José Naranjo, premio CEAR: “Tan preocupante como el odio es que al lector le dé igual que una noticia sea verdad o mentira”

Gara Santana

Telde —
24 de octubre de 2026 16:01 h (Hora canaria)

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José Naranjo (1971) hace muchos años que se fue a vivir al norte de África porque le invadió el miedo atroz de estar contando las sombras de la caverna, como en la alegoría de Platón, y no las historias reales de sus protagonistas. Esas historias aguardaban lejos de las redacciones silenciosas con luz blanca donde ya nadie abre la maldita ventana para ver si llueve cuando unos dicen que sí y otros que no. En la última década comenzaron a llegar los reconocimientos a su trabajo. El último lo ha recibido esta semana, de la mano de CEAR, junto al periodista Juan Luis Rod, por la exposición Travesías.

Colaborador de El País en África occidental, reside en Senegal desde 2011. Ha cubierto la guerra de Malí, las epidemias de ébola en Guinea, Sierra Leona, Liberia y Congo, el terrorismo en el Sahel y las rutas migratorias africanas, atendiendo a la perspectiva de quienes migran y al contexto de sus lugares de origen.

Travesías: los menores migrantes en Canarias cuentan su propia historia

“Travesías es un proyecto para contar la historia de los menores migrantes desde una perspectiva diferente”, explica José Naranjo. La iniciativa nace de su preocupación por el debate político y social que se había construido alrededor de ellos: “Los niños y niñas se convirtieron en el objeto de un debate político muy feo, muy agrio. Y son también el centro de una narrativa de odio feroz que circula mucho en redes, pero también en los barrios, en las plazas, en los espacios públicos, en las canchas”, sostiene.

Naranjo sitúa la percepción de ese cambio en las conversaciones en 2022 y, sobre todo, a partir de 2023 y 2024. “Empezamos que ese discurso había calado en Canarias en particular. En todos lados, pero en el ámbito de Canarias, dada la especial intensidad de la llegada”. Lo que más le preocupó fue que ya no parecían episodios aislados.

Ante las propuestas del Gobierno de Canarias para que desarrollara alguna iniciativa, planteó junto al fotógrafo Juan Luis Rod un cambio de enfoque: “Hacer algo no sobre los menores, sino algo en lo que los menores participaran de manera activa. Y que les diéramos también la oportunidad a ellos de contar”. La decisión conectaba con una reflexión sobre su propio oficio: “¿Y nosotros qué hacemos contando la historia de ellos? Que la cuenten ellos”, explica.

Yo quiero pensar que nosotros hemos sido la herramienta. Claro que está nuestra mirada, claro que está nuestra manera de hacer las cosa, pero los menores han participado activamente a la hora de decidir qué querían contar, a la hora de elegir las imágenes que querían que salieran“.

Contar la otredad: ser puente y no muro

Al valorar si ha cambiado la manera en la que los comunicadores canarios cuentan la migración y África, Naranjo evita hablar de una evolución uniforme: “Hay de todo. No hay un patrón general. Yo sí he visto una evolución en el discurso de aquellos que han querido aprender”, sentencia.

También incluye su propia trayectoria en ese aprendizaje: “Yo me equivoqué muchísimo y me sigo equivocando, y esto forma parte de la vida. Entonces, el que ha querido tener orejas para escuchar y ojos para ver, yo creo que a estas alturas ya es difícil que no entienda”. En esta línea, el comunicador recuerda que al principio se repetían dos preguntas: “¿Por qué viene”? ¿Por qué se juegan la vida?“. A su juicio, hoy existen herramientas para encontrar respuestas, pero advierte de que no todos los periodistas eligen ese camino. ”Es muy fácil subirse a la barca que baja por el río en dirección al mar, porque ahí no están remando contra la corriente“. Y añade: ”Esos son los que, además, creo que desgraciadamente siguen teniendo mucha fuerza y siguen dominando el espacio“.

El conflicto del Sahel y Canarias

¿Cómo explicar a los lectores de Canarias que el conflicto del Sahel, también les concierne tanto como las peleas de los partidos de Izquierda en Madrid? Naranjo sitúa primero una cuestión que considera fundamental: “La gente que lo está pasando mal, los cuatro millones de refugiados y desplazados del Sahel, y las decenas de miles de personas que han perdido la vida y que están siendo hostigadas por ejércitos, mercenarios, grupos terroristas, grupos armados… primero son seres humanos y a veces esa perspectiva como que la perdemos. Primero son seres humanos, y ese yo creo que es el marco”.

A esa mirada añade la cercanía geográfica del conflicto y sus conexiones con el archipiélago: “En nuestro imaginario el Sahel es un lugar lejano, y no lo es. Y ahí hay una conexión, para mí, muy evidente, que es Mauritania, país que conecta dos mundos y por el pasan las rutas migratorias que llegan a Canarias. Y los malienses forman parte ya hoy de nuestro paisaje y de nuestra sociedad. No entender lo que está pasando en el Sahel es privarnos también de entender a esas personas. Y eso a mí me parece que es un argumento de peso”, reflexiona.

El valor de la verdad en el oficio de informar

Para Naranjo, el deterioro del relato público no se explica únicamente por la dificultad de distinguir entre contenidos verdaderos y falsos. Le preocupa que una parte de la audiencia haya dejado de considerar importante esa diferencia.

“Yo creo que estamos por primera vez entrando en un momento en el que a la gente ya le da igual si es verdad o no. Ya no es que no sepan distinguir la verdad de la mentira. Nos aferramos a creencias como pasaba en la Antigüedad, cuando la gente se aferraba a la fe, a la creencia de algo, incluso intuyendo que no era verdad. Y eso motivaba sus decisiones. Creo que estamos en ese momento”.

Lo que viene después del discurso de odio

Naranjo teme un escenario de mayor violencia: “Yo creo que si todos los caminos que estamos viendo por todos lados acaban confluyendo en lo que parece que van a confluir, en que va a haber una mayoría del norte global en donde el populismo acabe imponiéndose, vamos a ver un alto grado de violencia estructural”, afirma.

Le preocupan las deportaciones a terceros países, como está sucediendo con el ICE en Estados Unidos, y teme que vaya más allá de las decisiones del poder: “Que nos dé igual es para mí el problema. Porque cuando el poder comete desmanes y la gente se rebela, a mí, lejos de parecerme una situación de desesperanza, todo lo contrario, me hace pensar que es una sociedad viva, que tiene herramientas y sobre eso siempre se puede construir algo”.

El periodista se aferra a los ejemplos cotidianos donde, si se sabe mirar, se encuentra lo que nos hace humanos y muchas razones para no tirar la toalla: “Como la gente que está yendo a parar desahucios codo con codo o como Carmita, que les baja el potaje a los migrantes de la plaza de la Feria, o los que abren las puertas a gente que no conocen de nada porque saben que necesitan calor y amor”.

Más premios

El periodista declina amablemente la comparación que esta redacción establece entre él y un griot. “Ahora mismo tengo como un debate interno sobre la legitimidad y el lugar donde me coloco. Yo nunca seré un africano. O sea, soy africano porque nací en Canarias, pero por más tiempo que pase viviendo en Senegal, recorriendo aquello -ya son 30 países-, yo siempre tendré un sesgo. Y creo que superar ese sesgo va a ser muy difícil o imposible”, confiesa.

Naranjo tendrá que volver pronto a Canarias para recibir la Medalla al Mérito Social en Telde, la ciudad en la que nació. Recibirá el galardón con 55 años, un hijo que lleva el nombre de la paz y la misma curiosidad de cuando, de pequeño, jugaba con un atlas e imaginaba que un día encontraría sus historias donde esperan las mejores a los que saben mirar: al final de la carretera de tierra.