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Pablo Martín Caminero, el contrabajo de Vitoria que hizo suyo el flamenco y quiere convencer al exigente público de Sevilla

Pablo Martín Caminero.

Alejandro Luque

Sevilla —
13 de septiembre de 2026 21:15 h

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Pablo Martín Caminero (Vitoria, 1974) no tenía antecedentes familiares en el flamenco. Tampoco su instrumento, el contrabajo, gozaba de tradición en este género, pero un buen día lo jondo se cruzó en su camino y se incorporó para siempre en su lenguaje musical junto a otras influencias. Ahora, el músico destaca en la programación de la Bienal de Sevilla con tres días seguidos –22, 23 y 24 de septiembre– en la Real Fábrica de Artillería, donde brindará su trilogía Al cante, Al toque y Al baile.

Martín Caminero estudiaba música clásica en Viena cuando se tropezó con un guitarrista flamenco alemán-japonés, Michio Woigardt, que lo llevó a su terreno.A mí ya me gustaba aquello: escuchaba a Paco, a Camarón, que para muchos de nosotros son las puertas de entrada, sobre todo el Paco de Lucía Sextet, que además fue a tocar en directo allá, a Viena, con Benavent y con Jorge Pardo, y fue súper emocionante”, recuerda. Yo tengo muy claro que no soy flamenco y no lo seré nunca”, admite. “Yo toco y he tocado con los flamencos, que es para mí uno de los más grandes privilegios y honores que he tenido en mi carrera musical: ser más o menos aceptado en esa comunidad”.

En efecto, de vuelta a España empezó a colaborar con maestros como Chano Domínguez o Gerardo Núñez, con quien pasaría más de diez años haciendo giras. Y descubrió un ambiente que nada tenía que ver con el de los clásicos o los jazzeros: “Son mundos completamente distintos, psicologías distintas, maneras de comunicarse verbalmente totalmente distintas, son casi como idiomas distintos. Son estructuras musicales y de concierto distintas, son maneras de vivir muy diferentes”, explica. “La identidad en general, la identidad global del flamenco, no solo se manifiesta en lo musical, sino también en la manera de ver la vida. Quizás he tratado de usurpar un poco esa identidad también, o por lo menos dejarme empapar por ella y tratar que mi personalidad musical sea original, también, por esa influencia del flamenco”.

Un instrumento en la infancia

A lo largo de su carrera, Martín Caminero ha tocado con celebridades como Dhafer Youssef, “Niño Josele”, Rocío Molina, Enrike Solinís, Rosario La Tremendita o Hippocampus, además de componer bandas sonoras para filmes como Guadalquivir o El Plan, y publicar discos en solitario como Doméstica, El Caminero, O.F.N.I., Salto al vacío o 51. También ha sido director musical de espectáculos como Soleá, de María Moreno, y ha militado en proyectos como Double Bach del coreógrafo Antonio Ruz, entre otros empeños.

Pero lo jondo ha sido una constante en estas últimas dos décadas, con aventuras tan estimulantes como UHF (Ultra High Flamenco), el supergrupo que formó con el guitarrista José Quevedo Bolita, el percusionista Paquito González y el violinista Alexis Lefebvre. “UHF fue una de las formaciones en las que más he aprendido sobre flamenco, también profundizando con mis compañeros de una manera mucho más libre y mucho más intuitiva. En algún momento nos hemos planteado, así tipo los Rolling Stones: ‘Venga, vamos a hacer un revival’, pero no es tan sencillo. Las bandas son entes en general complicados. No es una persona. Es más fácil decir Pablo Martín Caminero Cuarteto y ya está, que UHF, que son cuatro mentes”.

“Siempre me acuerdo de mi amigo el Bolita, de Jerez, que me decía: ‘No intentes copiar a la guitarra flamenca con un contrabajo, no tiene sentido. Mira a ver qué es lo que puedes sacar de nuevo del instrumento’. Eso es lo que he intentado hacer”, asegura. Y aunque para muchos el contrabajo sigue siendo un instrumento excéntrico, a pesar de las aportaciones de pioneros como Javier Colina o colaboraciones como la de Pepe Habichuela con Dave Holland, Martín Caminero está convencido de que “en el flamenco, el instrumento natural sería el contrabajo, porque es un instrumento acústico que se puede implementar de manera acústica en una fiesta, en un bosque, en cualquier lugar, que no depende de la electricidad como el bajo. Y en ese sentido, todavía tiene un largo recorrido. En algún momento es posible que aparezca un Paco de Lucía o una Paca de Lucía en el contrabajo que marque un… No sé, que abra un nuevo camino. A veces ocurre. En el flamenco yo creo que el contrabajo está en la infancia todavía”.

Un músico bien arropado

De momento, Pablo Martín Caminero tiene por delante ese monumental desafío de convencer al exigente público sevillano en el mayor festival flamenco del mundo. “Soy consciente de que están invitando a un músico vasco, no flamenco nativo, a este festival para exponer una trilogía en la que me traigo a tres, digamos, flamencos de verdad, que son David Carpio, María Moreno y Paquito González”, concluye. “Y luego traigo a tres pedazos de improvisadores, músicos, pianistas increíbles, que son Moisés Sánchez, Xavi Torres, que va a hacer Al baile, y Daniel García Diego, que está en Al cante”.

“Y luego Manuel Torre a la batería, que también viene del flamenco y trabaja mucho con baile y con nuevas formas del flamenco, con Antonio Lizana, y Shayan Fathi, que es un hombre del Renacimiento, que ha producido mucho y que sabe latín. O sea, me parece que estoy muy bien arropado. Mi propuesta está grabada y es conocida por quien me llama. Entiendo que eso les interesa. Y por mi parte, voy a hacerlo lo mejor que pueda. Me da tanta ilusión que ahora mismo lo que más tengo, más que nervios, es ilusión por probar esta música y mostrarla”.

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