Elija: ¿oncólogo o capellán?
Un adolescente fantástico y cercano ha vivido la espera del eclipse con el íntimo deseo, disfrazado de broma, de que el fenómeno nos convirtiera en superhéroes tipo Marvel. El milagro no se ha dado. Sea porque en la cornisa cantábrica, donde lo observamos, estuvo nublado o porque, según él, para “notar los efectos” hay que esperar a vivir los eclipses de los dos próximos años. Es divertido su apego a la infancia de la que se aleja. Como ha sido emocionante experimentar, incluso nublado, el eclipse que tanto debía sobrecoger, en la Edad Media y la de Piedra.
Sin necesidad de acontecimiento estelar, desde la plena adultez e incluso con la responsabilidad de gobernar, hay quienes, en vez de encarar los retos y problemas pagando gestiones y personal que los resuelvan, deciden gastar nuestros impuestos en rezos. Literal.
Acaba de aflorar una verdad tan insensata que ni la fascinación por el eclipse, ni la agosticidad logran tapar: que la Junta de Andalucía del ex moderado y ex esperanza de la derecha de España, Moreno Bonilla, va a gastar 7,4 millones de euros esta legislatura en pagar a la Iglesia católica por 117 capellanes para hospitales públicos, en vez invertir en la sanidad pública más deteriorada del país, con una sobremortalidad por cáncer respecto al resto de España que ha causado, en los últimos seis años, 4.500 muertes evitables.
A Dios rogando y con el mazo dando
Al ponerse el foco sobre este desorbitado gasto, hay quienes han vinculado las críticas con anticlericalismo, ateísmo e izquierdismo. Los mismos que despotrican de que “se meta la ideología en todo” atribuyen sólo a la ideología un estupor que, en cambio, es lógico y legítimo. Por supuesto entre Andalucía laica y las Mareas blancas, pero también mucho más allá, de forma transversal.
Porque a ver, digo yo, si a cualquiera que esté enfermo o tenga una hija, o hijo, madre o padre, pareja, amigo, con cáncer, o necesitado de cirugía, o trasplante, si a cualquiera pendiente de salvarse o morir, nos plantearan “Elija: ¿médico o sacerdote?”, ¿qué íbamos a preferir? ¿Qué querríamos, con independencia de lo que votemos?
No hace falta ser anticlerical, ni ateo, ni de izquierda para sentir estupor frente al gasto millonario en capellanes de hospitales mientras se desmantela la sanidad pública. ¿Qué elegiría cualquier enfermo o padre o hijo de enfermos: médicos para salvar sus vidas o capellanes para llorar sus muertes?
Nada impide rezar, en paralelo. Y no se trata aquí de comparar las subvenciones que recibe la iglesia más rogativa y esa otra encomiable por su acción social con la gente empobrecida y rechazada, como los emigrantes. Pienso en Cáritas, en las teresianas y trabajos suyos como el proyecto Rajab en Jaén, en SJM y Claver, en la gran tarea de Elín en y desde Ceuta.
Centrandos en el tema de salud, hagamos lo que las derechas siempre dicen: “seamos realistas, pragmáticos”, “dejémonos de pajaritos”. Si tenemos un presupuesto limitado y no hay dinero para aumentar, como necesitamos, las plantillas de médicas, enfermeros y auxiliares, si no hay fondos para hacer los cribados de cáncer de mama y de colon que tantas amputaciones evitarían y salvarían tantas vidas, si falta presupuesto para bajar listas de espera… ¿De qué y de cuándo vamos a gastar 7,4 millones en 117 capellanes de hospitales?
Más ilógico aún cuando, encima, en hospitales de referencia como el Virgen del Rocío de Sevilla, el convenio de la Junta y la Iglesia estipula pagar por 7 capellanes a jornada completa y uno a media jornada pero, en verdad, según desvela Javier Martín-Arroyo, en El País, sólo trabajan 5 curas. Vamos, que pagamos por 3 de más, que ni van al hospital.
Todo mientras, con frecuencia, hay quienes justifican su islamofobia fingiéndose indignados de que en países de mayoría musulmana no haya separación Islam-Estado. Todo mientras en Sevilla lleva años impidiéndose la construcción de una mezquita en suelo privado y con fondos privados, a la que Vox aún se niega, obstaculizando la libertad religiosa. Todo mientras, en los últimos 2 años, la sede histórica de la Universidad de Sevilla, casa del pensamiento científico, ha cedido 500 m2 a la Hermandad de los Estudiantes, que se suma a la capilla que ya ocupaba y, para colmo, la pasada Semana Santa, se colocó, por primera vez, una palma de Ramos en el balcón del Rectorado.
¿“Excentricidades sureñas” o el presupuesto en capellanes también está disparado en hospitales de las demás autonomías? ¿Hay una deriva nacional-católica generalizada?
Prodigios que podemos obrar
La supuesta explicación al pacto con la Iglesia dada por gobierno andaluz de PP-Vox es que el pago de 1,8 millones anuales, hasta 2030, prorroga acuerdos existentes desde 1986, hace 40 años. Lo que está mal, mal está, se hiciera antaño o ahora, por gobiernos del PSOE o del PP. Pero, además, ¿acaso gobernar es calcar lo ya hecho sin adecuarlo a las necesidades del momento? Si hoy, por razones como el aumento de edad de la población, necesitamos más médicos y no hay con qué pagarlos, -sobre todo si las derechas les perdonan impuestos a quienes más tienen-, ¿no podríamos recortar la cantidad, o las horas, o el servicio de capellanes?
Pues, al contrario, PP y Vox han visto urgentísimo renovar a los curas hospitalarios. Tanto que el acuerdo lo firmaron sólo 12 días después de ganar las andaluzas.
Las y los médicos movilizados contra la ministra Mónica García para acabar con las guardias de 24 horas bien pueden exigir ahora a presidentes autonómicos como Moreno Bonilla que deroguen sus convenios con capellanes y destinen esos millones de euros a ampliar las plantillas para hacer turnos de 8 horas.
Digo yo que, quizá, las y los médicos que en los últimos tiempos hacen huelga contra la ministra Mónica García, reclamándole el razonable fin de las guardias de 24 horas, protestarán ahora contra presidentes como Moreno Bonilla por contratar a curas antes que a doctores y doctoras con quienes poder establecer los turnos de 8 horas.
Porque el eclipse no nos ha dado poderes sobrehumanos, ni siquiera hemos podido controlar los nublados interpuestos entre las gafas especiales y los astros, pero estaría genial que actuáramos en lo que sí está en nuestra mano. Empezando porque el dinero que la ciudadanía gana con tanto esfuerzo y que, vía impuestos, se destina al sistema sanitario vaya, con urgencia, a salvar y mejorar las vidas de quienes, sea o no agosto, haya o no prodigios en el cielo, hoy están, estáis quizá, enfermos, doloridos y asustados.
Todo nuestro amor y apoyo a vosotros, a vuestras familias, a las y los sanitarios que os cuidan. Estáis en nuestro pensamiento, en nuestras oraciones, religiosas o laicas, y ojalá en nuestra acción colectiva, de forma fraterna y altruista, sin dineros de por medio.
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