“Necesito saber cómo está mi casa”: la inquietud de los más de mil evacuados en Cinco Villas que miran de reojo al fuego
“Necesitamos saber cómo están nuestras casas”. La frase se repite una y otra vez entre los vecinos de Orés, Luesia y Asín que montan guardia frente al puesto de mando instalado en Farasdués. Helicópteros, hidroaviones y naves FOCA les sobrevuelan en un baile aéreo con una ruta fija, de las balsas y piscinas a las llamas, del pantano de San Bartolomé hasta el flanco izquierdo del perímetro del incendio, el que más preocupa.
Han pasado más de veinticuatro horas desde que estos vecinos y vecinas fueron desalojados y todavía no saben cuándo podrán regresar a pueblos. El humo del incendio y las llamas han sacado de sus casas a la vecindad de Así, Orés, Luesia, Mailpica de Arba y Uncastillo mientras tienen en vilo a Sádaba y Biota. Las llamas han calcinado ya más de 5.000 hectáreas y la cifra no deja de subir. De ellas, una parte importante pertenecen del término municipal de Orés, pero sin duda es Asín el pueblo que se ha llevado la peor parte hasta ahora, porque el fuego ha llegado al corazón del municipio, a sus calles y sus viviendas. Aun así, los servicios de extinción explican que ha logrado salvarse en gran parte del casco urbano.
Casas en las que viven personas, jóvenes y sobre todo muchos mayores que ahora comparten su incertidumbre en un banco a la sombra en Farasdués o en las distintas ubicaciones puestas en marcha por el Ayuntamiento de Ejea en la localidad. Entre los más de sesenta vecinos que han pasado la primera noche en el polideportivo de Ejea las historias circulan en un escenario improvisado de sillas y mesas entre los que los medios de comunicación les hacen preguntas y algunos familiares y amigos les visitan. La previsión es que muchos de ellos vuelvan a dormir allí mientras continúe restringido el acceso a sus viviendas.
Jesús, Josefina y José, están entre los vecinos evacuados de más edad. Anoche fueron trasladados por Cruz Roja a la residencia Villa de Ejea para que pudieran descansar, y estar más cómodos y mejor atendidos. Josefina, vecina de Luesia, a sus 90 años cuenta que ha vivido ya muchas cosas y que por eso está tranquila y, sobre todo, agradecida: “Me han tratado como si estuviera en un hotel. A los tres nos dieron una muda limpia, pijama y esta mañana hasta hemos estado con la fisioterapeuta”, cuenta agradecida. Aun así, este jueves ha preferido regresar al polideportivo para pasar el día junto a su familia y el resto de vecinos. “Me habían preparado la comida allí, pero prefiero estar aquí con los míos. Pero ya les he dicho que esta noche me esperen para cenar y dormir en la residencia”, explica.
Y de los más mayores a los más pequeños. Isaac, de nueve años, y Atenea, de seis, corretean junto a otros niños entre las 80 camas instaladas en el polideportivo de Ejea. Ellos aportan las risas, el juego y la inocencia en un entorno improvisado en el que contrastan con las conversaciones y miradas de preocupación que los adultos mantienen al otro lado de la cortina, donde se ha habilitado la zona de comedor.
Los dos pequeños han pasado la noche en el pabellón junto a su madre, María Luisa, de 31 años. Son de Murcia, pero hace dos años se instalaron en Luesia con un proyecto de vida en el medio rural. Van al colegio de la localidad, junto otra decena de niños, mientras el padre trabaja en una fábrica de Ejea de los Caballeros y la madre en la residencia de personas mayores de Luesia.
La evacuación les obligó a marcharse prácticamente con lo puesto. Pese a ello, aseguran que han pasado la noche con tranquilidad. Pudieron ducharse y recibieron un kit de higiene, además de la cena y el desayuno facilitados por el dispositivo de emergencia que han puesto en marcha desde Cruz Roja en colaboración con el Ayuntamiento de Ejea y los servicios sociales de la comarca de Cinco Villas. Mientras los niños siguen jugando ajenos a la magnitud de lo ocurrido, los adultos esperan la hora de la comida pendientes del teléfono y de las noticias que llegan desde Luesia, donde algunos vecinos siguen colaborando con los equipos de extinción.
El marido y el hijo mayor de Marimar son dos los muchos vecinos que decidieron quedarse en el primer punto de evacuación, Luesia, para ayudar a los equipos de extinción a ubicarse y reconocer en terreno para atacar al fuego. Ella, sin embargo, fue evacuada junto a su hija Carla, de 16 años.
La familia tiene una empresa de construcción y vive de forma permanente en Orés. Esta misma mañana la nave donde guardaban herramientas, maquinaria y vehículos ha sido alcanzada por las llamas. “Se han ido una hora a descansar y, cuando han vuelto, el fuego se había reactivado y se había quemado todo: el material y los vehículos que había dentro”, lamenta Marimar que espera con incertidumbre la llamada de su marido que, ahora intenta regresar a Orés con su hijo para salvar una segunda nave. Por el momento siguen sin autorización para acceder.
Marimar abandonó Orés por una pista forestal cuando la carretera ya estaba cortada. “Esperé para llevarme conmigo a tres vecinos: dos hombres mayores y una señora con esclerosis múltiple que no podía subir al autobús”, recuerda. Horas antes, el pueblo ya se había organizado para ayudar a quienes iban a pasar la noche fuera de casa. “El panadero de Orés tiene el horno en Farasdués, nos trajo el pan que pudo y entre las vecinas preparamos unos sesenta bocadillos con todo lo que teníamos en casa porque, en un principio, pensábamos que nos trasladaban a Luesia”, explica.
La evacuación se hizo puerta por puerta. Así lo cuentan Carla y Carla, dos amigas que comparten nombre y ahora también una experiencia que aseguran “les ha marcado”. Su iniciativa ha sido clave para que todos sus vecinos están a salvo. Juntas fueron avisando a las personas de mayor edad y a quienes viven solos y no utilizan teléfono móvil: “Les avisamos uno por uno y les ayudamos a salir de sus casas para que nadie se quedara dentro del pueblo”, recuerdan. Son ellas quienes grabaron el vídeo que muestra la salida de Orés con las llamas a escasos metros de la carretera que ha circulado durante las últimas horas por las redes sociales.
Carla, la hija de Marimar, y la hermana de su amiga iban a hacerse cargo este verano de las piscinas municipales. Hoy los helicópteros cargan allí agua para combatir el incendio. Y en un escenario de desolación y pérdida, el fuego también deja historias de fraternidad porque “ahora no somos pueblo, somos familia” dice una de las vecinas más jóvenes de Orés que junto a Carla y otros amigos ya piensan en cómo recuperar el césped de las piscinas, muy dañado por el operativo, para que el pueblo vuelva a tener cuanto antes un lugar donde reunirse lo que queda de este difícil verano.
La incertidumbre por volver a Asín
Algunos de esos vecinos tuvieron la “suerte” de poder refugiarse en otra vivienda cuando llegó la orden de evacuación. Es el caso de Eduardo y Juan Carlos, que se trasladaron a Zaragoza y evitaron pasar la noche en el polideportivo. Ambos pasan prácticamente todo el verano, además de puentes, fines de semana y otras fechas señaladas, en la localidad cincovillesa.
Ahora, sin embargo, la preocupación es la misma que la del resto de desalojados. “Necesitamos saber cómo están nuestras casas, si hay algún madero que todavía se está quemando y nosotros podemos hacer algo para terminar de apagarlo antes de que se propague a otras partes de las casas o del pueblo”, explica Juan Carlos, que junto a Eduardo espera frente al puesto de mando de la Unidad Militar de Emergencias (UME) noticias sobre cuándo podrán acceder.
Aunque el casco urbano logró salvarse en gran parte tras una noche crítica en la que las llamas llegaron a entrar en el pueblo, prácticamente todo el término municipal —los campos, los montes y el entorno de Asín— ha quedado calcinado. El incendio ha afectado además a una decena de viviendas: en la mayoría de los casos los daños se concentran en graneros, corrales y otras construcciones anexas, pero en tres de ellas el fuego llegó a entrar en el interior. Pese a ello, el municipio mantiene el suministro eléctrico.
Alfonso tiene 31 años y es el alguacil de Asín. Llegó al pueblo hace apenas seis meses en busca de una oportunidad para desarrollar su proyecto de vida y de pensamiento en el medio rural, y este martes vivió con incertidumbre la evacuación del municipio. “Nunca había vivido una situación así”, asegura. Cree, sin embargo, que lo ocurrido debe servir como una llamada de atención para tomar más en serio tanto el cambio climático como la forma que tenemos de mantener el entorno rural porque “esta pérdida”, asegura “nos debe hacer reflexionar como sociedad”.
Maribel, de 70 años, asiente a las palabras del alguacil. Ella vive en Zaragoza, aunque pasa los fines de semana y los veranos en Asín. Ayer estaba en el pueblo. Su vivienda no se encuentra entre las afectadas, pero recuerda “como si fuera ahora” el incendio que hace quince años arrasó cerca de 14.000 hectáreas en la comarca de las Cinco Villas. “En aquel momento Asín también pudo haberse quemado, pero no lo hizo por la rápida actuación de los vecinos y vecinas, que son quienes primero saben por dónde tienen que atacar al fuego en el pueblo”, recuerda. En esta ocasión “no han podido hacerlo”, lamenta, y reconoce que el municipio ha sido el que peor parte se ha llevado.
Algunas viviendas se han salvado “de milagro”. Es el caso de Esperanza Trujillo, que vive en Barcelona, pero también pasa largas temporadas en el municipio. Su vivienda, que está situada en el centro del pueblo, ha logrado salvarse. “Es de ladrillo y está pegada a una casa que sí se ha quemado. Parece que nosotros hemos tenido más suerte”, explica. Aun así, tampoco ha podido comprobar personalmente en qué estado ha quedado tras el paso de las llamas.
Sin embargo, hay quienes no saben nada, y no solo de sus posesiones materiales, sino de sus animales. Otros dos vecinos, que prefieren mantener el anonimato, tienen un corral junto a la residencia de personas mayores, una de las construcciones a las que llegaron las llamas. Durante toda la mañana han intentado acceder al pueblo para comprobar si sus perros se encuentran bien, pero sin éxito. “Nos dicen que la carretera está cortada y que está prohibido el paso, incluso para los ganaderos que tienen que subir a echar de comer a sus animales”, lamentan. Padre e hijo, el primero ya de avanzada edad, terminan subiéndose al coche para regresar a Ejea sin haber podido entrar en Asín.
Y en este escenario de incertidumbre, las nuevas tecnologías despiertan dudas y miedos. Durante la tarde de este miércoles un vídeo en el que se ve cómo las llamas entran en el núcleo urbano de la población de Asín circuló por redes sociales. Una de las vecinas asegura que han preguntado entre la gente del pueblo y que nadie reconoce haberlo grabado. “En aquel momento fue desolador ver esas imágenes, nos habían evacuado y no sabíamos absolutamente nada, así que llamé al 112 para ver si me podían dar algo de información, allí me aseguraron que el vídeo podía estar creado con inteligencia artificial, pero ahora ya sabemos que eran imágenes reales” explica a Maribel en presencia de sus vecinos.
Las pérdidas que deja el fuego
En Orés, el fuego ha arrasado aproximadamente la mitad del término municipal, aunque en este caso no ha afectado a viviendas. Jesús, de 74 años, sigue en activo y ha perdido seis hectáreas de almendros, muchos de ellos muy antiguos. “Eso ya no se recupera; servirá para leña, si alguien la quiere”, dice mientras baja la mirada. Conoce bien el tiempo que necesita este cultivo para volver a ser rentable y asume que, a su edad, difícilmente podrá recuperar la explotación.
La noche dejó además “momentos muy complejos” en Asín. El consejero de Hacienda e Interior, Roberto Bermúdez de Castro, explicó que efectivos del operativo INFOAR, de la Unidad Militar de Emergencias (UME) y de los Bomberos de la Diputación de Zaragoza llegaron a verse cercados por las llamas y tuvieron que retirarse con rapidez. Algunos de los vehículos sufrieron daños debido a la elevada carga térmica del incendio.
El jefe de intervención del Servicio de Extinción de Incendios de la Diputación de Zaragoza, Fernando Pérez, ha reconocido que se vivieron momentos de “gran incertidumbre” y “tensión”. “Ha habido varios daños materiales, pero ningún daño humano que lamentar gracias a que todos los efectivos que estaban trabajando en ese momento decidieron evacuar rápidamente el municipio”, asegura.
Mientras los equipos de extinción apuran sus fuerzas, voluntarios de Cruz Roja y vecinos que se han acercado a ayudar en Ejea acogen a los que han tenido que dejar sus casas, sus explotaciones ganaderas, a sus animales de compañía y a una parte importante de su vida dentro de un pueblo del que han salido sin saber cuándo volverán. Cuerpos y fuerzas de seguridad -policía local, nacional, guardia civil, APN, bomberos, etcétera- en un incendio que afecta a una zona rural no solo son profesionales, son personas afectadas; son vecinos, amigos, familiares e incluso personas que han coincidido en varios incendios, y esa relación lo cambia todo.
Ahora, mientras todos miran al cielo, pendientes de cada cambio en el viento, de los grados de temperatura y de la humedad, los trabajos de los profesionales se centran en contener el avance del frente hacia Uncastillo, Sádaba y Biota, los puntos que más preocupan al operativo en una emergencia que todavía tardará días en darse por controlada.
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