Un cactus como alimento para el ganado: la solución para las zonas secas que Aragón mantiene bloqueada
Cuando se piensa en grandes extensiones de chumberas, la imagen viaja casi siempre a México, Marruecos o al nordeste de Brasil. Pocos imaginarían que este cactus, símbolo de los paisajes áridos, podría convertirse en una de las respuestas del campo aragonés frente a la sequía. Sin embargo, eso es precisamente lo que intenta demostrar un proyecto piloto que se está gestando en Fabara, en pleno Bajo Aragón-Caspe.
Detrás de la iniciativa está el agricultor y ganadero Michel Campanales, que junto con investigadores del Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA) trabaja desde hace más de dos años para evaluar el potencial de variedades de chumbera sin espinas como alimento para el ganado, y como cultivo adaptado a un territorio donde cada verano el agua escasea un poco más.
Fabara reúne todas las condiciones que buscan los investigadores: precipitaciones muy limitadas, temperaturas extremas y una sequía que ha dejado de ser una excepción para convertirse en parte del paisaje. Un escenario duro para la agricultura y la cría de ganado, pero también un auténtico laboratorio natural para poner a prueba especies capaces de producir donde otros cultivos apenas resisten.
Michel Campanales conoce bien esa realidad. Agricultor de cereal y olivar, y ganadero cunícola, lleva años buscando alternativas que permitan hacer más resistentes las explotaciones del territorio. “Esto nace como respuesta a una necesidad real del campo”, explica. “No hablamos de traer una planta exótica porque sí, sino de estudiar si las que ya tenemos en nuestro paisaje pueden ayudarnos a afrontar las sequías que cada vez son más frecuentes”.
Una idea que viene de lejos
El proyecto comenzó a tomar forma en 2023. En aquellas primeras conversaciones, además de este agricultor y miembros de la organización agraria UAGA en Aragón, participaron también empresas vinculadas al sector del biogás interesadas en estudiar las posibilidades de esta planta, dentro de sistemas de economía circular y aprovechamiento de digestatos.
La inspiración no era nueva. Brasil lleva décadas cultivando chumbera de forma intensiva en las zonas semiáridas del nordeste del país, donde los corredores verdes de este cactus mantienen a miles de explotaciones ganaderas en regiones con escasez de agua subterránea. La propia FAO lleva años recomendando este modelo como herramienta para reforzar la alimentación del ganado en territorios considerados “vulnerables”.
Campanales recuerda además que España tampoco partía de cero. “Durante décadas el Ministerio de Medio Ambiente destinó recursos para estudiar esta planta como alternativa para zonas áridas y degradadas. Aquellos trabajos quedaron olvidados, pero ahora vuelven a tener sentido con la llegada de las plantas de biogás y la necesidad de gestionar los digestatos”, apunta el agricultor.
La iniciativa respaldada por el CITA, en realidad se remonta a una línea de investigación que España ya exploró hace décadas. En 1990, el entonces Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación dedicó una Hoja Divulgadora monográfica a 'La chumbera como cultivo de zonas áridas', en la que describía esta especie como especialmente adaptada a las zonas cálidas, áridas y semiáridas, y destacaba su extraordinaria eficiencia en el uso del agua.
El documento señalaba que en España existían entonces unas 6.000 hectáreas cultivadas de chumbera y subrayaba que eran capaces de producir la misma cantidad de materia orgánica consumiendo hasta diez veces menos agua que un cultivo de cereal. Aquella publicación no fue un caso aislado. La Biblioteca del Ministerio conserva boletines sobre la chumbera desde 1915, cuando ya se analizaban sus posibles aplicaciones agrícolas, y en 1983 editó otra guía técnica dedicada a su cultivo para la producción de higos de 'retallo'.
Ese recorrido histórico pone de manifiesto una aparente paradoja: una planta que durante buena parte del siglo XX fue objeto de estudios y recomendaciones oficiales como cultivo alternativo para las zonas más secas del país, encuentra hoy dificultades administrativas para su implantación experimental debido a que está considerada como especie exótica invasora en España. Algo que, sin embargo, “no sucede en el resto de países del arco Mediterráneo”, recuerda Michel Campanales.
Un proyecto bloqueado
Pese al respaldo científico y a las evidencias de un pasado reciente, la iniciativa puesta en marcha en Aragón permanece prácticamente paralizada por cuestiones administrativas: el principal escoyo es la catalogación de la especie como invasora en este país. “Empezamos a desarrollar el proyecto con información y casos de éxito en otros países como Brasil o México, pero nos hemos encontrado con muchísimas dificultades”, lamenta Campanales. “Nos explican que la chumbera está catalogada como especie invasora en España y, de momento, no existe voluntad política para revisar esa clasificación”, añade.
El agricultor asegura que “no pedimos que esta planta sea extraída del catálogo, solo que se permita explorarla como recurso”. Por su parte, el CITA mantiene su disposición a colaborar con los agricultores interesados, pero reconoce que sin la autorización de Sanidad Vegetal no se pude seguir adelante. “Después se nos pide a los profesionales del campo y a las organizaciones agrarias que busquemos cultivos alternativos, pero cuando aparece una alternativa real nos encontramos con este tipo de limitaciones”, denuncia Campanales. Unas limitaciones que el agricultor considera “carentes de sentido en un contexto de cambio climático como el que estamos sufriendo, especialmente en el sector primario y las zonas rurales”.
“El temor era que pudiera expandirse fuera de la parcela, por eso precisamente el proyecto estaba diseñado para analizar ese comportamiento en condiciones controladas”, por ello, explican los promotores del proyecto, se planteó un ensayo completamente controlado, estudiando variedades ya presentes en la comarca del Matarraña y evaluando tanto su producción por hectárea como su posible capacidad de dispersión.
Mientras los agricultores y los investigadores esperan la luz verde que les permita avanzar, los expedientes continúan recorriendo despachos. “Los papeles han ido pasando de mesa en mesa y seguimos esperando las reuniones que permitirían dar el siguiente paso”. Campanales recuerda además que la situación española contrasta con la de buena parte del arco mediterráneo. “En la mayoría de países mediterráneos la chumbera no está considerada una amenaza. Todo lo contrario: en muchas zonas se ha convertido en una aliada para la ganadería sin la que los rebaños no podrían sobrevivir”.
Un depósito natural de agua
El interés de la chumbera va mucho más allá de producir biomasa. Sus pencas carnosas almacenan enormes cantidades de agua. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), una hectárea puede llegar a acumular hasta 180 toneladas de agua, funcionando como un auténtico depósito vegetal que ayuda a mantener hidratado al ganado durante los meses más secos.
Además de agua, las pencas aportan energía de fácil digestión, minerales y vitaminas. Desde hace décadas forman parte de la alimentación del ganado en países como México, Brasil, Etiopía o Túnez cuando las sequías reducen la disponibilidad de pastos.
La chumbera no sustituye al consumo de otros alimentos, ya que su contenido proteico es limitado, por lo que debe complementarse con alfalfa, paja tratada o concentrados, pero, a cambio, reduce notablemente las necesidades de agua de los animales en los momentos más críticos.
El cactus que interesa al mundo
La FAO considera la chumbera una de las alternativas agrícolas con mayor potencial para las regiones áridas del siglo XXI. Su extraordinaria eficiencia se explica por su metabolismo CAM, un sistema que permite abrir las estomas durante la noche para minimizar la pérdida de agua durante el día, convirtiéndola en una de las especies agrícolas más eficientes desde el punto de vista hídrico.
El director de la División de Producción y Protección Vegetal de la FAO, Hans Dreyer, resumía esa capacidad con una frase que hoy cobra especial sentido en territorios como el valle del Ebro: “El cambio climático y los crecientes riesgos de sequía son razones importantes para elevar este humilde cactus al estatus de cultivo esencial en muchas zonas”. En la misma línea, el investigador del ICARDA Ali Nefzaoui, considera que la presión creciente sobre los recursos hídricos convierte a la chumbera en uno de los cultivos estratégicos del futuro.
Durante los últimos años numerosos trabajos científicos a nivel internacional han reforzado esa idea. Entre ellos destaca una investigación publicada en 2025 con datos de 736 agricultores de cinco países, que concluye que las variedades sin espinas ofrecen mayores rendimientos forrajeros, mejores márgenes económicos y una rentabilidad superior respecto a las tradicionales.
Mucho más que forraje
Las posibilidades económicas del cultivo tampoco terminan en la alimentación animal. Los frutos tienen mercado para consumo humano; las pencas jóvenes forman parte de la alimentación en numerosos países; la biomasa resulta apta para producir biogás y también se estudia su aplicación en procesos de economía circular vinculados a la gestión de residuos ganaderos.
Precisamente esa versatilidad es una de las razones que hacen especialmente atractivo el proyecto planteado en Fabara. “No se trata únicamente de alimentar al ganado”, resume Campanales. La chumbera genera “un ciclo cerrado, una planta capaz de gestionar sus propios recursos y ofrecer distintas aplicaciones dentro de la explotación”. Sin embargo, tal y como lamenta el ganadero “ya hay oportunidades perdidas”, en referencia a una empresa, apunta, que mostró interés por participar en este proyecto en la zona, pero que, definitivamente se han ido a Italia porque aquí la legislación parapetaba el avance.
Además, el ganadero destaca otra ventaja poco conocida de esta planta, pero necesaria en un momento como el que estamos viviendo en toda España, y hace escasos días en el propio Matarraña. “La chumbera también puede actuar como un cortafuegos natural, algo que adquiere cada vez más importancia en un territorio donde el riesgo de incendios aumenta cada verano”, recuerda.
Aragón mira al futuro
Las previsiones climáticas apuntan a que el valle del Ebro sufrirá sequías más frecuentes y prolongadas. Ante ese escenario, encontrar cultivos capaces de producir con menos agua se ha convertido en una prioridad para agricultores e investigadores.
La experiencia impulsada desde Fabara pretende responder precisamente a esa pregunta: si una planta que ya sostiene explotaciones ganaderas en algunas de las regiones más secas del planeta puede desempeñar el mismo papel en Aragón. La respuesta sigue esperando en un despacho. Y, mientras tanto, un cactus acostumbrado a sobrevivir donde otros fracasan continúa alimentando una idea que podría cambiar la forma de entender la agricultura del secano desde una pequeña parcela en el Bajo Aragón.
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