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El Prismático es el blog de opinión de elDiario.es/aragon. 

Las opiniones que aquí se expresan son las de quienes firman los artículos y no responden necesariamente a las de la redacción del diario.

Cura de verano. Instrucciones de uso

Hay rincones que saben más de uno que uno mismo.

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Busque Conchiglie, de Andrea Laszlo De Simone. A ser posible póngaselo en los auriculares. Siga con su vida y déjese llevar porque a partir de ahí su mundo se tornará en un videoclip que le sacará una sonrisa. La realidad será la misma sí, pero usted la verá diferente. Lo observará todo desde una leve distancia, una especie de levitación. Los pájaros bailarán para usted, la gente caminará al ritmo de la canción, cualquier cosa que suceda a su alrededor cobrará otro sentido… De repente, todo será armonía y belleza. Mente y alma conseguirán alinearse. Un 'reset' completo en apenas segundos. Un verano inducido.

Pero el real ya está aquí. Ponemos el pie en la canícula habiendo pasado ya más calor que en el infierno pero no se dejen llevar por esa sensación desasosegante de vivir bajo el chorro de un secador de pelo. Pongan el foco en esos efímeros e inmensos placeres que emergen cuando el mercurio está en plena expansión: el frescor al alba, un chapuzón en la piscina, una ducha fría, un agua de limón helada, la llegada del cierzo misericordioso que augura al verdadero sueño de una noche de verano: dormir del tirón, taparse con la sábana. Lujo al alcance de la mano.

Intente comprender que el verano no es un mero impás en nuestras ajetreadas vidas. Es un proceso vital en el que mudamos la piel, las rutinas, las obligaciones, el estrés laboral… Las preocupaciones del resto del año se antojan irrelevantes ante la inmensidad del mar o la montaña donde nos refugiamos. Se perciben incluso algo ridículas sentados en una Monobloc en el pueblo. El periodo estival es un proceso de regeneración emocional. Tómeselo en serio. Abandone todo intento de control.

Asalvajarse no es una opción. Es una necesidad. Y no es exclusiva de la infancia. Es más necesaria si cabe en una adultez que quiera mantenerse sana. Entréguese a la siesta bajo cualquier condición. Vuelva a lo primitivo. Confine su teléfono a la menor oportunidad. Quítese el reloj, más si éste mide algo más que la hora. Camine descalzo. Meriende Nocilla o chorizo Pamplona. No falte a sus fiestas favoritas. Mánchese de vino. Cómase un flash. Cante la canción del verano hasta quedarse afónico. Baile lo que ya bailaban sus padres o abuelos. Sabotee el 'wrapped' de Spotify. Pague con calderilla. Provoque un fallo de sistema.

El verano no es una mera estación, es una oportunidad. Es la aventura de un viaje a lugares desconocidos. Es el bálsamo del reencuentro con los viejos amigos. Es la maravilla de poder entregarse por completo a un libro. Es por fin un buen tomate del huerto. Es el salitre y la fresca. Son los planes inesperados, las conversaciones interminables. Es un tratado improvisado de filosofía. Es una poza de agua helada que te renueva hasta las ideas. Si el verano no se receta es porque lo verdaderamente valioso en esta vida no se puede mercantilizar.

Llegará septiembre con su ¡oh, Dios mío!. No se pase hasta entonces hablando solo del calor. Que los árboles no le impidan ver el bosque. El verano está lleno de placeres efímeros que hacen que la vida valga la pena. Es como una canción de Andrea Laszlo De Simone: una cura para cuerpo y alma. Siga atento las instrucciones. Déjese llevar.

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