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Iconoclastia

Uno de los suyos

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Seis de cada diez españoles creen que los jueces hacen política y sólo cuatro de cada diez consideran que son imparciales. Más del 65% de la población estima que existe la persecución política a través de la justicia (lawfare) en España. 

A pesar de esa convicción tan generalizada, sigue habiendo muchos jueces que no se cortan un pelo. Un ejemplo claro es el juez Peinado con su persecución judicial a Begoña Gómez. Este juez del cuarto turno no tuvo que pasar ninguna oposición para llegar a su puesto. Su hija es concejal del PP en Madrid pero él no tiene ningún inconveniente en investigar a la mujer del presidente de España. 

Otro ejemplo reciente es el caso de la jueza Tardón, que fue teniente de alcalde en el Ayuntamiento de Madrid en la candidatura del PP cuando Álvarez del Manzano era el alcalde. Esta mujer, a pesar de su pasado político como cargo público, no ha sido capaz de inhibirse en la investigación de la entrada masiva de emigrantes en Ceuta. No hace falta ser un lince para saber que esta investigación es realmente al Gobierno de España.

Es fácil imaginarse la reacción del PP si un juez o una jueza de izquierda ligada al PSOE fuera quien investigara un caso de presunta corrupción o prevaricación de políticos de derecha o de sus familiares más directos. Se habrían rasgado las vestiduras y clamado al cielo ya que suelen presumir de buenos católicos por la mañana mientras que por la tarde quieren expulsar a los migrantes pobres porque les molesta en la cena cuando ven el telediario.

Los jueces se quejan de que se les falta al respeto pero no tienen capacidad de autocrítica porque lo que hacen algunos de ellos es precisamente faltar al respeto al respetable con sus actuaciones partidistas y sectarias ajenas a la deseable imparcialidad judicial. Los jueces no solo tienen que ser honestos e imparciales sino también parecerlo. 

Ayuso abrió esta semana el debate del estado de la región de Madrid y se pegó buena parte de su discurso hablando de política nacional y de Ceuta para atacar al gobierno de España como suele hacer a menudo ya que apenas puede mostrar aciertos en su gestión de la Comunidad de Madrid. 

Ella se subió al estrado de la Asamblea de Madrid y empezó a leer todo el discurso que Miguel Ángel Rodríguez le escribió la noche anterior para que soltara el tradicional rollo crítico contra el gobierno central, tapándose así sus vergüenzas, sus mamarrachadas y sus áticos, que están por las nubes.

La susodicha se cree que es la versión femenina de Donald Trump y que puede decir la mayor barbaridad del mundo sin que le ocurra nada. Lo peor de Ayuso no es ella misma, que también, sino sus seguidores descerebrados que la defienden como si en ello les fuera la vida.   

Sabemos que a la presidenta de la Comunidad del ático le faltan varios hervores pero muchos más deben faltarles a sus hooligans y simpatizantes para convertirse en sus votantes. Si realmente Ayuso es la lideresa de la derechona española, la izquierda está de suerte porque sus conmilitones no podían haber encontrado una peor.

Tampoco hay que ser muy listo para comprobar que la gestión de la crisis de Ceuta por parte del Gobierno de España es manifiestamente mejorable, pero la oposición no ofrece ninguna solución alternativa que no pase por la ilegalidad de devolver ipso facto a los migrantes a Marruecos.

La derechona es esa gente de ley y orden que a las primeras de cambio se vuelve ilegal y desordenada. Es como el toro de Jesulín: solo hace falta ponerle un trapo rojo delante para volverla loca. Y si el trapo es rojigualda, ya no te digo. 

Normalmente los ministros del Interior suelen ser los más reconocidos por la derecha por su especial cometido al frente de las fuerzas de seguridad del Estado. Pero en el caso de Grande-Marlaska la cosa cambia. Es uno de los ministros más acosados por la oposición y eso que es el miembro del Gobierno más cercano a ella ideológicamente.

A su ineficacia en la crisis de Ceuta se une ahora la lista de periodistas que su departamento ha elaborado para indicar quiénes son de la cuerda y quiénes no. No se trata de una lista negra porque hasta ahora no ha habido ningún perjudicado ni nadie al que se le haya tratado especialmente mal por su rejo derechista o reaccionario. 

Sin embargo, es un asunto que huele mal. Sabemos que hay instituciones públicas e incluso cargos del PP y de Vox que han amenazado a periodistas con cerrarles el medio por contar verdades que a ellos no les gustan. Lo han hecho varios diputados de la derechona española y hasta el jefe de Gabinete de Ayuso ha amenazado a medios progresistas por hablar del ático de su jefa. Es muy significativo que Marlaska sea un juez del gusto del PP desde la época en que perseguía etarras en la Audiencia Nacional. 

También Garzón era aplaudido con las orejas por la derecha española cada vez que atrapaba a un terrorista en su etapa de la Audiencia Nacional pero luego cometió el error de ir de segundo en la lista de Felipe González por Madrid y a partir de ahí la derecha lo acosó sin tregua porque nunca le perdonó el desliz. Fue empezar a investigar los desmanes de la dictadura franquista y la derecha lo puso en la diana primero y en la picota después. Si se hubiese incorporado al PP, otro gallo le habría cantado. 

Marlaska fue miembro del Consejo General del Poder Judicial a propuesta del Partido Popular e intentó en esa época que lo nombraran Fiscal General del Estado y para eso se valió de la amistad con algunos periodistas, entre ellos el director de La Razón, Francisco Marhuenda, ex parlamentario del PP catalán. Él mismo lo ha confesado públicamente. 

Desconozco qué ha visto Pedro Sánchez en él para repescarlo cuando sabe que ideológicamente no es un hombre de izquierdas. Es curioso que Marlaska sea el blanco constante de la oposición, que no para de lanzarle dardos. Es posible que el PP le quiera hacer pagar un coste político después de que Marlaska lo abandonara por otro. Son celos políticos muy humanos pero la derechona no sabe el favor que le hace a la izquierda ese machaque a Marlaska porque es el menos querido del votante socialista.

A ver si por una vez Sánchez hace caso a la oposición y de paso le hace un favor a la izquierda de su gobierno.