El tópico del turismo de calidad en Gran Canaria
Cuando se habla de turismo es habitual escuchar que hay que apostar por el turismo de calidad. Pero ¿qué significa realmente turismo de calidad? Y, sobre todo, ¿puede decirse que Gran Canaria es un destino de turismo de calidad?
La respuesta no debería construirse únicamente a partir de las estadísticas de llegadas, de las categorías hoteleras o del precio medio de las habitaciones. Hay otro indicador que quizá resulte menos visible, pero que dice mucho sobre la posición alcanzada por la isla en el mercado turístico internacional: los reconocimientos obtenidos por sus establecimientos alojativos en la isla.
La relación es extensa y, sobre todo, diversa. Grand Hotel Residencia, Santa Catalina, Anfi del Mar, Salobre Hotel Resort, Cordial Mogán Playa, Seaside Palm Beach, Santa Mónica Suites, Bohemia Suites, los grandes resorts de Lopesan y Riu, entre muchos otros, han recibido a lo largo de los años premios y distinciones de organismos, operadores y publicaciones internacionales: TUI Holly, TUI Global Hotel Awards, World Luxury Hotel Awards, World Travel Awards, RCI Gold Crown, Tripadvisor, HolidayCheck, British Airways, Jet2, World Golf Awards, Guía MICHELIN y Soles Repsol.
No todos los premios significan lo mismo ni utilizan los mismos criterios. Pero la acumulación de reconocimientos procedentes de organizaciones diferentes permite observar una realidad difícil de ignorar: Gran Canaria dispone de una oferta alojativa capaz de competir al más alto nivel internacional.
Hay además un detalle significativo en la evolución de los premios TUI. Durante años, el TUI Holly fue uno de los reconocimientos más prestigiosos para los establecimientos turísticos y se basaba en la valoración de los clientes de TUI, especialmente de los mercados de habla germana. Con la globalización de la compañía, TUI sustituyó este sistema por los TUI Global Hotel Awards, que incorporan la valoración de sus clientes de los diferentes mercados internacionales. El universo de valoración es ahora mucho más amplio y exigente, así como el reconocimiento tiene una dimensión verdaderamente global.
Entre otros ejemplos, el Grand Hotel Residencia representa el lujo; Santa Catalina aporta historia, patrimonio y cultura; Salobre incorpora golf y bienestar; y Anfi del Mar representa la dimensión internacional del tiempo compartido. Santa Mónica Suites demuestra la capacidad de renovación del producto extrahotelero. Los grandes complejos de Lopesan, Riu, Seaside o Gloria Palace se enmarcan en diferentes modelos de resort vacacional.
Es decir, cuando hablamos de calidad turística en Gran Canaria no nos referimos exclusivamente a la categoría de sus hoteles, cuestión que comprobamos cuando visitamos un 4 estrellas en otras ciudades y lo comparamos con nuestra experiencia local. Existe una oferta hotelera y extrahotelera de gran calidad, formada por productos diferentes, destinados a públicos distintos y capaces de obtener reconocimientos en mercados internacionales muy competitivos.
Eso resulta especialmente significativo en una isla cuya imagen exterior se ha construido tantas veces alrededor de una idea aparentemente sencilla: sol y playa. Pero detrás de esa imagen existe una realidad mucho más compleja que hace de Gran Canaria un destino diverso y reconocido internacionalmente para el turismo de lujo, urbano, de golf, de bienestar y de patrimonio, así como para el turismo residencial, el timeshare, los grandes resorts, los apartamentos y las suites. La calidad, por tanto, no es una excepción en nuestro destino. Es uno de los componentes de su oferta.
Y quizá por eso convendría revisar una afirmación que se repite con demasiada frecuencia: que Gran Canaria tiene que apostar por el turismo de calidad. Los reconocimientos obtenidos por su oferta alojativa indican que esa calidad ya forma parte de la realidad del destino. El reto no consiste tanto en inventarla como en conservarla, mejorarla y extenderla al conjunto de la experiencia turística.
La paradoja de Gran Canaria
Hablar de turismo de calidad frente a turismo de masas puede conducir a una simplificación peligrosa. Un destino puede apostar por mejorar la calidad de su producto turístico y, al mismo tiempo, experimentar procesos de masificación que ponen a prueba la capacidad de carga del territorio.
Gran Canaria cuenta con algunos de los mejores establecimientos turísticos de Europa y, simultáneamente, afronta una presión creciente sobre determinados espacios, paisajes, carreteras, playas, núcleos turísticos y servicios. A esta presión turística se suma el enorme crecimiento poblacional experimentado por la isla durante las últimas décadas, que introduce nuevas demandas sobre el territorio y sus infraestructuras.
Y ahí vuelve a aparecer la idea de que hemos de apostar por la ‘calidad’ como parte del encanto. Porque el turista no compra únicamente una habitación de hotel. Sueña también con un paisaje, una determinada escala urbana, disfrutar de una playa, un paseo, un pueblo, una montaña, un barranco o un espacio natural. Exige, cada vez más, un destino comprometido con la sostenibilidad social, ambiental, económica, cultural, territorial y de gobernanza. Compra una experiencia diferencial respecto de otros destinos.
La calidad del alojamiento puede ser extraordinaria, pero la experiencia turística no termina en la puerta del establecimiento.
Un hotel puede ofrecer un servicio impecable, una arquitectura extraordinaria, una gastronomía de primer nivel y una experiencia de lujo. Pero si el visitante encuentra playas saturadas, tráfico, congestión, presión sobre los espacios naturales o una transformación excesiva del paisaje, la experiencia global del destino puede verse afectada.
Por eso es necesaria también una excelencia territorial, ya que un destino de calidad debe ser capaz de conservar sus paisajes, proteger sus recursos naturales, mantener espacios públicos atractivos, garantizar una adecuada movilidad, preservar su identidad y evitar que la presión sobre el territorio termine deteriorando la experiencia del visitante y la vida cotidiana de quienes viven en él. Pero tampoco partimos de cero en este terreno.
Gran Canaria es Reserva de la Biosfera, alberga el Paisaje Cultural de Risco Caído y las Montañas Sagradas de Gran Canaria, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO, y cuenta con el reconocimiento Starlight por la calidad de sus cielos. Una parte muy importante de su territorio terrestre y marítimo está además integrada en la Red Natura 2000 de la Unión Europea.
A estos reconocimientos se suman iniciativas que pueden ampliar en el futuro la consideración internacional de sus valores naturales y geológicos, como la tramitación del Parque Nacional de Guguy y la propuesta de Geoparque vinculada al cone sheet de la Caldera de Tejeda.
Y hay otros elementos que forman parte de la calidad de un destino, aunque raramente aparezcan en las listas de premios turísticos: unas infraestructuras aeroportuarias de primer orden, seguridad y un equipamiento sanitario de referencia, además de una amplia red de servicios públicos y privados. Una isla que pueda conseguir soberanía energética, hídrica y alimentaria. Todo ello forma parte de la experiencia turística.
Por eso la verdadera competencia turística del futuro no estará únicamente en quién tiene los mejores hoteles. Estará también en quién consigue conservar mejor aquello que no puede fabricarse: el paisaje, la identidad, la escala humana y la autenticidad.
Veinticinco nombres que cuentan una historia
Los 25 establecimientos recogidos en la relación que he elaborado para este artículo no constituyen un ranking ni pretenden establecer cuáles son los mejores hoteles de Gran Canaria. Son una muestra de la diversidad y de la capacidad de la oferta alojativa de la isla para obtener reconocimientos internacionales. Algunos llevan décadas acumulándolos; otros pertenecen a generaciones más recientes de establecimientos, pero juntos cuentan una parte de la historia turística de Gran Canaria.
Una historia que incluye hoteles históricos y urbanos, establecimientos de lujo, grandes resorts, apartamentos, suites, complejos vacacionales, golf, bienestar y tiempo compartido. Una historia que se desarrolla en Las Palmas de Gran Canaria, Maspalomas, Meloneras, Playa del Inglés, Mogán, Puerto Rico, Amadores y otros espacios turísticos de la isla.
Y todos ellos tienen algo en común: compiten por la calidad en un mercado internacional extraordinariamente exigente.
Por eso quizá el verdadero debate turístico de Gran Canaria no debería plantearse en términos de turismo frente a no turismo, ni siquiera de turismo de masas frente a turismo de calidad.
La cuestión es otra: ¿cuánto puede crecer un destino de calidad antes de empezar a perder las características que sustentan esa calidad?
Gran Canaria tiene una posición privilegiada. Cuenta con una oferta alojativa reconocida internacionalmente, una extraordinaria diversidad de productos, una experiencia turística acumulada durante más de un siglo y un territorio que atesora reconocimientos internacionales por sus valores naturales, culturales, paisajísticos y astronómicos.
Pero el reto ya no consiste solamente en atraer más visitantes. Consiste en conseguir que el crecimiento no termine convirtiéndose en una amenaza para el propio destino.
Porque el verdadero lujo turístico del futuro puede no ser una habitación más grande, una piscina más sofisticada o un hotel con más estrellas. Puede ser algo tan sencillo -y al mismo tiempo tan difícil- como encontrar una Gran Canaria que siga siendo reconocible.
Una Gran Canaria capaz de ofrecer excelencia sin perder su encanto; modernidad sin borrar su identidad; crecimiento sin sacrificar su paisaje.
Quizá quienes siguen diciendo que Gran Canaria tiene que convertirse en un destino de calidad estén confundiendo el objetivo. La calidad no es una promesa para el futuro: forma parte ya de la realidad del destino. El verdadero desafío es conservarla.
Porque los premios pueden reconocer la calidad de un establecimiento y las declaraciones internacionales pueden poner en valor los atributos de un territorio. Pero serán esos propios atributos -el paisaje, el patrimonio, la naturaleza, la identidad, los servicios y la capacidad de ofrecer una experiencia diferencial- los que, finalmente, determinen si Gran Canaria puede seguir siendo un destino de calidad.