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El alcalde de Málaga y la oposición se culpan del problema de la vivienda: “La pregunta es: ¿la ciudad para quién?”

De la Torre, durante su intervención en el Pleno

Néstor Cenizo

Málaga —

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Que la vivienda iba a ser protagonista del debate sobre el estado de una ciudad como Málaga, marcada desde hace años por un profundo malestar ante la falta de casas asequibles, estaba cantado. Lo que nadie podía suponer es que el alcalde, el veterano Francisco de la Torre (PP), tirara de Joaquín Sabina para defender su legado de más de un cuarto de siglo al frente de la ciudad: “¿Cuándo ha estado Málaga mejor que ahora?”, se preguntó, antes de responderse con un verso del bardo de Úbeda: “No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”. En otras palabras, dice De la Torre la ciudad vive sus mejores días.

El debate, segundo de este mandato, tenía algún aliciente especial. Uno de fondo: llegaba en el peor contexto posible para el regidor, con la vivienda, el problema más acuciante de la ciudad, aquel con el que le martillea la oposición cada día porque cree que su modelo lo agrava, plantado en el centro del debate nacional y de la propia ciudad: en la Plaza de la Constitución hay decenas de acampados que reclaman soluciones. De la Torre trató de esquivarlo desviando el tiro más arriba, hacia el Gobierno central, puenteando a la Junta de Andalucía, que también tiene competencias en la materia.

El segundo aliciente es el calendario: en apenas siete meses De la Torre se juega otra reelección, siempre que la salud le respete. Es alcalde desde el año 2000, cuando sustituyó a Celia Villalobos, y desde entonces ningún candidato alternativo ha tenido nunca la posibilidad real de desbancarlo. En un cuarto de siglo han pasado por la oposición Marisa Bustinduy, María Gámez, Daniel Pérez y otros tantos, y cuando se fueron ahí seguía él, ganando elecciones, algunas con mayoría absoluta, incluidas las últimas.

Hace tiempo que se le acusa de dirigir un proyecto de gran éxito en colocar a Málaga en algunos mapas (el cultural, el tecnológico y, sobre todo, el turístico) a costa de las necesidades de los propios malagueños, cada vez más exigidos para comprar o alquilar una casa, o directamente expulsados de la ciudad, huérfanos en cualquier caso de su propio Centro, que han visto cómo unas taquillas o una franquicia de tartas de queso sustituían la ferretería o el bar de toda la vida y cómo las calles de los barrios se ensucian y degradan sin remedio.

Esas cosas que generan un cabreo de fondo que se percibe en las conversaciones de barra o X, pero que no ha cuajado hasta ahora en una votación.  

“A esta ciudad le han saltado todas las costuras”

“A esta ciudad le han saltado todas las costuras siguiendo una idea de éxito basado en el turismo de masas que está agotada”, le ha espetado Mariano Ruiz Araújo, nuevo portavoz municipal del PSOE, tras la salida de Daniel Pérez hacia el Parlamento Andaluz.

Más duro aún fue Nicolás Sguiglia, de Con Málaga, quien volvió a acusar al regidor de esconder la realidad con una frase en la que cabe todo: “Málaga ha cambiado”. “Faltaría más”, se consoló Sguiglia: “Con 20.000 millones gestionados en 26 años, el debate es lo que podría haber sido y podría ser si en vez de tener un promotor como alcalde tuviera un alcalde democrático, y hubiera primado la felicidad del pueblo al enriquecimiento de unos pocos. La pregunta es ¿Málaga para quién? ¿El éxito para quién? ¿El mejor momento para quién?”. Incluso Antonio Alcázar, portavoz de Vox, apuntó a De la Torre por mantener por inercia un proyecto agotado, dijo, en 2015.

En un contexto de crisis nacional en el acceso a vivienda, De la Torre defiende que casi todo se explica por la deficiente intervención del Gobierno central, que habría generado inseguridad a los propietarios y porque el déficit de viviendas va camino del millón en todo el territorio nacional. “El grueso de ese malestar no procede de las decisiones que tomamos aquí”, defendió, antes de acusar a la oposición de plantear soluciones para vivienda que “no funcionan”. Las suyas, dijo, pasan por aumentar la oferta lo más rápido posible, sumando la iniciativa privada a la pública.

Ocurre que Málaga es una de las campeonas en esta crisis, porque suma a las debilidades estructurales generales (falta de oferta, mayor demanda por incremento demográfico, estancamiento de los salarios) sus propias particularidades: turismo, segundas residencias, nómadas digitales, crecimiento poblacional superior a la media (+11%). El alcalde subrayó que comprar vivienda en España es un 70% más caro que en 2018 (cuando Pedro Sánchez llegó al poder), y alquilar es un 45%. Pero en Málaga cifra es del 117% para el alquiler y del 141% para la compra, y sigue encareciéndose al 2,8% y al 51,% anual, según Idealista. Alquilar supone un 40% de los ingresos familiares de los malagueños, sólo en Palma cuesta más. Comprar una casa está más caro que nunca.

VPO anunciadas o entregadas

Tras situar el foco de los problemas lejos del Ayuntamiento, el alcalde sacó pecho: 600 millones de euros para construir 5.339 viviendas protegidas (2.511 en venta y 2.828 en alquiler) en los últimos 26 años, que salen a 200 por año. La mayoría, de sus primeros años de mandato. Cuando termine 2026, Málaga tendrá el tercer parque de viviendas públicas de España, asegura el alcalde. En este momento hay 1.186 en construcción y 3.997 en alguna fase entre la mera previsión y la redacción de proyectos, por un valor total de 900 millones. En vivienda libre, se han iniciado 6.719.

El diagnóstico de la oposición es otro. El Ayuntamiento solo entregó dos VPO en 2025 y ha construido seis al año en la última década. Ha tardado cinco en entregar las 35 de la calle Ingeniero José María Garnica. Y ahora comprar una vivienda de 70 metros cuadrados en el mercado libre cuesta 270.000 euros y alquilar un piso así va ya por los 1.155 euros al mes, dato más o menos coincidente con la renta media por persona.

El papel del turismo

A la vez, en la ciudad hay decenas de miles de viviendas que no se usan para vivir: 12.600 turísticas, más las ilegales, 16.000 vacías, 380 apartamentos turísticos. Las VUT llegaron a ser más de 13.000 registradas ante la Junta de Andalucía. Ninguna otra capital tiene tantas. Eso ha contribuido a que cerrara con más de once millones de pernoctaciones: 3,75 millones en hoteles, 7,45 en viviendas y apartamentos turísticos. El turismo genera 53.000 empleos directos e indirectos en la ciudad. De la Torre ha reclamado al Gobierno central una nueva Ley de Haciendas Locales que facilite la aplicación de una tasa turística municipal.

Hay 90.000 plazas turísticas en la ciudad, sólo 14.000 de ellas hoteleras, y ya nadie duda de que todo esto ha drenado mercado residencial, así que De la Torre también resaltó la prohibición de nuevas viviendas turísticas (desde agosto de 2025, con un efecto retroactivo a febrero que discutido por el lobby ante los tribunales) y la de apartamentos turísticos (figura hermana de las viviendas turísticas) y hoteles. Esta última es una prohibición que tardará en hacerse efectiva, porque deben tramitarse múltiples solicitudes presentadas antes de su aprobación, que se fue anunciando durante meses hasta se ejecutó el 25 de julio. Esta misma semana se han dado cien nuevas licencias.

Ciudad “brillante” o en venta

Para la oposición, todo llega tarde: “Por este salón han pasado centenares de Maricarmen”, ha lamentado el portavoz socialista, citando el caso de Teresa, una mujer de 72 años enferma de cáncer instalada en un banco del Paseo del Parque desde que fue desahuciada de su casa.

“Podía haber blindado el suelo para que sólo se hiciera vivienda asequible. Tenía un PGOU para limitar los usos turísticos. Instrumentos fiscales para penalizar la especulación. Tenía la capacidad de inspeccionar”, reprochó Sguiglia: “Si fuera un verdadero liberal hubiese hecho todo lo posible para expulsar a los especuladores y rentistas”. “No lo hizo: ¿por qué?”, se preguntó Sguiglia, antes de acusar al alcalde de connivencia con esos mismos especuladores.  

El balance no puede ser más distinto: “Málaga es hoy una ciudad muchísimo mejor que antes”, resumió el alcalde: “Una ciudad brillante”. “Es una ciudad admirada desde fuera en la que cada vez es más difícil vivir desde dentro”, le replicó Ruiz Araújo: “A esta ciudad le han saltado todas las culturas siguiendo una idea de éxito basado en el turismo de masas que está agotada”. Y Sguiglia trajo del exterior los lemas que resuenan desde hace años en cada manifestación por la vivienda: “¿Dónde está Paquito [por Francisco de la Torre], Paquito dónde está? Paquito está vendiendo lo que queda de ciudad”.

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