Un viaje al país de los arvernos: los últimos galos de Clermont Ferrand y los volcanes de Chaîne des Puys

-¿Alesia? ¡Nadie sabe dónde está Alesia! 

El que habla es uno de los personajes de ficción franceses más importantes de la segunda mitad del XX. Abraracurcix, el jefe de la pequeña aldea de Astérix, se refería de esta manera al lugar donde los últimos galos liderados por Vercingetorix intentaron resistir al avance imparable de las legiones de un César que se preparaba para asaltar el poder y dar la estocada de muerte a la República Romana. Hoy todos los franceses saben donde está Alesia. Para llegar a este antiguo oppidum (aldea fortificada gala) hay que acercase hasta la localidad de Alise-Sainte-Reine, un pequeño pueblo situado a apenas 63 kilómetros de la ciudad de Dijón (sí la de la mostaza). El lugar es modesto y para nada da la traza de escenario histórico decisivo. Un moderno museo de interpretación (el Museoparc de Alesia) nos sirve de guía para identificar los restos de la aldea gala y el gigantesco sistema de empalizadas que construyeron los romanos para aislarlos del exterior e impedir el auxilio de refuerzos. Este lugar es un buen lugar para empezar o terminar un viaje por Auvernia. El país Arverno. Un lugar montañoso y salvaje tapizado de bosques impenetrables donde aún se guardan muchos de los secretos de la antigua Galia.

Auvernia es una de las regiones históricas de Francia. Ocupa un lugar de centralidad entre las dos fachadas marítimas del país y es el epicentro de una de las señas de identidad del nacionalismo francés: la resistencia a Roma. Astérix y Obélix viajaron por aquí en aquel 50 antes de Cristo cuando toda la Galia estaba ocupada (¿Toda? No…) en uno de los mejores álbumes de la serie: ‘El Escudo Arverno’. La historia tiene como eje de la trama la figura de Vercingetorix y esa resistencia que tiene dos puntos geográficos culminantes: Alesia y Gergovia. Las dos caras de la misma moneda: la derrota de Alesia y la victoria de Gergovia, aunque sólo como preludio del colapso de la vieja Galia celta y el nacimiento de la Galia romana: justo la que dio paso a la Francia actual. Gergovia y su espectacular Museo Arqueológico es otro de los puntos obligados de un viaje por este país de los arvernos. 

Esta Geregovia mítica para los franceses está a tiro de piedra (o de pilum si seguimos hablando de aquellas luchas entre galos y romanos) de la principal de las ciudades de la región. Clermont Ferrand ejerce de capital de la región y, al mismo tiempo, de puerta de entrada a uno de los espacios naturales más espectaculares del país: el Parque Regional de los Volcanes de Auvernia. Esta zona del país es de origen volcánico y presenta algunas alturas considerables, lagos y fuentes termales que explican, por ejemplo, la cercanía de la ciudad de Vichy, famosa por sus aguas medicinales. Pero vayamos por partes. Empecemos por la ciudad y sus alrededores antes de empezar a recorrer las sinuosas carreteras de la montañosa Auvernia; un lugar que da para un viaje de los de antes (ver iconos azules en el mapa para esta primera etapa).

Qué ver en Clermont Ferrand.- Ciudad histórica de importancia y cuna de dos mitos franceses: Vercingétorix, que nació en la vecina Gergovia, y los hermanos Michelín, creadores del neumático más famoso de Europa (aquí se encuentra el museo oficial de la marca -Rue du Clos Four, 32-). Casi nada. Y también es una ciudad monumental que atesora varios patrimonios mundiales de la UNESCO y que cuenta con un rico pasado que queda reflejado a través de sus viejos edificios de piedra volcánica. Una buena forma de empezar la visita a Clermont Ferrand es en la Plaza de Jaude. Este espacio público sirve de puerta de entrada a la ciudad medieval y, también, rinde homenaje a Vercingétorix. Aquí puedes ver un conjunto urbano de casonas de estilo barroco que forman la parte moderna de la vieja ciudad. Apenas unas callejas más allá la piedra volcánica (llamada volvic) toma el protagonismo para dibujar una ciudad medieval bastante bien conservada.

El gran edificio de Clermont Ferrand es la Catedral de la Asunción (Place de Edmond Lemaigre). Este gran templo gótico ejerce de polo central del viejo Clermont, la ciudad medieval que heredó el pedigrí histórico de la vieja Augustonemetum de los romanos. Esta catedral es, simplemente, grandiosa. Construida con la piedra volcánica local impone por su altura y su color oscuro siendo uno de los máximos exponentes del gótico francés (estamos a dos pasos de Cluny). El otro gran centro de interés de esta parte de la ciudad es la Basílica de Notre Dame du Port (Notre Dame, 4). Si la primera es una clase de gótico esta es su contrapartida románica (inicios del siglo XII). Un románico puro y precioso que nos habla del papel de la ciudad como escala del Camino de Santiago. Por fuera y por dentro. Para seguir descubriendo la ciudad vieja hay que tomar el tranvía y llegarse hasta Monferrant. Porque aquí no hay una ciudad medieval. Hay dos.

Hasta el siglo XVII aquí habían dos ciudades separadas por apenas unos kilómetros y siglos de rivalidad. Dicen que Montferrant nació como un berrinche de los condes de Auvernia para zafarse del control del obispo de Clermont. El casco viejo es más pequeño que su vecino pero mantiene un sabor medieval que en parte se ha perdido en Clermont: casas de trama de madera, callejuelas irregulares empedradas, restos de la antigua muralla (Plaza del Molino)… Y también su iglesia gótica: la Colegiata de Nuestra Señora de la Prosperidad (Klebér, sn).

Los mejores museos en Clermont Ferrand

El Museo Bargoin (Rue Ballainvilliers, 45).- Si eres un aficionado a la arqueología este es el museo que tienes que venir a ver sí o sí. El centro está centrado en las culturas gala y galorromana con una colección de piezas alucinante destacando la estatua ecuestre de Júpiter (una de las más antiguas representaciones del dios romano que han llegado hasta nuestros días) y el ajuar del Santuario del Manantial de Roches, un templo asociado a una fuente termal que se encuentra a las afueras de la ciudad que pone de manifiesto la continuidad de prácticas religiosas prerromanas tras la conquista de La Galia. Este museo situado junto al bonito Jardín Lecoc, otra de las cosas que hay que ver en Clermont Ferrand.

Museo de arte Roger-Quilliot (Pl. Louis Deteix).- El continente pesa más que el contenido. Este museo muestra una anodina colección de bellas artes con una colección ecléctica de cuadros y esculturas que van desde la Edad Media hasta el siglo XX. Eso sí, se encuentra en uno de los edificios medievales más hermosos de la ciudad: un viejo convento medieval bastante bien conservado. 

La Gruta de la Piedra de Volvic (Rue du Pont Jany, 2 -Volvic-).- Alucinante. Uno de los aspectos que más sorprenden de esta región de Francia es la calidad de sus recursos culturales. Esta vieja mina de piedra de Volvic se encuentra a pocos kilómetros de la ciudad y se ha convertido en un centro de interpretación sobre el trabajo de los canteros y escultores que construyeron la ciudad arrebatando las piedras al volcán a golpe de pico. Aquí podemos ver cómo se trabajaba la piedra durante la Edad Media (siglo XIII-XVI) y la evolución de la minería de Volvic hasta principios del siglo XX.

Subir al Puy de Dome, el gran volcán de los Arvernos.- Situado a apenas unos kilómetros del centro histórico de la ciudad nos encontramos con una de las grandes referencias geográficas de la cadena de volcanes que forman esta región (Chaîne des Puys, una cadena de más de 80 volcanes alineados que ocupan una longitud de 30 kilómetros -es la cadena de conos más grande de Europa-). El Puy de Dome es mucho más que un volcán: es una seña de identidad de la zona y, también un importante hito histórico y patrimonial. Aquí no sólo vas a disfrutar de imponentes vistas y de la potencia de su naturaleza plutónica. Este era un lugar sagrado para los galos y también lo fue, posteriormente para los galorromanos. Aquí puedes ver los restos de un gigantesco templo dedicado al dios Mercurio que en su tiempo fue uno de los centros de peregrinación más importantes de toda la Galia. Visitar Vulcania (Rte de Mazayes).- ¿Es posible mezclar vulcanología con montañas rusas? Aquí sí. Este parque tiene muy buenos recursos didácticos y algunas atracciones familiares. Es un poco friki el lugar, pero el centro de interpretación y sus recursos audiovisuales son brutales. Los niños salen del lugar con muchos conocimientos.

El Puy de Dome sirve de entrada al Parque  Regional de los Volcanes de Auvernia. Los parajes más espectaculares de este rincón del país están junto al propio volcán, pero si uno puede darse el lujo de perderse por aquí un par de días puede descubrir lugares espectaculares como el Lago de Aydat (rodeado de bosques muy bien conservados) o monumentos y restos históricos que cubren miles de años de presencia humana en la zona (como el Dolmen de Cournols -Edad del Cobre- o el Castillo de Dauphin -siglo XV-).

Fotos bajo LIcencia CC: Patrick; Vincent Guth; dierk schaefer; Gérard Colombat; Shagshag; Carole Raddato; Tony Bowden