Los tesoros naturales de Canarias que sobreviven al cemento y a la presión: ''Que la gente lo defienda porque es nuestro''
La vida en Canarias no se entiende sin la naturaleza. No solo desde esa mirada externa que describe a las islas como un paraíso, sino desde la de los isleños e isleñas que se identifican con su paisaje. Un concepto nacido en los territorios indígenas describe esa sensación de arraigo al entorno que aparece entre los habitantes de lugares que albergan un gran número de especies únicas en el mundo, como Canarias. El término “diversidad biocultural” pone nombre al sentimiento de los niños que crecen cerca del mar, al de las mujeres que se reconocen en los cardones de Tenerife por los años caminando junto a ellos hacia los invernaderos, o de quienes se emocionan viendo volar a un guirre sobre el Risco de Famara.
Por eso, la destrucción, la desaparición o la transformación de esta riqueza impacta en el bienestar y en la identidad de la comunidad. Así lo explica la bióloga botánica Atteneri Rivero: “El paisaje es un espejo y los canarios y canarias nos reconocemos en nuestras plantas. Muchos de los sitios que nos hacen únicos por nuestros endemismos se han destruido y convertido en algo totalmente diferente. Dejamos de ir a estos lugares porque ya no nos sentimos cómodos”.
Este fenómeno puede verse con claridad en el sur de las islas, donde el modelo turístico se ha impuesto a la diversidad replicando una misma estampa en buena parte de la costa del Archipiélago: grandes plantas hoteleras, locales de comida extranjera, tiendas de recuerdos y una fuerte presión humana sobre el océano. El informe SOS Costas canarias, elaborado por la Fundación Canarina y el Observatorio de Sostenibilidad, revela que Canarias pierde cada tres meses un kilómetro de costa, y apunta a la turistificación como el principal impulsor de la devastación costera.
Aun así, el archipiélago sigue siendo el hogar de decenas de especies endémicas de flora y fauna. En el caso de las plantas, “nuestro foco originario son los continentes que tenemos al lado”, explica Rivero. Diferentes especies llegan desde el territorio continental a las islas, ya sea a través del estómago de las aves, del viento o flotando en el agua. “Hay plantas que se establecen en el territorio y al tener que adaptarse a un territorio insular tan diferente y volcánico se crean esas especies totalmente nuevas que no existen en otra parte del mundo”, apunta la bióloga tinerfeña.
Algunos ejemplos son el Tajinaste del Teide, que solo vive en la cumbre de Tenerife, el lirio del jable, propio de algunas zonas de Lanzarote y de Fuerteventura, o el cardón, una planta exclusiva canaria. Igual que las islas albergan un amplio catálogo de especies únicas, también dan cobijo a muchas especies amenazadas. Algunas de ellas se han podido rescatar gracias a proyectos de restauración. Es el caso de el retamón palmero (Genista benehoavensis). De esta planta de La Palma, explica Rivero, quedaban menos de diez individuos. A día de hoy hay unos 14.000 ejemplares que pueden verse por toda la cumbre de la isla. Lo mismo ha ocurrido con el rosal del Guanche (Bencomia exstipulata), que ha pasado de 20 a 4.000 individuos.
Al otro lado de la balanza se colocan las especies y los hábitats que están en un punto crítico. Para la bióloga canaria, un caso claro es el del cardonal-tabaibal. “Estamos en el punto en el que aún podemos conseguir preservarlo antes de que sea demasiado tarde”, asegura. “No son solo cardones y tabaibas, sino un sinfín de especies asociadas. El monocultivo del turismo, basado en la explotación costera, lo está arrasando por completo y construyendo algo totalmente artificial encima. Si perdemos las tabaibas, no solo perdemos una especie botánica de interés increíble, sino un nombre guanche e identidad”, subraya la experta.
El océano más allá de la superficie
La riqueza natural de Canarias se extiende de la tierra hasta el mar pasando por su cielo. El océano del archipiélago guarda centenares de especies, como los calderones tropicales, el tiburón angelote - en peligro crítico de extinción- rayas, tiburones como el solrayo o las mayores agregaciones de mantelinas de todo el mundo. “En algunos momentos se han llegado a contar más de 200 mantelinas en la misma playa entre verano y principios de otoño”, explica Felipe Ravina, documentalista y divulgador científico.
Igual que la biodiversidad terrestre, el mar es un elemento clave en la identidad canaria. Con su trabajo, Ravina trata de acercar a la población todos los valores que se esconden bajo la superficie, así como la presión y las amenazas que sufren. “Intento que parte de esa identidad en la que pensamos incluya que tenemos angelotes, calderones, mantelinas, y que la gente lo cuide y lo defienda porque es nuestro”, subraya.
El cachalote es, para el documentalista, una de las especies en mayor estado crítico en la actualidad. “Se estima que en los últimos años se ha perdido la mitad de la población en Canarias por la colisión con embarcaciones de alta velocidad y no se ha tomado ninguna medida efectiva”, asevera. En junio de 2025, dos ejemplares aparecieron muertos en la costa de Tenerife. La necropsia concluyó que un corte limpio de más de dos metros en la cabeza causó la muerte ''en cuestión de segundos o minutos'' de uno de ellos. Los resultados del informe atribuían el fallecimiento a un ''traumatismo craneal cortante grave, compatible con una muerte casi inmediata por colisión''.
Asimismo, la sobrepesca también diezma los fondos marinos. “Aunque ha disminuido en los últimos años la pesca profesional, aumenta exponencialmente el número de licencias para pesca recreativa, a lo que se suma la pesca furtiva”, detalla Ravina. “Los fondos no tienen ni tiempo ni espacio para respirar ni para recuperarse de los 60 años de sobrepesca a los que los hemos sometido”, advierte. A esto se suma el descontrol de embarcaciones ilegales y motos de agua sobre espacios protegidos, los vertidos de aguas sucias al mar (con 403 puntos de vertido en Canarias, de los que 216 son ilegales) y la falta de recursos para la vigilancia.
Aun así, existen estrategias para proteger y preservar esta riqueza. Para el científico, el mejor ejemplo son las Reservas Marinas, como la de La Graciosa e Islotes del Norte o la del Mar de Las Calmas. “Se puede ver cómo solo regulando la pesca se pueden conseguir grandes cambios”, insiste. También hace referencia al proyecto de investigación Angels Shark Project, que permitió recabar datos científicos de la especie en todo el archipiélago y así protegerla. “Es una victoria grande que se ha conseguido gracias a la ciencia”, concluye.
La recuperación del guirre
En el aire, el guirre trata poco a poco de escapar de la extinción. Esta subespecie endémica de las islas ha sufrido en los últimos 50 años un importante declive, con la desaparición de entre el 70 y el 90% de sus individuos en Canarias, por ello está catalogada como especie en peligro crítico de extinción. Ahora mismo solo nidifica en Fuerteventura, Lanzarote y Alegranza, y las principales amenazas para el guirre son los accidentes en tendidos eléctricos, las perturbaciones durante la nidificación y la modificación de sus hábitats o los venenos.
Sin embargo, y aunque se preveía que esta especie pudiera desaparecer en tan solo unas décadas, en los últimos años se ha abierto un halo de esperanza. En 2025 se detectaron en las islas 519 ejemplares. Este año se han registrado dos territorios de cría nuevos en Lanzarote y en 2021, justo después de la pandemia de coronavirus, el guirre volvió a anidar en el Parque Nacional de Timanfaya después de décadas sin reproducirse. El Gobierno de Canarias ha anunciado que esto confirma la “incipiente recuperación” en la isla de esta especie.
En un comunicado, el técnico de campo que lleva catorce años estudiando el guirre sobre el terreno Walo Moreno, explicó que en las primeras fechas del año, los guirres dedican casi todo el día a elegir la cueva que usarán para su reproducción, aportar material al nido y reforzar su relación con vuelos conjuntos y cópulas frecuentes. “La tasa de productividad del guirre es de alrededor del 40%: de cada diez parejas controladas que inician la reproducción, solo cuatro sacan adelante el pollo”, añadió.
La incubación dura 42 días y es la etapa más delicada. El ruido de los vehículos motorizados, los perros sueltos y otras actividades humanas provocan molestias para los guirres y tienen consecuencias fatales: las aves abandonan su nido. La vigilancia y la protección están permitiendo que la población de guirre en la isla se esté recuperando con 30 o 40 nuevos ejemplares cada año, pero es clave la colaboración ciudadana: ''Respetemos las señalizaciones, no salgamos de los senderos marcados y disfrutemos de la naturaleza en silencio''. Según los expertos, el respeto de las personas hacia los espacios donde nidifica el guirre puede permitir que setenta días después de la eclosión, se pueda observar a los pollos con sus progenitores surcando el cielo de Lanzarote.
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