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Pueblos rojos, amarillos y negros: la Ruta del Color de Segovia por la Sierra de Ayllón

El Muyo, uno de los pueblos negros de Segovia.

Roberto Ruiz

22 de mayo de 2026 22:00 h

En el nordeste de Segovia, a pocos kilómetros de Riaza y muy cerca de la frontera con Guadalajara, la Sierra de Ayllón esconde una de las rutas más curiosas de Castilla y León. Aquí, en apenas media hora de coche, el paisaje cambia constantemente. Hay pueblos de fachadas rojizas, otros donde casi todo es negro por la pizarra y algunos en los que la piedra toma tonos amarillos y dorados. Basta seguir la carretera SG-V-1111 para ir pasando de un color a otro entre colinas, robledales y pequeños núcleos serranos.

La explicación está en el propio terreno. Durante siglos, los vecinos construyeron sus casas con los materiales que tenían más cerca, y eso acabó dando personalidad a cada pueblo. Las arcillas y tierras ricas en hierro tiñeron de rojo lugares como Madriguera o Villacorta, la pizarra marcó la arquitectura oscura de El Muyo, Serracín o Becerril, y la cuarcita dejó sus tonos amarillos en pueblos como Alquité o Martín Muñoz de Ayllón. Parece hecho adrede, pero es simplemente la forma en la que esta parte de la sierra se ha construido durante generaciones.

Hoy, en muchos de estos pueblos escasean los habitantes y se recorren en poco tiempo, pero conservan una arquitectura tradicional muy reconocible. Hay iglesias románicas, balconadas de madera, antiguas minas, fuentes ferruginosas y calles en las que el color de las casas y el del suelo parecen el mismo. Algunos, como Madriguera, están especialmente cuidados, mientras que otros mantienen un aire más silencioso y casi detenido en el tiempo. Juntos forman una escapada diferente, perfecta para recorrer sin prisas una de las zonas menos conocidas de Segovia.

Pueblos rojos: barro, hierro y fachadas teñidas de arcilla

En algunas zonas de la Sierra de Ayllón, el terreno está cargado de compuestos férricos y arcillas rojizas. Durante siglos, esa tierra acabó convertida en muros, fachadas y suelos, dando lugar a los conocidos como pueblos rojos. Son, probablemente, los más llamativos de toda la ruta, especialmente cuando el sol resalta los tonos rojizos de las casas frente al verde de los prados y los montes de alrededor.

Madriguera, uno de los pueblos rojos de Segovia.
  • Madriguera

Madriguera es el gran símbolo de esta arquitectura roja y también uno de los pueblos más conocidos de la zona. A 1.138 metros de altitud, llegó a ser uno de los núcleos más importantes del entorno y durante años contó con ayuntamiento, casino o farmacia, algo poco habitual en pueblos serranos de este tamaño. Ese pasado todavía se nota en algunas construcciones y en el tamaño de su iglesia de San Pedro Apóstol, cuya espadaña sobresale entre las casas rojizas del pueblo.

Lo más interesante de Madriguera es la uniformidad del conjunto. Muchas viviendas conservan balconadas y galerías de madera, mientras que las fachadas mezclan piedra, barro y entramados tradicionales. A diferencia de otros núcleos más deteriorados, aquí gran parte de las casas han sido restauradas manteniendo la estética original, lo que hace que pasear por sus calles tenga una cierta sensación de continuidad. En los alrededores podemos encontrar una fuente de aguas ferruginosas, así como los restos de una antigua mina de caolín, que muestran la estrecha relación entre el pueblo y el terreno sobre el que se levanta.

  • Villacorta

Más pequeño y tranquilo que Madriguera, Villacorta mantiene la misma tonalidad rojiza en buena parte de sus construcciones. El pueblo se encuentra a algo más de mil metros de altitud y tiene como principal referencia la iglesia de Santa Catalina, situada en el centro del casco urbano. En sus alrededores aparecen varios elementos ligados a la vida tradicional de la zona, como antiguos palomares, un molino restaurado o la ermita de San Roque.

Muy cerca del pueblo también se conserva un puente del siglo XVI sobre el río Vadillo. Todo el entorno tiene un carácter más rural y disperso, con prados, pequeñas corrientes de agua y caminos que se adentran en la sierra. Aquí el color rojo de las fachadas no resulta tan uniforme como en Madriguera, pero aparece constantemente en muros, piedras y construcciones tradicionales.

Pueblos amarillos: la cuarcita y los tonos dorados de la sierra

Los pueblos amarillos son los menos numerosos de la ruta, pero también los que ofrecen un contraste más claro respecto a los pueblos negros de pizarra. Aquí predominan la cuarcita y las piedras de tonos claros, que dan a las fachadas una apariencia más luminosa, especialmente cuando la luz cae de lleno sobre los muros.

Martín Muñoz de Ayllón, uno de los pueblos amarillos de Segovia.
  • Alquité

Alquité es una pequeña pedanía situada en una ladera a 1.280 metros de altitud. Su nombre aparece documentado ya en el siglo XII y tiene origen árabe. El núcleo es diminuto, pero conserva uno de los edificios más interesantes de toda la ruta: la iglesia de San Pedro. Sin duda llama la atención su pórtico románico, con tres arquivoltas que todavía conservan buena parte de su carácter original.

El pueblo apenas tiene unas pocas calles y casas dispersas, pero precisamente ahí reside parte de su atractivo. Todo parece muy ligado al paisaje de alrededor, con vistas abiertas hacia la sierra y construcciones en las que la piedra amarillenta domina claramente sobre otros materiales.

  • Martín Muñoz de Ayllón

A pocos kilómetros aparece Martín Muñoz de Ayllón, donde los tonos amarillos siguen presentes aunque mezclados en algunos puntos con tejados oscuros de pizarra y tierras rojizas. Históricamente, el pueblo estuvo ligado a la extracción de piedra y sus canteras llegaron a utilizarse en lugares tan conocidos como el Palacio de La Granja o la Catedral de Segovia.

La iglesia de San Martín de Tours es el edificio más destacado del núcleo y se sitúa en la parte alta del pueblo. Las calles mantienen un aspecto muy sencillo y rural, sin apenas transformaciones modernas, algo que ayuda a conservar la sensación de conjunto tradicional que caracteriza a toda esta ruta.

Pueblos negros: la arquitectura de pizarra de la Sierra de Ayllón

La pizarra domina completamente el paisaje en los pueblos negros. Muros, tejados, pavimentos y cercados utilizan este material oscuro que da a los núcleos un aspecto mucho más sobrio y montañés. Son pueblos pequeños, algunos con muy pocos habitantes, donde la despoblación se nota en varias construcciones abandonadas, aunque precisamente eso también ayuda a mantener una imagen muy auténtica de la arquitectura tradicional serrana. Al fin y al cabo, a estas alturas de ruta no estamos ya muy lejos de los pueblos negros de Guadalajara.

Becerril, uno de los pueblos negros de Segovia.
  • Becerril

Becerril es uno de los pueblos negros mejor conservados de la ruta. Se encuentra a 1.241 metros de altitud y su edificio más importante es la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, un templo románico con añadidos posteriores que conserva un ábside semicircular muy bien mantenido. En la cornisa todavía pueden verse varios canecillos decorados y en el interior destaca un retablo renacentista con tablas pintadas. Merece la pena dedicarle un rato.

El entorno del pueblo también estuvo ligado durante años a la actividad minera, con antiguas extracciones de hierro y de una pizarra sumamente suave conocida como ampelita, además de antiguas tejeras. Hoy la zona es conocida también por la observación del cielo nocturno, ya que la escasa contaminación lumínica convierte estos pueblos en lugares excelentes para ver estrellas.

  • Serracín

Serracín se levanta sobre la ladera del monte Pizarral (el nombre ya lo dice todo) y probablemente sea uno de los pueblos con más sensación de aislamiento de toda la ruta. Aquí la pizarra domina casi por completo el paisaje urbano, aunque en algunas construcciones aparecen también detalles rojizos en puertas, ventanas o muros, por lo que deja ver cierta transición entre colores.

Del antiguo templo de la Natividad apenas queda en pie la espadaña, que se ha convertido en una de las imágenes más reconocibles del pueblo. Muy cerca se encontraban antiguas minas de plata, carbón mineral y pizarra, actividad que durante años marcó la vida de esta zona de la sierra. Hoy muchas casas están vacías o parcialmente derruidas, pero el conjunto mantiene un enorme interés desde el punto de vista arquitectónico y paisajístico.

El Muyo, otro de los pueblos negros de Segovia.
  • El Muyo

Si hay un pueblo donde la arquitectura negra alcanza su máxima expresión, ese es El Muyo. La pizarra aparece en tejados, fachadas, muros y hasta en el pavimento de algunas calles, creando una imagen muy homogénea y reconocible. El contraste con los pueblos rojos cercanos es inmediato, aunque apenas los separen unos pocos kilómetros.

La iglesia de los Santos Mártires, dedicada a San Cornelio y San Cipriano, guarda una cruz gótica procesional muy peculiar, conocida como 'de gajos', ya que sus brazos simulan la textura de los troncos de un árbol. Más allá de este patrimonio, buena parte del atractivo de El Muyo está simplemente en recorrer sus calles y observar cómo las construcciones parecen salir directamente de la propia montaña.

  • El Negredo

El Negredo cierra la ruta de los pueblos negros, aunque aquí la presencia de la pizarra ya se mezcla con otros materiales y los tonos oscuros no resultan tan intensos como en El Muyo o Serracín. Aun así, el pueblo mantiene la estética característica de esta arquitectura serrana.

Su edificio más destacado es la iglesia de Vallehermoso, de origen gótico y con un pórtico renacentista muy llamativo. Lo curioso es que se encuentra separada del núcleo urbano, mientras que la ermita de San Benito sí aparece dentro del pueblo. Como ocurre en buena parte de esta ruta, el interés de El Negredo no está solo en sus monumentos, sino en el conjunto: calles tranquilas, construcciones tradicionales y la sensación de estar en una de las zonas más apartadas y menos alteradas de la provincia de Segovia.

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