Bakú, la recta más larga contra la nueva Fórmula 1

Raúl Molina Recio

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La Fórmula 1 llega a Bakú después del decepcionante estreno de Madrid (como carrera) y vuelve a enfrentarse a un circuito urbano. Pero las semejanzas terminan prácticamente ahí. El Podcast Técnica Fórmula 1 nos prepara para esperar todo lo bueno y todo lo malo de esta carrera.

Carreras imprevisibles

El trazado de Azerbaiyán ha producido carreras imprevisibles, adelantamientos, accidentes y situaciones estratégicas difíciles de anticipar. Combina una zona extremadamente estrecha alrededor del casco histórico con largas rectas y fuertes frenadas. Es uno de los circuitos más particulares del campeonato.

Este año, además, planteará una pregunta inevitable: ¿qué ocurrirá con la gestión de la energía en la recta más larga del Mundial? Madrid demostró que los monoplazas de 2026 pueden verse obligados a levantar el acelerador incluso en zonas concebidas para recorrerse a fondo. En Bakú, donde el tramo desde la última curva hasta la primera exige máxima potencia durante mucho tiempo, el problema del clipping puede alcanzar otra dimensión.

Un urbano de más de seis kilómetros

El circuito de Bakú tiene 6,003 kilómetros y veinte curvas. Muchas son giros de noventa grados enlazados por zonas de aceleración, mientras que el paso por el casco antiguo obliga a los pilotos a atravesar uno de los puntos más estrechos de toda la temporada.

Después llega la enorme recta principal. Esa combinación obliga a buscar un compromiso complicado. El coche necesita carga aerodinámica y buena tracción para responder en el sector más revirado, pero también debe reducir al máximo la resistencia al avance para no quedar indefenso en las rectas.

Demasiada ala puede ofrecer confianza en las curvas lentas y convertirse después en una condena cuando el rival abre (abría) el DRS. Descargar en exceso el coche mejora la velocidad punta, pero dificulta la frenada, reduce la adherencia en la parte técnica y castiga la salida de las curvas. Bakú es, por tanto, un circuito de eficiencia. No basta con generar carga: hay que conseguirla sin pagar un precio excesivo en las rectas.

La gestión eléctrica puede decidir el rendimiento

La larguísima zona a fondo será una prueba especialmente complicada para las unidades de potencia de 2026. Los equipos necesitan administrar la energía eléctrica para evitar que el coche pierda empuje antes de alcanzar la frenada de la primera curva. Si la batería deja de aportar potencia demasiado pronto, la pérdida de velocidad puede ser enorme y el piloto quedará expuesto precisamente en el punto más claro de adelantamiento.

En otros circuitos es posible recuperar parte de esa energía a lo largo de la vuelta. En Bakú, las numerosas frenadas ayudan, pero la demanda de la recta principal es excepcional. Los equipos tendrán que decidir cuánto despliegan, dónde recuperan y hasta qué punto sacrifican rendimiento en otros sectores para llegar al final de la recta con potencia eléctrica disponible.

Después de lo visto en Madrid, existe el temor de que los pilotos vuelvan a levantar antes de lo esperado para gestionar la batería. La diferencia es que Bakú sí ofrece fuertes frenadas y oportunidades claras para atacar. La reglamentación puede restarle espectáculo, pero el trazado debería darle más posibilidades que Madring para defenderse de ella.

Frenar desde 313 kilómetros por hora

Bakú también representa una de las pruebas más exigentes de la temporada para los sistemas de frenado. Brembo le asigna el nivel máximo de dificultad, un cinco sobre cinco. Los pilotos utilizan los frenos diez veces por vuelta durante un total de 18,5 segundos. Dos de esas frenadas están clasificadas como duras, seis como medias y dos como ligeras.

La más exigente es la primera curva

Los monoplazas llegan a 313 kilómetros por hora y reducen hasta los 140 en 2,13 segundos. Durante ese proceso recorren 123 metros, mientras el piloto ejerce una fuerza aproximada de 115 kilos sobre el pedal y soporta una desaceleración de 3,9 g.

Llegar con los neumáticos y los frenos en la ventana adecuada será fundamental. Un pequeño bloqueo puede terminar en una escapatoria, contra las barreras o permitiendo que un rival complete el adelantamiento.

Neumáticos fríos al final de la recta

Pirelli llevará los compuestos C3, C4 y C5, que actuarán respectivamente como duro, medio y blando. La elección es un paso más conservadora que la de 2025, cuando también estuvo disponible el C6. Aquel neumático blando no se utilizó durante la carrera. Los pilotos prefirieron apoyarse en el C5 y el C4 para prolongar sus tandas y conservar flexibilidad estratégica.

El asfalto de Bakú es relativamente liso y poco abrasivo. El desgaste y la degradación deberían ser bajos, por lo que la estrategia de una sola parada aparece nuevamente como la opción más probable.

En 2025 todos los pilotos completaron la carrera con una única detención. Esteban Ocon llegó incluso a recorrer prácticamente toda la distancia con un mismo juego de medios después de entrar en boxes en la primera vuelta para cambiar el alerón delantero.

Todo apunta a que el C5 podría volver a soportar tandas muy largas. El duro, en cambio, corre el riesgo de quedar prácticamente descartado si los equipos consideran suficiente la combinación del medio y el blando.

Durante las primeras sesiones puede aparecer algo de graining, especialmente por la escasa adherencia inicial de un circuito urbano. Sin embargo, la pista evolucionará rápidamente a medida que los coches depositen goma. Algunas zonas de las curvas 2, 3 y 4 han sido reasfaltadas, aunque Pirelli no espera que esos trabajos modifiquen de forma importante el comportamiento general de los neumáticos.

La temperatura será tan importante como el desgaste

El principal desafío no debería ser conservar las gomas, sino mantenerlas dentro de su ventana de funcionamiento. La recta principal permite que los neumáticos pierdan temperatura antes de llegar a la frenada más fuerte del circuito. Los avances en el diseño de las llantas pueden acentuar ese enfriamiento y aumentar el riesgo de bloqueo, especialmente en el eje delantero.

Los edificios que rodean la pista crean, además, numerosas zonas de sombra. Aunque la temperatura ambiental sea relativamente elevada, el asfalto no recibe el sol de manera uniforme.

El piloto puede salir de una zona lenta, recorrer el larguísimo tramo a máxima velocidad y llegar a la curva 1 con menos temperatura de la deseada. Allí tendrá que frenar desde más de 300 kilómetros por hora, girar con precisión y evitar bloquear una rueda. Ese equilibrio entre refrigeración, adherencia y estabilidad en frenada puede ser una de las claves del fin de semana.

Una carrera en sábado

El programa se adelanta un día respecto al formato habitual. Los entrenamientos libres se disputarán el jueves, la clasificación el viernes y la carrera comenzará el sábado a las 15:00, hora local, para evitar la coincidencia con una festividad nacional.

El cambio puede parecer menor, pero alterará las rutinas de equipos, pilotos, medios de comunicación y aficionados. También reducirá el margen para reaccionar ante cualquier problema logístico o técnico.

Bakú será el comienzo de otro triplete y llega después de un fin de semana sin Fórmula 1. El descanso habrá sido bienvenido, porque la parte final de la temporada vuelve a presentar una carga considerable.

Un circuito que acostumbra a romper los pronósticos

El próximo será el décimo Gran Premio celebrado en las calles de Bakú. La primera edición, en 2016, se disputó bajo la denominación de Gran Premio de Europa; las ocho siguientes lo hicieron ya como Gran Premio de Azerbaiyán.

Sergio Pérez y Max Verstappen son los únicos pilotos que han ganado allí en más de una ocasión, con dos victorias cada uno. Red Bull es el equipo más laureado, con cinco triunfos, mientras Charles Leclerc conserva el récord de poles después de haber salido cuatro veces desde la primera posición.

Son estadísticas que reflejan dos caras diferentes del circuito. Leclerc ha demostrado una capacidad extraordinaria para extraer rendimiento a una vuelta, pero las carreras de Bakú han recompensado a menudo la velocidad punta, la gestión de los incidentes y la capacidad para sobrevivir al caos.

Este año puede ocurrir algo parecido. La baja degradación apunta hacia una prueba sencilla de una parada. Sin embargo, la temperatura de los neumáticos, las fuertes frenadas, los muros, el posible coche de seguridad y la gestión eléctrica pueden desordenarlo todo.

Bakú suele encontrar alguna manera de hacerlo. Después de Madrid, la Fórmula 1 necesita una carrera que recuerde por qué un circuito urbano también puede ofrecer espectáculo. Azerbaiyán posee los ingredientes necesarios. Ahora falta comprobar cuánto le permite utilizarlos la reglamentación de 2026.