Rotenburgo sobre el río Tabuer o el mejor casco histórico medieval de Europa

La decadencia tuvo la culpa. La guerra de los 30 años (1618-1648) fue particularmente destructiva en los territorios dominados por el Sacro Imperio Germánico. Este conflicto enmarcado en las llamadas guerras de religión, se originó en el corazón del imperio entre los partidarios de la reforma protestante y los que defendían la lealtad a Roma. El resultado fue una guerra brutal que terminó implicando a las grandes potencias europeas de la época y dejó un saldo de unos ocho millones de muertos en el centro del continente. Para Rotenburgo, este conflicto supuso el final de medio siglo de esplendor. Y lo que era una de las poblaciones más pujantes de la Liga de las Ciudades Libres se convirtió en un lugar sin demasiada importancia al margen de los acontecimientos, las rutas comerciales o la transmisión de ideas. Y lo que pudiera parecer una maldición se convirtió en la principal razón de que esta ciudad de Baviera quedara anclada en el tiempo como una foto fija de los inicios del siglo XVII. Los edificios, las plazas, las calles, las iglesias, los palacios… Aquí no llegó, por ejemplo, ese barroco alemán que cambió la faz de las ciudades. Rotenburgo siguió siendo una ciudad de gótico; de románico; de casas con trama de madera; con murallas inservibles. Bendita decadencia, en este caso.

Rotenburgo sobre el río Tabuer. Este es su nombre oficial. La ciudad se encuentra en el extremo noroccidental de Baviera a medio camino entre Sttutgart (a 149 kilómetros) y la fascinante Nuremberg (104 kilómetros) otra joya que merece la pena visitarse. Desde Munich el paseo demanda 250 kilómetros (que por las famosas autopistas alemanas no es nada). Así que estás a tiro de piedra desde cualquiera de estas tres importantes urbes alemanas. Y la excursión merece mucho la pena. Para ver, por ejemplo, una de las murallas defensivas más grandes de Europa.

La visita suele empezar en el entorno de esta magna línea de muros que alcanza los 2,5 kilómetros de perímetro y un total de 46 torres que incluyen algunas de las puertas fortificadas más bellas del viejo continente. Una buena manera de iniciar el paseo es llegar hasta la Röderturm –Torre Röder- (Rödergasse 38) y hacer el Rothenburger Turmweg, un pequeño paseo por el camino de ronda de las murallas hasta la Galgentor –Torre de la horca- (Vorm Würzburger Tor, 6) y echar un vistazo al centro histórico desde las alturas. Desde aquí se puede comprender el sobrenombre de la ciudad: la Jerusalén de Alemania.

Desde la Marktplatz a la Burgtor.- Gran parte de todo lo que hay que ver en Rotenburgo está en torno a la Marktplatz –Plaza del Mercado-, el espacio público más importante del antiguo burgo. La Plaza del Mercado supone una pequeña apertura en un callejero marcado por las calles estrechas y los requiebros en esquinas imposibles. La plaza es, también, un escenario monumental imponente que concentra algunos de los edificios más notables de la localidad:

El Rathhaus (Marktplatz, 1), sede del ayuntamiento de Rotenburgo, es un ejemplo magnífico de gótico civil. El complejo de edificios se empezó a construir a principios del siglo XI y tardó varias centurias en completarse. EL eje del ayuntamiento es su enorme torre que se eleva sobre los tejados del burgo. Subir los 220 escalones que conducen al tope merece mucho la pena. No sólo puedes ver la ciudad sino el valle del Tabuer. Y también hay que mirar debajo del Rathaus: más concretamente su mazmorra medieval.

La Taberna del Concejal y su Reloj Astronómico (Marktplatz 2) es otro de los grandes edificios históricos de la ciudad y uno de sus iconos populares más curiosos. Por fuera estamos hablando de uno de los hitos más ‘modernos’ de Rotenburgo ya que la construcción data de inicios del siglo XVII. Su reloj astronómico es muy bonito de ver y cada hora salen dos personajes que hacen alusión a una de las historias más curiosas de la ciudad: son el conde Tilly, comandante de los ejércitos imperiales, y el alcalde Nusch que luce un gran hígado de hierro. La historia que une a estos dos personajes tiene que ver con la Guerra de los Treinta Años. Los ejércitos imperiales tomaron la ciudad y amenazaron con destruirla. Para divertirse, Tilly retó al burgomaestre (acalde) a beberse un jarra de vino de un solo trago para salvar la ciudad. Pues Nusch se bebió los más de tres litros de vino de una vez y salvó el pueblo.

La Fleisch-und Tanzhaus –Casa de la Carne y de la danza- (Herrngasse) data del siglo XII y es uno de los edificios con trama de madera más grandes de Alemania. El lugar sirvió de matadero y carnicería (oficios que se ejercían en la parte baja) y de gran salón comunal donde se celebraban las ceremonias y fiestas de la ciudad (vaya combinación). Es uno de los edificios más bonitos de Rotenburgo. Hoy ejerce como centro cultural y pueden verse sus preciosos salones interiores (incluido un curioso museo sobre la Navidad).

St. Jakobskirche -Iglesia de Santiago- (Kirchplatz, 14).- Una maravilla. A caballo entre el siglo XIV y XV esta iglesia gótica es la más importante y la más bonita de la ciudad y cuenta con dos tesoros artísticos notables: el Retablo de la Sangre obra del tallista Tilman Riemenschneider, uno de los más notables artistas de la madera del Medievo alemán, y el Retablo de los Doce Mensajeros de Friedrich Herlin.

Esta primera incursión por la ciudad termina en la Burgtor –Puerta del Castillo-, sin duda alguna la puerta más bonita de las que dan acceso al recinto amurallado. Esta puerta da acceso a los Jardines del Castillo, un parque divino con vistas a las murallas y torres de Rotenburgo en el lugar donde se erigía el antiguo castillo de la ciudad, que cayó en el siglo XIV a causa de un terremoto. Este lugar es una delicia y las fotos que salen de aquí son una pasada. Aprovecha que estás por aquí para visitar la Franziskanerkirche –Iglesia de San Francisco- (Herrngasse). Muy cerca también está el antiguo Convento de los Dominicos (Klosterhof, 5), un bonito conjunto de claustros junto a la muralla que hoy funciona como sede del Museo de Historia de Rotenburgo.

La esquina más famosa de Alemania.- El Plönlein es uno de los lugares más fotografiados de Alemania y, sin duda alguna, es la esquina más famosa del país. Plönlein significa ‘Pequeña Plaza junto a la Fuente’ y ocupa la esquina formada por la cuña que forman las calles Kobolzeller y Spitalgasse. El escenario es tan bonito que no parece de verdad: casas medievales y los arcos de dos de las torres del sistema de murallas: la Kobolzeller Turm y la Siebersturm. El Museo del Crimen en la Edad Media (Burggasse, 3).- bizarro pero muy interesante. Se aborda el fenómeno del delito en el Medievo pero con especial atención al castigo de la brujería en la iglesia reformada. Lo de la inquisición se queda pequeño al lado de esto.

El Bastión del Hospital (Spitalgasse).- El extremo sur de la ciudad es una estrecha lengua de casas que se apelotonan a los dos lados de Spitalgasse, una de las calles más bonitas del burgo. El acceso a esta ciudadela aislada del resto se hace a través de la puerta que hay bajo la Siebersturm, en pleno Plönlein. Esta calle culmina en el Bastión del Hospital, que con sus forma semicircular rompe la ‘monotonía’ cuadrada de las fortificaciones. Esta zona de la población está ocupada por un complejo de edificios presidido por el Spitalgebäude (Spitalgasse, 48) –hospital medieval- y el Hegereiterhaus (Spitalhof, 2). Esta es una de las casas más interesantes para ver en Rotenburgo. Es un edificio del siglo XVII que servía de residencia para los médicos y cocina. Para terminar visitamos el Spitaltor –Bastión del Hospital- pasando bajo la puerta de la Spitalturm –Torre del Hospital-. No dejes de salir a extramuros y rodear esta zona de las murallas para ver el Gedeckte Brücke –Puente Cubierto-.

Fotos bajo Licencia CC: James Walsh; Polybert49; Tyler Brenot; Allie_Caulfield; Kimberly Vardeman; Russ Quinlan; Skaja Lee; Roberto Ferrari; Ellen Thompson