Un año de cárcel por robar joyas en la casa donde trabajaba

Efe

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La Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife ha ratificado la condena de un año de prisión y el pago de 1.200 euros más intereses impuesta a una empleada de hogar por un delito de hurto con la agravante de abuso de confianza, por la sustracción de joyas del domicilio en el que trabajaba.

Según la sentencia, la acusada, de 50 años, se aprovechó a finales de febrero de 2023 de que tenía libre acceso a la vivienda, situada en el barrio de Las Delicias de Santa Cruz de Tenerife, para apoderarse sin hacer uso de la fuerza de distintas piezas de joyería que posteriormente vendió.

En concreto, las joyas sumaban 41 gramos de oro, repartidos en dos lotes, por los que recibió 520 euros por el primero y 680 euros por el segundo, cantidades que coinciden con el valor tasado en la joyería donde fueron vendidas.

La sustracción fue denunciada por la hija de la propietaria de las joyas, después de que su padre —dueño de la vivienda— hubiera fallecido.

Tras una primera condena dictada por un Juzgado de lo Penal, la procesada presentó recurso ante la Audiencia Provincial, que ha confirmado íntegramente la resolución inicial.

En segunda instancia, la acusada alegó que las joyas le habían sido entregadas por el propietario antes de morir y sostuvo como prueba que este nunca la denunció, que las piezas estaban guardadas en una caja fuerte y que las vendió sin ocultar su identidad, aportando su documento nacional de identidad.

También afirmó que otra empleada del hogar podía confirmar su versión, aunque durante el juicio no se acreditó dicho extremo, por lo que el tribunal rechazó el recurso.

La Audiencia considera que la acusada no cuestiona las pruebas aportadas, sino su suficiencia para acreditar su culpabilidad, y recuerda que consta acreditada la venta de las joyas el 28 de febrero de 2023, así como fotografías de las piezas en la joyería.

La mujer mantuvo que había alcanzado un acuerdo privado con el propietario debido a su precaria situación económica y a la enfermedad de su hijo, que requería atención médica.

Sin embargo, la hija del fallecido declaró que fue su padre quien le advirtió de la desaparición de las joyas, lo que le causó gran inquietud, y que otra empleada confirmó que no se encontraban en el lugar habitual de custodia, hechos que posteriormente se corroboraron con la venta de las piezas.