.

Los encarcelados por pedir cambios se acumulan en cárceles de las que no salen. La desigualdad ha aumentado con el gobierno de derechas de estos últimos cinco años. Pinta peor si en las legislativas de septiembre gana el actual ministro de Presupuestos y presidente de la Federación Marroquí de Fútbol, Fouzi Lekjaa. Mis contactos en Marruecos pronostican que habrá boicot electoral y baja participación. “Claro que igual la autoridad manipula los índices reales de voto para tapar la indignación social”.

La única salida: justicia Norte-Sur

Cuando a final de los años 70 España vivió la Transición a la democracia, también las y los marroquíes lo intentaron. Hassan II, padre de Mohamed VI, a quien Juan Carlos I consideraba “hermano”, se lo hizo pagar a su pueblo al precio de torturas y encarcelamientos salvajes en los llamados “Años del Plomo”. Injusta divergencia de destinos la de nuestras dos orillas del Estrecho. Tan injusta como la que, en 1989, hizo que la juventud alemana viviera la caída del Muro de Berlín, mientras la juventud china era masacrada por los tanques en Tiananmen.

Toda la población africana, entre ella la marroquí, merece un mejor presente y futuro. ¿No pensaremos que las peores condiciones de existencia en África son casualidad o, peor, resultado de la falta de riquezas de un continente de cuyos recursos naturales dependemos europeos, asiáticos, rusos y estadounidenses? ¿No seremos tan racistas, o sí, de creer que viven peor por incapacidad innata, en vez de como consecuencia de los 400 años de esclavitud que impusimos, del asqueroso reparto colonial en el XIX, de nuestro neocolonialismo incesante que sigue prefiriendo que allí haya autocracias a dejar que los africanos elijan líderes que defiendan sus intereses?

Sé que, en el actual contexto involucionista, muchos, ¿la mayoría?, considerando imposibles los avances globales, opta por el sálvese quien pueda. Sé que lo de la “justicia Norte-Sur” suena tan buenista e inalcanzable como “la paz en el mundo”. Y a pesar de todo, como Galileo al defender su teoría de la traslación de la tierra en torno al sol, replicó: “Y sin embargo, se mueve”, yo os digo: “Y sin embargo, no hay más salida que la justicia”. O trabajamos las gentes del mundo, mano a mano, hermanados, para expandir la democracia y el bienestar, o la exclusión y el fascismo, se seguirán extendiendo, amenaza putrefacta y letal, hasta atraparnos. Evitémoslo.

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