Mucho más que Frómista: la gran ruta por el románico palentino entre monasterios, ermitas y joyas medievales

San Salvador de Cantamuda, en la montaña palentina.

Roberto Ruiz

30 de mayo de 2026 06:02 h

Hablar del románico palentino es hablar de uno de los conjuntos medievales más importantes de Europa. Pocas provincias concentran tantas iglesias, monasterios, ermitas y pequeños templos repartidos por todo el territorio. Porque aquí el románico no se limita a unos pocos grandes monumentos conocidos. Aparece también en pueblos muy pequeños, en mitad de Tierra de Campos o entre los valles y montañas del norte de Palencia, formando parte del paisaje con total naturalidad.

El gran símbolo de todo ese patrimonio quizá sea la iglesia de San Martín de Tours, en Frómista. Es una de las imágenes más reconocibles del románico español y, por ello, el típico ejemplo que suele ilustrar el capítulo dedicado al románico en los libros de texto. Pero el románico palentino va mucho más allá. Está en los frisos escultóricos de Carrión de los Condes, en monasterios como San Andrés de Arroyo o Santa María la Real de Aguilar de Campoo, en iglesias excavadas en la roca como Olleros de Pisuerga o en pequeñas ermitas rurales que todavía conservan capiteles, canecillos y pinturas de hace casi mil años.

Además, recorrer esta ruta también es una buena manera de descubrir una provincia muy diversa. El patrimonio se distribuye entre el Camino de Santiago, las llanuras del sur y las comarcas montañosas del norte, donde aparecen algunas de las mayores joyas del recorrido. Desde Frómista o Villalcázar de Sirga hasta Moarves de Ojeda, Mave, Aguilar de Campoo o San Salvador de Cantamuda, la ruta enlaza algunos de los templos más importantes del románico español con otros mucho más pequeños y discretos, pero igual de interesantes.

San Martín De Tours, en Frómista.

El románico del Camino de Santiago

El Camino de Santiago fue una de las grandes vías de difusión del arte románico en Europa, y la provincia de Palencia conserva algunos de sus ejemplos más importantes. Durante siglos, peregrinos, comerciantes y monjes atravesaron estas tierras dejando tras de sí iglesias y monasterios que todavía hoy siguen marcando el paisaje de Tierra de Campos.

La parada más conocida de esta ruta es, evidentemente, Frómista. Allí se encuentra la iglesia de San Martín de Tours, considerada una de las grandes obras maestras del románico europeo. Construida en el siglo XI, destaca por la armonía de sus proporciones, sus torres cilíndricas, el cimborrio y la limpieza de sus líneas. Es la imagen más reconocible del románico palentino.

Siguiendo el Camino aparece Carrión de los Condes, otro de los grandes núcleos históricos de la ruta jacobea. Aquí sobresale la iglesia de Santiago y su famoso friso escultórico presidido por Cristo Pantocrátor, rodeado del Tetramorfos, y acompañado por los doce Apóstoles. Muy cerca están también Santa María del Camino y el monasterio de San Zoilo, durante siglos ligado a la acogida de peregrinos; aunque su espectacular claustro es renacentista, sí conserva portadas y restos románicos.

Portada de la iglesia de Santiago, en Carrión de los Condes.

Otro de los lugares imprescindibles es Villalcázar de Sirga. Su iglesia de Santa María la Blanca, relacionada tradicionalmente con los templarios, mezcla todavía rasgos románicos con elementos ya próximos al gótico y fue uno de los grandes templos del Camino medieval.

La ruta deja además otros ejemplos menos conocidos, pero muy interesantes. En Población de Campos todavía se conserva la ermita de Nuestra Señora del Socorro, vinculada a la Orden de San Juan de Jerusalén. Y en localidades como Boadilla del Camino o Itero de la Vega siguen apareciendo puentes, iglesias y elementos medievales que recuerdan la enorme importancia histórica del Camino de Santiago en esta parte de Palencia.

Ermita de Nuestra Señora del Socorro, en Población de Campos.

El románico del sur palentino y el Cerrato

Aunque el norte concentra los conjuntos más famosos, el sur palentino también guarda ejemplos muy interesantes. Aquí el románico aparece integrado en paisajes abiertos y en pequeños pueblos donde muchos templos conservan todavía una gran sobriedad.

La propia ciudad de Palencia permite empezar la ruta con una visita imprescindible: la cripta de San Antolín, situada bajo la catedral. Se trata de uno de los espacios más antiguos y singulares de todo el patrimonio palentino, con elementos visigodos y románicos que ayudan a entender el origen medieval de la ciudad.

La cripta de la catedral de Palencia.

Ya en el Cerrato destacan lugares como Villamuriel de Cerrato, cuya iglesia de Santa María la Mayor sorprende por su aspecto casi defensivo, o Dueñas, donde el monasterio de San Isidro, conocido popularmente como La Trapa, conserva una de las portadas románicas más antiguas de la provincia.

También merece una parada la iglesia de San Julián, en Villaconancio, muy reconocible por sus ábsides decorados con arquillos ciegos, así como templos más sencillos como Nuestra Señora de la Paz, en Cevico Navero, o San Fructuoso, en Valoria del Alcor, buenos ejemplos de ese románico rural sobrio y funcional que caracteriza buena parte del patrimonio palentino.

Iglesia de San Julián, en Villaconancio.

La Valdavia, el románico más rural

De camino hacia las grandes rutas monumentales del norte aparece también La Valdavia, una comarca tranquila y poco poblada donde el románico se conserva en pequeñas iglesias rurales repartidas entre pueblos diminutos.

Uno de los ejemplos más representativos es la iglesia de San Pelayo, en Arenillas de San Pelayo, con su sencilla nave única y su ábside semicircular. También destacan el conjunto escultórico de la Dehesa de Tablares y la iglesia de San Esteban, en Renedo de Valdavia, conocida por su pila bautismal decorada con escenas bíblicas. Son construcciones mucho más modestas que las de Frómista o Aguilar de Campoo, pero ayudan a entender cómo era el románico más cotidiano y austero.

La iglesia San Pelayo Mártir, en Arenillas de San Pelayo.

La Ojeda: uno de los grandes núcleos del románico palentino

La comarca de La Ojeda concentra algunos de los edificios más importantes y mejor conservados de toda la provincia. Aquí el románico gana riqueza escultórica y aparecen varios monasterios fundamentales para entender la expansión de este estilo en el norte palentino.

Uno de los grandes nombres de la zona es el monasterio de San Andrés de Arroyo. Su claustro cisterciense, decorado con capiteles vegetales de enorme delicadeza está considerado una de las joyas de la arquitectura medieval española.

Muy cerca se encuentra la iglesia de San Juan Bautista, en Moarves de Ojeda, famosa por su espectacular friso escultórico construido con piedra rojiza, mientras que en Perazancas de Ojeda destacan tanto la ermita de San Pelayo, uno de los templos más antiguos del románico palentino y único por sus pinturas murales, como la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción y su curiosa portada.

La ruta por La Ojeda puede completarse con paradas en Santa Eufemia de Cozuelos o Zorita del Páramo, donde siguen apareciendo ejemplos muy variados de un románico especialmente rico y bien conservado.

Pinturas de la ermita de San Pelayo, en Perazancas.

Aguilar de Campoo y el valle del Pisuerga

Si hay un lugar especialmente ligado al románico palentino, ese es Aguilar de Campoo. La localidad y todo el entorno del valle del Pisuerga reúnen algunos de los conjuntos medievales más importantes de Castilla y León.

El gran referente es el monasterio de Santa María la Real, auténtico centro de difusión y estudio del románico en España. Su iglesia abacial y el claustro convierten el conjunto en una visita imprescindible, además de albergar hoy el museo ROM y la Fundación Santa María la Real.

Monasterio de Santa María la Real, en Aguilar de Campoo.

Dentro del propio Aguilar destaca también la iglesia de Santa Cecilia, situada junto al castillo y conocida por conservar el famoso capitel de la Matanza de los Inocentes, una de las piezas más importantes del románico español.

A pocos kilómetros aparece otro de los lugares más sorprendentes de toda la ruta: la iglesia de los Santos Justo y Pastor, en Olleros de Pisuerga, excavada directamente en la roca y convertida en una de las iglesias rupestres más singulares del norte peninsular.

Muy cerca están también el monasterio de Santa María de Mave y la ermita de Santa Cecilia de Vallespinoso de Aguilar, construida sobre una roca y convertida en una de las imágenes más reconocibles del románico norteño.

Ermita de Santa Cecilia, en Vallespinoso de Aguilar.

La montaña palentina

La ruta termina en la Montaña Palentina, donde el románico aparece rodeado de algunos de los paisajes más espectaculares de la provincia.

Uno de los edificios más destacados es la colegiata de San Salvador de Cantamuda. Su característica espadaña la ha convertido en uno de los templos más reconocibles del románico palentino, aunque el interior también conserva la elegancia y sobriedad propias de este estilo.

Colegiata de San Salvador de Cantamuda.

Otro de los templos imprescindibles es la iglesia de San Cornelio y San Cipriano, en Revilla de Santullán, famosa por conservar una de las mejores portadas románicas de la provincia, donde curiosamente el maestro cantero Micaelis dejó su firma y autorretrato. También merece una visita la iglesia de San Martín Obispo, en Matalbaniega, especialmente conocida por la gran cantidad de canecillos decorados que todavía conserva.

La ruta puede completarse con lugares como Cillamayor, Corvio o Villanueva de la Torre. Porque una de las mejores cosas del románico palentino es precisamente que, incluso en los pueblos más pequeños, siguen apareciendo iglesias y ermitas capaces de justificar una parada.

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