<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Pablo Caruana Húder]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/pablo-caruana/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Pablo Caruana Húder]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/1035511/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA['Tinieblas', una sala de montaje donde la niebla permite el descubrimiento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/tinieblas-sala-montaje-niebla-permite-descubrimiento_129_13205641.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/34c9608b-32d9-4f62-a871-369907db959c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Tinieblas&#039;, una sala de montaje donde la niebla permite el descubrimiento"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La artista Edurne Rubio estrena en el Centro Dramático Nacional una obra híbrida entre la performance, el cine y el teatro: una mujer que se interna en el bosque elige la libertad de perderse frente al deseo de certidumbre</p><p class="subtitle">Juan Diego Botto vuelve a convulsionar el teatro español con 'Una noche sin luna'</p></div><p class="article-text">
        En la sala peque&ntilde;a del Teatro Valle Incl&aacute;n, la Francisco Nieva, Edurne Rubio ha instalado otra manera de hacer teatro. La pieza se titula <a href="https://www.youtube.com/watch?v=7dTmKEX7BgU&amp;t=15s" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Tinieblas</em></a> y es un monumento al teatro visual enraizado en el montaje cinematogr&aacute;fico. El p&uacute;blico asiste a una sala de montaje donde las im&aacute;genes van superponi&eacute;ndose de una manera po&eacute;tica, abierta, evocadora. Rubio traza un universo aleg&oacute;rico donde el ser humano est&aacute; perdido, solo, sin certidumbres, donde una niebla blanca y densa anula los horizontes pero que invita al descubrimiento.
    </p><p class="article-text">
        Esta artista burgalesa que reside en Bruselas lleva tiempo embarrada en ese h&iacute;brido terreno donde <em>performance</em>, cine y teatro bailan. Hace diez a&ntilde;os irrumpi&oacute; como una bocanada de talento y saber hacer en aquel festival montado por el Teatro Pradillo en el Centro Dram&aacute;tico Nacional, El lugar sin l&iacute;mites. La pieza, <a href="https://www.eldiario.es/madrid/somos/malasana/un-descenso-a-la-oscuridad-de-las-cavernas-en-medio-del-conde-duque_1_6425415.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Ligth Years Away</em></a>, era una declaraci&oacute;n de intenciones. 
    </p><p class="article-text">
        Rubio consegu&iacute;a convertir el teatro en un cine al mismo tiempo que en una cueva. Hablaba sobre Ojo Guare&ntilde;a, un complejo de cuevas al que una joven generaci&oacute;n de burgaleses, hastiados de un franquismo largu&iacute;simo, acud&iacute;an para poder salir, escapar y poder sentir, pensar, sin estar constre&ntilde;idos por un r&eacute;gimen omn&iacute;modo en la superficie. En lo subterr&aacute;neo, en lo escondido a los ojos, en los laberintos de Guare&ntilde;a, surg&iacute;a la luz. Frente a la luz burgalesa, esa que pint&oacute; Sorolla, Rubio decid&iacute;a buscar en la penumbra y los ecos. 
    </p><p class="article-text">
        Sigue esa misma intuici&oacute;n en <em>Tinieblas</em>, aunque de diferente manera, m&aacute;s personal y po&eacute;tica. En esta ocasi&oacute;n Rubio convierte la sala Francisco Nieva en un todo invadido por una espesa niebla para forzar al espectador a mirar de otro modo, a vislumbrar. Nos encontramos con una mujer que se interna en el bosque, que elige la libertad de perderse frente al deseo de certidumbre. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e1c9912b-7510-44ce-baa1-26133f0dfc8e_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e1c9912b-7510-44ce-baa1-26133f0dfc8e_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e1c9912b-7510-44ce-baa1-26133f0dfc8e_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e1c9912b-7510-44ce-baa1-26133f0dfc8e_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e1c9912b-7510-44ce-baa1-26133f0dfc8e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e1c9912b-7510-44ce-baa1-26133f0dfc8e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e1c9912b-7510-44ce-baa1-26133f0dfc8e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Una foto de ensayo de la obra &#039;Tinieblas&#039; de Edurne Rubio."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Una foto de ensayo de la obra &#039;Tinieblas&#039; de Edurne Rubio.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Tiene mucho de aleg&oacute;rico esta pieza: la incertidumbre del presente, la ausencia de asideros y fundamentaciones desde que uno nace hasta que muere, desde el r&iacute;o hasta el mar, que dir&iacute;a Jorge Manrique en las <em>Coplas por la muerte de su padre</em>. Ese es el viaje que propone Edurne Rubio en esta pieza, un viaje de vida, la vida como un itinerario de penumbra que hay que abrazar sin miedo. 
    </p><p class="article-text">
        En ese viaje de tiempo lento, de im&aacute;genes que son apariciones, iremos transitando por un mundo fuera de la sociedad donde el espectador se enfrenta a la inmensa naturaleza. Rubio construye la imagen con luz y sonido, Tania Arias (qu&eacute; verdadero gusto volver a o&iacute;r su hipn&oacute;tica voz en escena) ser&aacute; esa mujer, la hero&iacute;na de este viaje. Pero tan solo le veremos el rostro unos segundos, lo dem&aacute;s ser&aacute; cuerpo, volumen y acci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Porque quien cuenta la &ldquo;historia&rdquo; en esta obra, aparte de Tania y las otras int&eacute;rpretes&nbsp;(Somaya Taoufiki, Eva Shirlee Garcia Schulman y Hafida Tisrou), es la luz y el sonido. Incluso los focos se vuelven personaje y salen a escena transmutados en bueyes o convertidos en bandada de p&aacute;jaros. 
    </p><p class="article-text">
        La propuesta es radical, es como una pel&iacute;cula de la cineasta experimental <a href="https://www.eldiario.es/andalucia/mujeres-surrealistas-musas_1_2996315.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Germaine Dulac</a> llevada a escena. El trabajo de Rubio, apegado al territorio, se apoya casi siempre en el testimonio, en la entrevista, en la relaci&oacute;n con el otro a trav&eacute;s del trabajo de campo. Cuenta la artista que en el proceso de esta obra tambi&eacute;n hizo muchas entrevistas, pero en esta ocasi&oacute;n Rubio se ha liberado y aupado desde ese material a una construcci&oacute;n m&aacute;s personal y que libera el lenguaje hacia lo po&eacute;tico. 
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute;, en ese montaje de im&aacute;genes, vamos asistiendo a la lucha por existir y la importancia del otro en ese cometido. Hay una sororidad que no se explicita, pero que est&aacute; presente durante toda esta obra que adem&aacute;s est&aacute; hecha por un grupo enteramente femenino. Dos mujeres se llaman en la niebla, intentan encontrarse, reunirse, no lo consiguen, no les deja la bruma, pero esa voluntad hecha grito, ese &ldquo;&iexcl;Aqu&iacute;! &iexcl;Estoy aqu&iacute;!&rdquo; queda impreso en el espacio. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9b252ebd-6243-4520-aae4-dffa377e7139_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9b252ebd-6243-4520-aae4-dffa377e7139_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9b252ebd-6243-4520-aae4-dffa377e7139_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9b252ebd-6243-4520-aae4-dffa377e7139_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9b252ebd-6243-4520-aae4-dffa377e7139_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9b252ebd-6243-4520-aae4-dffa377e7139_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/9b252ebd-6243-4520-aae4-dffa377e7139_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Imagen de la obra &#039;Tinieblas&#039; de Edurne Rubio."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Imagen de la obra &#039;Tinieblas&#039; de Edurne Rubio.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Mientras la pieza va bajando ese r&iacute;o que no vemos, llover&aacute; en escena, intuiremos bestias que cruzan el espacio, oiremos cascadas y golpes de agua y viento. Un recorrido que acabar&aacute; en el mar, que es el morir, pero tambi&eacute;n el encuentro con el otro. En este caso el inmigrante. El vivo y el muerto. El que no fue encontrado y hoy yace junto a miles en el fondo de nuestras costas y el que sobrevivi&oacute; y hoy nos mira sin ser visto. 
    </p><p class="article-text">
        Hay diferentes nieblas. Una la del individuo occidental perdido, otra la de aquellos que migran hacia un futuro incierto, opaco. Pero esas nieblas, parece decir la obra, forman parte de un todo, son en verdad una. Y en ella, m&aacute;s que en la claridad del d&iacute;a di&aacute;fano y la seguridad de nuestras percepciones y opiniones, podremos encontrarnos con el otro. Finalmente, <em>Tinieblas</em> es un canto de esperanza que acabar&aacute; en un peque&ntilde;o texto que es f&aacute;bula narrada, cuento popular y ancestral que habla de repiques de campana que atraviesen el mundo para aquellos que han perdido el camino, que habla de la necesidad de la comunidad como punto de anclaje, como puerto al que arribar. 
    </p><p class="article-text">
        Lo importante en la pieza es c&oacute;mo consigue Rubio 'contar' esto. Lo hace con un lenguaje diferente al teatral y con extrema fineza. Consigue construir todo un marco de gran potencia evocadora, pero quiz&aacute; le falte algo de 'pellizco'. Todo el marco est&aacute; ah&iacute; puesto, la po&eacute;tica de la luz, el s&iacute;mbolo&hellip; Pero le falta a ese viaje algo de transfusi&oacute;n sangu&iacute;nea, de <em>pathos</em>. Y es que conseguir eso, inteligencias artificiales mediante, s&iacute; que es un misterio.
    </p><p class="article-text">
        Pero es un gusto ver este otro teatro programado en el Centro Dram&aacute;tico Nacional que convive con el <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/conde-torrefiel-reta-canon-teatral-soberbio-montaje-lenguaje_129_13176217.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Conde de Torrefiel</a> en estos momentos, junto a <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/mujeres-frente-fascismo-europeo-enfrentan-fallida-trampa-comica-huecas_129_12681479.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Las Huecas</a> o <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/teatro-serie-b-cris-blanco-enfrenta-mentira-contemporanea_129_13056672.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Cris Blanco</a> anteriormente. Unos montajes son m&aacute;s redondos que otros, pero lo importante no es el resultado, o no solo; sino la apertura de lenguajes y sensibilidades, de maneras de hacer, de construir y transmitir. 
    </p><p class="article-text">
        Con esta obra, se va acercando el fin de la temporada en el Centro Dram&aacute;tico, la pen&uacute;ltima de su director Alfredo Sanzol. Es un placer ver esta obra y el trabajo de Edurne Rubio y su equipo, en el que se nota la mano de Mar&iacute;a Jerez &mdash;con la que ya colabor&oacute; en una pieza que es germen de esta, <a href="https://www.edurnerubio.org/a-nublo" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Nublo</em></a>, del a&ntilde;o 2021&mdash; y de la creadora uruguaya Leticia Skrycky, que lleva ya a&ntilde;os trabajando en Espa&ntilde;a de manera bien interesante. Es parad&oacute;jico el t&iacute;tulo de esta obra, <em>Tinieblas</em>, porque es en esos territorios no di&aacute;fanos, es con los ojos entrecerrados, donde comenzamos a ver.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Caruana Húder]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/tinieblas-sala-montaje-niebla-permite-descubrimiento_129_13205641.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 May 2026 20:07:26 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/34c9608b-32d9-4f62-a871-369907db959c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="9536333" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/34c9608b-32d9-4f62-a871-369907db959c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="9536333" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA['Tinieblas', una sala de montaje donde la niebla permite el descubrimiento]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/34c9608b-32d9-4f62-a871-369907db959c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Artes escénicas,Centro Dramático Nacional]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Juan Diego Botto vuelve a convulsionar el teatro español con 'Una noche sin luna']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/juan-diego-botto-vuelve-convulsionar-teatro-espanol-noche-luna_129_13197591.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/22caa57c-b1c3-4019-99f3-552ce6485ffa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Juan Diego Botto vuelve a convulsionar el teatro español con &#039;Una noche sin luna&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Con todas las entradas vendidas, cada noche, el actor encarna la figura de Federico García Lorca en un ritual donde memoria histórica y presente político se funden</p><p class="subtitle">Entrevista - José Sacristán: “Los jóvenes que dicen que con Franco se vivía mejor no tienen ni puta idea de lo que es vivir una dictadura”
</p></div><p class="article-text">
        El gran &eacute;xito de Juan Diego Botto ha vuelto. Se trata de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/botto-lorca-lleva-teatro-escribo-mataron-desaparecer_1_8044494.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Una noche sin luna</em></a>, obra en que el poeta Garc&iacute;a Lorca sale de la fosa donde est&aacute; abandonado y nos habla reencarnado en el propio Botto. Ha vuelto al espacio principal del Teatro Espa&ntilde;ol, una sala que lleva, literalmente, cay&eacute;ndose desde que se estren&oacute; la semana pasada. La fuerza de la actuaci&oacute;n de Botto, la pausada direcci&oacute;n de Peris-Mencheta, el espacio de Curt Allen Wilmer&hellip; Muchas son las razones que hacen de esta obra un montaje soberbio. Pero todo ello no explica la convulsi&oacute;n que se produce en la platea.
    </p><p class="article-text">
        Se estren&oacute; en 2020 y estuvo de gira hasta 2023 en m&aacute;s de treinta teatros de toda Espa&ntilde;a. Sin embargo, las entradas para su reposici&oacute;n en el Teatro Espa&ntilde;ol volaron. Se pusieron a la venta el 1 de julio del a&ntilde;o pasado y en pocos d&iacute;as se vendieron tickets de todas las funciones. 19.600 personas podr&aacute;n acudir a verlo. 
    </p><p class="article-text">
        Llegu&eacute; al Teatro Espa&ntilde;ol de Madrid de la mano de mi hija de nueve a&ntilde;os. La pobre ya ha asistido a bastantes obras a la que uno la lleva convencido de la fuerza del teatro. A veces se da m&aacute;s, a veces menos. Pero el otro d&iacute;a, en el Espa&ntilde;ol, esa ni&ntilde;a vivi&oacute; en plenitud la fuerza que puede emerger de la escena. Una fuerza que es social, que tiene sentido tan solo en comunidad, sintiendo y descubriendo en compa&ntilde;&iacute;a del otro.
    </p><p class="article-text">
        La convulsi&oacute;n del principio de la obra, la fuerza de la alegor&iacute;a, la potencia de un actor desdobl&aacute;ndose (al que puedes ver c&oacute;mo alberga emociones, c&oacute;mo le van atravesando), la rebeld&iacute;a ante la injusticia, la constataci&oacute;n de que el ser humano es capaz de lo m&aacute;s atroz, la historia de Espa&ntilde;a, la luz del poeta que tan bien sabe albergar Botto&hellip; Todo eso fue entrando por los ojos de mi acompa&ntilde;ante. 
    </p><p class="article-text">
        Ella ya conoc&iacute;a la fuerza de la palabra de Lorca, de las canciones que recuper&oacute; como <em>La Tarara</em> que adem&aacute;s tuvo el lujo de escuchar a capela en una intervenci&oacute;n especial de Miguel Poveda que apareci&oacute; en el proscenio para sorpresa de todos. Pero de otras cosas poco o nada sab&iacute;a. Poco sobre su asesinato en una noche sin luna un 18 de agosto de 1936. Cada espectador es un mundo. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5f335e7a-96b1-455a-b436-75c48b0e5fef_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5f335e7a-96b1-455a-b436-75c48b0e5fef_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5f335e7a-96b1-455a-b436-75c48b0e5fef_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5f335e7a-96b1-455a-b436-75c48b0e5fef_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5f335e7a-96b1-455a-b436-75c48b0e5fef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5f335e7a-96b1-455a-b436-75c48b0e5fef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/5f335e7a-96b1-455a-b436-75c48b0e5fef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Juan Diego Botto y Sergio Peris-Mencheta"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Juan Diego Botto y Sergio Peris-Mencheta                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Pero muchos de los otros espectadores s&iacute; sab&iacute;an y, por eso mismo, a lo largo de la funci&oacute;n se les iba quebrando el pecho al ver las similitudes entre aquel ayer y este hoy. Uno de los aciertos del montaje es la capacidad de unir dos momentos hist&oacute;ricos, el presente y ese 18 de agosto, como si fueran dos puntos de una hoja de papel que pudieras unir al doblarla. 
    </p><p class="article-text">
        La funci&oacute;n, escrita por el propio Botto, se vertebra a trav&eacute;s de <em>Comedia sin t&iacute;tulo</em>, obra del poeta que qued&oacute; inacabada y de la que tan solo tenemos el acto primero en el que Lorca defiende a muerte un teatro en contra del mero entretenimiento. Un teatro que salga fuera del teatro. 
    </p><p class="article-text">
        Sin querer hacer una biograf&iacute;a del poeta, Botto va saltando en un mon&oacute;logo dicho a p&uacute;blico por diferentes momentos recogidos en entrevistas o noticias sobre Lorca. La elecci&oacute;n de esos momentos est&aacute; hecha con tiral&iacute;neas pol&iacute;tico, con la intenci&oacute;n de que la vida del poeta y su posicionamiento resuene en el presente. En unos momentos Botto es Lorca, pero en otros es el propio actor, se funden esos dos planos de manera extraordinaria, casi imperceptible.
    </p><p class="article-text">
        Un ejemplo es cuando se trae a colaci&oacute;n la censura que sufri&oacute; el estreno de <em>Amor de Don Perlimpl&iacute;n con Belisa en su jard&iacute;n</em> en 1929, cuando se acus&oacute; a la obra de obscena y mal formante para la infancia, atacando la homosexualidad del propio Lorca y de su director, Cipriano Rivas Cherif. Ah&iacute;, es imposible no hacer correlaciones con nuestro presente de mordazas, intervenci&oacute;n en las escuelas y pins parentales.
    </p><p class="article-text">
        Otro ejemplo es cuando Botto decide hacer un largo meandro con la figura del personaje del p&uacute;blico que en <em>Comedia sin t&iacute;tulo</em> se enfrenta al autor. Ah&iacute; Botto se explaya, se permite y alarga ese parlamento haciendo una simbiosis del patri&oacute;tico <em>cu&ntilde;ao </em>que todos hemos sufrido con ciertos a&ntilde;adidos que recogen el vocabulario de aquellos tiempos. Una simbiosis entre el <em>cu&ntilde;ao </em>y Primo de Rivera, entre cierto votante de hoy y aquellos de la CEDA, que asusta. Es esta la parte de la obra que m&aacute;s molesta a la derecha espa&ntilde;ola. Pero esto no es nuevo. 
    </p><h2 class="article-text">Lorca 'reloaded'</h2><p class="article-text">
        En 1987 se estrenaba en Televisi&oacute;n Espa&ntilde;ola <a href="https://www.rtve.es/play/videos/lorca-muerte-de-un-poeta/impresiones-paisajes/6049629/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Lorca, muerte de un poeta</em></a>, serie dirigida por el &ldquo;rojo&rdquo; Juan Antonio Bardem. En miles y miles de hogares espa&ntilde;oles reinaba un silencio casi reverencial. Lorca entraba en la casa de todos despu&eacute;s de largos a&ntilde;os de excepci&oacute;n de tantas cosas. 
    </p><p class="article-text">
        El gran Bardem comenzaba por donde hab&iacute;a que empezar, por el fusilamiento del poeta. Las detonaciones de la Guardia Civil se quedaban en pausa y el poeta, con la voz de Javier Dat&uacute;, dec&iacute;a: &ldquo;Y no quiero llantos, la muerte hay que mirarla cara a cara. Silencio, a callar he dicho. Nos hundiremos en un mar de luto. Me hab&eacute;is o&iacute;do, silencio, silencio he dicho, silencio&rdquo;. Palabras de Bernarda Alba a sus hijas que en ese 1987 mutaban para albergar un alegato m&aacute;s all&aacute; de la pol&iacute;tica ante tantos a&ntilde;os de exclusi&oacute;n amordazada. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a7551c91-87c6-4e59-9810-627aa1290e77_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a7551c91-87c6-4e59-9810-627aa1290e77_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a7551c91-87c6-4e59-9810-627aa1290e77_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a7551c91-87c6-4e59-9810-627aa1290e77_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a7551c91-87c6-4e59-9810-627aa1290e77_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a7551c91-87c6-4e59-9810-627aa1290e77_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/a7551c91-87c6-4e59-9810-627aa1290e77_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Juan Diego Botto en &#039;Una noche sin luna&#039;, una obra que ha escrito y que protagoniza"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Juan Diego Botto en &#039;Una noche sin luna&#039;, una obra que ha escrito y que protagoniza                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Y es que Lorca, desde aquel 18 de agosto de 1936, ha ido reapareciendo con fuerza inusitada en momentos clave de la cultura espa&ntilde;ola. Momentos en que a trav&eacute;s de &eacute;l y con &eacute;l, el teatro, la m&uacute;sica o el cine no volver&iacute;an a ser el mismo. As&iacute; fue en el <em>Yerma</em> de Nuria Espert y V&iacute;ctor Garc&iacute;a que se estren&oacute; el 30 de noviembre de 1971 en el Teatro de la Comedia. Y tanto lo mismo ocurri&oacute; un 28 de febrero de 1996 en el Teatro Alb&eacute;niz cuando en un concierto Enrique Morente atac&oacute; el tema <em>Omega</em> y al llegar a ese grito inhumano, ese hiperb&oacute;lico &ldquo;la hierba&rdquo;, el tel&oacute;n ca&iacute;a a plomo y la bater&iacute;a y las guitarras de Lagartija Nick, sin perder comp&aacute;s, atronaban ante una platea at&oacute;nita. 
    </p><p class="article-text">
        Hay miles de recitales, de obras y montajes de y sobre el poeta, pero de vez en cuando Lorca vuelve con fuerza inusitada. Cuando esto pasa los movimientos tect&oacute;nicos de la regresi&oacute;n espa&ntilde;ola responden airosamente. Cr&iacute;ticas furibundas al montaje de Nuria Espert en el 73, p&aacute;ginas y p&aacute;ginas pidiendo la dimisi&oacute;n de Pilar Mir&oacute; como directora de RTVE por gastar el dinero p&uacute;blico en una serie que hoy es escuela, puristas del flamenco de pecho airado gritando a Morente en el Alb&eacute;niz&hellip; Esta vez tampoco ha sido diferente. 
    </p><p class="article-text">
        Las derechas, que se dec&iacute;a antes, desde que se estren&oacute; este montaje, si bien no tuvieron remedio de aceptar la calidad teatral, no dejaron de tildarla de activista o maniquea, incluso llegando a prescribir c&oacute;mo tratar la figura de Lorca: &ldquo;Cuando se 'monta' bien, cuando se olvida, para mejor recordar&hellip;&rdquo; (ABC <em>dixit).</em>&nbsp;Pero Lorca es terco y sigue gritando aquello de: &ldquo;Pero no hay olvido, ni sue&ntilde;o: carne viva&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora, vuelve esta obra en plena batalla del &ldquo;relato cultural&rdquo; y de nuevo se le acusa de querer instaurar una falsa superioridad moral de la izquierda. Denuncian el uso del poeta al que se quiere convertir en m&aacute;rtir de las izquierdas. Pero lo que no se dan cuenta es que Lorca es evidentemente un m&aacute;rtir, pero no de la izquierda, sino del pueblo espa&ntilde;ol. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Lo que no se dan cuenta es que Lorca es evidentemente un mártir, pero no de la izquierda, sino del pueblo español</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        No de la sociedad espa&ntilde;ola, sino del pueblo, del <em>volk</em> alem&aacute;n, del <em>people</em> anglosaj&oacute;n, del <em>am</em> jud&iacute;o. Lorca es de la gente, es el poeta que defiende el sufrimiento del d&eacute;bil, que se rebela, que no calla y se posiciona, que firma manifiestos, esos a los que la derecha tiene tanta tirria, y que nos hace ver que la vida puede ser otra cosa, m&aacute;s libre, m&aacute;s humana. 
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a Lorca en <em>Comedia sin t&iacute;tulo:</em> &ldquo;Yo quiero echar abajo las paredes para que sintamos llorar, o asesinar, o roncar con los vientres podridos a los que est&aacute;n fuera, a los que no saben siquiera que el teatro existe&rdquo;. Y eso es lo que consiguen Botto y Peris-Mencheta, que el teatro salga fuera del teatro. Sale en cada pecho emocionado, en cada memoria agitada por ese Lorca lleno de luz que consigue encarnar Botto, ese Lorca al que, mientras habla, de la ropa se le va cayendo la tierra de la fosa a la que sabe debe volver.
    </p><p class="article-text">
        Las 19.000 personas que ahora vean este montaje en el Espa&ntilde;ol, las otras miles que lo ver&aacute;n en el T&iacute;voli de Barcelona en julio, se llevar&aacute;n esta funci&oacute;n a casa&hellip; Cada espectador recordar&aacute; a sus abuelos, mirar&aacute; este presente tan alarmante y se mirar&aacute; en sus hijos como yo lo hago en los ojos incendiados de mi hija al salir del teatro. 
    </p><p class="article-text">
        La primera consecuencia ya est&aacute; ah&iacute;, en la calle, en la misma plaza de Santa Ana, en esa hermosa estatua, peque&ntilde;a, de Lorca sosteniendo una alondra que comienza el vuelo. Desde el estreno de <em>Una noche sin luna</em> la estatua del poeta luce las flores que le va dejando el pueblo. Y parece que en este mes de mayo no dejar&aacute; de tenerlas. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Caruana Húder]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/juan-diego-botto-vuelve-convulsionar-teatro-espanol-noche-luna_129_13197591.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 06 May 2026 20:07:48 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/22caa57c-b1c3-4019-99f3-552ce6485ffa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="9069855" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/22caa57c-b1c3-4019-99f3-552ce6485ffa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="9069855" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Juan Diego Botto vuelve a convulsionar el teatro español con 'Una noche sin luna']]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/22caa57c-b1c3-4019-99f3-552ce6485ffa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Artes escénicas,Juan Diego Botto,Lorca,Federico García Lorca]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Conde de Torrefiel reta al canon teatral en un soberbio montaje sobre el lenguaje y el poder]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/conde-torrefiel-reta-canon-teatral-soberbio-montaje-lenguaje_129_13176217.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/810c5bef-3d89-4222-a24d-033e2bc1f520_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El Conde de Torrefiel reta al canon teatral en un soberbio montaje sobre el lenguaje y el poder"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La compañía valenciana estrena 'LEXIKON' en la gran sede del Centro Dramático Nacional, el Teatro María Guerrero</p><p class="subtitle">Edwyn Collins inventó el indie, compuso la canción perfecta y tuvo dos ictus: “Después de visitar España voy a colgar las botas”
</p></div><p class="article-text">
        Y lleg&oacute;, por fin, El Conde de Torrefiel al templo del <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">teatro</a> patrio, el Mar&iacute;a Guerrero de Madrid. Por un lado, la obra es una clase magistral de los modos y la filosof&iacute;a de esta compa&ntilde;&iacute;a que revolucion&oacute; el teatro en este pa&iacute;s hace m&aacute;s de quince a&ntilde;os. Por otro, es una cr&iacute;tica acerada y macarra al poder. Todo parecer&aacute; banal, incluso distanciado, pero esta obra est&aacute; llena de peque&ntilde;as bombas de acci&oacute;n retardada a las grandes instituciones de la cultura. La primera, al teatro endog&aacute;mico y enrocado de este pa&iacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La nueva obra de El Conde va, en teor&iacute;a, sobre el lenguaje y la palabra, con lo que esto tiene de &aacute;ureo y filos&oacute;fico. Lexic&oacute;n, vocablo de origen griego que representa el conjunto completo de palabras de un idioma. Pero quiz&aacute; la explicaci&oacute;n que m&aacute;s aclara esta obra compuesta por siete historias, en un principio dis&iacute;miles, es la voluntad de la compa&ntilde;&iacute;a valenciana (perdonen la insistencia, pero hay quien sigue diciendo que son catalanes) de aclarar ciertos temas ya muy lastrados siendo conscientes de la relevancia de, tras diecis&eacute;is a&ntilde;os de existencia, llegar por primera vez a ese templo de la palabra esc&eacute;nica.
    </p><p class="article-text">
        Diecis&eacute;is a&ntilde;os de lucha para implementar un teatro dis&iacute;mil al canon, al teatro de ra&iacute;z burguesa que sigue predominando en este pa&iacute;s, es decir aquel que naci&oacute; con el teatro representativo en el siglo XIX y que se encumbr&oacute; bajo dos pilares: la importancia del conflicto y la trama y la sacrosanta figura del autor &mdash;hoy llamado dramaturgo&mdash; y el texto. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Diecis&eacute;is a&ntilde;os de muchos triunfos, m&aacute;s fuera de Espa&ntilde;a que dentro, y de una trayectoria nacional respaldada por la respuesta de un p&uacute;blico propio, ganado espectador a espectador. Pero tambi&eacute;n diecis&eacute;is a&ntilde;os de ninguneo. Nunca en este pa&iacute;s, hasta ahora, algo que honra a este Centro Dram&aacute;tico Nacional, un teatro hab&iacute;a invitado a Pablo Gisbert o Tanya Beyeler a crear una nueva obra para su programaci&oacute;n. Y nunca es nunca. Eso est&aacute;, como bien sabemos, reservado para el &ldquo;teatro, teatro&rdquo; que siguen proclamando tantos. Reservado, como dec&iacute;a Ang&eacute;lica Liddell, para &ldquo;la familia unida jam&aacute;s ser&aacute; vencida&rdquo; y los &ldquo;resident evils remake&rdquo;. Liddell dec&iacute;a esto sobre el teatro madrile&ntilde;o, pero no se enga&ntilde;en, el modelo es exportable a cualquier latitud peninsular.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bef6591c-ffd3-45a1-9473-cbeeeb0206dd_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bef6591c-ffd3-45a1-9473-cbeeeb0206dd_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bef6591c-ffd3-45a1-9473-cbeeeb0206dd_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bef6591c-ffd3-45a1-9473-cbeeeb0206dd_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bef6591c-ffd3-45a1-9473-cbeeeb0206dd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bef6591c-ffd3-45a1-9473-cbeeeb0206dd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/bef6591c-ffd3-45a1-9473-cbeeeb0206dd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Ensayo de Lexicon, la obra que lleva El conde de Torrefiel al CDN"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Ensayo de Lexicon, la obra que lleva El conde de Torrefiel al CDN                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Y por todo esto, por pura consciencia de saber d&oacute;nde se la estaban jugando, la obra que han levantado en la principal sede del Centro Dram&aacute;tico Nacional es un compendio de todo su teatro. De querer acercar aquello que les define. En <em>LEXIKON</em> El Conde de Torrefiel recupera la manera de hacer de piezas de hace m&aacute;s de diez a&ntilde;os como <em>Escenas para una conversaci&oacute;n despu&eacute;s del visionado de una pel&iacute;cula de Michael Haneke </em>(2011) o <em>La chica de la agencia de viajes nos dijo que hab&iacute;a piscina en el apartamento </em>(2013) y las unen a los modos de sus &uacute;ltimas creaciones tales <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/ian-curtis-joe-crepusculo-conde-torrefiel-mira-generacion-construir-pelicula-imagenes_129_11688608.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">como </a><a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/ian-curtis-joe-crepusculo-conde-torrefiel-mira-generacion-construir-pelicula-imagenes_129_11688608.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La luz de un lago</em></a> o <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/conde-torrefiel-sacude-teatro-contemporaneo-gran-obra-futurista-conceptual_1_9157847.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Una imagen interior</em></a>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero antes de comentar la obra, valga un inciso sobre un palabro y su deriva espa&ntilde;ola: el llamado teatro postdram&aacute;tico. Muchos te&oacute;ricos, y dicen bien, tildan lo postdram&aacute;tico de un invento del te&oacute;rico alem&aacute;n, Hans-Thies Lehmann. Y no se equivocan estos te&oacute;ricos si se refieren al noventa por ciento de los espect&aacute;culos que se presentan de este modo en Espa&ntilde;a.  Espect&aacute;culos que si bien usan los modos t&iacute;picos de este teatro (textos dichos con micr&oacute;fonos y la sustituci&oacute;n del personaje por un yo esc&eacute;nico) no van m&aacute;s all&aacute; y siguen en los mismos c&oacute;digos que el teatro representativo.
    </p><p class="article-text">
        Estos espect&aacute;culos, que en ning&uacute;n momento ponen en duda del canon teatral imperante, forman parte de lo que llamar&iacute;a Antonio Gramsci la &ldquo;revoluci&oacute;n pasiva&rdquo;, aquella por la cual el sistema cultural hegem&oacute;nico asimila partes para no tener que modificar estructuras. Porque en el teatro de hoy existe, y es bien f&eacute;rrea, una hegemon&iacute;a cultural que anda muy lejos de querer cambiar.
    </p><p class="article-text">
        El Conde de Torrefiel, sin embargo, no s&eacute; si son postdram&aacute;ticos o no, p&oacute;nganle el palabro que gusten, s&iacute; que apuestan por un teatro que abole los cimientos del tradicional. Un teatro antirrepresentativo donde no hay una historia que conmueva, donde el espectador no tiene por qu&eacute; identificarse u oponerse a los personajes y donde no hay evoluci&oacute;n de una trama que deba captar nuestra atenci&oacute;n. El juego es otro.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El cuidado de la palabra es una de las señas de El Conde, una palabra tan filosófica como mordaz, tan frontal como cotidiana, tan poética como procaz</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; propone entonces esta compa&ntilde;&iacute;a? Lo primero tratar la escena en su completud, no dejar que reine una palabra que vac&iacute;e la fuerza del escenario y, por ende, acabe sonando hueca. La palabra abandona as&iacute; la centralidad de la escena, la imagen no la acompa&ntilde;a, sino que dialoga con ella como tambi&eacute;n lo hace el sonido y la luz.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero no se equivoquen, el teatro de esta compa&ntilde;&iacute;a alberga una de las escrituras m&aacute;s potentes de la &ldquo;dramaturgia&rdquo; nacional. Lo que ocurre es que esto no se da del mismo modo. Es curioso que los grandes representantes del&nbsp;&ldquo;teatro postdram&aacute;tico&rdquo; en Espa&ntilde;a son tres de los autores m&aacute;s relevantes de nuestra escena:&nbsp;Rodrigo Garc&iacute;a, Angelica Liddell y el propio Gisbert. El cuidado de la palabra es una de las se&ntilde;as de El Conde, una palabra tan filos&oacute;fica como mordaz, tan frontal como cotidiana, tan po&eacute;tica como procaz.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tampoco hay que confundirse ante el despliegue de im&aacute;genes donde reinan grandes estructuras y espacios vac&iacute;os con un gran poder&iacute;o en el tratamiento del color y el volumen.&nbsp;No es este un teatro de la imagen. Es m&aacute;s, la propuesta es poder liberar la imagen del lugar prominente que tiene en la sociedad actual. La imagen, como dec&iacute;amos, no acompa&ntilde;a a la palabra, no la ilustra, pero tampoco se instaura como significante, sino como paisaje donde descansar, donde poder volver a pensar. Los tiempos son largos, quietos. Su uso es lib&eacute;rrimo y aut&oacute;nomo de cualquier trama o voluntad significativa. Piensen en el aclamado teatro del griego&nbsp;Dimitris Papaioannou, pues El Conde es todo lo contrario.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5bb67c39-84b3-4a7b-b584-de45e9586de9_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5bb67c39-84b3-4a7b-b584-de45e9586de9_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5bb67c39-84b3-4a7b-b584-de45e9586de9_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5bb67c39-84b3-4a7b-b584-de45e9586de9_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5bb67c39-84b3-4a7b-b584-de45e9586de9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5bb67c39-84b3-4a7b-b584-de45e9586de9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/5bb67c39-84b3-4a7b-b584-de45e9586de9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Momento de la representación de &#039;Lexicón&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Momento de la representación de &#039;Lexicón&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Otro de los ejes de este teatro es el sonido. El sonido de esta pieza, como en sus &uacute;ltimos trabajos, es uno de los haberes de la compa&ntilde;&iacute;a, quiz&aacute; su protagonista central. Es inmenso su peso en la propuesta, ah&iacute; tambi&eacute;n anda metido Gisbert y un bendito loco llamado Uriel Ireland que hace poco dej&oacute; el pabell&oacute;n en lo m&aacute;s alto con el &uacute;ltimo espect&aacute;culo de La Veronal, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/veronal-convierte-oscuridad-muerte-primavera-merce-rodoreda-danza-surrealista-gotica_129_12928195.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La muerte y la primavera</em></a>. Otros dir&aacute;n que es ruido, pero me da que eso ya es un impedimento generacional poco salvable.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y es en ese espacio nuevo en el que cuerpo, sonido, luz y palabra dialogan, donde surgen las siete escenas de esta obra. El Conde va componiendo cada una y con todas ellas un todo. En esta ocasi&oacute;n quiz&aacute; falte la redondez y ciertas subtramas existenciales s&iacute; presentes en otros trabajos. Pero, me repito, aqu&iacute; manda el posicionamiento y una humilde voluntad de mostrar modos y maneras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En las escenas El Conde va mostrando el uso que el poder hace del lenguaje. Lo hace con la RAE, en un discurso de ingreso delirante de Vila-Matas con chufla beckettiana. Y lo hace con el mundo del arte en una desternillante escena de dos espa&ntilde;olitas que visitan la Documenta de Kassel. Pero esa cr&iacute;tica estar&aacute; siempre invadida de un subtexto teatral.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Todo la obra es una imprecación hacia este mundo jerárquico, fascistoide y que usa el lenguaje para dominar y constreñir al individuo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Un ejemplo, la escena de la Documenta que podr&iacute;a acabar siendo una cr&iacute;tica un tanto pueril a la vacuidad del arte, acaba convirti&eacute;ndose, en un sorprendente giro gracias a otro texto deslumbrante de Gisbert y Beyeler, en una verdadera soflama pol&iacute;tica. En ciertos sitios no se puede dejar de decir lo imprescindible y El Conde con frontalidad deliberada denuncia que la libertad de este pa&iacute;s est&aacute; fundada sobre m&aacute;s de cien mil personas que siguen en fosas. En ese momento la platea cruje, se llena de emoci&oacute;n el espacio y un gran sudario rosa es movido por grandes ventiladores mientras el sonido ciega y el s&iacute;mbolo aplasta.
    </p><p class="article-text">
        Pero lo importante, adem&aacute;s de lo que dice, que no es algo nuevo, es c&oacute;mo est&aacute; compuesta esc&eacute;nicamente esa denuncia. Tanya Beyeler dir&aacute; el texto de espaldas al p&uacute;blico. Se abole as&iacute; el gesto y con ello toda pretensi&oacute;n de psicologismo o dramatizaci&oacute;n. Podr&iacute;a parecer una tonter&iacute;a, una pose. Pero, por un lado, aleja as&iacute; el panfleto y ya el mero simbolismo de ver a un &ldquo;actor&rdquo; en el Mar&iacute;a Guerrero dici&eacute;ndolo de ese modo tiene bastante de &ldquo;declaraci&oacute;n&rdquo; pol&iacute;tica. Un gesto que, adem&aacute;s, es coherente con la evoluci&oacute;n de esta compa&ntilde;&iacute;a que busc&oacute; desde sus inicios otra manera de decir y estar en escena, que tuvo que destruir la actuaci&oacute;n para reconstruirla.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Toda la obra es una imprecaci&oacute;n hacia este mundo jer&aacute;rquico, fascistoide y que usa el lenguaje para dominar y constre&ntilde;ir al individuo. Y al mismo tiempo es una reivindicaci&oacute;n de poder usar el lenguaje de otro modo. Incluso se permite El Conde en la quinta escena, titulada <em>Los conversadores gal&aacute;cticos</em>, un acto liberador. Mauro Molina y Amalia Fern&aacute;ndez (qu&eacute; gusto ver a esta int&eacute;rprete y core&oacute;grafa vital de la escena trabajar con esta compa&ntilde;&iacute;a) dir&aacute;n un texto. Lo har&aacute;n de nuevo de espaldas a p&uacute;blico, si uno es punk ha de serlo hasta el final. El texto ir&aacute; derivando hacia un lenguaje netamente po&eacute;tico cercano al postismo y la poes&iacute;a experimental latinoamericana, cercana incluso a otra <em>outsider</em> fundamental de la escena, Mar&iacute;a Salgado. Un texto nuevo en el universo de El Conde que quiere mirar al futuro.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e2d8d518-a493-4790-a5b7-234e5d1774ba_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e2d8d518-a493-4790-a5b7-234e5d1774ba_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e2d8d518-a493-4790-a5b7-234e5d1774ba_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e2d8d518-a493-4790-a5b7-234e5d1774ba_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e2d8d518-a493-4790-a5b7-234e5d1774ba_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e2d8d518-a493-4790-a5b7-234e5d1774ba_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e2d8d518-a493-4790-a5b7-234e5d1774ba_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="&#039;Lexicón&#039; es una de las obras más esperadas de la temporada teatral"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                &#039;Lexicón&#039; es una de las obras más esperadas de la temporada teatral                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Es pronto para saber si este es un montaje hist&oacute;rico en el devenir de este teatro y la instituci&oacute;n que hoy lo maneja, el Centro Dram&aacute;tico Nacional. El Conde es muy consciente de d&oacute;nde est&aacute; e incluso con humildad y voluntad de pertenencia se inscribe en la larga tradici&oacute;n de este teatro citando el primer montaje de Bret&oacute;n de los Herreros all&aacute; por 1885, a Margarita Xirgu o a Josefina D&iacute;az que interpret&oacute; en estas mismas tablas por primera vez en Espa&ntilde;a <em>El jard&iacute;n de los cerezos</em>. Llega incluso El Conde a inclinar la cabeza ante la figura de Mar&iacute;a Guerrero.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Defiende El Conde el teatro como centro de transfusi&oacute;n (importante la palabra elegida) de ideas. Pero tambi&eacute;n reivindica que aqu&iacute; deben caber todos. De ah&iacute; que cite otro montaje en este teatro que s&iacute; acab&oacute; siendo hist&oacute;rico, aquel que realiz&oacute; Rodrigo Garc&iacute;a en 2011, <a href="https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/fabula-biblica-panes-hamburguesas_1_4676220.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>G&oacute;lgota Picnic</em></a>. Aquel que acab&oacute; con protestas en la calle de asociaciones cat&oacute;licas y en el que Garc&iacute;a mandaba a &ldquo;tomar por culo&rdquo; su teatro dejando todo el final de la obra para un concierto de piano del gran Marino Formenti que interpretaba de manera &iacute;ntegra la composici&oacute;n de Haydn <em>Las siete &uacute;ltimas palabras de Cristo</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si Garc&iacute;a introdujo la m&uacute;sica en un Centro Dram&aacute;tico Nacional que incluso en sus estatutos dice que solo cabe lo dram&aacute;tico, El Conde en un gesto similar entrega una de sus escenas al cine. El fondo del escenario avanza hasta proscenio convirti&eacute;ndose en una gran pantalla en la que durante m&aacute;s de diez minutos el p&uacute;blico asistir&aacute; a una pel&iacute;cula hipn&oacute;tica y alucinada que el colectivo de cineastas formado por Teo Guillem, Carlos Pardo y Mar&iacute;a Ant&oacute;n Cabot ha realizado para la ocasi&oacute;n. El primer atentado del hombre a trav&eacute;s del lenguaje fue aquel que separ&oacute; el conocimiento y el arte en disciplinas. Todav&iacute;a hoy seguimos sufri&eacute;ndolo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El Conde ya estuvo en el CDN en el a&ntilde;o 2016. Tampoco es su primera vez en la instituci&oacute;n. Estrenaron en el Teatro Valle-Incl&aacute;n <em>La posibilidad que desaparece frente al paisaje</em>. Aunque la cosa tiene su trampa, lo hicieron en un ciclo organizado por el Teatro Pradillo. Hoy estrenan este <em>LEXIKON </em>siendo ya m&aacute;s maduros, m&aacute;s viejos. Estar&aacute;n cuatro semanas m&aacute;s, hasta el 24 de mayo. Hay un debate abierto de si este tipo de teatro aguanta en taquilla. Es el sambenito de siempre. Los del &ldquo;teatro teatro&rdquo; est&aacute;n convencidos de su prominencia frente a este otro teatro que tildan de residual. El que esto escribe lo duda y mucho. Tras el estreno en Madrid, la obra se estrenar&aacute; en Par&iacute;s en el Th&eacute;atre de L&rsquo;Odeon en octubre y ya el a&ntilde;o que viene recalar&aacute; en el Teatre Lliure.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Caruana Húder]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/conde-torrefiel-reta-canon-teatral-soberbio-montaje-lenguaje_129_13176217.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 27 Apr 2026 20:21:17 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/810c5bef-3d89-4222-a24d-033e2bc1f520_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="14643997" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/810c5bef-3d89-4222-a24d-033e2bc1f520_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="14643997" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El Conde de Torrefiel reta al canon teatral en un soberbio montaje sobre el lenguaje y el poder]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/810c5bef-3d89-4222-a24d-033e2bc1f520_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Teatro,Centro Dramático Nacional,Artes escénicas,Escenarios,Lenguaje]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El futuro de la danza baila a ritmo de Britney Spears, Lady Gaga y Black Eyed Peas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/futuro-danza-baila-ritmo-britney-spears-lady-gaga-black-eyed-peas_129_13150693.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/561b9ebe-5a1b-4fb3-b16a-be67447e3cb0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El futuro de la danza baila a ritmo de Britney Spears, Lady Gaga y Black Eyed Peas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La coreógrafa valenciana Nuria Crespo enciende el Festival de Dansa Valencia con 'Morphopop', un excelente trabajo
</p></div><p class="article-text">
        Dansa Valencia es la gran cita de la danza en Espa&ntilde;a. Cuenta con un presupuesto de m&aacute;s de cuatrocientos mil euros, 37 espect&aacute;culos, m&aacute;s de cien programadores nacionales e internacionales, talleres,&nbsp;proyectos de mediaci&oacute;n y extensiones del programa en las localidades afectadas por la DANA como Aldaia y Alfafar. Una actividad fren&eacute;tica durante toda una semana. Es, sin duda, uno de los festivales m&aacute;s veteranos del pa&iacute;s y vuelve a estar bien vivo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero aparte de encuentros profesionales, programadores, plataformas y estrategias de comunicaci&oacute;n, un festival es, ante todo, lo que se baila. Y al festival le ha costado arrancar. Se esperaba como agua de mayo el estreno de la compa&ntilde;&iacute;a Led Silhouette que inauguraba el festival. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Toda la plana mayor de la danza se dio cita en el Teatro Principal, incluidos los nuevos responsables del Ministerio de Cultura. Acudi&oacute; el director general de Artes Esc&eacute;nicas del Ministerio de Cultura, Javier Monsalve Iglesias y el reci&eacute;n nombrado subdirector general de Danza, Franciso Villar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La compa&ntilde;&iacute;a dirigida por Jon L&oacute;pez y Martxel Rodr&iacute;guez estrenaba <em>Utimatum</em>, una propuesta dist&oacute;pica, de est&eacute;tica cercana a La Veronal y que supon&iacute;a un paso grande para esta compa&ntilde;&iacute;a que pasaba a un formato m&aacute;s grande. Pero no se dio. La conjunci&oacute;n de un texto postapocal&iacute;ptico con unas coreograf&iacute;as circulares y grupales no lleg&oacute; a fusionarse en el lenguaje que esta compa&ntilde;&iacute;a anda buscando.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d71b7791-2bda-41d3-8a25-a45588d65def_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d71b7791-2bda-41d3-8a25-a45588d65def_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d71b7791-2bda-41d3-8a25-a45588d65def_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d71b7791-2bda-41d3-8a25-a45588d65def_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d71b7791-2bda-41d3-8a25-a45588d65def_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d71b7791-2bda-41d3-8a25-a45588d65def_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d71b7791-2bda-41d3-8a25-a45588d65def_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Plano Cenital de la representación de Nuria Crespo"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Plano Cenital de la representación de Nuria Crespo                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En los pr&oacute;ximos d&iacute;as llegar&aacute;n m&aacute;s propuestas, sobre todo ese obr&oacute;n de Roc&iacute;o Molina, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/rocio-molina-erige-diosa-flamenco-calentamiento_129_12777662.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Calentamiento</em></a>, que seguro que har&aacute; temblar los cimientos del Principal. Las entradas para este espect&aacute;culo se agotaron al instante. Y el domingo retornar&aacute; a Valencia Mar&iacute;a Mu&ntilde;oz con su compa&ntilde;&iacute;a Malpelo, la valenciana junto a Pep Ramis presentan <em>We, nosoltres i els temps</em>, uno de los mejores espect&aacute;culos de los &uacute;ltimos a&ntilde;os de esta compa&ntilde;&iacute;a. Las entradas tambi&eacute;n se han agotado.
    </p><h2 class="article-text"><strong>De temazo en temazo</strong></h2><p class="article-text">
        Pero fue en la sala La Mutant donde el presente entr&oacute; en el festival como un vendaval. Una jovenc&iacute;sima core&oacute;grafa valenciana, Nuria Crespo, junto con 5 bailarinas de su generaci&oacute;n &mdash;Marta Fern&aacute;ndez, Esther Sol&eacute;, Emma Romeu, Carlota Malo y Mar&iacute;a G&oacute;mez&mdash;&nbsp;fueron las art&iacute;fices de un verdadero akelarre llamado <em>Morphopop</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con una actitud pop enga&ntilde;osa, hijas de una cultura for&aacute;nea, americana y mercantilizada, y de una &eacute;poca tecnologizada e intelectualmente despreciada, estas cinco j&oacute;venes fueron atacando los conceptos de la composici&oacute;n y la coreograf&iacute;a tradicional. A ritmo del <em>Shut up</em> de los Black Eyed Peas, primero, y a lomos de <em>Oops!... I Did it Again</em> de Britney Spear despu&eacute;s, sus cuerpos retaban al p&uacute;blico con caras seductoras, con bailes expositivos, centr&iacute;petos. El espacio vac&iacute;o, el p&uacute;blico bien cerca, incluso pisando el mismo tapiz de danza. Y ellas desafiantes, hijas de su &eacute;poca, buscando con cada movimiento en sus cuerpos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los hits ca&iacute;an uno detr&aacute;s de otro, Bad Gyal, Rihanna, Destiny&rsquo;s Child, Lady Gaga. Las letras repet&iacute;an palabras como 'love', 'need', 'crazy', 'hit me' o 'hell' y las bailarinas, sin nunca componer, sin entrar en ning&uacute;n estilo de danza, segu&iacute;an en un baile extenuado buscando en sus cuerpos el amor, el fracaso, el dolor, la seducci&oacute;n y su vac&iacute;o. Una b&uacute;squeda presente en cada mirada, en cada torsi&oacute;n de cadera con actitud. Una vor&aacute;gine que se fue convirtiendo en pura investigaci&oacute;n en vivo.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b8e76dca-fc32-433b-abe9-ec7522a14e36_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b8e76dca-fc32-433b-abe9-ec7522a14e36_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b8e76dca-fc32-433b-abe9-ec7522a14e36_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b8e76dca-fc32-433b-abe9-ec7522a14e36_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b8e76dca-fc32-433b-abe9-ec7522a14e36_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b8e76dca-fc32-433b-abe9-ec7522a14e36_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/b8e76dca-fc32-433b-abe9-ec7522a14e36_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Nuria Crespo durante su actuación"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Nuria Crespo durante su actuación                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Ten&iacute;a que pasar. Valencia llevaba avisando tiempo. Antes fueron Sandra G&oacute;mez o Norberto Llopis. Nada surge de la nada. Pero desde hace unos a&ntilde;os, a trav&eacute;s de espacios como La Granja o La Mutant y de relaciones fruct&iacute;feras con espacios de creaci&oacute;n en Barcelona como La Caldera o El Graner, toda una generaci&oacute;n de creadores de danza, muy j&oacute;venes, de menos de treinta a&ntilde;os ven&iacute;a empujando. Dando se&ntilde;ales de que la cosa ha cambiado, de que est&aacute;n en otra.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los ejemplos valencianos son ya muchos. Julia Zac, Luc&iacute;a Jaen, la gran mamarracha Julia Irango, Inca Romani, Javier Hedrosa, toda una generaci&oacute;n que transita sin dificultad entre las danzas y las artes vivas, entre los visuales y la m&uacute;sica&nbsp;experimental. Son lenguajes que llevan ya incorporados. Algo que se pudo constatar en <em>Morphopop</em>. El uso de la c&aacute;mara en vivo a trav&eacute;s del port&aacute;til, el music&oacute;n dise&ntilde;ado por el DJ Manel Ferr&aacute;ndiz o el sampleo de im&aacute;genes en directo realizado por Ra&uacute;l Le&oacute;n no arropaban la pieza, sino que era parte consustancial de la propuesta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el proceso ha acompa&ntilde;ado a la core&oacute;grafa Nuria Crespo un veterano, Juan Carlos L&eacute;rida. Tambi&eacute;n se nota su mano, su ojo externo que ha sabido comprender y aquilatar esos seis cuerpos tan dis&iacute;miles, la disidencia de Esther Sol&eacute;, la locura desenfrenada de Emma Romeu, la propia capacidad inusitada de Crespo. Lerida no pone focos, deja ser a cada una en su autonom&iacute;a y su libertad, y eso es una maravilla.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No hay narraci&oacute;n alguna, no hay composici&oacute;n ni desarrollo, tan solo unos cuerpos despegando, arrancando, escrut&aacute;ndose. En un momento de la pieza se accionan unos ventiladores, el p&uacute;blico nota el aire que desprende el espacio, comienza a sonar Daddy Yankee, &ldquo;z&uacute;mbale mambo pa que mi gata prenda los motores&rdquo;, los cuerpos siguen d&aacute;ndole, retando, torsion&aacute;ndose, pasando por encima de los espectadores. Unos est&aacute;n dentro, otros tuercen el gesto. Yankee grita &ldquo;t&uacute; me debes algo y lo sabes&rdquo; y ellas miran fijo al mismo tiempo que se interrogan hacia dentro. Un momento espectacular. Pero sin descanso sue&ntilde;a <em>Pump it</em>, otra vez los Black Eyes Peas con ese riff tarantiniano de Dick Dale. Pura vida sin inicio, sin pausa, en deriva.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al comienzo de la pieza hay una dedicatoria a la core&oacute;grafa y pedagoga Amparo Ferrer, creadora del espacio Botanic Espai de Dansa, espacio donde se han formado la mayor&iacute;a de las bailarinas en Valencia. Falleci&oacute; hace dos a&ntilde;os. Porque, aunque uno pueda pensar que&nbsp;este trabajo que emerge como referente de toda una generaci&oacute;n levantina nace de la nada, todo tiene una historia. Esta otra danza tambi&eacute;n la tiene y, gracias a Dios, sigue viva.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Caruana Húder]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/futuro-danza-baila-ritmo-britney-spears-lady-gaga-black-eyed-peas_129_13150693.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Apr 2026 20:22:33 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/561b9ebe-5a1b-4fb3-b16a-be67447e3cb0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="10091003" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/561b9ebe-5a1b-4fb3-b16a-be67447e3cb0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="10091003" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El futuro de la danza baila a ritmo de Britney Spears, Lady Gaga y Black Eyed Peas]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/561b9ebe-5a1b-4fb3-b16a-be67447e3cb0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Teatro,Danza,Valencia,Danza contemporánea,Pop]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La performer Diana Pornoterrorismo vuelve a Barcelona después de más de diez años de ausencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/performer-diana-pornoterrorismo-vuelve-barcelona-despues-diez-anos-ausencia_1_13145348.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/daf7d106-f905-46fd-b36f-81f95b38d19b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La performer Diana Pornoterrorismo vuelve a Barcelona después de más de diez años de ausencia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Estrena junto a Rosario Veneno una pieza sobre la violencia entre mujeres en el movimiento feminista</p></div><p class="article-text">
        Hace m&aacute;s de diez a&ntilde;os que Diana J. Torres no pisaba un escenario en Barcelona. Diez a&ntilde;os de su &uacute;ltima performance pornoterrorista. Ahora vuelve al Antic, &uacute;ltimo refugio de la escena disidente de Barcelona. Dice la artista que est&aacute; en otra etapa, menos formal, menos burra. Pero una cosa es el modo y otra el fondo. La performer que sacudi&oacute; la Ciudad Condal a comienzos del XXI vuelve a tocar llaga con su nueva pieza, <em>Traves&iacute;a y conjuro</em>. En este caso, la violencia entre mujeres en el feminismo.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Diana, junto a la artista argentina Rosario Veneno, estrena un trabajo sobre un tema&nbsp;que creen est&aacute; demasiado escondido, &ldquo;como tantos otros en el lesbianismo, citando a B&aacute;rbara Ramajo, la violencia entre mujeres es una cosa espectral, una violencia fantasma&rdquo;, explica la tambi&eacute;n escritora de libros como <em>Pornoterrorismo</em>, <em>Co&ntilde;o potens</em> o <em>Vomitorium</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La violencia entre mujeres sigue siendo bastante tab&uacute;: si eres feminista no se dice si tu novia te ha pegado. Esto pasa por diversos motivos, pero principalmente por miedo y verg&uuml;enza&rdquo;, explica Diana. &ldquo;Por un lado, nos da miedo que los fachas y machistas lo utilicen y lo instrumentalicen&rdquo;, dice Diana.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pero el problema tambi&eacute;n existe puertas para dentro. Hay gente que cree que por ser feministas no vamos a ser violentas. Es evidente que no es as&iacute; y creemos que hay que nombrarlo para comenzar a solucionarlo&rdquo;, apunta a su vez Rosario Veneno.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/91932ef2-2253-4fc4-b28c-116671884717_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/91932ef2-2253-4fc4-b28c-116671884717_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/91932ef2-2253-4fc4-b28c-116671884717_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/91932ef2-2253-4fc4-b28c-116671884717_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/91932ef2-2253-4fc4-b28c-116671884717_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/91932ef2-2253-4fc4-b28c-116671884717_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/91932ef2-2253-4fc4-b28c-116671884717_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Retrato de Diana J. Torres"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Retrato de Diana J. Torres                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Al preguntarles si la naturaleza de esa violencia es distinta a la ejercida por lo hombres, Diana lo tiene claro: &ldquo;Es una violencia que imita patrones del patriarcado, paso por paso&rdquo;, explica, para luego se&ntilde;alar que el problema viene tras la violencia: &ldquo;Ah&iacute; estamos jodidas de nuevo, no hay l&iacute;neas de atenci&oacute;n o protocolo, cuando llegas a una comisar&iacute;a no le dan importancia, si no hay pene no hay violaci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Diana, adem&aacute;s, afirma que el problema no es solo legal, &ldquo;si una mujer mata a otra no se estipula como feminicidio&rdquo;, explica, sino tambi&eacute;n social: &ldquo;Si oyes a dos vecinas pelear, poca gente avisa a la polic&iacute;a y los medios de comunicaci&oacute;n no se hacen eco de ello, no importa, no se quiere ver&rdquo;, razona.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las performances de Diana son recordadas por su potencia, pero tambi&eacute;n por su capacidad de incomodar. <em>Fisting</em> y orgasmos en directo, laceraciones y est&eacute;tica BDSM caracterizaban sus performances. En una de ellas dec&iacute;a a un espectador que le metiese la mano en la vagina, que hab&iacute;a premio. El espectador al hacerlo sacaba un cond&oacute;n, Diana lo romp&iacute;a con la boca y extra&iacute;a un poema que le&iacute;a mientras la penetran. La soci&oacute;loga Helen Torres narr&oacute; esta performance en el prefacio del libro <em>Pornoterrorismo</em>: &ldquo;Con la &uacute;ltima estrofa llega el orgasmo que provocar&aacute; una corrida estilo g&eacute;iser que salpicar&aacute; las primeras filas de un p&uacute;blico estupefacto&rdquo;, describe con cierta algarab&iacute;a la soci&oacute;loga.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Diana Torres luch&oacute;&nbsp;de manera frontal contra el constre&ntilde;imiento corporal, sexual y moral al que la sociedad la somet&iacute;a. Y lo hizo como si fuera una accionista vienesa, pero con id&eacute;nticos niveles de gozo y rabia. Hoy esa manera de hacer, dice, ha evolucionado: &ldquo;Esta vez va a ser m&aacute;s sutil. Hay una parte de desnudos, de sexo en vivo, nos ponemos a follar un ratito, pero el trabajo ha evolucionado. Antes priorizaba m&aacute;s el esc&aacute;ndalo, impactar. Ahora estoy intentando transmitir el mensaje de maneras m&aacute;s claras, sin aturdir tanto a las personas&rdquo;, explica, &ldquo;aunque tambi&eacute;n hay algunos elementos de dolor, Rosario me grapa cosas en el cuerpo con una grapadora industrial, esa es la parte gore, pero ya no hay ganchos, agujas, cortes&hellip;&rdquo;, matiza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>De Barcelona a Carcelona</strong>
    </p><p class="article-text">
        Diana Pornoterrorista lleg&oacute; desde Madrid a Barcelona en 2003. La ciudad bull&iacute;a. Nac&iacute;a el posporno en Espa&ntilde;a de la mano de colectivos como el Pos-op o Girls who like porno. Paul B. Preciado publicaba y se le le&iacute;a junto a libros sin traducir de Virgine Despentes. Comenzaban a aflorar toda una nueva ola de ensayos feministas y nuevas editoriales. Hubo un antes y despu&eacute;s de ese n&uacute;cleo de pensamiento y arte en el feminismo en Espa&ntilde;a. Un feminismo que se ampliaba y que nunca m&aacute;s volver&iacute;a a ser igual, &ldquo;creo que el gran pistoletazo fueron las jornadas que se hicieron en el MACBA en el 2004&rdquo;, recuerda Diana sobre aquel recordado <em>Marat&oacute;n Posporno</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al preguntarle por aquella &eacute;poca, Diana habla de una especie de para&iacute;so, de un regalo. &ldquo;Nos juntamos personas muy diferentes, pero que ven&iacute;amos de situaciones de mucha incomprensi&oacute;n. Ten&iacute;amos los mismos intereses, nos llev&aacute;bamos muy bien y se generaron muchas ganas de crear&rdquo;, evoca.
    </p><p class="article-text">
        Pero el comienzo del siglo XXI va quedando ya lejos. Hoy Barcelona ya no es lo que era. Cerraron centros sociales como La Makabra,&nbsp;la Kasa de la Montanya o La Escocesa, &ldquo;en esos momentos Barcelona estaba llena de posibilidades, pod&iacute;as hacer cosas sin un duro, hoy ya no es as&iacute;&rdquo;, se&ntilde;ala Diana. &ldquo;Tambi&eacute;n acab&oacute; cerrando el bar la Bata de Boatin&eacute; que era nuestro cuartel general, todo comenz&oacute; a cambiar con la creaci&oacute;n del Forum y el comienzo de la gentrificaci&oacute;n&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        Cambi&oacute; Barcelona y cambi&oacute; Diana. La artista y escritora sufri&oacute; en sus carnes toda la violencia de aquella transformaci&oacute;n social y urbana. Su compa&ntilde;era, la poeta <a href="https://poetadifunta.blogspot.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Patricia Heras</a>, ser&iacute;a acusada y encarcelada en uno de los casos de corrupci&oacute;n judicial, policial y pol&iacute;tica m&aacute;s sangrantes de la historia reciente de Barcelona: el <a href="https://www.eldiario.es/catalunya/despues-manifestacion-caso-reivindica-puntual_1_4388955.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Caso 4F.</a> &ldquo;Patricia fue mi primera novia, viv&iacute;amos juntas en la casa desde donde se tir&oacute; por la ventana, justo hacen quince a&ntilde;os de aquello&rdquo;, recuerda Diana con una entonaci&oacute;n contenida, nada dram&aacute;tica, sobre el suicidio de Patricia Heras tras ser torturada y encarcelada injustamente.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/45d3e8a6-05c7-43db-a502-a74d09b69f63_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/45d3e8a6-05c7-43db-a502-a74d09b69f63_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/45d3e8a6-05c7-43db-a502-a74d09b69f63_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/45d3e8a6-05c7-43db-a502-a74d09b69f63_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/45d3e8a6-05c7-43db-a502-a74d09b69f63_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/45d3e8a6-05c7-43db-a502-a74d09b69f63_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/45d3e8a6-05c7-43db-a502-a74d09b69f63_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Peformance titulada Oh Kaña, año 2010"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Peformance titulada Oh Kaña, año 2010                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En 2013, dos a&ntilde;os despu&eacute;s del suicidio de Patricia y tras a&ntilde;os de luchar por su liberaci&oacute;n, Diana decidi&oacute; irse a vivir a M&eacute;xico. &ldquo;No quer&iacute;a estar m&aacute;s en Barcelona ni en Europa&rdquo;, explica. &ldquo;Tambi&eacute;n sali&oacute; el documental sobre el caso 4F, <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/aterra-ciutat-morta_129_4418393.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Ciutat morta</em></a>, en el que dec&iacute;a que iba a por todos ellos a muerte. Al final caminaba con mucho miedo por las calles de Barcelona, algunos mossos y guardias urbanos me reconoc&iacute;an y decid&iacute; poner tierra por medio&rdquo;, concluye.
    </p><p class="article-text">
        La artista cuenta a este peri&oacute;dico que desde el 2013 nunca ha vuelto a Barcelona m&aacute;s de dos d&iacute;as. &ldquo;Tan solo volv&iacute; para ver a alguien o para realizar alg&uacute;n taller de eyaculaci&oacute;n que hago para personas con co&ntilde;o, pero no m&aacute;s&rdquo;, confiesa. En esta ocasi&oacute;n tan solo lleva poco m&aacute;s de una semana en Barcelona, &ldquo;pero no hace falta pisarla mucho para darte cuenta de c&oacute;mo est&aacute; la situaci&oacute;n. Solo tienes que pasear por la Rambla del Raval para ver el desgaste humano&rdquo;, afirma.
    </p><p class="article-text">
        Al preguntarle qu&eacute; siente que ha cambiado, responde: &ldquo;Siento que han cambiado las drogas. Por ejemplo, en el Raval ves a mucha gente acabada, mucha m&aacute;s que antes. Y eso provoca que haya gente muy violenta, m&aacute;s all&aacute; de los cuerpos de seguridad, que te hacen sentir en riesgo. Creo que es intencionado. Se trata de degradar un barrio hasta que la gente se tenga que marchar y poder as&iacute; hacer sus mamadas, no es la primera vez que lo hacen, es ya un cl&aacute;sico&rdquo;, afirma con cierta amargura.
    </p><p class="article-text">
        Su vuelta al Antic, espacio donde alumbr&oacute; muchas de sus performances, es tambi&eacute;n un modo de reencuentro con toda aquella Barcelona que dej&oacute; atr&aacute;s, con aquellas performances hoy ya hist&oacute;ricas como <em>Oh Ka&ntilde;a</em> en homenaje al pintor Jos&eacute; P&eacute;rez Oca&ntilde;a, o aquel festival <em>Muestra Marrana</em> que dej&oacute; de hacerse ya hace m&aacute;s de un decenio. &ldquo;Ahora con el estreno me las voy a encontrar a todas&rdquo;, dice con cierta emoci&oacute;n para luego a&ntilde;adir: &ldquo;Bueno, la mitad est&aacute;n como yo, fuera de Barcelona, pero vienen&rdquo;.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Caruana Húder]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/performer-diana-pornoterrorismo-vuelve-barcelona-despues-diez-anos-ausencia_1_13145348.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 15 Apr 2026 20:44:35 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/daf7d106-f905-46fd-b36f-81f95b38d19b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="603029" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/daf7d106-f905-46fd-b36f-81f95b38d19b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="603029" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La performer Diana Pornoterrorismo vuelve a Barcelona después de más de diez años de ausencia]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/daf7d106-f905-46fd-b36f-81f95b38d19b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Feminismo,Violencia,Artistas,Pornografía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cristina Fallarás estrena 'La diatriba del perro', una obra sobre la figura del aliado feminista acusado de abuso sexual]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/cristina-fallaras-estrena-diatriba-perro-obra-figura-aliado-feminista-acusado-abuso-sexual_1_13133078.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5fdc680a-de7a-48d9-b706-17176c9a98cd_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140531.jpg" width="5040" height="2835" alt="Cristina Fallarás estrena &#039;La diatriba del perro&#039;, una obra sobre la figura del aliado feminista acusado de abuso sexual"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El periodista y actor Sato Díaz protagoniza el monólogo, que se representa en el Teatro del Barrio de Madrid</p><p class="subtitle">Unas 200 personas muestran su apoyo a Cristina Fallarás en los Juzgados de Zaragoza: “Hay un señalamiento claro”</p></div><p class="article-text">
        Hace cuatro a&ntilde;os Sato D&iacute;az, periodista de P&uacute;blico y actor, pidi&oacute; a Cristina Fallar&aacute;s que le escribiera un mon&oacute;logo sobre la figura del aliado. Despu&eacute;s de m&aacute;s de dos a&ntilde;os de escritura Fallar&aacute;s entreg&oacute; el texto. En &eacute;l, la periodista, escritora y activista feminista decide meterse en todos los charcos: &ldquo;Me he metido en todos los que he podido&rdquo;, confiesa. La se&ntilde;alizaci&oacute;n en redes, las diferencias entre las feministas viejas y j&oacute;venes, el mundo del periodismo y sus popes, la existencia de una verdadera cancelaci&oacute;n&hellip; El texto no tiene desperdicio.
    </p><p class="article-text">
        El encargo era claro: escribir un mon&oacute;logo sobre un hombre de izquierdas que se define como feminista, &ldquo;un tipo que conocemos bien todas&rdquo;, apunta Fallar&aacute;s quien ha creado un personaje que es un periodista conocido de la televisi&oacute;n acusado de abusos sexuales. Antes de que lo echen o antes de aguantar el chaparr&oacute;n, decide irse. &ldquo;Cuando lo escrib&iacute; el tema estaba un poco virgen, todav&iacute;a no hab&iacute;an sucedido los casos medi&aacute;ticos en Espa&ntilde;a&rdquo;, explica Fallar&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        La periodista afirma que fue un proceso de escritura dif&iacute;cil, que no quer&iacute;a caer en lo &ldquo;facil&oacute;n&rdquo; de ridiculizar al macho, &ldquo;y eso que tenemos muchas cartas en esa baraja&rdquo;, apunta. Al describirlo Fallar&aacute;s dice: &ldquo;No es un youtuber, no es un mierda, no es un cerdo, o no solo es un cerdo. El personaje tiene sus flancos queribles, o por lo menos comprensibles. No quer&iacute;a vengarme del macho violento a trav&eacute;s de una obra&rdquo;, aclara.
    </p><h2 class="article-text">Cu&eacute;ntalo</h2><p class="article-text">
        Fallar&aacute;s explica que se bas&oacute; en los muchos testimonios que durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os ha ido recogiendo a trav&eacute;s de diferentes <em>hashtags </em>como <a href="https://www.eldiario.es/cultura/comics/cuentalo-ayuda-proceso-superacion-violacion_1_1863478.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">#cu&eacute;ntalo</a> y el movimiento de recopilaci&oacute;n testimonial an&oacute;nima. &ldquo;Me cost&oacute; mucho meterme en la piel del personaje, fue una escritura lenta&rdquo;, confiesa.
    </p><p class="article-text">
        El mon&oacute;logo <em>La diatriba del perro,</em> que se estrena este domingo 12 de abril <a href="https://teatrodelbarrio.com/la-diatriba-del-perro/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en el Teatro del Barrio de Madrid</a> (y se podr&aacute; ver tambi&eacute;n los d&iacute;as 18, 25 y 26 de este mes), est&aacute; interpretado por Sato D&iacute;az y dirigido por Rub&eacute;n Romero. El montaje, cuenta D&iacute;az, recorre c&oacute;digos teatrales distintos, &ldquo;hay un peque&ntilde;o juego de m&aacute;scaras, se juega con el audiovisual, se pasa por la conferencia motivacional&rdquo;. &ldquo;Se trata de ir jugando y acerc&aacute;ndolo al personaje&rdquo; explica el actor.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4a6e0d21-688d-48c1-8d0f-16c40d29d472_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4a6e0d21-688d-48c1-8d0f-16c40d29d472_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4a6e0d21-688d-48c1-8d0f-16c40d29d472_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4a6e0d21-688d-48c1-8d0f-16c40d29d472_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4a6e0d21-688d-48c1-8d0f-16c40d29d472_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4a6e0d21-688d-48c1-8d0f-16c40d29d472_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/4a6e0d21-688d-48c1-8d0f-16c40d29d472_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Sato Díaz en un ensayo de &#039;La diatriba del perro&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Sato Díaz en un ensayo de &#039;La diatriba del perro&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En el texto se hace referencia, bajo seud&oacute;nimos o acr&oacute;sticos, a figuras bien conocidas del periodismo. &ldquo;En mi obra los personajes tienen nombres reales, a estas alturas me da igual. La compa&ntilde;&iacute;a, sin embargo, ha preferido hacerlo as&iacute;, cosa que respeto, como otros cambios o cortes del texto que han realizado, respeto total&rdquo;, afirma Fallar&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        El espectador tendr&aacute; que estar atento a ese morbo nominal si quiere, pero el texto contiene muchos m&aacute;s alicientes. Fallar&aacute;s no se arredra en meterse en terrenos pantanosos y controvertidos, tan comentados entre amigos pero que tan pocas veces vemos encima de un escenario. Los que vienen son algunos de ellos.
    </p><h2 class="article-text">Hombres perro</h2><p class="article-text">
        Una de las tesis principales de la obra es la participaci&oacute;n activa de los hombres en los procesos de cancelaci&oacute;n. &ldquo;Revis&eacute; varios casos antiguos sobre c&oacute;mo reacciona la sociedad ante un hombre se&ntilde;alado por cualquier tipo de asunto ligado con lo sexual o similar. Y me di cuenta de que las mujeres no ejercemos la crueldad ah&iacute;, hay una especie de compasi&oacute;n de g&eacute;nero. Sin embargo, los hombres s&iacute; la ejercen. La cancelaci&oacute;n y se&ntilde;alamiento social en las redes y en los medios es un ejercicio macho&rdquo;, explica Fallar&aacute;s.
    </p><h2 class="article-text">El delito</h2><p class="article-text">
        Uno de los casos antiguos en los que el personaje se mira es un caso donde la persona se&ntilde;alada no ha cometido delito, sino que es expuesto por h&aacute;bitos sexuales que la sociedad reprueba como la prostituci&oacute;n y la sodom&iacute;a. Al preguntarle a la periodista por esta diferencia, Fallar&aacute;s dije tajante: &ldquo;A m&iacute; la idea del delito no me interesa. Desde cierta mirada feminista la idea del delito la hemos superado un poco. El delito es algo que han decidido los hombres que sea delito, yo no puedo mirar desde lo punible, no debo. Vivo manejando violencias y la mitad de ellas no son punibles&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La periodista tambi&eacute;n quiere se&ntilde;alar que para la obra le interesaba comparar esos dos casos porque la diana a la que apuntaba era la vulnerabilidad en el hombre. &ldquo;Cuando rechazamos la posibilidad de ser vulnerado renunciamos a legislar y, por lo tanto, a hablar de delito. Es decir, si un macho no puede ser violado, porque eso no va a ser admitido por ellos, 'a los hombres no se les viola', no hay nada que legislar y ah&iacute; caes en la trampa brutal que acaba por disfrazar lo que claramente es un delito con otras ideas como, por ejemplo, el honor&rdquo;, zanja.
    </p><h2 class="article-text">Desproporci&oacute;n y cancelaci&oacute;n</h2><p class="article-text">
        Uno de los aspectos m&aacute;s interesantes del texto es que aunque el personaje utilice un lenguaje machista y desagradable no es ning&uacute;n tonto. &ldquo;No quer&iacute;a retratar a un idiota, es un hombre culto y capaz&rdquo;, se&ntilde;ala Fallar&aacute;s. El personaje denuncia la injusticia ante las consecuencias de unos actos que hasta hace no tanto eran, dice &eacute;l, costumbre. &ldquo;Es algo que en hombres de mi generaci&oacute;n es muy com&uacute;n, el personaje tiene sus razones y las expone, y yo recojo esas reflexiones&rdquo;, argumenta Fallar&aacute;s.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bde96c2e-ac69-4474-8656-d2ec2cd08c93_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bde96c2e-ac69-4474-8656-d2ec2cd08c93_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bde96c2e-ac69-4474-8656-d2ec2cd08c93_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bde96c2e-ac69-4474-8656-d2ec2cd08c93_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bde96c2e-ac69-4474-8656-d2ec2cd08c93_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bde96c2e-ac69-4474-8656-d2ec2cd08c93_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/bde96c2e-ac69-4474-8656-d2ec2cd08c93_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="La escritora y periodista Cristina Fallarás durante una rueda de prensa en Santa Cruz de Tenerife"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La escritora y periodista Cristina Fallarás durante una rueda de prensa en Santa Cruz de Tenerife                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Fallar&aacute;s s&iacute; concede que hay una desproporci&oacute;n en el se&ntilde;alamiento: &ldquo;Pero ah&iacute; vuelvo a la crueldad del macho, son ellos los que hacen sangre&rdquo;, afirma. En la pieza de manera repetitiva el personaje se revuelve contra sus semejantes, acus&aacute;ndolos de que son ellos quienes lo han crucificado. En un momento del texto &mdash;al cual accedi&oacute; este peri&oacute;dico&mdash; el personaje dice sobre un tuit que provoc&oacute; la viralizaci&oacute;n de su caso: &ldquo;Juanito S&aacute;nchez Iribarren&hellip; Ay, hijo de la gran perra. Qu&eacute; listo, &iquest;verdad? Qu&eacute; valiente debiste de sentirte al se&ntilde;alarme. Cabeza de manada, vanguardia animal. Qu&eacute; gracioso debi&oacute; de parecerte aquel tuit: '&iquest;No quer&iacute;ais aliados? Pues ah&iacute; ten&eacute;is aliados. De nada'&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero Fallar&aacute;s pone en duda el mismo concepto de cancelaci&oacute;n: &ldquo;Tampoco es cierto que a los hombres se les cancele, hay quien ha acabado en la c&aacute;rcel porque ten&iacute;a que estar en la c&aacute;rcel, como Weinstein. Y luego hay un mont&oacute;n de hombrecillos que han cometido delitos y agresiones sexuales, Pl&aacute;cido Domingo y compa&ntilde;&iacute;a, que han dicho que eran otros tiempos y se han ido de rositas. La idea de la cancelaci&oacute;n es una idea que pongo muy en duda. A quien se cancela es a la mujer y a quien le destrozan la vida es a la mujer&rdquo;, asevera.
    </p><h2 class="article-text">Periodismo</h2><p class="article-text">
        En otro momento de la obra el personaje afirma: &ldquo;Era mentira que fueran a salir todos los nombres de los agresores 'conocidos' (&hellip;) Les bast&oacute; con un periodista, un cantante y un director de cine&rdquo;. Fallar&aacute;s explica que escogi&oacute; el mundo del periodismo porque es el que m&aacute;s conoce. Al preguntarle si en las redacciones ha disminuido la toxicidad machista, reacciona inmediatamente: &ldquo;Las relaciones interpersonales siguen siendo violent&iacute;simas, por eso hace tiempo que decid&iacute; dejar las redacciones. Se rigen por unas din&aacute;micas brutales y machistas que no tolero. Lleg&oacute; un momento que no me era posible aguantar la violencia constante, expl&iacute;cita y macho&rdquo;, afirma con contundencia.
    </p><p class="article-text">
        Al preguntarle si cree que en otros &aacute;mbitos de la sociedad s&iacute; ha habido cambios Fallar&aacute;s dice que no tantos, aunque se&ntilde;ala que en el mundo del cine s&iacute; ha habido un movimiento asociativo que ha elaborado protocolos de actuaci&oacute;n y denuncia, &ldquo;pero en el periodismo esto no ha calado, seguimos en el siglo XX, por no haber no hay ni comit&eacute;s de empresa&rdquo;, se&ntilde;ala. Luego apunta que los relatos de la cultura machista no han llegado por los medios, sino por las redes, &ldquo;unas redes que ahora los medios dicen que son dominadas por machos violentos de extrema derecha, cosa que no es cierta como bien han demostrado las mujeres&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Una visi&oacute;n sobre la profesi&oacute;n cr&iacute;tica pero tambi&eacute;n amarga. &ldquo;Qu&eacute; se puede esperar de una profesi&oacute;n que en sus primeros cuarenta a&ntilde;os de vida democr&aacute;tica hizo que Franco siguiera enterrado con honras de Estado, que el Rey siguiera en su trono robando, que las fosas estuvieran sin exhumar y la Iglesia Cat&oacute;lica sin admitir sus violaciones. Todo eso es una construcci&oacute;n del periodismo, un periodismo que va muy por detr&aacute;s de la sociedad, cuando nos echamos las manos a la cabeza porque los menores de 40 a&ntilde;os no se informan a trav&eacute;s de los medios, yo siempre pienso pero, &iquest;de qu&eacute; se van a informar?, &iquest;qu&eacute; les has dado t&uacute; m&aacute;s all&aacute; de falsedades?&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Las viejas rockeras del feminismo</h2><p class="article-text">
        En la obra el personaje habla de Ana y Laura, viejas feministas con las que se codeaba. Con ellas s&iacute; se pod&iacute;a hablar, no cund&iacute;a el drama como con las j&oacute;venes. Cuando el personaje es se&ntilde;alado sus amigas desaparecen. &ldquo;Me interesaba la percepci&oacute;n que tiene un hombre de las que ya somos viejas y, por lo tanto, podemos ser amigas. Cuando un hombre quiere ser aliado y llamarse feminista no se suele acercar a los movimientos de las j&oacute;venes, sino a las que ya somos bastante mayores&rdquo;, explica Fallar&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Es una parte que estuvo a punto de quitar: &ldquo;Era una parte jodida para m&iacute;, pero que he mantenido por honestidad, no colaba que estuviese con jovencitas, las j&oacute;venes son m&aacute;s duras, sin embargo, nosotras s&iacute; tenemos unas relaciones diferentes con ellos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No puede acusarse a esta periodista de haberse acobardado en su primer texto para el teatro. El texto concita innumerables controversias, pero tambi&eacute;n la capacidad de nombrar y definir. Valga una buena descripci&oacute;n de aliado: &ldquo;Nos ponemos la funda de macho. Sobre la funda de macho, yo me puse una funda de hembra. Sobre la funda de hembra que hay sobre la funda de macho, alguien te pone la capucha que te conduce al cadalso. Debajo, un ser humano tiembla. Yo mismo&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Caruana Húder]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/cristina-fallaras-estrena-diatriba-perro-obra-figura-aliado-feminista-acusado-abuso-sexual_1_13133078.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Apr 2026 20:18:54 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/5fdc680a-de7a-48d9-b706-17176c9a98cd_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140531.jpg" length="8017214" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/5fdc680a-de7a-48d9-b706-17176c9a98cd_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140531.jpg" type="image/jpeg" fileSize="8017214" width="5040" height="2835"/>
      <media:title><![CDATA[Cristina Fallarás estrena 'La diatriba del perro', una obra sobre la figura del aliado feminista acusado de abuso sexual]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/5fdc680a-de7a-48d9-b706-17176c9a98cd_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140531.jpg" width="5040" height="2835"/>
      <media:keywords><![CDATA[Artes escénicas,Monólogo,Abusos sexuales,Feminismo,Periodismo,Periodistas,Teatro]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ernesto Caballero adapta al intocable Ingmar Bergman en una obra con resultado agridulce]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/ernesto-caballero-adapta-intocable-ingmar-bergman-obra-resultado-agridulce_129_13124743.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7a1fe5cc-d132-4074-9ec6-2b6ab92ff69f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ernesto Caballero adapta al intocable Ingmar Bergman en una obra con resultado agridulce"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El dramaturgo y director de escena estrena con distinta suerte 'Tras el ensayo', una adaptación teatral de la película del director sueco
</p><p class="subtitle">Nao Albet y Marcel Borràs: “Queríamos aprovechar la excusa de la ópera para fumárnoslo todo y hacer lo que nos diese la gana”
</p></div><p class="article-text">
        La libertad de un director para adaptar los textos de otros autores debe ser total. Es m&aacute;s, poco sentido tiene el teatro que se quiere arqueol&oacute;gico. Primero, porque es misi&oacute;n imposible. No hay vasijas que recuperar y siempre es ilusorio creerse que uno est&aacute; viendo aquello que fue. En teatro solo existe el presente. Y segundo, porque la b&uacute;squeda de revivir el pasado es simplemente eso, una veleidad rom&aacute;ntica o una actividad evasiva. <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/ernesto-caballero-espana-sabemos-dialogo_1_4216362.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ernesto Caballero</a> ha llevado a escena<em>Tras el ensayo,</em> y lo ha hecho con esa voluntad de meterle mano, de acercar la creaci&oacute;n que realiz&oacute; <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/guion-autobiografico-ingmar-berman-rodo-resucita-convertido-serie_1_12353823.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ingmar Bergman</a> en 1984 para la televisi&oacute;n sueca. El resultado es agridulce.
    </p><p class="article-text">
        Bergman dejar&iacute;a el cine &mdash;aunque luego dirigir&iacute;a un buen pu&ntilde;ado de pel&iacute;culas para televisi&oacute;n&mdash; en 1982 con esa bestialidad llamada <em>Fanny y Alexander</em> que incluso dobleg&oacute; a los americanos y se llev&oacute; cuatro premios Oscar. Una pel&iacute;cula que justo termina con la abuela de Alexander leyendo una nueva pieza de teatro que ha llegado a sus manos, <em>El sue&ntilde;o</em> de August Strindberg. Alexander, trasiego de un joven Bergman de tan solo doce a&ntilde;os, escucha adormilado en sus rodillas. As&iacute; se despidi&oacute; del cine despu&eacute;s de casi cuarenta a&ntilde;os de carrera. Al mismo tiempo, Bergman estaba escribiendo esta pel&iacute;cula para la televisi&oacute;n (<em>Efter repenitionen</em>, se titula en el original) que estrenar&iacute;a en el 84 y en el que su alter ego (Erland Josephson) interpreta a un director afamado y ya mayor, Vogler, que est&aacute; dirigiendo esa misma pieza de Strindberg.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La trama ocurre tras un ensayo al &ldquo;calor especial, &iacute;ntimo, alentado por los rescoldos de recientes intensidades emocionales&rdquo; del espacio ya vac&iacute;o. All&iacute; llegar&aacute; Anna, joven actriz, hija de una antigua amante y tambi&eacute;n actriz del director, Rachel, que muri&oacute; presa de un proceso de alcohol y autodestrucci&oacute;n. La pel&iacute;cula es una declaraci&oacute;n de amor del sueco al teatro y a los actores.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ernesto Caballero comienza la obra con toda una declaraci&oacute;n de intenciones. En vez de comenzar con ese aire bergmaniano de ensue&ntilde;o decide realizar un ejercicio de metateatralidad tan de moda en el teatro actual. Vogler (Emilio Tom&eacute;) comienza con una acertada cita del libro de memorias del director sueco, <em>Linterna m&aacute;gica</em>. Ese momento en el que con doce a&ntilde;os descubre la magia del teatro justamente viendo entre cajas un montaje de <em>El sue&ntilde;o</em>. Pero luego, para situar la acci&oacute;n, dice que est&aacute; pensando en una nueva obra, exactamente la que vamos a ver.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5e4ff5e0-b4da-4d48-bde3-c48b99f7700b_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5e4ff5e0-b4da-4d48-bde3-c48b99f7700b_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5e4ff5e0-b4da-4d48-bde3-c48b99f7700b_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5e4ff5e0-b4da-4d48-bde3-c48b99f7700b_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5e4ff5e0-b4da-4d48-bde3-c48b99f7700b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5e4ff5e0-b4da-4d48-bde3-c48b99f7700b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/5e4ff5e0-b4da-4d48-bde3-c48b99f7700b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Momento de la representación de &#039;Tras el ensayo&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Momento de la representación de &#039;Tras el ensayo&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        La idea es buena, pertinente, incluso su ejecuci&oacute;n quiere realizarse al modo del Veronese de <em>Un</em> <em>Hombre que se ahoga</em> o como ya hiciera antes Louis Malle en esa enorme pel&iacute;cula titulada <em>Vania en la Calle 42,</em> donde se pasa de una supuesta realidad a la representaci&oacute;n de la pieza de manera org&aacute;nica, sin que uno note cuando el actor entra en personaje. No ocurre esa magia en el montaje. Lo representativo est&aacute; demasiado presente, desde el propio Vogler hasta la entrada en tromba de Rachel (Luc&iacute;a Quintana), esa actriz ya muerta, que en vez de como espectro entra un tanto desaforada y con una demasiado remarcada botella de licor entre manos.
    </p><p class="article-text">
        Las dos actrices, la propia Quintana, y la joven Elisa Hip&oacute;lito, que interpreta a Anna, son ambas hijas de actores, de Juan Antonio Quintana y de Carlos Hip&oacute;lito. Llevan en la sangre la misma herencia que sus personajes. Ah&iacute; la obra entra en uno de sus centros neur&aacute;lgicos: los entresijos emocionales de la vida interna del teatro, de sus actores y directores con sus miedos, sus manipulaciones y su entrega.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; la obra remonta a trav&eacute;s de las reflexiones sobre lo teatral, sobre el actor o sobre el papel de dirigir. Qu&eacute; bonitas son esas palabras de Bergman cuando dice: &ldquo;Un director debe aprender dos cosas. Primero, a escuchar. Y segundo, a mantener la boca cerrada. Los actores son artistas creativos, pero no siempre saben expresarse con palabras. Hay que escucharlos, tener paciencia y esperar. No puedes destrozar sus ideas solo porque, de entrada, suenen confusas o inciertas&rdquo;. Qu&eacute; lejos est&aacute; esa visi&oacute;n de la del director autoritario que hoy, lamentablemente, sigue existiendo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Alguien podr&iacute;a arg&uuml;ir que el reparto es demasiado joven. Que Emilio Tom&eacute; no tiene edad para representar el declive de Erland Josephson, ni Luc&iacute;a Quintana es la gran Ingrid Trulin. Elisa Hip&oacute;lito, sin embargo, si est&aacute; en la edad del papel de otra grande, Lena Maria Jonna Olin. Pero todo esto es seguir en la comparaci&oacute;n est&eacute;ril. Los tres actores son bien capaces de asentarse cada uno en su papel. M&aacute;s en&eacute;rgico Tom&eacute;, pero con la suficiente distancia. M&aacute;s dram&aacute;tica Quintana, pero con fuerza; y misteriosa y seductora Elisa Hip&oacute;lito que acomete su primer trabajo puramente teatral con solvencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La obra se estructura en tres actos, primero el encuentro con Anna. Segundo la aparici&oacute;n del espectro de Rachel que se hace carne en los recuerdos del director. Y tercero, la segunda acometida de Anna donde el director cae seducido, incapaz de no caer en brazos de una vida que ve florecer ante sus ojos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ef68942d-6945-41f0-a7bb-6202da206cb1_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ef68942d-6945-41f0-a7bb-6202da206cb1_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ef68942d-6945-41f0-a7bb-6202da206cb1_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ef68942d-6945-41f0-a7bb-6202da206cb1_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ef68942d-6945-41f0-a7bb-6202da206cb1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ef68942d-6945-41f0-a7bb-6202da206cb1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ef68942d-6945-41f0-a7bb-6202da206cb1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Ernesto Caballero junto a los actores en un ensayo de &#039;Tras el ensayo&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Ernesto Caballero junto a los actores en un ensayo de &#039;Tras el ensayo&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Caballero da una presencia mayor, m&aacute;s aut&oacute;noma, al papel de ambas mujeres, sobre todo a Rachel para quien a&ntilde;ade un ep&iacute;logo. Pero no todo funciona. Primero hay una escena para la galer&iacute;a que no se sabe bien qu&eacute; a&ntilde;ade y en la que Caballero hace a Luc&iacute;a Quintana interpretar un peque&ntilde;o texto de <em>Gritos y Susurros</em> bajo focos bien rojos, aquello de &ldquo;el dolor no se va nunca&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y, segundo, si bien es imposible la transposici&oacute;n del lenguaje del cine al teatro, Caballero no llega a dominar la mirada, el punto de vista. Y en los di&aacute;logos entre el director y las actrices convierte en ciertos momentos el asunto en escenas dram&aacute;ticas para el lucimiento interpretativo de las actrices que coger&aacute;n un mayor peso, s&iacute;, pero que terminan dislocando el punto de eje.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula de Bergman puede leerse toda ella como un sue&ntilde;o, como el sue&ntilde;o de un director en ese espacio vac&iacute;o donde se dej&oacute; la vida, incluso el sueco tiene la maestr&iacute;a de cuando entra Rachel en escena dejar a Anna presente, sentada y con los ojos cerrados, apoyando as&iacute; ese momento fantasmal donde recuerdo y realidad se juntan.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Ernesto Caballero tiene los arrestos de intentar no ser canónico con uno de los más grandes, y si bien no naufraga tampoco consigue enriquecer en demasía esta pieza</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Caballero, sin embargo, opta por las entradas y salidas de las actrices, por una versi&oacute;n m&aacute;s dram&aacute;tica y 'teatral'. Y si bien es capaz de trasladar la riqueza de ese mundo interior del teatro que Bergman puso en los di&aacute;logos, pierde esa otra dimensi&oacute;n especular. Algo que llega a cierto delirio en el ep&iacute;logo con m&uacute;sica de Abba (&iquest;ser&aacute; porque son suecos?). &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este director y autor madrile&ntilde;o tiene una de las carreras m&aacute;s largas de la escena. Una carrera sorprendente, capaz de lo mejor y lo peor. Sin remontarse muy lejos valgan los ejemplos de su montaje sobre <em>Ortega</em>, un desatino; y su m&aacute;s reciente <a href="https://www.eldiario.es/la-rioja/logrono/comedia-gramatica-maria-adanez-teatro-breton-sabado_1_12107013.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La Gram&aacute;tica</em></a> con Mar&iacute;a Ad&aacute;nez, una muy rese&ntilde;able comedia llena de saber teatral.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute;, en este montaje propuesto por el director del Teatro Espa&ntilde;ol, Eduardo Vasco, Caballero tiene los arrestos de intentar no ser can&oacute;nico con uno de los m&aacute;s grandes, y si bien no naufraga tampoco consigue enriquecer en demas&iacute;a esta pieza televisiva que en Europa (aqu&iacute; la mont&oacute; Emilio Guti&eacute;rrez Caba en 2017) se hace con asiduidad en los teatros. En 2012, por ejemplo, recorri&oacute; toda Europa un montaje de Ivo van Hove en programa doble junto a una versi&oacute;n teatral de <em>Persona</em>. Qu&eacute; pena que no pudi&eacute;ramos verla.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        C&oacute;mo hacer a Bergman hoy en d&iacute;a, esa una de las preguntas que plantea este montaje. La propuesta de Caballero da alguna pista, otras las hemos ido encontrando por el camino como aquel di&aacute;logo final de Ang&eacute;lica Liddell ante el ata&uacute;d del sueco en <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/angelica-liddell-desnuda-ultima-escena-damon-funeral-bergman-apunta-metamorfosis_129_11654020.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>D&Auml;MON. El funeral de Bergman</em></a><em>. </em>Y otras las indica el propio Bergman como en su despedida del cine, en <em>Fanny y Alexander</em>, cuando<em> </em>Elena (Gunn W&aring;llgren) lee aquellas palabras con las que comienza <em>El sue&ntilde;o</em> de Strindberg, aquellas que dicen: &ldquo;Todo puede ser, todo es posible e inusitado. El tiempo y el espacio no existen, sobre una d&eacute;bil trama de realidades la imaginaci&oacute;n teje y modela nuevas formas&hellip;&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Caruana Húder]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/ernesto-caballero-adapta-intocable-ingmar-bergman-obra-resultado-agridulce_129_13124743.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 Apr 2026 19:45:07 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/7a1fe5cc-d132-4074-9ec6-2b6ab92ff69f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="3357856" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/7a1fe5cc-d132-4074-9ec6-2b6ab92ff69f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="3357856" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Ernesto Caballero adapta al intocable Ingmar Bergman en una obra con resultado agridulce]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/7a1fe5cc-d132-4074-9ec6-2b6ab92ff69f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Teatro,Actores,Cineastas,Obras,Crítica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nao Albet y Marcel Borràs: “Queríamos aprovechar la excusa de la ópera para fumárnoslo todo y hacer lo que nos diese la gana”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/nao-albet-marcel-borras-queriamos-aprovechar-excusa-opera-fumarnoslo-diese-gana_1_13122461.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/682aa970-e521-47b3-90ea-8617c3531f6b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nao Albet y Marcel Borràs: “Queríamos aprovechar la excusa de la ópera para fumárnoslo todo y hacer lo que nos diese la gana”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los dos creadores catalanes estrenan su nuevo proyecto, “Los Estunmen”, una ópera sobre los especialistas de cine, en el Teatre Lliure
</p><p class="subtitle">Crítica - Josep María Pou es Roald Dahl en ‘Gigante’: ¿qué pasa cuando tu escritor favorito de la infancia es antisemita?</p></div><p class="article-text">
        Hablamos con Nao Albet (Barcelona, 1990) y Marcel Borr&agrave;s (Olot, 1989) el d&iacute;a en que todo comienza a materializarse. Por fin hoy pasan al escenario grande del Teatre Lliure, ya est&aacute;n montando la escenograf&iacute;a y podr&aacute;n o&iacute;r a la orquesta del Liceu y a los cantantes juntos. &ldquo;Es un subid&oacute;n, despu&eacute;s de dos a&ntilde;os, dos a&ntilde;os enteros de curro, ahora comenzamos a ver las piezas juntas&rdquo;, confiesa Albet a este peri&oacute;dico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El estreno de esta producci&oacute;n, auspiciada por el Teatro Real, ser&aacute; el 15 de este mes en el Teatre Lliure, coproductor catal&aacute;n junto al Liceu. La &oacute;pera, ya en junio, llegar&aacute; a los Teatros del Canal de Madrid con la Joven Orquesta Nacional de Espa&ntilde;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ocho actores, cinco cantantes de &oacute;pera, ocho especialistas, la Formaci&oacute; orquestral del Gran Teatre del Liceu, m&uacute;sica de Fernando Vel&aacute;zquez, escenograf&iacute;a de Max Gaenzel, vestuario de Delagneau y luces de Andreu Fabregas. Una gran producci&oacute;n, a medio camino entre la &oacute;pera y el teatro, para la que estos dos creadores de teatro se han centrado en la figura del estunmen, los especialistas del cine.
    </p><p class="article-text">
        Se esperan grandes piruetas, explosiones y toda la retranca pop y gamberra de estos dos creadores conocidos por trabajos como <em>Atraco, paliza y muerte en Agban&auml;spach</em> o <em>Mamm&oacute;n. </em>Aun as&iacute;, el giro no deja de sorprender.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute; una &oacute;pera?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Nao Albet:</strong> Era un reto. Marcel y yo tenemos una norma no escrita: siempre que empezamos un proyecto, intentar hacer algo que no sepamos. Luego al final tiramos de cosas que sabemos, pero la premisa es alejarnos de lo conocido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Marcel Borr&agrave;s:</strong> Adem&aacute;s, muchos directores que nos molan han dado ese salto y a nivel formal han podido plantear po&eacute;ticas diferentes. Me acuerdo de una &oacute;pera de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/rodrigo-garcia-teatro-idiota-bomba-relojeria-escenica_1_10241730.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Rodrigo Garc&iacute;a</a> en Alemania en la que sacaba un coche con cuatro ruedas gigantes, de esos de los shows americanos de los <em>Monstercars</em>. Aparec&iacute;a el coche con una cantante encima cantando, destrozando otros coches y generando un terror&nbsp;que el teatro no permite. Tambi&eacute;n creo que la desconexi&oacute;n entre la ficci&oacute;n y la parte musical al final te induce a hacer propuestas m&aacute;s formales y est&eacute;ticas.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/2750046f-b89d-4d90-be7d-11826728c8e2_source-aspect-ratio_default_1140183.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        <strong>N.A:</strong> Creo que tiene que ver con el concepto de lo sublime. El c&oacute;digo de la &oacute;pera es tan fuerte, te aleja tanto de la realidad, que te induce a llevar lo formal al extremo para llegar a esa sublimaci&oacute;n a trav&eacute;s del artificio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>M.B:</strong> Por ejemplo, las propuestas formales de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/romeo-castellucci-descubrir-verguenza-mirada-espectador-deber-teatro_128_8515847.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Romeo Castellucci</a> toman incluso m&aacute;s sentido en sus &oacute;peras, parecer&iacute;a en un punto que todo lo que hizo en el teatro era una preparaci&oacute;n para que lo que luego ha podido hacer en la &oacute;pera.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute; una &oacute;pera sobre los especialistas en el cine, los estunmen?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>M.B:</strong> Por un lado, porque nos fascinaba la esencia de su curro, el especialista es alguien que pone su vida en riesgo para recrear una ficci&oacute;n, es algo de medio zumbaos.&nbsp;Pero desde otra perspectiva, muy r&aacute;pido vimos que tambi&eacute;n hab&iacute;a algo que ten&iacute;a que ver con la figura del h&eacute;roe. Y juntamos esos dos mundos. E inmediatamente nos comenzamos a preguntar tambi&eacute;n no solo por la tradici&oacute;n del h&eacute;roe en la historia, sino en nuestra tradici&oacute;n m&aacute;s &iacute;ntima, &iquest;cu&aacute;les eran nuestros referentes? &iquest;Por qu&eacute; nos mola tanto las pel&iacute;culas de los noventa llenas de violencia? &iquest;Por qu&eacute; en nuestras obras de teatro siempre hay pistolas, peleas? &iquest;De d&oacute;nde nace esa pulsi&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y qu&eacute; razones os hab&eacute;is dado para explicar esa fascinaci&oacute;n?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>N.A:</strong> Hay una reflexi&oacute;n que aparece en el espect&aacute;culo que me parece bonita que dice algo as&iacute; como que el propio narrador, no ya el espectador, se excita cuando habla de violencia y el motivo es porque en &uacute;ltima instancia eso le lleva a una reflexi&oacute;n existencialista de ver que uno no es nada y que la vida se te puede ir de las manos en cualquier momento.
    </p><p class="article-text">
        <strong>M.B:</strong> Y en el espectador pasa otro tanto, la distancia que permite la ficci&oacute;n produce ese encantamiento. Est&aacute;s como seguro en la butaca y te puedes re&iacute;r o disfrutar de un dolor que sabes que no te est&aacute; pasando a ti, pero, en cambio, sabes, de un modo profundo e inconsciente, que tiene que ver contigo. Y ah&iacute; se crea una pulsi&oacute;n que tambi&eacute;n est&aacute; llena de cierto morbo. Es espectacular la cantidad de entradas en internet sobre la violencia. Una amiga m&iacute;a hizo una tesis doctoral sobre la cantidad de v&iacute;deos y de material de violencia que hay en Internet y&nbsp;supera con creces las que hay de porno.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; pelis os han marcado?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>N.A:</strong> Bueno, a nosotros ahora ya nos da un poco de verg&uuml;enza porque es muy <em>mainstream</em> y adem&aacute;s ahora ha parecido que es un gran capullo, pero Tarantino fue un gran referente cuando lo descubrimos con 13 a&ntilde;os. Aunque ahora&nbsp;est&aacute; hecho un capullo con sus cr&iacute;ticas a actores y su posici&oacute;n respecto a Israel&hellip;
    </p><p class="article-text">
        <strong>M.B:</strong> Al final es la representaci&oacute;n del c&iacute;nico. En la obra tambi&eacute;n indagamos sobre esa figura del c&iacute;nico, sobre c&oacute;mo tienes que ser para poder hablar de la violencia desde el disfrute, que es al final lo que hace &eacute;l. Es algo que hemos hecho nosotros tambi&eacute;n y que en este espect&aacute;culo nos ha pasado. Cuando Nao y yo ve&iacute;amos a los especialistas coreografiar una pelea super bien hecha nos mir&aacute;bamos super excitados.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>N.A:</strong> Tambi&eacute;n somos fans de gente que habla de la violencia de manera quiz&aacute; un poquito m&aacute;s intelectual, quiz&aacute; no tan espectacular, como <a href="https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/michael-haneke-palma-cannes-the_1_5114754.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Michael Haneke</a> o <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/pasolini-sigue-vivo-e-incomodo-50-anos-despues-muerte_1_12868145.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Pier Paolo Pasolini</a>. Pero es verdad que de adolescentes la pulsi&oacute;n, la fascinaci&oacute;n hacia este tipo de cine de acci&oacute;n estaba. Luego tambi&eacute;n est&aacute; <em>Oldboy</em> de Pak Chan-wook, que nos marc&oacute; much&iacute;simo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Habl&aacute;is del especialista de cine como h&eacute;roe, pero tambi&eacute;n el especialista est&aacute; condenado en cierto modo al anonimato, a que no se le vea ni la cara, &iquest;no?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>N.A:</strong> Cierto, y d&aacute;ndole vueltas a eso llegamos a una conclusi&oacute;n que&nbsp;quer&iacute;amos poner al estunmen en el centro y al cantante, que es el protagonista en la &oacute;pera, en segundo plano. Los momentos m&aacute;s &eacute;picos est&aacute;n protagonizados por los estunmen y quien le pone la voz l&iacute;rica, es decir los cantantes, est&aacute;n en segundo plano, en sombra.
    </p><p class="article-text">
        <strong>M.B:</strong> Al final los &uacute;nicos que tienen voz e interpelan directamente al espectador son los especialistas. Incluso nosotros dos, que interpretamos a unos pseudo poetas cl&aacute;sicos, no hablamos con el p&uacute;blico. La cuarta pared solo la rompen ellos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y ese segundo plano de los cantantes &iquest;no ha herido alguna susceptibilidad en un mundo tan particular c&oacute;mo es la &oacute;pera?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>N.A:</strong> A nosotros ya nos hab&iacute;a llegado eso y est&aacute;bamos un poco &ldquo;cagaos&rdquo;, pero luego ha sido muy f&aacute;cil. Creo que tambi&eacute;n tiene que ver con las generaciones. No contamos con ninguna vieja gloria.
    </p><p class="article-text">
        <strong>M.B:</strong> Ha sido un gustazo trabajar con ellos. Tambi&eacute;n creo que es un proyecto muy concreto. Y han entendido que no son los protas de la historia. Son una parte imprescindible, muy importante, pero han aprendido a estar en la sombra. Y al final es super bonito, es maravilloso el trabajo que hacen desde ah&iacute;, yo no puedo dejar de mirarles todo el rato.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los dos personajes que interpret&aacute;is vosotros, &iquest;qu&eacute; papel juegan dentro de la trama?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>M.B:</strong>&nbsp;Son dos tipos que la protagonista ha ido a buscar para que la ayuden y se convierten en dos deus ex-m&aacute;quina que van acompa&ntilde;ando a la protagonista durante todo el relato y reflexionan sobre lo que ocurre en escena...
    </p><p class="article-text">
        <strong>N.A:</strong> Son el <em>master of puppets</em> que va guiando a la protagonista y decidiendo el porvenir de la historia.
    </p><p class="article-text">
        <strong>M.B:</strong>&nbsp;Son alter egos nuestros, pero que acaban teniendo su propio viaje...&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>N.A:</strong> Tambi&eacute;n se les cae la ficha.&nbsp;Cuando empiezan est&aacute;n muy seguros, pero a medida que van intentando contar la historia tambi&eacute;n se ponen en crisis, terminan peor de lo que han empezado.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/393ff0a5-dc10-4e28-82d6-a808219bb8f0_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/393ff0a5-dc10-4e28-82d6-a808219bb8f0_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/393ff0a5-dc10-4e28-82d6-a808219bb8f0_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/393ff0a5-dc10-4e28-82d6-a808219bb8f0_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/393ff0a5-dc10-4e28-82d6-a808219bb8f0_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/393ff0a5-dc10-4e28-82d6-a808219bb8f0_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/393ff0a5-dc10-4e28-82d6-a808219bb8f0_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="La obra se estrena el 15 de abril en el Teatre Lliure y en junio desembarcará en Madrid."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La obra se estrena el 15 de abril en el Teatre Lliure y en junio desembarcará en Madrid.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>A parte de vosotros, los cantantes y los estunmen, en escena tambi&eacute;n est&aacute; una de las grandes actrices y performers de teatro catal&aacute;n, Nuria Lloansi, &iquest;qu&eacute; papel juega?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>N.A:</strong> Nuria es Evangelina, la protagonista. Es la excusa para hacer todo este viaje, ese despliegue de la tradici&oacute;n del h&eacute;roe. El hijo de Evangelina fallece de manera tr&aacute;gica y entonces ella comienza un viaje para entender por qu&eacute; su hijo se vio sumido en esa tragedia. Un viaje parecido al del h&eacute;roe. Evangelina se va encontrando con diferentes personajes, los estunmen, que le dan pistas o poderes como&nbsp;la astucia, la fuerza o el valor.
    </p><p class="article-text">
        <strong>M.B:</strong>&nbsp;Los estunmen tienen un papel que es casi sacro. Intentan ayudar a esta madre a entender algo muy profundo y doloroso. Son los h&eacute;roes del mundo contempor&aacute;neo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>N.A:</strong> Quer&iacute;amos aprovechar la excusa de que est&aacute;bamos haciendo una &oacute;pera para intentar escribir una tragedia m&aacute;s can&oacute;nica para luego darle la vuelta al estilo &ldquo;Nao Marcel&rdquo;: fum&aacute;rnoslo todo, arrugarlo y reinventarlo para as&iacute; poder hacer lo que nos diese la gana.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo hab&eacute;is manejado el c&oacute;digo m&aacute;s musical?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>M.B:</strong> El canto l&iacute;rico est&aacute; muy alejado de la verdad teatral que nosotros solemos trabajar. Es casi un artefacto que te puede expulsar. Al principio optamos por que el canto fuese en otro idioma, utilizar subtitulado y as&iacute; distanciarlo para poder vincularte mejor. Pero en un momento nos dijimos, &ldquo;qu&eacute; co&ntilde;o, vamos a escribirla en catal&aacute;n&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>N.A:</strong> Y la traduciremos al castellano cuando vayamos a Madrid. La idea es hacerlo en la lengua com&uacute;n de la ciudad donde estemos para que el espectador no se vea obligado a leer subt&iacute;tulos, aunque estar&aacute; subtitulado porque sabemos que es complejo a veces escuchar las letras cantadas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hab&eacute;is contado con Fernando Vel&aacute;zquez para la direcci&oacute;n musical. Un compositor de orquesta que tambi&eacute;n es conocido por sus bandas sonoras en cine (</strong><em><strong>El orfanato</strong></em><strong>) y sus incursiones en teatro (</strong><em><strong>El Golem</strong></em><strong>), &iquest;c&oacute;mo ha sido esa colaboraci&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>M.B: </strong>Fernando entr&oacute; muy al principio del proyecto. Era perfecto porque tambi&eacute;n entend&iacute;a perfectamente el c&oacute;digo del cine. Adem&aacute;s, ha sido muy generoso y nos ha dejado contribuir, proponer referentes e ideas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>N.A:</strong> Lo m&aacute;s dif&iacute;cil ha sido que entendiera la voluntad iconoclasta del proyecto, la voluntad de cambiar continuamente de c&oacute;digos, estilos y tonos. Una l&iacute;nea en la que Marcel seguimos siempre, somos los reyes de &ldquo;ahora una de tal y ahora una de cual&rdquo;. Pero al final lo convencimos de que esa locura era posible, que ten&iacute;a su l&oacute;gica, su coherencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Se esperan grandes explosiones y momentos espectaculares&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>N.A:</strong> No podemos contar, pero los habr&aacute;. Hemos contado con la participaci&oacute;n de In Extremis, que es una escuela y una empresa que hacen efectos especiales. Gracias a ellos hemos podido levantar esta producci&oacute;n tan ambiciosa porque los&nbsp;vuelos y las explosiones sin ellos hubieran sido imposible.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>M.B:</strong>&nbsp;La ambici&oacute;n era hacer un show de PortAventura, muy testoster&oacute;nico y reflexionar desde ah&iacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>En la anterior obra, </strong><em><strong>De Nao Albet y Marcel Borr&agrave;s</strong></em><strong>, jugabais con la idea de vuestra separaci&oacute;n, nada que ver, &iquest;no?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>N.A:</strong> Es curioso que incluso la gente que nos conoce mucho, aun as&iacute;, nos siga creyendo. Ya deber&iacute;ais haber entendido que no te f&iacute;es de Nau y Marcel. &iexcl;Era todo una puta mentira!&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>M.B:</strong>&nbsp;A m&iacute; me gusta insistir m&aacute;s en que era un momento real que atravesamos y que parti&oacute; de toda una serie de temas que nos atravesaban y que nos siguen atravesando. Conste. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Caruana Húder]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/nao-albet-marcel-borras-queriamos-aprovechar-excusa-opera-fumarnoslo-diese-gana_1_13122461.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Apr 2026 20:10:21 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/682aa970-e521-47b3-90ea-8617c3531f6b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="163528" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/682aa970-e521-47b3-90ea-8617c3531f6b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="163528" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Nao Albet y Marcel Borràs: “Queríamos aprovechar la excusa de la ópera para fumárnoslo todo y hacer lo que nos diese la gana”]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/682aa970-e521-47b3-90ea-8617c3531f6b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Teatro,Teatre Lliure,Artes escénicas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Malena Alterio y Carmen Ruiz brillan, pero no es suficiente, en 'La vida extraordinaria']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/malena-alterio-carmen-ruiz-brillan-no-suficiente-vida-extraordinaria_129_13109656.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/37836d9d-19db-4df8-9a5a-962d042bac42_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Malena Alterio y Carmen Ruiz brillan, pero no es suficiente, en &#039;La vida extraordinaria&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La esperada vuelta del autor y director argentino Mariano Tenconi, con una versión española de su afamada obra, se queda a medio camino entre España y Argentina
</p><p class="subtitle">'El desencanto', el reflejo en el cine de la miseria moral de la burguesía franquista
</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/nadie-duerma-taxi-driver-cani-extrarradio-madrileno-le-acaba-esperanza_1_10689061.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Malena Alterio</a> y Carmen Ruiz protagonizan la versi&oacute;n espa&ntilde;ola de&nbsp;<em>La vida extraordinaria,</em> de Mariano Tenconi. Una obra que aborda la vida de dos amigas en un teatro de gran carga literaria y actoral. A pesar de la entrega de las dos actrices, que en ciertos momentos brillan y se lucen, de un buen texto y de una cuidada producci&oacute;n, la obra no llega a explotar. Esta vez, el ida y vuelta entre el teatro argentino y espa&ntilde;ol, tan transitado y exitoso en otras ocasiones, no se dio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mariano Tenconi maravill&oacute; a propios y extra&ntilde;os hace dos a&ntilde;os con <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/cautivas-historia-amor-colona-francesa-siglo-xvii-india-pueblos-originarios_129_11288772.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Cautiva</em></a>. Una pieza bien &ldquo;localista&rdquo;, pero que volaba alto con dos grandes actrices porte&ntilde;as, Lorena Vega y Laura Paredes. Un trabajo que instaba a seguir conociendo el teatro de Tenconi. <em>La vida extraordinaria </em>era la oportunidad perfecta. Se estren&oacute; primero en Avil&eacute;s, y ahora ha llegado los Teatros del Canal de Madrid. Se trata de la versi&oacute;n espa&ntilde;ola de un trabajo anterior a <em>Cautiva</em> que, si bien se estren&oacute; hace 8 a&ntilde;os, hoy sigue en cartel en Buenos Aires. El montaje argentino supuso uno de los &eacute;xitos m&aacute;s sonoros del teatro porte&ntilde;o de los &uacute;ltimos tiempos.
    </p><p class="article-text">
        La obra cuenta la vida de dos amigas, desde su infancia hasta su muerte. Tenconi crea un universo propio para Aurora Alonso (Malena Alterio) y Blanca Sancho (Carmen Ruiz). Literalmente. La obra comienza con la creaci&oacute;n del mundo y acaba con la destrucci&oacute;n de La Tierra. Entre medias, veremos c&oacute;mo estas dos mujeres crecen, descubren y desean por primera vez, ven morir a sus seres queridos, enga&ntilde;an y son enga&ntilde;adas, fracasan y se levantan. Es decir, viven.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>La vida extraordinaria</em> est&aacute; dividida en dos partes y un ep&iacute;logo. La primera parte es la infancia y la juventud, el descubrimiento del deseo y de la muerte. La segunda es la llegada de la madurez, la rutina, el fracaso y el desenga&ntilde;o. Sus vidas podr&iacute;an ser las nuestras, donde todo es com&uacute;n, pero a la vez asombroso: el primer orgasmo, el primer hijo, la muerte de un padre&hellip; Un periplo para el que Tenconi despliega un amplio juego de g&eacute;neros literarios y teatrales. Desde el melodrama hasta el follet&iacute;n. Desde el g&eacute;nero epistolar al modo de Manuel Puig a la poes&iacute;a que unas veces suena a Borges y otras a Copi, como en el delirante poema en que Blanca se introduce el mundo por la vagina.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/60555d35-ead8-4407-9ff7-36f965832b98_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/60555d35-ead8-4407-9ff7-36f965832b98_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/60555d35-ead8-4407-9ff7-36f965832b98_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/60555d35-ead8-4407-9ff7-36f965832b98_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/60555d35-ead8-4407-9ff7-36f965832b98_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/60555d35-ead8-4407-9ff7-36f965832b98_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/60555d35-ead8-4407-9ff7-36f965832b98_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Malena Alterio, una de las protagonistas de &#039;La vida extraordinaria&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Malena Alterio, una de las protagonistas de &#039;La vida extraordinaria&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Tenconi consigue establecer un di&aacute;logo entre ficci&oacute;n y realidad bien atrayente, una reflexi&oacute;n profunda de que la vida es tambi&eacute;n c&oacute;mo nos la contamos, de que relato y realidad van siempre de la mano, que son indivisibles. El p&uacute;blico empatiza con esas dos mujeres, con esas dos vidas tan reconocibles, tan normales como extraordinarias. Todo est&aacute; contado con sensibilidad, con humor, siempre con amor hacia esos dos personajes zarandeados que aunque la vida las aleje no dejan de apoyarse la una en la otra.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para el viaje propuesto ambas actrices deben desplegar una infinidad de registros. Pasan del humor de vodevil al drama sentido, de la palabra po&eacute;tica al di&aacute;logo trepidante, de lo narrativo a la farsa. Alterio y Ruiz se entregan y en ciertos momentos brillan, como en el diario &iacute;ntimo de Aurora donde Alterio consigue coronar un in crescendo monumental nada f&aacute;cil actoralmente. Pero en otros momentos el asunto no funciona y se vislumbra una distancia entre lo propuesto y lo que pasa en escena.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y es que en ocasiones, cuando se traen creaciones del otro lado del Atl&aacute;ntico, por el camino se van perdiendo flecos que vac&iacute;an en exceso. El problema no radica en la adaptaci&oacute;n que se ha hecho para Espa&ntilde;a. Los dos personajes ya no viven en el fin del mundo, una de las &uacute;ltimas poblaciones al sur de Argentina, Ushuaia. Buenos Aires es sustituida por Madrid. Los nombres de las protagonistas pasan de remitir a dos de los personajes fundacionales de la literatura argentina&nbsp;(Fierro y Cruz de <em>Mart&iacute;n Fierro</em>), a los del Quijote de Cervantes (Sancho y Alonso). Pero esas traslaciones dan igual. Es m&aacute;s, ni suman ni restan. Son otros fardos los que se pierden por el camino.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La operaci&oacute;n para trasladar la obra ha sido realizada por una hist&oacute;rica de ese transitar entre Argentina y Espa&ntilde;a, Ana Jel&iacute;n de Producciones Teatrales Contempor&aacute;neas. Veterana y responsable de otras idas y venidas como las de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/inseguridad-precariedad-conversaciones-riders-pedido-pedido-contadas_1_11999936.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Claudio Tolcachir</a> y <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/insoportable-normalidad-palabra-david-foster-wallace_1_10670620.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Daniel Veronese</a>. La producci&oacute;n est&aacute; cuidada: dos buenas actrices, la musicalizaci&oacute;n con Jorge Naveros al piano y Diana Valencia al viol&iacute;n, y la voz&nbsp;de Alicia Borrachero que en off nos cuenta el origen del mundo (en la versi&oacute;n argentina era Cecilia Roth).&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/75a6f1f5-6ff7-41cd-8981-dad644c70761_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/75a6f1f5-6ff7-41cd-8981-dad644c70761_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/75a6f1f5-6ff7-41cd-8981-dad644c70761_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/75a6f1f5-6ff7-41cd-8981-dad644c70761_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/75a6f1f5-6ff7-41cd-8981-dad644c70761_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/75a6f1f5-6ff7-41cd-8981-dad644c70761_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/75a6f1f5-6ff7-41cd-8981-dad644c70761_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Carmen Ruiz y Malena Alterio, protagonistas absolutas de &#039;La vida extraordinaria&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Carmen Ruiz y Malena Alterio, protagonistas absolutas de &#039;La vida extraordinaria&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Pero el tropiezo del proyecto est&aacute; en las cualidades de la interpretaci&oacute;n. Argentina y Espa&ntilde;a a nivel interpretativo no est&aacute;n tan alejadas como hace 20 a&ntilde;os. La influencia de Argentina en la actuaci&oacute;n espa&ntilde;ola gracias a figuras como <a href="https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/relacion-exitosa_1_5564782.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Daulte</a>, Veronese, Tolcachir, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/pablo-messiez-cree-milagro-posible-teatro_129_9297490.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Messiez</a> u <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/fernanda-orazi-no-adapta-niebla-miguel-unamuno-piensa-teatro_129_13093815.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Orazi</a>, ha sido extensa y profunda. Pero sigue habiendo distancias que no se pueden transitar tan f&aacute;cil y menos en este proyecto que Tenconi escribi&oacute; ya pensando en dos grandes actrices de all&aacute;: Valeria Lois y Lorena Vega.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tenconi reuni&oacute; en 2018 para esta obra a dos de las grandes actrices de su generaci&oacute;n, dos actrices que si ahora son bien conocidas y queridas por el p&uacute;blico, comenzaron juntas creando una compa&ntilde;&iacute;a independiente del off bonaerense, Grupo Sangu&iacute;neo. Ese volver a estar juntas en un escenario estaba lleno de significados. Era ya en s&iacute; una fiesta y una reivindicaci&oacute;n: la capacidad de juego, el saber estar y no estar en el personaje al mismo tiempo&hellip; Verlas actuar era estar viendo buena parte de la historia de la actuaci&oacute;n del teatro argentino de los &uacute;ltimos lustros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No se trata de que all&aacute; sean mejores que ac&aacute; ni viceversa, sino de modos dis&iacute;miles de hacer y entender. En la actuaci&oacute;n, la transmisi&oacute;n entre actores a lo largo de los lustros es un r&iacute;o subterr&aacute;neo que va construyendo la escena. Y en este proyecto esto era fundamental. Eso en la versi&oacute;n espa&ntilde;ola se pierde y en ocasiones vemos a dos actrices que no llegan a lo que la escritura dram&aacute;tica est&aacute; proponiendo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El problema es la demasiado usual concepci&oacute;n del teatro a trav&eacute;s de las figuras del Director y el Autor.&nbsp;Una concepci&oacute;n muy siglo XX y que en este caso lastra. No es la primera vez que esto ocurre. En Espa&ntilde;a a lo largo de los a&ntilde;os se han dado estrenos de compa&ntilde;&iacute;as argentinas que han percutido muy fuerte en nuestra realidad esc&eacute;nica. Los ejemplos son muy numerosos: <em>La escala humana</em> de Tantanian, Daulte y Spregelburd en el 2001, <em>La muerte de Margarite Duras</em> con Pavlovsky dirigido por Veronese en 2002, <em>Un hombre que se ahoga</em> o <em>Esp&iacute;a a una mujer que se mata</em> del propio Veronese en 2007, <em>La omisi&oacute;n de la familia Coleman </em>de Tolcachir, o las pocas veces que hemos podido ver el gran teatro de <a href="https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/bartis-utiliza-indagar-identidad-argentina_1_5569050.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ricardo Bart&iacute;s</a>&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Todos ellos estrenos que pudieron venir a Espa&ntilde;a con su elenco original. Muchos se acuerdan, por ejemplo, del estreno de Veronese de <em>Mujeres so&ntilde;aron caballos </em>en Espa&ntilde;a<em>, </em>pero &iquest;qui&eacute;n se recuerda la versi&oacute;n espa&ntilde;ola que se mont&oacute; en el Centro Dram&aacute;tico Nacional de la misma obra?&nbsp;Y eso que contaba con Gin&eacute;s Garc&iacute;a Mill&aacute;n y Blanca Portillo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estas operaciones a veces consiguen tomar suelo, como la versi&oacute;n espa&ntilde;ola que se hizo de <em>Emilia</em>, de Claudio Tolcachir en la que estaba la propia Alterio. Pero, lamentablemente, intentar &ldquo;remontar&rdquo; con nuevos elencos un teatro muy anclado en la investigaci&oacute;n actoral y que conlleva procesos de investigaci&oacute;n largos es una operaci&oacute;n que a veces est&aacute; condenada a acabar en suced&aacute;neo. Y en <em>La vida extraordinaria</em>, a pesar de sus virtudes, esa distancia es demasiado patente.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Caruana Húder]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/malena-alterio-carmen-ruiz-brillan-no-suficiente-vida-extraordinaria_129_13109656.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 30 Mar 2026 20:07:14 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/37836d9d-19db-4df8-9a5a-962d042bac42_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="5659578" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/37836d9d-19db-4df8-9a5a-962d042bac42_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="5659578" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Malena Alterio y Carmen Ruiz brillan, pero no es suficiente, en 'La vida extraordinaria']]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/37836d9d-19db-4df8-9a5a-962d042bac42_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Teatro,Crítica,Matadero Madrid,Actrices,Argentina]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fernanda Orazi no adapta 'Niebla' de Miguel de Unamuno: la piensa desde el teatro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/fernanda-orazi-no-adapta-niebla-miguel-unamuno-piensa-teatro_129_13093815.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c26ddd46-9138-4a93-bfc3-81f630d43960_16-9-discover-aspect-ratio_default_1139382.jpg" width="5549" height="3121" alt="Fernanda Orazi no adapta &#039;Niebla&#039; de Miguel de Unamuno: la piensa desde el teatro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La directora argentina destila el pensamiento trágico del escritor del 98, con un impresionante Juan Paños en el papel protagonista</p><p class="subtitle">Elisa Coll, escritora: “La desobediencia es algo intrínsecamente queer”</p></div><p class="article-text">
        Es incre&iacute;ble c&oacute;mo irrumpe lo nuevo en el presente. Lo trastoca todo. Lo nuevo, palabras mayores. Y eso es <em>Niebla</em>, la obra que Fernanda Orazi y su troupe acaban de estrenar en la Nave 10 de Matadero Madrid. De la mano de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/hallazgo-cable-diplomatico-revela-mussolini-desprecio-poeta-e-inspirador-fascismo-d-annunzio-defensa-unamuno_1_12391808.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Miguel de Unamuno</a> y su famosa novela Orazi consigue, en un alarde de sincretismo entre su teatro y el pensamiento del vasco, dar a luz un teatro desconocido, innombrado. 
    </p><p class="article-text">
        La propuesta en un principio parece no distar mucho del anterior montaje, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/electra-pueblo_129_9864789.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Electra</em></a>, con el que Orazi gan&oacute; dos <a href="https://www.eldiario.es/temas/premios-max/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">premios Max</a>. Tampoco parece alejarse de la corriente teatral actual donde la metaficci&oacute;n y la metateatralidad predominan, ni de la revisi&oacute;n de la comedia actual donde a trav&eacute;s de este g&eacute;nero se escrutan nuevos modos de composici&oacute;n. Pero <em>Niebla</em> es otra cosa.
    </p><p class="article-text">
        Lo que no es <em>Niebla</em>, eso es seguro, es una adaptaci&oacute;n de la novela de Unamuno. No se nos quiere contar el libro, sino que la propuesta apuesta m&aacute;s alto: a vislumbrar los hilos, de tan tensos invisibles, que sustentan la creaci&oacute;n del vizca&iacute;no. Lo bueno de Orazi es que se trajo bajo el brazo una consigna del teatro porte&ntilde;o que todav&iacute;a no tenemos clara en este pa&iacute;s: el teatro lo abarca todo, pero solo puede pensarse desde el teatro. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/04bd09be-d356-4280-82c0-e3a1b5680801_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/04bd09be-d356-4280-82c0-e3a1b5680801_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/04bd09be-d356-4280-82c0-e3a1b5680801_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/04bd09be-d356-4280-82c0-e3a1b5680801_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/04bd09be-d356-4280-82c0-e3a1b5680801_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/04bd09be-d356-4280-82c0-e3a1b5680801_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/04bd09be-d356-4280-82c0-e3a1b5680801_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="&#039;Niebla&#039; de Fernanda Orazi"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                &#039;Niebla&#039; de Fernanda Orazi                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        As&iacute;, el texto, siguiendo ese principio, est&aacute; pensado por completo para la escena, lleno de juego teatral. Pero lo extraordinario es que al mismo tiempo que Orazi es capaz de dotar el montaje de ese juego esc&eacute;nico del que ya ha hecho gala en otras ocasiones, por detr&aacute;s, hay un trabajo inmenso capaz de desollar la palabra literaria del vasco hasta que se huele el hueso de su pensamiento. 
    </p><h2 class="article-text">Metaficci&oacute;n existencial</h2><p class="article-text">
        La novela de Unamuno, escrita en 1907, es el comienzo de la metaficci&oacute;n contempor&aacute;nea en la literatura moderna europea y el primer aldabonazo existencialista del siglo XX. <em>Niebla</em> cuenta la historia de Augusto, un joven espa&ntilde;ol que no sabe c&oacute;mo vivir ni amar, que descubre que es un ente de ficci&oacute;n y que acaba hablando con el propio Unamuno de su derecho a suicidarse. Algo que el autor le niega, mostrando mediante este ejercicio de metaficci&oacute;n la angustia del hombre ante la certeza de no ser due&ntilde;o de su vida, de una vida que es una niebla difusa, un sue&ntilde;o en el que el ser humano lucha entre lo que le dice su raz&oacute;n, que es mortal, y su voluntad de trascendencia. Puro Unamuno.
    </p><p class="article-text">
        Pero Orazi, para acometer su misi&oacute;n hace desaparecer muchas cosas. Desaparece el contexto hist&oacute;rico, la peque&ntilde;a ciudad de provincias del norte con su casino y su cierzo, los personajes que van asaltando las vicisitudes de Augusto, las clases sociales, las teor&iacute;as pol&iacute;ticas, los 'ismos' del siglo XX, el drama de honor &mdash;tan espa&ntilde;ol&mdash;, e incluso la propia intervenci&oacute;n de Unamuno, el autor, como personaje en la novela&hellip; Y entonces, podr&iacute;a preguntarse uno, &iquest;qu&eacute; queda?, &iquest;qu&eacute; aparece? 
    </p><p class="article-text">
        Aparece Augusto. Un Augusto metaf&iacute;sico y existencial hasta los huesos. Augusto se pondr&aacute; unos peque&ntilde;os zapatos y ah&iacute; nacer&aacute; su personaje. Al contrario que Unamuno, en el que su personaje es hacedor de un pasado, este Augusto nace ah&iacute; mismo, con todos los atributos de lo humano pero sin pasado, sin conocimiento de la vida. <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/vida-sueno-propuesta-disfrutona-filosofica_129_9799634.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Un Segismundo</a> que nace libre de cautiverio.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a308e605-3fe8-470c-b07c-c520a840d9d8_16-9-aspect-ratio_50p_1139374.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a308e605-3fe8-470c-b07c-c520a840d9d8_16-9-aspect-ratio_50p_1139374.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a308e605-3fe8-470c-b07c-c520a840d9d8_16-9-aspect-ratio_75p_1139374.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a308e605-3fe8-470c-b07c-c520a840d9d8_16-9-aspect-ratio_75p_1139374.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a308e605-3fe8-470c-b07c-c520a840d9d8_16-9-aspect-ratio_default_1139374.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a308e605-3fe8-470c-b07c-c520a840d9d8_16-9-aspect-ratio_default_1139374.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/a308e605-3fe8-470c-b07c-c520a840d9d8_16-9-aspect-ratio_default_1139374.jpg"
                    alt="El actor Juan Paños en &#039;Niebla&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El actor Juan Paños en &#039;Niebla&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Aqu&iacute; hay que hacer un aparte. Augusto en Juan Pa&ntilde;os. Pa&ntilde;os ya lleva una carrera amplia aunque roce la treintena. Sus &uacute;ltimos trabajos con <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/juan-mayorga-estrena-maria-luisa-libertad-deseo-mayores_1_10140043.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Juan Mayorga</a>, Luis Sorolla o Miguel del Arco dan buena cuenta de ello. Pero vayan a verlo, lo que hace en <em>Niebla</em> es de otro mundo. Es dificil&iacute;simo hacer que nazca ese Augusto de la nada, tan inocente como desvalido, tan humano, tan desprovisto de todo y conseguir hacerlo cre&iacute;ble, de carne y hueso. Parece Pa&ntilde;os la encarnaci&oacute;n de aquella pieza imposible de Federico Garc&iacute;a Lorca, <em>El paseo de Buster Keaton.</em> Pa&ntilde;os es un peque&ntilde;o ni&ntilde;o con alma de clown serio que como aquel Keaton desear&aacute; y pecar&aacute;, sufrir&aacute; y se enfrentar&aacute; a la muerte. 
    </p><p class="article-text">
        Acompa&ntilde;a a Pa&ntilde;os en este viaje su amigo V&iacute;ctor (Pablo Montes) y Javier Ballesteros que interpretar&aacute; al perro de Augusto que lleva por nombre el revelador Orfeo. Orfeo es con quien Augusto calma su alma, pero en este montaje se convierte en un Virgilio que acompa&ntilde;a a su amo por los anillos de la vida, es quien le va contando lo que ve, quien le ense&ntilde;a el mundo. Mitad Virgilio, mitad Sancho. Javier Ballesteros consigue darle al personaje una distancia abisal, tan triste como hilarante. Es un hallazgo ese rescate del peque&ntilde;o animal. Algo, por otro lado, m&aacute;s que justificado. Unamuno en la propia novela &mdash;o <em>nivola,</em> como la llamaba&mdash; hace que el perro al final cobre vida como personaje d&aacute;ndole voz en un ep&iacute;logo impresionante del que Orazi rescata alg&uacute;n fragmento.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/59eeb9d0-b39b-445d-8b01-cac938c10404_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/59eeb9d0-b39b-445d-8b01-cac938c10404_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/59eeb9d0-b39b-445d-8b01-cac938c10404_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/59eeb9d0-b39b-445d-8b01-cac938c10404_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/59eeb9d0-b39b-445d-8b01-cac938c10404_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/59eeb9d0-b39b-445d-8b01-cac938c10404_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/59eeb9d0-b39b-445d-8b01-cac938c10404_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="El elenco de &#039;Niebla&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El elenco de &#039;Niebla&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        As&iacute; Augusto ir&aacute; transitando por ese espacio, ese peque&ntilde;o teatro en el que se enfrentar&aacute; al amor y el desenga&ntilde;o a trav&eacute;s de dos mujeres, Eugenia (Leticia Etala) y Rosario (Carmen Angulo). Ambas estupendas. La obra centra su visi&oacute;n, no en el matrimonio y la paternidad como hace Unamuno para auscultar el destino del &ldquo;hombre&rdquo; en el mundo. Sino en esa tercera pata que tambi&eacute;n aborda Unamuno: la otredad, el otro. En este caso, la mujer. Augusto quiere amar, pero tambi&eacute;n poseer. Surge as&iacute; la crueldad y la culpa que laceran la inocencia del h&eacute;roe y abren un interesante debate sobre lo masculino. 
    </p><h2 class="article-text">Vanguardia e iberismo tr&aacute;gico</h2><p class="article-text">
        No es fortuita la cita anterior a Garc&iacute;a Lorca. Porque el dispositivo ideado por Orazi para la pieza bebe de ese otro teatro, de este antiteatro de Pirandello, de un teatro formal y vanguardista, pero enraizado en las artes teatrales m&aacute;s viejas, como hiciera el italiano con el teatro siciliano o el granadino con el de cachiporras. Orazi trabaja con la pantomima y con el clown m&aacute;s beckettiano para 'representar' el mundo y la vida de Augusto. 
    </p><p class="article-text">
        La actuaci&oacute;n &mdash;donde todos los int&eacute;rpretes tocan la misma partitura&mdash; y el uso del espacio y el tiempo consiguen extra&ntilde;ar el plano de realidad hasta lindar con el surrealismo. Algo que se enfatiza con un gui&ntilde;o a Ren&eacute; Magritte (un decorado con unas peque&ntilde;as nubes) y con el vestuario ideado por Cecilia Molano, de corte recto, geom&eacute;trico.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3a2483cd-9d2a-402b-b4a0-1e1507b1abf0_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3a2483cd-9d2a-402b-b4a0-1e1507b1abf0_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3a2483cd-9d2a-402b-b4a0-1e1507b1abf0_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3a2483cd-9d2a-402b-b4a0-1e1507b1abf0_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3a2483cd-9d2a-402b-b4a0-1e1507b1abf0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3a2483cd-9d2a-402b-b4a0-1e1507b1abf0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/3a2483cd-9d2a-402b-b4a0-1e1507b1abf0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="&#039;Niebla&#039;, de Fernanda Orazi"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                &#039;Niebla&#039;, de Fernanda Orazi                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        No estamos acostumbrados hoy a propuestas tan formales. Es m&aacute;s, en un momento la obra corre el riesgo de caer en lo formalista, de quedarse embelesado en ese propio juego. Pero consigue remontarlo gracias a un gran final y a un gran dominio del tiempo teatral. La obra va, poco a poco, en ese viaje formal, pasando de un tiempo que est&aacute; en funci&oacute;n del juego propuesto a otro tiempo, a un tiempo que presagia la tragedia humana, la muerte por venir, un tiempo de espera irreversible. Algo casi imperceptible, que Orazi tripula con firmeza y que consigue ir aloj&aacute;ndose en los espectadores. El dominio de los tiempos en una obra de teatro es quiz&aacute; la quintaesencia de lo teatral. Y quiz&aacute; lo m&aacute;s dif&iacute;cil de alcanzar.
    </p><p class="article-text">
        A trav&eacute;s de ese tiempo se deviene el final de la obra. En ese final reinar&aacute; Unamuno. Un final netamente existencialista donde emerger&aacute; la otra gran pata de esta obra, el pensamiento ib&eacute;rico. Un pensamiento tan mesetario como tel&uacute;rico, tan religioso como tr&aacute;gico. A Augusto le abandona la vida. Un peque&ntilde;o olivo presidir&aacute; la escena, signo polis&eacute;mico de Iberia, de ese &aacute;rbol de la ciencia de Baroja que remite a lo b&iacute;blico. Pa&ntilde;os se agarrar&aacute; a una maletita como Machado en su <em>Autorretrato</em> e incluso resonar&aacute;n Berlanga y Azcona en ese momento en que uno se encamina arrastrado como en <em>El verdugo</em> a lo desconocido. 
    </p><p class="article-text">
        Es incre&iacute;ble, o no tanto, que haya sido una argentina la responsable de echar luz sobre esos pilares dormidos que sustentan el pensamiento ib&eacute;rico, de Unamuno al portugu&eacute;s Miguel Torga, de Machado a Pessoa. Un pensamiento que hoy parece tan diluido en esta sociedad que dicen fluida donde alguien crey&oacute; que el sentimiento tr&aacute;gico de la vida se pod&iacute;a abolir. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Caruana Húder]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/fernanda-orazi-no-adapta-niebla-miguel-unamuno-piensa-teatro_129_13093815.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 24 Mar 2026 20:59:35 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/c26ddd46-9138-4a93-bfc3-81f630d43960_16-9-discover-aspect-ratio_default_1139382.jpg" length="19303117" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/c26ddd46-9138-4a93-bfc3-81f630d43960_16-9-discover-aspect-ratio_default_1139382.jpg" type="image/jpeg" fileSize="19303117" width="5549" height="3121"/>
      <media:title><![CDATA[Fernanda Orazi no adapta 'Niebla' de Miguel de Unamuno: la piensa desde el teatro]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/c26ddd46-9138-4a93-bfc3-81f630d43960_16-9-discover-aspect-ratio_default_1139382.jpg" width="5549" height="3121"/>
      <media:keywords><![CDATA[Artes escénicas,Miguel de Unamuno]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Elisa Coll, escritora: “La desobediencia es algo intrínsecamente queer”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/elisa-coll-escritora-hay-personas-lgtb-votan-derecha-creen-estaran-salvo-agua-llegue-cuello_128_13082140.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e1029dc9-249d-490e-ac49-015839dd0a33_16-9-discover-aspect-ratio_default_1139076.jpg" width="4000" height="2250" alt="Elisa Coll, escritora: “La desobediencia es algo intrínsecamente queer”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La también ensayista ha publicado 'Gloria', el libro de la obra que la está llevando por teatros de toda España, para reflexionar sobre cómo se instauran en la infancia los miedos y la obediencia</p><p class="subtitle">Pedro Almodóvar: “Me queda menos tiempo, por eso tengo una necesidad casi histérica de dirigir”</p></div><p class="article-text">
        La funci&oacute;n est&aacute; a reventar, ni una butaca libre. Y ya van m&aacute;s de una docena de funciones en el Teatro del Barrio. Funciones espaciadas en el tiempo donde el boca a boca no deja de funcionar. Adem&aacute;s, despu&eacute;s de la funci&oacute;n hay charla, pues <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/vinimos-tarde-futuro-hacerse-mayor-amigas-viviendo-juntas_1_10771770.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Elisa Coll</a> presenta el libro reci&eacute;n salido del horno de la Editorial Continta Me Tienes. Coll es conocida por novelas como <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/vinimos-tarde-futuro-hacerse-mayor-amigas-viviendo-juntas_1_10771770.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Nosotras vinimos tarde</em></a><em> </em>(2023) o ensayos como <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/resistencia-bisexual-no-concibe_1_7178526.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Resistencia bisexual</em></a><em> </em>(2021). Ahora, se ha pasado al teatro. Llega tarde, con el s&iacute;ndrome de impostora a cuestas, pero llena de humor y disidencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo primero que llama la atenci&oacute;n es precisamente el p&uacute;blico. Una breve mirada sirve para darse cuenta de que los hombres cis hetero lo llevan claro si pretenden seguir manteniendo una posici&oacute;n predominante. Esta ya no es su (nuestra) &eacute;poca. La funci&oacute;n va como un tiro. <em>Gloria</em> cuenta la historia de una ni&ntilde;a de siete a&ntilde;os que pasa el d&iacute;a en casa de su abuela bien cat&oacute;lica y chapada a la antigua. Una ni&ntilde;a a la que dejaron viendo <em>Chucky, el mu&ntilde;eco diab&oacute;lico</em> creyendo que era <em>Sonrisas y L&aacute;grimas</em>. Cuando esa ni&ntilde;a busc&oacute; asustad&iacute;sima a su abuela en la cocina, la respuesta fue que no dijera tonter&iacute;as y volviese a verla. Ella obedeci&oacute; y se la vio enterita.
    </p><p class="article-text">
        Cuenta Elisa que se pas&oacute; muchos a&ntilde;os pensando que ten&iacute;a miedo a algo que a nadie le daba miedo. &ldquo;Sal&iacute; antes del armario&hellip; &iexcl;como bisexual! Y ya sab&eacute;is cu&aacute;nto tiempo tardamos las personas bis en salir del armario&rdquo;, dice Coll en escena, provocando la risa del respetable. Pero en <em>Gloria</em> pasan muchas cosas m&aacute;s. En esta pieza que bordea el &ldquo;stand-up comedy&rdquo; para luego hincar el diente a la autoficci&oacute;n y el drama, Coll habla de c&oacute;mo se instauran en la infancia los miedos y la obediencia, unas veces a hostias, otras con estrategia institucionalizada y otras incluso mediante el afecto. Y habla tambi&eacute;n del v&eacute;rtigo a la desobediencia y de la euforia a atreverse.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/dab14116-e351-479e-84f9-2cc851ce534d_16-9-aspect-ratio_50p_1139036.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/dab14116-e351-479e-84f9-2cc851ce534d_16-9-aspect-ratio_50p_1139036.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/dab14116-e351-479e-84f9-2cc851ce534d_16-9-aspect-ratio_75p_1139036.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/dab14116-e351-479e-84f9-2cc851ce534d_16-9-aspect-ratio_75p_1139036.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/dab14116-e351-479e-84f9-2cc851ce534d_16-9-aspect-ratio_default_1139036.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/dab14116-e351-479e-84f9-2cc851ce534d_16-9-aspect-ratio_default_1139036.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/dab14116-e351-479e-84f9-2cc851ce534d_16-9-aspect-ratio_default_1139036.jpg"
                    alt="La escritora Elisa Coll"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La escritora Elisa Coll                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Coll sigue de gira con el <em>Gloria</em>, el 26 de marzo estar&aacute; en Mieres, el 18 de abril en Pamplona y el 16 de mayo volver&aacute; al Teatro del Barrio. Adem&aacute;s, este mismo viernes, en Barcelona, junto a la analista cultural Estela Ortiz, presentar&aacute; el libro en la librer&iacute;a Crisi. En la charla tras la funci&oacute;n, que realiz&oacute; junto a la m&uacute;sico Xerach, el escritor Daniel Valero y la periodista Noem&iacute; L&oacute;pez Trujillo, se present&oacute; <em>Gloria</em>, un libro que, aparte del texto esc&eacute;nico, contiene un diario de creaci&oacute;n donde la autora desgrana los altibajos del proceso, las autoras donde encontr&oacute; ayuda, la lucha por vencer el miedo al escenario y el amor de alguien que abandon&oacute; el teatro hace a&ntilde;os y ahora ha tenido el valor de reconquistar ese espacio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Dice en el libro que no quer&iacute;a hacer un espect&aacute;culo de</strong> &ldquo;<strong>stand-up comedy&rdquo;, sino de teatro. &iquest;Cree que lo ha conseguido?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Creo que s&iacute;, al final lo que la gente se lleva de la obra son los momentos m&aacute;s emocionantes, pero para que t&uacute; te puedas llevar eso y puedas hablar de ello desde un lugar que no sea una gran herida, sino desde un lugar m&aacute;s tranquilo, es necesaria la comedia. Para m&iacute; las partes de stand-up de <em>Gloria</em> lo que hacen es preparar el terreno para las partes m&aacute;s duras y ser tambi&eacute;n la rampa de salida de esas partes m&aacute;s oscuras.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En el diario de creaci&oacute;n del libro habla de una influencia central, la actriz Phoebe Waller-Bridge. &iquest;Por qu&eacute; le gusta tanto?&nbsp;</strong>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/2179d896-5272-4e7e-9d39-606719573d6b_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Por c&oacute;mo juega con la comedia y con el drama, es brillante. Tiene una frase que dice algo as&iacute; como que cuando el p&uacute;blico se r&iacute;e te est&aacute; dando un poco su coraz&oacute;n y te est&aacute; pidiendo que se lo rompas. Esta es la m&aacute;xima que yo tambi&eacute;n he seguido. La admiro mucho. Para hacer <em>Gloria</em> me vi veinte veces su mon&oacute;logo <em>Fleabag</em>, precisamente para aprender c&oacute;mo hac&iacute;a estas transiciones, ese vaiv&eacute;n emocional entre re&iacute;r y sufrir. No es f&aacute;cil conseguir esas subidas y bajadas. Tambi&eacute;n he aprendido de ella a no tener miedo a la fealdad, su trabajo gira mucho en torno a abrazar la miseria, mostrarla, re&iacute;rse de ella y abrazarla.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En </strong><em><strong>Gloria</strong></em><strong> est&aacute; esa capacidad de contar desde lo &iacute;ntimo, de ser imp&uacute;dica&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Creo que la raz&oacute;n por la que nos cuesta hablar de ciertos temas es porque seguimos arrastrando unas nociones muy arcaicas de qu&eacute; pertenece a la conversaci&oacute;n p&uacute;blica y qu&eacute; pertenece a la conversaci&oacute;n privada. Seguimos con la idea de que los trapos sucios se lavan en casa. De la familia no se puede hablar en el &aacute;mbito p&uacute;blico. Algo que ya hemos desmontado, por ejemplo, con la pareja u otros temas. Y a m&iacute; me alegra ver que hay autoras, entre las que me uno, que decimos que de estos temas tambi&eacute;n hay que hablar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Uno de los temas de </strong><em><strong>Gloria</strong></em><strong> es el miedo, c&oacute;mo opera en la infancia y c&oacute;mo luego afecta al desarrollo posterior de la persona&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, lo es, pero tambi&eacute;n la desobediencia. Son cosas que son intr&iacute;nsecas tanto en el plano familiar como el institucional, educativo o social.&nbsp;Todas estas instituciones est&aacute;n basadas en la premisa de la obediencia, una obediencia que es bondad. La gloria es el premio por haber sido buena. Y claro, desobedecer conlleva un castigo. Por eso hay tanto miedo cuando pensamos en desobedecer. En <em>Gloria</em> se defiende que ese miedo merece la pena atravesarlo. La obra aborda la desobediencia, pero tambi&eacute;n la euforia cuando has conseguido reunir el coraje suficiente para atravesar ese miedo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Nuestra mera existencia, la de las personas que pertenecemos al colectivo LGTBIQ+, conlleva la desobediencia al no seguir la norma no escrita de cómo tienes que ser y vivir.</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Elisa Coll</span>
                                        <span>—</span> Escritora
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;La desobediencia es algo intr&iacute;nseco a la bisexualidad y lo queer?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Nuestra mera existencia, la de las personas que pertenecemos al colectivo LGTBIQ+,&nbsp;conlleva la desobediencia al no seguir la norma no escrita de c&oacute;mo tienes que ser y vivir. La desobediencia se convierte en una estrategia de supervivencia. Pero yo pienso lo queer como algo m&aacute;s amplio, m&aacute;s all&aacute; de lo LGTBIQ+, porque hay personas dentro del colectivo que eligen la obediencia, que eligen votar a la derecha, que eligen una vida normativa porque creen que as&iacute; estar&aacute;n a salvo cuando el agua nos llegue al cuello. Por el contrario, hay personas que no pertenecen a este colectivo, pero que deciden llevar vidas queer. La desobediencia me parece algo intr&iacute;nsecamente queer.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;En su vida a qu&eacute; ha tenido que desobedecer?</strong>
    </p><p class="article-text">
        A las expectativas que hab&iacute;a puesta sobre la persona que deb&iacute;a ser. Y esto se puede aplicar a un mont&oacute;n de cosas, como a permitirse hablar de temas politizados. Me da rabia que posicionarse pol&iacute;ticamente contra estructuras opresivas, ya sea el machismo, el racismo, la LGTBIfobia, el genocidio en Palestina o las pol&iacute;ticas fascistas que est&aacute;n ahora acampando a sus anchas sean desobediencias. Deber&iacute;an ser el m&iacute;nimo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En la obra se habla del presente como una &eacute;poca donde hay muchos peligros. &iquest;Qu&eacute; es lo que m&aacute;s le preocupa?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Me preocupan tantas cosas... Me preocupa que si la ultraderecha fascista sigue avanzando a este paso, empecemos a pensar que no merece la pena plantarles cara. Creo que ah&iacute; s&iacute; que estamos perdidas. <em>Gloria</em> la escrib&iacute; hace dos a&ntilde;os. Ahora, cuando estoy actuando, en ciertos momentos se me ponen los pelos de punta. El panorama durante estos dos a&ntilde;os se ha ido haciendo cada vez m&aacute;s crudo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/844d20d0-517c-43b4-86e2-d9dfa32304c8_16-9-aspect-ratio_50p_1139038.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/844d20d0-517c-43b4-86e2-d9dfa32304c8_16-9-aspect-ratio_50p_1139038.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/844d20d0-517c-43b4-86e2-d9dfa32304c8_16-9-aspect-ratio_75p_1139038.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/844d20d0-517c-43b4-86e2-d9dfa32304c8_16-9-aspect-ratio_75p_1139038.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/844d20d0-517c-43b4-86e2-d9dfa32304c8_16-9-aspect-ratio_default_1139038.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/844d20d0-517c-43b4-86e2-d9dfa32304c8_16-9-aspect-ratio_default_1139038.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/844d20d0-517c-43b4-86e2-d9dfa32304c8_16-9-aspect-ratio_default_1139038.jpg"
                    alt="Elisa Coll en la obra &#039;Gloria&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Elisa Coll en la obra &#039;Gloria&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>Una parte importante del libro es el diario de creaci&oacute;n, &iquest;por qu&eacute; decidi&oacute; compartir ese proceso?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es importante que las personas que nos dedicamos a cualquier &aacute;mbito art&iacute;stico compartamos los procesos creativos. Estamos muy acostumbradas a ver solo el resultado final de las cosas, y eso nos puede llevar a pensar que todo se debe a la brillantez de quien lo ha hecho. No importa que te hayas estado dando cabezazos contra la pared para sacarlo adelante. A m&iacute; me sirve much&iacute;simo leer los procesos creativos de otras autoras porque eso acerca y ayuda a pensar que uno tambi&eacute;n es capaz, y al mismo tiempo aleja la idea de romantizar al individuo como genio, que es una cosa muy patriarcal y muy normativa.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>El poeta &Aacute;ngelo Nestore ha escrito un pr&oacute;logo muy preciso y pertinente con frases como &ldquo;</strong><em><strong>Gloria </strong></em><strong>es una obra sobre c&oacute;mo se aprende a obedecer y sobre c&oacute;mo la obediencia se confunde con el amor&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Estoy muy agradecida, se&ntilde;ala muchas cosas que sobrevuelan el texto. Por ejemplo, lo que significa el &aacute;mbito esc&eacute;nico para las personas queer. Me sent&iacute; muy reconocida. Ten&iacute;a un mont&oacute;n de dudas sobre subirme a un escenario, sent&iacute;a que era muy mayor para retomar el teatro y estaba aterrorizada. El miedo es una cosa que te hace sentir muy sola. Luego te das cuenta de que en realidad subirte a un escenario es un acto bastante queer. Creo que para cualquier persona que no se ha sentido vista o que ha sentido que no ha tenido un lugar, el escenario en todas sus posibilidades, el drag, la m&uacute;sica o el teatro, es un lugar donde probar para hacer algo nuevo, algo que probablemente tenga m&aacute;s que ver con qui&eacute;n eres que cuando luego te bajas y sigues con tu vida.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En escena lee un poema de Gloria Fuertes que bien podr&iacute;a ser el coraz&oacute;n de esta pieza. Dice: &ldquo;Me dijeron: / O te subes al carro / o tendr&aacute;s que empujarlo / Ni me sub&iacute; ni lo empuje / Me sent&eacute; en la cuneta / y alrededor de m&iacute;, a su debido tiempo, / brotaron las amapolas&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ese poema para m&iacute; encapsula de una manera preciosa uno de los mensajes de la obra: la defensa por llegar tarde a los sitios. Si yo hubiera llegado antes al teatro, <em>Gloria</em> no habr&iacute;a existido. Si Malvina Reynolds, la cantante de folk de la que hablamos en la obra, no hubiera llegado tarde, hay muchas canciones que hoy no disfrutar&iacute;amos. No pasa nada por llegar tarde, es m&aacute;s, tiene un valor. Adem&aacute;s, ambas, Reynolds y Fuertes, son dos mujeres muy cr&iacute;ticas, muy politizadas, que vivieron vidas bastante queer. Y ambas tomaron la decisi&oacute;n de dedicar parte de su carrera a escribir para un p&uacute;blico infantil. Tuvieron la inteligencia de ver el potencial pol&iacute;tico que el p&uacute;blico infantil tiene. Por eso la ultraderecha est&aacute; todo el rato instrumentalizando la figura de los ni&ntilde;os para sacar adelante pol&iacute;ticas antiabortistas y pol&iacute;ticas anti LGTBIQ+.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Caruana Húder]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/elisa-coll-escritora-hay-personas-lgtb-votan-derecha-creen-estaran-salvo-agua-llegue-cuello_128_13082140.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Mar 2026 21:21:29 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/e1029dc9-249d-490e-ac49-015839dd0a33_16-9-discover-aspect-ratio_default_1139076.jpg" length="5080327" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/e1029dc9-249d-490e-ac49-015839dd0a33_16-9-discover-aspect-ratio_default_1139076.jpg" type="image/jpeg" fileSize="5080327" width="4000" height="2250"/>
      <media:title><![CDATA[Elisa Coll, escritora: “La desobediencia es algo intrínsecamente queer”]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/e1029dc9-249d-490e-ac49-015839dd0a33_16-9-discover-aspect-ratio_default_1139076.jpg" width="4000" height="2250"/>
      <media:keywords><![CDATA[Teatro,Libros,Literatura,Cultura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Àlex Rigola lleva al teatro un texto histórico de la resistencia palestina: "Es incómodo pero hay que escucharlo"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/alex-rigola-lleva-teatro-texto-historico-resistencia-palestina-incomodo-hay-escucharlo_1_13062392.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a104199f-778d-4f2a-8359-3747bb885664_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Àlex Rigola lleva al teatro un texto histórico de la resistencia palestina: &quot;Es incómodo pero hay que escucharlo&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ariadna Gil encabeza la adaptación de 'Retorn a Haifa', novela de Ghassan Kanafani que aboga por la lucha armada</p><p class="subtitle">El teatro de serie B de Cris Blanco se enfrenta a la mentira contemporánea
</p></div><p class="article-text">
        &Agrave;lex Rigola lleva a&ntilde;os dirigiendo obras y gestionando espacios de teatro. Dirigi&oacute; el Teatre Lliure, los Teatros del Canal o la Bienal de Venecia y sigue montando grandes obras. Este a&ntilde;o abri&oacute; la temporada del Lliure con <em>El Mestre i Margarita</em> y acaba de estrenar &oacute;pera en el Teatro Real, <em>Enemigo del pueblo</em>. Desde hace tres a&ntilde;os, este catal&aacute;n de 56 a&ntilde;os se cobija en un peque&ntilde;o teatro con 76 butacas que abri&oacute; &eacute;l mismo en el barrio de Sants de Barcelona: el Heartbreak Hotel. 
    </p><p class="article-text">
        All&iacute; prepara ahora su pr&oacute;ximo estreno. Cuatro actores a menos de un metro de los espectadores y la palabra herida y encendida de uno de los referentes pol&iacute;ticos de Palestina, Ghassan Kanafani. <em>Retorn a Haifa</em> es teatro pol&iacute;tico y de urgencia en una &eacute;poca en que las bombas no dejan de caer.
    </p><p class="article-text">
        Rigola admite a elDiario.es que el proyecto nace de la urgencia. &ldquo;La idea surgi&oacute; en la &uacute;ltima etapa del genocidio de Israel sobre Gaza&rdquo;, explica el director, que confiesa que le costaba ver a gente denunciando incluso &ldquo;jug&aacute;ndose la vida y la profesi&oacute;n&rdquo; mientras en Espa&ntilde;a a un gran sector de la sociedad parec&iacute;a no importarle.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ve&iacute;a que mientras Javier Bardem o los participantes de la <a href="https://www.eldiario.es/internacional/jordi-evole-ada-colau-veintena-artistas-piden-apoyo-flotilla-saldra-espana-gaza-silencio-no-opcion_1_12559140.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Flotilla Gobal del Sumud</a> se la jugaban parte de la sociedad no quer&iacute;a saber nada y miraba para otro lado. Gente que no ten&iacute;a problema en hablar de otros temas pol&iacute;ticos, sin embargo ante el asesinato estrat&eacute;gico de miles de ni&ntilde;os prefer&iacute;a mantener una moderaci&oacute;n extrema&rdquo;, argumenta.
    </p><p class="article-text">
        El director afirma que la elecci&oacute;n no fue dif&iacute;cil: &ldquo;Los textos de Kavafani siempre me gustaron, me parec&iacute;an directos y po&eacute;ticos al mismo tiempo, y ve&iacute;a que se pod&iacute;an llevar al teatro&rdquo;. Sin embargo, Rigola se fij&oacute; en un texto ya lejano publicado en 1969 que sigue muy vivo aunque hayan pasado 50 a&ntilde;os 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me interesaba el posicionamiento del autor que al final de la novela aboga por la lucha armada, por la lucha por el territorio&rdquo;, confiesa Rigola, para luego advertir del impacto que ese posicionamiento ha tenido sobre &eacute;l y sobre los actores y que cree puede tener en el p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Desde el espacio c&oacute;modo de este pa&iacute;s donde no hay este tipo de violencias te sientes profundamente inc&oacute;modo con una declaraci&oacute;n de esta naturaleza. Pero esas son sus voces. Eso es lo que est&aacute;n reclamando y lo que hay que escuchar&rdquo;, asevera.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://heartbreakhotel.cat/retorn-a-haifa" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Retorn a Haifa</em></a><em>, </em>que estar&aacute; en cartel del 19 de marzo al 26 de abril<em>,</em> cuenta la vuelta de un matrimonio a esta ciudad tras la guerra de los Seis D&iacute;as en un momento en que el gobierno israel&iacute; deja entrar a los palestinos que fueron expulsados 20 a&ntilde;os atr&aacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        S&agrave;fia (Chantal Aime&eacute;) y Sa&iuml;d (Jordi Figueras) tuvieron que abandonar a su hijo Khaldun (Carles Roig) el d&iacute;a que tuvieron que huir. No saben si est&aacute; vivo, pero vuelven a ver su barrio y su casa, con la esperanza escondida de encontrarle. En su casa vive Miriam (Ariadna Gil), una superviviente polaca del holocausto nazi. Las sillas, la mesa y ciertos cuadros que la familia palestina dej&oacute; veinte a&ntilde;os seguir&aacute;n en ese hogar que ahora ya no es suyo. El encuentro irremediablemente se carga de tensi&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lo interesante es que un caso tan crudo se cuente desde las voces de personas normales, ah&iacute; es cuando te das cuenta de la magnitud del conflicto&rdquo;, afirma Ariadna Gil. La actriz, que justo acaba de protagonizar <a href="https://www.eldiario.es/catalunya/maria-magdalena-ariadna-gil-devuelve-mujer-ensenaron-no-ver_1_12929755.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Mar&iacute;a Magdalena</em></a> en el Teatre Nacional de Catalunya, confiesa que cuando Rigola le dio el texto a leer tuvo claro que quer&iacute;a hacer a Miriam. &ldquo;Es un personaje muy contradictorio, superviviente al holocausto donde asesinaron a toda su familia y que ahora tambi&eacute;n ve cosas en Israel que no le gustan, es extremadamente complejo&rdquo;, expone.
    </p><h2 class="article-text">Literatura <em>agitprop</em></h2><p class="article-text">
        Ghassan Kanafani es uno de los literatos, pol&iacute;ticos y periodistas m&aacute;s relevantes del siglo XX palestino. Fue asesinado por el Mossad con un coche bomba en 1972. Fund&oacute; el Frente Popular para la Liberaci&oacute;n de Palestina justo cuando estaba escribiendo <em>Retorno a Haifa</em>, novela que se sit&uacute;a en la ciudad que tuvo que abandonar a la edad de 12 a&ntilde;os junto al 95% de su poblaci&oacute;n, m&aacute;s de 60.000 palestinos. Era 1948, se acababa el mandato brit&aacute;nico de Palestina, nac&iacute;a Israel y Haifa, ciudad del norte pr&oacute;xima al L&iacute;bano, contaba con un importante puerto que se convirti&oacute; en el punto de desembarco para cientos de miles de jud&iacute;os, sobre todo provenientes del Este de Europa. 
    </p><p class="article-text">
        Kanafani tuvo que exiliarse primero en el L&iacute;bano, luego en Siria. Desde all&iacute; sigui&oacute; dirigiendo peri&oacute;dicos e instaurando lo que hoy se conoce como la novela moderna palestina. Una escritura de resistencia, socialista y militante, que no est&aacute; exenta de gran calidad po&eacute;tica y delicados mon&oacute;logos interiores que versan sobre la identidad palestina, la patria y la toma de consciencia. <em>Retorno a Haifa</em>, una novela corta, narra el desgarro que supuso el &eacute;xodo, conocido como la Nakba, del pueblo palestino en 1948. 
    </p><p class="article-text">
        No es la primera vez que se lleva esta novela al teatro. En 2008 el Teatro Camer&iacute; de Tel Aliv la estren&oacute; con versi&oacute;n del dramaturgo israelita Boaz Gaon y direcci&oacute;n del tambi&eacute;n israelita Sinai Peter. La obra se represent&oacute; con textos en hebreo y &aacute;rabe y lleg&oacute; dos a&ntilde;os despu&eacute;s a Washington, al Teatro J, centro neur&aacute;lgico de la cultura jud&iacute;a en Estados Unidos. Si bien cre&oacute; protestas del sector m&aacute;s sionista, se sub&iacute;a a escena un texto de uno de los l&iacute;deres de la resistencia palestina, la comunidad &aacute;rabe no pudo verlo sino como un acto de apropiaci&oacute;n pura. Hay incluso tesis universitarias sobre el asunto. 
    </p><p class="article-text">
        En esta versi&oacute;n israel&iacute; se cambi&oacute; el final, se hizo que el personaje de Miriam hubiese perdido un hijo en el holocausto y se dulcificaron las tensiones para abogar por el posible entendimiento de dos pueblos enfrentados. El a&ntilde;o 2008 no era 1967, hab&iacute;an pasado los Acuerdos de Oslo, dos intifadas y el movimiento palestino ya no se basaba en la ideolog&iacute;a marxista y s&iacute; en la del Islam. Rigola, sin embargo, en 2026 ha mantenido una fidelidad del texto mucho mayor. &ldquo;Hemos puesto sobre la escena lo que es, con toda su dureza&rdquo;, asegura Rigola sobre esta adaptaci&oacute;n traducida por Anna Gil Bardaj&iacute; y adaptada por &eacute;l mismo.
    </p><h2 class="article-text">El m&eacute;todo Rigola</h2><p class="article-text">
        Rigola ha aplicado para este montaje su dec&aacute;logo para la actuaci&oacute;n que comenz&oacute; a armar en su montaje de <em>Ivanov</em> en 2016 y se concret&oacute; un a&ntilde;o despu&eacute;s en la versi&oacute;n de <em>Vania</em> de Chejov que hizo precisamente con Ariadna Gil, &ldquo;se trata de buscar un espacio en el que no hay diferencia entre actor y personaje. Crear un territorio en el que el p&uacute;blico no sepa bien qui&eacute;n est&aacute; hablando, si el personaje o el actor. Me interesa m&aacute;s lo que le pasa a Ariadna viviendo esa situaci&oacute;n que al personaje. Cuando el p&uacute;blico pierde la definici&oacute;n de quien habla, cuando est&aacute; flotando entre el personaje y el actor, ya est&aacute; dentro, se produce la misa, por decirlo de alg&uacute;n modo&rdquo;, teoriza Rigola, &ldquo;pero es algo muy dif&iacute;cil, que cuesta mantenerlo, que se va y viene y que cada d&iacute;a depende tambi&eacute;n del p&uacute;blico&rdquo;, matiza.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Al final lo que busca Alex es crear verdad&rdquo;, afirma Ariadna Gil, &ldquo;se trata de dejar al actor desnudo para que aflore lo que est&aacute; pasando en ese momento sin nada m&aacute;s, siendo t&uacute; y siendo el texto, realmente te pone en un lugar muy especial como actor, dejas que las cosas pasen y pasan muchas m&aacute;s cosas que cuando las tienes pensadas un poco desde fuera&rdquo;, explica esta actriz que tambi&eacute;n confiesa que es un reto dif&iacute;cil para el actor, &ldquo;estamos acostumbrados a otra forma de trabajar, pero cuando funciona es muy placentero para el actor, adem&aacute;s se crea una especie de comunicaci&oacute;n entre los actores que no se iguala a nada, porque est&aacute;s ah&iacute;, muy delicado y al mismo tiempo muy conectado con los otros actores y con el p&uacute;blico&rdquo;, concluye.
    </p><p class="article-text">
        Ariadna Gil tambi&eacute;n defiende el posicionamiento pol&iacute;tico que supone la obra: &ldquo;Me permite poder defender lo que creo desde lo que yo hago, con mi oficio, y eso es m&aacute;s potente que firmar documentos o asistir a manifestaciones. Me permite poder accionar desde lo que yo s&eacute; hacer para reflexionar sobre los que nos preocupa, sobre lo que nos indigna, porque el teatro es un lugar para compartir pero tambi&eacute;n para hablar de lo que est&aacute; pasando&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sobre posicionamientos Rigola no va corto. El director ya lo hizo cuando <a href="https://www.eldiario.es/madrid/somos/chamberi/dimite-por-la-brutal-violencia-policial-en-cataluna-el-director-artistico-de-los-teatros-del-canal_1_6407099.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">dimiti&oacute; como director de los Teatros del Canal de Madrid</a> a tenor de la actuaci&oacute;n del Gobierno en el refer&eacute;ndum del 1 de octubre de 2017. Incluso ahora Rigola no duda en elogiar la posici&oacute;n de Pedro S&aacute;nchez. &ldquo;No lo he votado nunca, pero es el &uacute;nico presidente de un estado que est&aacute; poniendo los puntos sobre las &iacute;es con un relato profundamente digno, por primera vez coincido con muchos de sus planteamientos y, en cierto modo, me siento un poco orgulloso de que esa voz en el desierto provenga del gobierno espa&ntilde;ol&rdquo;, afirma sin arresto alguno.
    </p><p class="article-text">
        Al preguntarle sobre la exigencia de muchos sectores de la sociedad de que m&uacute;sicos, artistas y eventos condenen el genocidio del gobierno de Israel, Rigola lo tiene claro: &ldquo;<a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/berlinale-comienza-negandose-ano-condenar-genocido-palestina-mantenernos-margen-politica_1_12986128.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Wim Wenders</a> ha ca&iacute;do muy bajo con su postura en el Festival de Berl&iacute;n, creo que es el momento de posicionarse, el que calla otorga&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A juicio de Rigola, la situaci&oacute;n aqu&iacute; es un poco la contraria. &ldquo;Me acuerdo en una manifestaci&oacute;n en Barcelona contra el genocidio palestino, fue de las m&aacute;s numerosas que hubo, ser&iacute;amos cerca de 10.000 personas. Ese mismo d&iacute;a hab&iacute;a m&aacute;s de 150.000 personas en el <a href="https://www.eldiario.es/catalunya/cultura/sonar-ensombrecido-gaza-salva-edicion-polemica-gracias-magia-maria-arnal-mushkaa-natty-pesusso_129_12385135.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Festival Sonar, propiedad de KKR</a>, pro israel&iacute;. Hay que denunciar ese silencio, si hago este espect&aacute;culo es porque intento, aunque sea de una manera absurda, desde una sala con 72 sillas, llegar al p&uacute;blico para decirle que hay que posicionarse&rdquo;, concluye.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Caruana Húder]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/alex-rigola-lleva-teatro-texto-historico-resistencia-palestina-incomodo-hay-escucharlo_1_13062392.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Mar 2026 21:20:02 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a104199f-778d-4f2a-8359-3747bb885664_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="910310" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a104199f-778d-4f2a-8359-3747bb885664_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="910310" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Àlex Rigola lleva al teatro un texto histórico de la resistencia palestina: "Es incómodo pero hay que escucharlo"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a104199f-778d-4f2a-8359-3747bb885664_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Teatro,Barcelona,Palestina,Ariadna Gil]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los sindicatos se oponen a la conversión del INAEM en una empresa pública]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/secretario-cultura-jordi-marti-afirma-plan-sigue-transformar-inaem-epe-reunion_1_13066479.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e17cf6d2-00da-4eff-8b59-c6ab27d06d64_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los sindicatos se oponen a la conversión del INAEM en una empresa pública"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El ministro de Cultura Ernest Urtasun declaró esta semana que la reforma del INAEM se hará en esta legislatura y que el diálogo sobre la misma "sigue en marcha"</p><p class="subtitle">Los sindicatos rechazan la propuesta del Ministerio de Cultura para reformar el INAEM</p></div><p class="article-text">
        El ministro de Cultura asegur&oacute; este jueves en declaraciones a la prensa que las relaciones con los sindicatos no estaban rotas, que hab&iacute;an conseguido reconducirlas tras el rechazo total que estos mostraron al 'Plan Mart&iacute;', por el cual el INAEM pretend&iacute;a transformarse en una EPE, Entidad P&uacute;blica Empresarial. Ernest <a href="https://www.eldiario.es/cultura/arte/galeristas-reciben-pitos-urtasun-arco-iva-cultural-identifica-lujo-cuesta-llegar-mes_1_13042065.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Urtasun</a> declar&oacute; que la reforma se har&aacute; en esta legislatura, que se mantendr&aacute; el car&aacute;cter p&uacute;blico de la entidad y que lo har&iacute;a de la mano de los sindicatos. &ldquo;Hay un di&aacute;logo en marcha&rdquo;, declar&oacute; en la presentaci&oacute;n de la exposici&oacute;n Museo La Ca&ntilde;ada en la Quinta del Sordo en Madrid.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Paralelamente, los tres sindicatos mayoritarios (CCOO, UGT y CSIF) informaron tambi&eacute;n este pasado martes en una asamblea de trabajadores que las conversaciones con el <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/sindicatos-rechazan-propuesta-ministerio-cultura-reformar-inaem_1_13027396.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ministerio de Cultura</a> se hab&iacute;an retomado, ya que se hab&iacute;a pactado llevar a cabo una de las reivindicaciones hist&oacute;ricas de los trabajadores del INAEM: la creaci&oacute;n de un &uacute;nico estatuto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Neftali Rodr&iacute;guez, Secretario General de las Secci&oacute;n Sindical Estatal de Comisiones Obreras en el Ministerio de Cultura, corrobora a este peri&oacute;dico que el dialogo se ha restablecido. &ldquo;La palabra correcta es reconducido. Se ha establecido una mesa de trabajo y el objetivo es sacar adelante el estatuto que regule de manera m&aacute;s flexible la gesti&oacute;n econ&oacute;mica para as&iacute; tener capacidad de contratar de manera m&aacute;s r&aacute;pida y poder facilitar las giras&rdquo;, explica, para luego dejar claro que esto no implica cambiar la figura jur&iacute;dica del INAEM. &ldquo;Entendemos que, como organismo aut&oacute;nomo, que es la figura actual de la entidad, es suficiente, y le dejamos bien claro a Jordi Mart&iacute; que nunca aceptaremos un EPE, algo que entendi&oacute; y acept&oacute;&rdquo;, declara.
    </p><h2 class="article-text">Una opci&oacute;n que no est&aacute; descartada</h2><p class="article-text">
        Pero la sorpresa ha saltado hoy mismo cuando, en un comunicado de los sindicatos minoritarios (CGT, CNT y Solidaridad Obrera), han revelado que el mismo d&iacute;a que el Ministro de Cultura hac&iacute;a esas declaraciones, el propio Jordi Mart&iacute; se reuni&oacute; con ellos para informarles en sentido contrario. En esa reuni&oacute;n, el secretario de Estado afirm&oacute; que sigue manteniendo su plan de transformar el INAEM en una EPE. En el comunicado, al hablar sobre la reuni&oacute;n mantenida, lo dejan claro: &ldquo;La conversi&oacute;n del INAEM en Entidad P&uacute;blica Empresarial (EPE) no est&aacute; descartada. Al contrario, sigue siendo la opci&oacute;n preferida por el secretario de Estado, aunque, una vez m&aacute;s, afirm&oacute; que no se har&iacute;a sin el acuerdo de los sindicatos&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los sindicatos explican en su texto que rechazan esta conversi&oacute;n porque &ldquo;abre la puerta a procesos de mercantilizaci&oacute;n de la cultura p&uacute;blica y posibles din&aacute;micas de privatizaci&oacute;n que rechazamos frontalmente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Este peri&oacute;dico ha solicitado poder hablar con el propio Mart&iacute;, pero el Ministerio se ha remitido a las declaraciones del ministro sin hacer otro tipo de aclaraciones. Pero en las declaraciones que hizo el propio Urtasun la opci&oacute;n de la EPE no quedaba descartada, ya que, al afirmar que iba a garantizar el car&aacute;cter p&uacute;blico del INAEM, lo matiz&oacute; a&ntilde;adiendo que eso significa &ldquo;todas aquellas entidades que est&aacute;n descritas en la ley de la funci&oacute;n p&uacute;blica del a&ntilde;o 2015&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando elDiario.es ha informado a CCOO de lo dicho por el secretario de Estado en la reuni&oacute;n con los sindicatos minoritarios, su respuesta ha sido clara: &ldquo;A nosotros no nos dijo eso y si esa es su opci&oacute;n nos va a tener enfrente. Lo sabe, se lo dijimos claro y &eacute;l se comprometi&oacute; a que la soluci&oacute;n ten&iacute;a que ser con el acuerdo con los sindicatos. Aunque &eacute;l pensaba que la EPE era la mejor opci&oacute;n, tuvo clara nuestra posici&oacute;n y  nos pidi&oacute; tiempo para poder establecer una estrategia de comunicaci&oacute;n desde el Ministerio&rdquo;. &ldquo;De momento la soluci&oacute;n de la EPE est&aacute; fuera de la mesa y eso est&aacute; pactado. Si vuelve, nos tendr&aacute; enfrente a muerte&rdquo;, agrega.
    </p><p class="article-text">
        En el comunicado de la CGT, CNT y Solidaridad Obrera tambi&eacute;n se denuncia la no inclusi&oacute;n de estos sindicatos en las negociaciones previas ni en la mesa de trabajo para sacar adelante el estatuto. &ldquo;Los &uacute;nicos sindicatos presentes son CCOO, UGT y CSIF.&nbsp;Desde CGT, CNT y Solidaridad Obrera denunciamos esta exclusi&oacute;n y vamos a pelear por estar presentes en un proceso que afecta directamente al futuro del organismo y de sus trabajadores y trabajadoras&rdquo;, explican. Neftali de CCOO, ante la pregunta de este peri&oacute;dico de si esta pr&aacute;ctica le parece bien, argumenta que no son ellos quienes convocan, pero que s&iacute; que les &ldquo;parece bien que se les incluya&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El Ministerio se enfrenta a un calendario apretado. La legislatura concluye a mediados de julio del a&ntilde;o que viene. &ldquo;Es imposible que nos metamos en un proceso para cambiar la figura jur&iacute;dica del INAEM. Adem&aacute;s, ir a una EPE supondr&iacute;a dejar a 170 funcionarios de ese organismo en una situaci&oacute;n muy delicada, no solo nos tiene enfrente a nosotros&rdquo;, explica Neftal&iacute; Rodriguez de COOO. Desde la CGT, Paloma Monle&oacute;n tambi&eacute;n explica a elDiario.es que no ven viable el &ldquo;Plan Mart&iacute;&rdquo;: &ldquo;Aparte de no estar de acuerdo por motivos de mercantilizaci&oacute;n y privatizaci&oacute;n de la cultura p&uacute;blica, para sacar adelante una EPE tendr&iacute;an primero que tener una relaci&oacute;n de puestos de trabajo (RPT) que en el INAEM no existe, no hay tiempo. Y, adem&aacute;s, tememos que si hay un cambio de gobierno se abran las puertas a posibles privatizaciones y ERES&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ante el distinto posicionamiento que los sindicatos dicen que el secretario de Estado ha mantenido con ellos, Jordi Mart&iacute; tendr&aacute; que explicar la posici&oacute;n del Ministerio, si se est&aacute; a favor de una EPE como ha trasladado a los minoritarios o, si por el contrario, como ha pactado con los sindicatos presentes en la mesa de trabajo que acaba de instaurarse, el &ldquo;Plan Mart&iacute;&rdquo; ya ha sido descartado. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Caruana Húder]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/secretario-cultura-jordi-marti-afirma-plan-sigue-transformar-inaem-epe-reunion_1_13066479.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Mar 2026 16:00:34 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/e17cf6d2-00da-4eff-8b59-c6ab27d06d64_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="509108" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/e17cf6d2-00da-4eff-8b59-c6ab27d06d64_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="509108" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Los sindicatos se oponen a la conversión del INAEM en una empresa pública]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/e17cf6d2-00da-4eff-8b59-c6ab27d06d64_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Ernest Urtasun,Ministerio de Cultura y Deporte]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El teatro de serie B de Cris Blanco se enfrenta a la mentira contemporánea]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/teatro-serie-b-cris-blanco-enfrenta-mentira-contemporanea_129_13056672.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d32fc2a5-fcd6-4847-9364-f7ff2a7fce29_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El teatro de serie B de Cris Blanco se enfrenta a la mentira contemporánea"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La autora presenta 'Casi ninguna verdad', una obra llena de humor surrealista que indaga sobre las consecuencias de la propagación de la mentirá en la sociedad actual
</p><p class="subtitle">'Zorra dorada', un canto salvaje contra la violación y el abuso sexual</p></div><p class="article-text">
        Una vidente famosa, Madame Jasmine, una especie de Aram&iacute;s Fuster cat&oacute;dica, le cuenta en 2006 a Cris Blanco como ser&aacute; el futuro. Imposible creerse que habr&aacute; una presidenta &ldquo;m&aacute;s bicho&rdquo; en la Comunidad de Madrid, ni que un millonario &ldquo;pederasta y violador&rdquo; regir&aacute; los Estados Unidos, ni que asistiremos en directo a la muerte de decenas de miles de personas y nadie har&aacute; nada mientras otros lo negar&aacute;n, ni que Ana Obreg&oacute;n tendr&aacute; una hija-nieta. La &uacute;ltima obra de Cris Blanco, <em>Casi ninguna verdad</em>, con un humor desbordante y una factura cutre a conciencia, se pregunta qu&eacute; ha pasado y qu&eacute; nos ha pasado en estos &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os para que la mentira se haya expandido como la cochinilla blanca en nuestras sociedades y nuestros cerebros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero Madame Jasmine no existe. O s&iacute;. Se dice que fue madame de un puticlub de la Carrer Robadors, que se volvi&oacute; loca al perder un hijo y que camina por las calles del Chino barcelon&eacute;s con una mu&ntilde;eca sin cabeza recubierta de un cuero blanco que algunos dicen es la piel de su hijo muerto. Madame Jasmine tambi&eacute;n es un antro del mismo barrio, rebautizado como el Genderfuck Bar, donde se estila el fe&iacute;smo, la monstruosidad y el mamarracheo. Un detalle, esta traslaci&oacute;n nominativa de Fuster a Jasmine, que da bastantes pistas sobre el acercamiento de esta creadora que acaba de estrenar su &uacute;ltima obra en el Centro Dram&aacute;tico Nacional.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cris Blanco es la jefa de la serie B esc&eacute;nica, de c&oacute;mo indagar sobre la convenci&oacute;n teatral hasta romperla para que nazca algo nuevo. Lo lleva haciendo desde 2004. Ya hace dos a&ntilde;os lo bord&oacute; en este mismo teatro con <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/ciencia-ficcion-infiltra-sotanos-teatro-publico-madrileno_1_10609585.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Peque&ntilde;o cumulo de abismos</em></a>. <em>Casi ninguna verdad</em> es su continuaci&oacute;n para la que se ha hecho acompa&ntilde;ar de un nutrido equipo de la vanguardia de ayer y hoy del teatro hispano. A su lado, &Oacute;scar Bueno, que ya lo acompa&ntilde;&oacute; en <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/conde-torrefiel-sacude-teatro-contemporaneo-gran-obra-futurista-conceptual_1_9157847.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Grand&iacute;sima Ilusione</em></a>, y un buen nutrido equipo de la &ldquo;danza &uacute;ltima&rdquo; como Nuria Crespo, Gloria March, Julia Romero o Alberto Jos&eacute; Lucena. Pero aqu&iacute; no bailan y tienen que bucear en el teatro representativo m&aacute;s chabacano, tienen que hablar, sorprenderse y actuar como en una de Arniches. Aqu&iacute; nadie hace lo que sabe, parece decir Blanco.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En escena tambi&eacute;n estar&aacute; uno de los jefes de la danza peformativa y minimal de este pa&iacute;s, Norberto Llopis, que har&aacute; de un actor que no puede mentir y lo har&aacute; con delirante estoicismo. Y una de las m&aacute;s grandes payasas y agitadoras de este pa&iacute;s: Espe L&oacute;pez (responsable junto a Oskar G&oacute;mez Mata de una de las compa&ntilde;&iacute;as m&aacute;s esenciales de Euskal Herria, Legale&oacute;n-T). Cuando ves a Espe L&oacute;pez al comienzo de la obra en una falsa conferencia junto a Cris Blanco te das cuenta de que est&aacute;s viendo a dos de las m&aacute;s grandes clowns de este pa&iacute;s, que en cierto modo son madre e hija. Es dif&iacute;cil encontrar dos actrices con igual capacidad de meterse al p&uacute;blico en escena.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/60c7af3d-363b-44aa-8006-2be6ce5e4adb_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/60c7af3d-363b-44aa-8006-2be6ce5e4adb_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/60c7af3d-363b-44aa-8006-2be6ce5e4adb_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/60c7af3d-363b-44aa-8006-2be6ce5e4adb_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/60c7af3d-363b-44aa-8006-2be6ce5e4adb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/60c7af3d-363b-44aa-8006-2be6ce5e4adb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/60c7af3d-363b-44aa-8006-2be6ce5e4adb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Un momento de la representación de &#039;Casi ninguna verdad&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Un momento de la representación de &#039;Casi ninguna verdad&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Y toda esa troupe, con Anto Rodr&iacute;guez en la dramaturgia y un acertado Pablo Chaves a la escenograf&iacute;a, se unir&aacute; para sacar a flote una obra donde se a&uacute;nan todas las constantes del teatro de esta creadora. Porque en esta obra est&aacute; el amor al cine de serie B <em>de El agitador v&oacute;rtex</em> (2014), la fascinaci&oacute;n por el terreno cient&iacute;fico de <em>ciencia_ficci&oacute;n</em> (2010), el enamoramiento por la m&uacute;sica y el autotune de <em>Pelucas en la niebla</em> (2018), y el &uacute;ltimo vicio de Cris Blanco por meterle mano a la llamada auto ficci&oacute;n esc&eacute;nica que ya estuvo presente en su &uacute;ltimo trabajo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Veremos monstruos imposibles raptando a la conferenciante al son de banda sonora de una pel&iacute;cula de terror, un final de musical que es lo m&aacute;s cerca que ha estado el teatro de una pel&iacute;cula como <em>The Lure</em>, y siete mil giros imposibles para que de lo cotidiano surja el delirio y la fantas&iacute;a capaz de denunciar que donde realmente radica el absurdo es en la sacrosanta realidad. La obra est&aacute; llena de momentos &ldquo;Cris Blanco&rdquo;, de hallazgos y delirios, no es balad&iacute; que el director del CDN, Alfredo Sanzol, ducho en el g&eacute;nero de la comedia, se haya fijado en esta creadora. Su capacidad para desmontar lo &ldquo;teatral&rdquo; y ver el reverso c&oacute;mico es de otro planeta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero detr&aacute;s de tanta formalidad, de subvertir g&eacute;neros, de defender el &ldquo;cutrismo&rdquo; y el arriesgarse a jugar siempre, la obra contiene una dramaturgia bien agria. Blanco har&aacute; mofa de todo, dir&aacute; que en Espa&ntilde;a esto de la mentira comenz&oacute;, as&iacute; de manera contempor&aacute;nea, con la Transici&oacute;n, dir&aacute; que Adolfo Su&aacute;rez inocul&oacute; a trav&eacute;s de las plantas de interior una plaga de cochinilla blanca en todos los hogares espa&ntilde;oles que escond&iacute;an nano robots que han invadido nuestros cerebros. Sacar&aacute; una foto de La Moncloa y se&ntilde;alar&aacute; un poto como paciente cero y uno reir&aacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una risa que se ir&aacute; torciendo cuando Blanco vaya acumulando la infinidad de casos y deformaciones de nuestro pasado reciente hasta hacer visible c&oacute;mo hemos ido dejando que la mentira se esparza. Una mentira que hoy comemos con normalidad insospechada Pero lo interesante, donde reside el n&uacute;cleo de la pieza, es cuando la creadora une ese fermento social de mentira y ponzo&ntilde;a con algo mucho m&aacute;s viejo: la mentira en el campo amoroso.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4a5f0666-b0ba-4dd0-b49d-ac101b3d21e3_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4a5f0666-b0ba-4dd0-b49d-ac101b3d21e3_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4a5f0666-b0ba-4dd0-b49d-ac101b3d21e3_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4a5f0666-b0ba-4dd0-b49d-ac101b3d21e3_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4a5f0666-b0ba-4dd0-b49d-ac101b3d21e3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4a5f0666-b0ba-4dd0-b49d-ac101b3d21e3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/4a5f0666-b0ba-4dd0-b49d-ac101b3d21e3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="La última obra de Cris Blanco, &#039;Casi ninguna verdad&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La última obra de Cris Blanco, &#039;Casi ninguna verdad&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <em>Casi ninguna verdad </em>habla de una mujer en esta &eacute;poca de mentiras y distorsi&oacute;n que adem&aacute;s sufre un proceso del llamado &ldquo;gaslighting&rdquo; o luz de gas y c&oacute;mo esa combinaci&oacute;n la arruina. Porque detr&aacute;s de todo ese armaz&oacute;n de giros y comicidad, de juegos y malabares esc&eacute;nicos, lo que subyace es un ser humano que casi perdi&oacute; el pie por completo. La obra muestra que cuando la mentira clava sus garras tanto en lo social como en lo &iacute;ntimo el c&oacute;ctel es arrasador y llega a desdibujar la realidad de la ficci&oacute;n o la pesadilla.
    </p><p class="article-text">
        La obra es un canto a la supervivencia, un acto de rebeld&iacute;a y de liberaci&oacute;n de aquellos que con veintipico a&ntilde;os se cre&iacute;an combativos hacia una derecha que aunque envalentonada conoc&iacute;an bien, ante una sociedad consumista a la que se le ve&iacute;an las costuras y ante unos padres que no sab&iacute;an salir de los preceptos de la familia y sus roles enquistados. Entonces las luchas personales y sociales eran, al menos, identificables. Veinte a&ntilde;os m&aacute;s tarde, en esta sociedad que ha mutado para comerse a s&iacute; misma, Cris Blanco se alegra de estar viva y no haber sucumbido en el proceso. Ese es el final de esta obra, el de la excombatiente que ha sobrevivido y con esa distancia canta con el placer de seguir viva y l&uacute;cida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aun as&iacute;, la obra tiene sus picos y sus valles. Se alargan ciertas escenas y peligran ritmos y pertinencias. Los procesos acelerados del teatro p&uacute;blico que no llegan a dos meses para cocer el asunto a veces son perjudiciales. Este proyecto necesitar&iacute;a ajustes y tiempo, pero no lo tiene. Son una pena estos montajes del CDN que nacen ya muertos para su gira. Estar&aacute; en cartel hasta el 12 de abril. Luego la pieza morir&aacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No es exagerado decir que el paso de Cris Blanco por el CDN ha sido positivo. Positivo porque mucha gente ha podido conocer la fuerza de su teatro y positivo porque esta creadora ha podido trabajar de otro modo, crecer en muchos aspectos. Pero uno se pregunta qu&eacute; queda despu&eacute;s del teatro p&uacute;blico y su &ldquo;fast food&rdquo; para la creaci&oacute;n. M&aacute;s cuando todo lo que rodea al teatro p&uacute;blico sigue sin cambiar un &aacute;pice y estas propuestas de otro teatro posible siguen sin tener cabida, &iquest;tendr&aacute; Blanco y tantos otros que volver a la precariedad y el unipersonal para poder girar en halls de museos o festivales modernos?&nbsp;Lamentablemente parece que s&iacute;.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Caruana Húder]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/teatro-serie-b-cris-blanco-enfrenta-mentira-contemporanea_129_13056672.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 10 Mar 2026 15:04:43 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d32fc2a5-fcd6-4847-9364-f7ff2a7fce29_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="103099" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d32fc2a5-fcd6-4847-9364-f7ff2a7fce29_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="103099" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El teatro de serie B de Cris Blanco se enfrenta a la mentira contemporánea]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d32fc2a5-fcd6-4847-9364-f7ff2a7fce29_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Teatro,Humor,Fake News]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Zorra dorada', un canto salvaje contra la violación y el abuso sexual]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/zorra-dorada-canto-salvaje-violacion-abuso-sexual_129_13047488.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a91e6721-cb5c-4b74-a3e9-15288ff15de9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Zorra dorada&#039;, un canto salvaje contra la violación y el abuso sexual"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Elisa Forcano ha creado una pieza de danza descarnada y deslumbrante sobre el dolor de la mujer ante la violencia sexual
</p></div><p class="article-text">
        <em>Zorra dorada</em> es un espect&aacute;culo de danza. No lo duden. Aunque contenga textos de una contundencia abrasiva, escritos con la iluminaci&oacute;n sint&eacute;tica de la ira. Aunque sea una de las piezas m&aacute;s perform&aacute;ticas de los &uacute;ltimos a&ntilde;os, con unas acciones donde el horror se emparenta con la belleza. Aun con todo eso, <em>Zorra dorada</em> es ante un cuerpo en rebeld&iacute;a, pura tensi&oacute;n muscular movida por la rabia de un cuerpo vejado hasta la n&aacute;usea. La responsable de todo es&nbsp;Elisa Forcano, una Daryl Hannah del XXI, una replicante del dolor que, con toda la frontalidad del mundo, acara al p&uacute;blico frente al sufrimiento de las mujeres violadas, abusadas y arrasadas hasta la muerte.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hemos visto en estos &uacute;ltimos diez a&ntilde;os muchos trabajos sobre la mujer, sobre el feminismo, muchas obras denunciando a la sociedad patriarcal y el machismo. Pero esta obra desborda ese movimiento. Y lo hace por forma y fondo, por actitud y determinaci&oacute;n. Hace mucho tiempo que no se ve&iacute;a en escena, tan acostumbrada ya a la comedia representativa de usos y modos de la clase media o a la tragicomedia de tintes burgueses y dramaturgos inteligentes, una pieza tan disruptiva. Las razones son varias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Zorra dorada</em> es, como dec&iacute;amos, una pieza de danza, pero tambi&eacute;n es un h&iacute;brido. No solo por las disciplinas que se juntan en ella (danza, interpretaci&oacute;n teatral, performance, instalaci&oacute;n, teatro ritual), sino tambi&eacute;n por c&oacute;mo aborda la llamada autoficci&oacute;n. La pieza gira en torno a la figura de <a href="https://www.eldiario.es/internacional/muere-eutanasia-traumatizada-agresiones-sexuales_1_1522899.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Noa Pothoven</a>, una adolescente holandesa que se dej&oacute; morir por inanici&oacute;n a los 17 a&ntilde;os tras sufrir abusos y violaciones desde la infancia. Solicit&oacute; la eutanasia, cuando se la negaron decidi&oacute; &ldquo;dejarse ir&rdquo;. Su historia es tambi&eacute;n la de una figura que rompi&oacute; el silencio y con su libro <em>Ganar o aprender</em> se convirti&oacute; en una figura medi&aacute;tica y en influencer.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La obra de Forcano es un ritual mortuorio en torno a ese dolor que arras&oacute; la vida de la holandesa. Pero tambi&eacute;n es una expiaci&oacute;n de la propia creadora, de Forcano como ser humano y mujer. Y ah&iacute; est&aacute; el acierto. Realmente da igual si est&aacute; hablando de ella misma o de la vida de la holandesa. Por un lado, se aleja as&iacute; del morbo testimonial al mismo tiempo que el p&uacute;blico sabe lo que est&aacute; en juego en escena. Por otro, ya no es una obra sobre la figura de Noa Pothoven, sino el relato de tantas y tantas mujeres, &ldquo;si hubiese una monta&ntilde;a de piedras por cada mujer violada se extinguir&iacute;an los campos, no habr&iacute;a tierra f&eacute;rtil sobre la que cultivar&rdquo;, dice Forcano en escena.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2c8f7766-189b-47d3-9456-bb519fe34e30_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2c8f7766-189b-47d3-9456-bb519fe34e30_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2c8f7766-189b-47d3-9456-bb519fe34e30_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2c8f7766-189b-47d3-9456-bb519fe34e30_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2c8f7766-189b-47d3-9456-bb519fe34e30_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2c8f7766-189b-47d3-9456-bb519fe34e30_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/2c8f7766-189b-47d3-9456-bb519fe34e30_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Un momento de la representación de &#039;Zorra dorada&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Un momento de la representación de &#039;Zorra dorada&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Pero lo alucinante de esta pieza es la rabia. La rabia alojada en cada m&uacute;sculo de ese cuerpo tan combativo como herido. Una rabia convertida en carne a la que acompa&ntilde;an unos textos de una exposici&oacute;n m&aacute;xima. Pocos textos hay en el &uacute;ltimo teatro con la dureza del que dedica esta artista a la madre. Forcano lo afronta con la fuerza de quien se rebela, pero sabe que se ahoga. Hay otros textos brutales, uno corto sobre la vagina o el de la propia narraci&oacute;n de una violaci&oacute;n en una calle con olor a orines.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero uno de los textos, el titulado <em>Muerta pero follable</em>, destaca sobremanera. Est&aacute; escrito con un lenguaje netamente contempor&aacute;neo, es una declaraci&oacute;n de guerra que Forcano convierte en danza macabra y apache. Cuerpo y palabra se unen en una sola direcci&oacute;n, en una sola energ&iacute;a. Mientras Forcano escupe estas palabras, &ldquo;Muerta pero con<em> highligther.</em> Muerta con vestidazo (&hellip;) con los labios a tope de gloss (&hellip;) Y los dientes bien limados; bien limaditos, que algo aprend&iacute; de mi historial de felaciones forzadas&rdquo;, su cuerpo es puro exorcismo convertido en cuchillo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;As&iacute; os mont&aacute;is una buena <em>gang bang</em> con mi boca a punto. As&iacute; sigo siendo funcional. La no virgen de las pajas, de las eyaculaciones santas llenas de pena y penitencia. La Santa de las felaciones&rdquo;, grita en escena con dureza para convertir ese acto del teatro que dicen es encuentro y comuni&oacute;n en guerra. Se enferma su cuerpo, se enferma el espacio, vuelve a surgir ese teatro de la crueldad que ya parec&iacute;a olvidado, se instaura una incomodidad 'artaudiana' y cat&aacute;rquica que demuestran que aunque el mercado cultural quiera reducir esa fuerza del &ldquo;otro teatro&rdquo; a marca, ya sea el de la Liddell o el de viejas glorias como Grotowski o Gambaro, la cosa sigue bien viva.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3bb858a2-f601-4b51-a218-6b95deade151_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3bb858a2-f601-4b51-a218-6b95deade151_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3bb858a2-f601-4b51-a218-6b95deade151_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3bb858a2-f601-4b51-a218-6b95deade151_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3bb858a2-f601-4b51-a218-6b95deade151_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3bb858a2-f601-4b51-a218-6b95deade151_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/3bb858a2-f601-4b51-a218-6b95deade151_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Elisa Forcano en un momento de &#039;Zorra dorada&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Elisa Forcano en un momento de &#039;Zorra dorada&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Pero la pieza adem&aacute;s contiene un buen dec&aacute;logo de acciones. Desde acciones cl&aacute;sicas, como decir un texto comiendo una granada que se deglute y vomita en sangre, hasta dos acciones lum&iacute;nicas donde la luz proviene del mismo sexo de la actriz que son escalofriantes por retadoras al mismo tiempo que bellas. Y lo incre&iacute;ble es que en todas estas lides, en la de la danza, en la de la performer con gran carga interpretativa o en la de accionista pura, Forcano sale indemne. Pocas veces se puede ver en escena a una int&eacute;rprete tan completa donde se da la conjunci&oacute;n de palabra, cuerpo, decisi&oacute;n y actitud.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.elisaforcano.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Elisa Forcano</a> es una joven int&eacute;rprete zaragozana, con 36 a&ntilde;os ha estado ya en muchas disciplinas de distinto pelaje: en teatro infantil, en formato de danza estricta como la compa&ntilde;&iacute;a de danza que mont&oacute; en 2017 con <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/maria-velasco-arremete-expediente-x-generacion-incapacidad-amar_129_12256090.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Carlos Beluga</a>, Le Doute, incluso en proyectos de actriz m&aacute;s tradicional con la compa&ntilde;&iacute;a aragonesa Che y Moche. Pero su formaci&oacute;n en teatro f&iacute;sico y su paso por ciertas manos como La Veronal, Peeping Tom o Lucas Condro se ha ido imponiendo. Y si bien ha seguido alternando diferentes c&oacute;digos esc&eacute;nicos en diferentes proyectos (como junto a Alberto San Juan en la obra de Juan Mayorga, <em>La gran cacer&iacute;a</em>) su otro lado, m&aacute;s performativo y f&iacute;sico, es el que la define. No es casual que Rodrigo Garc&iacute;a la eligiese para aquella maravilla llamada <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/rodrigo-garcia-teatro-idiota-bomba-relojeria-escenica_1_10241730.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Cristo est&aacute; en Tinder</em></a>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de todos esas idas y venidas, propias de una de las profesiones m&aacute;s precarias que hay, la de actriz, Forcano ha decidido, en el significado m&aacute;s literal del t&eacute;rmino, empoderarse. Y de qu&eacute; manera. Empoderarse como mujer, como creadora e int&eacute;rprete, como due&ntilde;a de una voz y un cuerpo. Como dice la buler&iacute;a que canta y clava Iv&aacute;n Cozar en la obra: &ldquo;Mi cuerpo tiene precio y valor, lo fija el amo y el patr&oacute;n, mi cuerpo es un p&aacute;ramo desierto, mi alma es quebranto y lamento&rdquo;. Un lamento ya muy largo que se convierte en lucha, la misma de Mariana Enriquez en <em>Las cosas que perdimos en el fuego</em>, la de Mar&iacute;a Fernanda Ampuero en <em>Pelea de Gallos</em>, y la de tantas otras. &ldquo;Si cada mujer que ha sufrido un abuso se inmolase, &iquest;qui&eacute;n traer&iacute;a vuestros hijos al mundo?&rdquo;, dice una perturbadora voz de ni&ntilde;a en un momento de la obra.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La pieza, que se estren&oacute; en el Festival Surge en 2004, ha llevado, auspiciada por la Cuarta Pared, su propia cocci&oacute;n lenta. Ahora ha llegado con toda la fuerza a la peque&ntilde;a sala madrile&ntilde;a Nave 73. Estar&aacute; tan solo hasta este s&aacute;bado. Pero no se preocupen, <em>Zorra dorada</em> tiene la impronta del corredor de fondo. Se har&aacute; durante mucho tiempo. Es demasiado valiosa para que tenga una muerte temprana. Ya se est&aacute; armando una gira que se prev&eacute; larga: el 12 de marzo visitar&aacute; Lanzarote, en abril estar&aacute; en Asturias, en septiembre en Valencia y en octubre en Bilbao. Y volver&aacute; a Madrid. Esta vez, por calendario no podr&aacute; estar el 8M, pero volver&aacute;. Si no, al tiempo.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Caruana Húder]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/zorra-dorada-canto-salvaje-violacion-abuso-sexual_129_13047488.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Mar 2026 20:27:14 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a91e6721-cb5c-4b74-a3e9-15288ff15de9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="12145381" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a91e6721-cb5c-4b74-a3e9-15288ff15de9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="12145381" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA['Zorra dorada', un canto salvaje contra la violación y el abuso sexual]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a91e6721-cb5c-4b74-a3e9-15288ff15de9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Teatro,Danza contemporánea,Crítica,Violencia sexual,Machismo,Abusos sexuales,Violaciones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los sindicatos rechazan la propuesta del Ministerio de Cultura para reformar el INAEM]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/sindicatos-rechazan-propuesta-ministerio-cultura-reformar-inaem_1_13027396.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a28239a1-904c-4bac-b4ef-daf8c20b386d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1137581.jpg" width="3640" height="2048" alt="Los sindicatos rechazan la propuesta del Ministerio de Cultura para reformar el INAEM"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La propuesta del secretario de Estado de Cultura Jordi Martí, el ya denominado  'plan Martí', contraviene lo prometido hace un año por el ministro de Cultura de mantener el INAEM como un ente totalmente público</p><p class="subtitle">Javier Cercas, tras la desclasificación de los papeles del 23F: “No va a acabar con los bulos, pero tienen un sitio menos al que agarrarse”
</p></div><p class="article-text">
        El 20 de febrero la c&uacute;pula del <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/mentiras-juanma-ulloa-iker-jimenez-cine-espanol-olvida-pelicula-recibio-700-000-euros-rtve_129_13013784.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ministerio de Cultura</a>, encabezada por el Secretario de Estado Jordi Mart&iacute;, propuso a los tres sindicatos (CCOO, UGT y CSIF) con representaci&oacute;n en el Instituto Nacional de las Artes Esc&eacute;nica y la M&uacute;sica su nuevo proyecto: transformar el INAEM, hoy organismo aut&oacute;nomo del Ministerio de Cultura, en una entidad p&uacute;blica empresarial. Cinco d&iacute;as despu&eacute;s la respuesta de los sindicatos ha sido clara y conjunta: un no rotundo. 
    </p><p class="article-text">
        El comunicado de los sindicatos afirma que el cambio de naturaleza jur&iacute;dica supondr&iacute;a que el INAEM pasar&iacute;a a ser &ldquo;una entidad de gesti&oacute;n privada&rdquo;, lo que le har&iacute;a depender de una financiaci&oacute;n que tendr&iacute;a que generar mercantilmente algo que convertir&iacute;a &ldquo;la cultura en un bien de mercado&rdquo;. Los sindicatos afirman que el cambio supondr&iacute;a adem&aacute;s una mayor &ldquo;inseguridad en las plantillas al aumentar las posibilidades de los expedientes de regulaci&oacute;n de empleo, el riesgo de abuso de la temporalidad y la perdida de estabilidad&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La propuesta de Mart&iacute; abre la segunda fase de reforma del ente p&uacute;blico una vez concluida la primera. <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cultura-comienza-reforma-inaem-creacion-direccion-general-artes-escenicas-musica_1_12758254.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La primera se llev&oacute; a cabo el pasado noviembre</a>, fase en la cual se ha dividido el INAEM en dos creando una nueva Direcci&oacute;n General de las Artes Esc&eacute;nicas de la M&uacute;sica que se encargar&aacute; de&nbsp;la actividad de fomento y difusi&oacute;n de la m&uacute;sica, el teatro, la danza y el circo; y, adem&aacute;s, gestionar&aacute; las ayudas, premios y subvenciones y defender&aacute; el patrimonio del sector. 
    </p><p class="article-text">
        Quedaba la segunda fase: la reforma de las once unidades de producci&oacute;n del INAEM tales como el Centro Dram&aacute;tico Nacional, la Compa&ntilde;&iacute;a Nacional de Teatro Cl&aacute;sico, la Compa&ntilde;&iacute;a Nacional de Danza y el Teatro de la Zarzuela, entre otras. La patata caliente. El objetivo: poder agilizar las contrataciones art&iacute;sticas, las giras y la contrataci&oacute;n del personal t&eacute;cnico. 
    </p><p class="article-text">
        Hace un a&ntilde;o, el propio ministro de Cultura, Ernest Urtasun, junto con la directora del INAEM, Paz Santa Cecilia, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cultura-anuncia-comienzo-esperada-reforma-instituto-nacional-artes-escenicas-musica_1_12041607.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">anunci&oacute; en rueda de prensa la reforma del INAEM</a> como uno de los planes centrales de su mandato. All&iacute;, prometi&oacute; que la reforma se har&iacute;a con el consenso de los trabajadores y afirm&oacute;: &ldquo;Quiero dejar claro que queda descartada la posibilidad que se ha comentado de poder transformar al INAEM en una fundaci&oacute;n, el organismo tiene que ser cien por cien p&uacute;blico&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        De ah&iacute; a la sorpresa que ha provocado la propuesta presentada el pasado 20 de febrero a los sindicatos. &ldquo;Durante todos estos meses siempre hablamos con el Ministerio de hacer un real decreto o un estatuto propio para agilizar el funcionamiento del INAEM y solventar la precariedad y desigualdades laborales. Lamentablemente, lo que se nos ha presentado cambia la naturaleza jur&iacute;dica de la entidad y la privatiza. No es propio de un gobierno que se dice de izquierdas, la sorpresa ha sido may&uacute;scula&rdquo;, declara a este peri&oacute;dico Neftali Rodr&iacute;guez, Secretario General de las Secci&oacute;n Sindical Estatal de Comisiones Obreras en el Ministerio de Cultura. 
    </p><h2 class="article-text">Entidad p&uacute;blica Empresarial</h2><p class="article-text">
        La figura propuesta por el Ministerio est&aacute; regida por la Ley 6/1997, de 14 de abril. Ley de la &eacute;poca del gobierno de Jos&eacute; Mar&iacute;a Aznar que en su art&iacute;culo 53 dice: &ldquo;Las entidades p&uacute;blicas empresariales se rigen por el Derecho privado&rdquo;. Otras conocidas EPE, como se las conoce, son ADIF, Correos y Tel&eacute;grafos y la Agencia EFE. 
    </p><p class="article-text">
        Neftal&iacute; Rodr&iacute;guez confiesa a este peri&oacute;dico que despu&eacute;s de una asamblea muy numerosa de los trabajadores la posici&oacute;n es clara: &ldquo;Hemos sido cautos, el ministro siempre dijo que no iba a reformar el INAEM sin el consenso con los trabajadores. Esperamos que as&iacute; sea. Vamos a dar un margen e intentar reconducir la situaci&oacute;n, pero si rompen su palabra y optan por actuar de forma unilateral nos encontrar&aacute;n enfrente. Habr&aacute; movilizaciones&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Rodr&iacute;guez, aun as&iacute;, afirma que no quiere que se confunda esta posici&oacute;n contundente con un &aacute;nimo de confrontaci&oacute;n, &ldquo;la gente tiene que entender que no solo nos jugamos la situaci&oacute;n laboral de mucha gente. Una EPE quiere decir que la mayor&iacute;a del presupuesto tiene que llegar por v&iacute;a mercantil, es decir de ingresos. Quiz&aacute; no este Gobierno, pero uno futuro puede verse habilitado a decir que no se est&aacute; cumpliendo la autofinanciaci&oacute;n exigida y minimizar el apoyo p&uacute;blico presupuestario&rdquo;, argumenta. 
    </p><p class="article-text">
        Las consecuencias seg&uacute;n el representante sindical pueden ser de diferentes naturalezas, tales como subidas en el precio de las entradas, &ldquo;miren los precios del Teatro Real&rdquo;, pone como ejemplo, pero tambi&eacute;n acabar con el proyecto de teatro p&uacute;blico que naci&oacute; en los a&ntilde;os ochenta con Adolfo Marsillach, &ldquo;en el INAEM las creaciones y obras que se llevan a cabo tienen un car&aacute;cter art&iacute;stico, se investiga y se crea sin buscar la rentabilidad, las obras no est&aacute;n dirigidas al mercado. Todo eso se pondr&iacute;a en riesgo&rdquo;, afirma. 
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, los sindicatos tambi&eacute;n quieren se&ntilde;alar que el personal contratado por el INAEM con esta nueva figura jur&iacute;dica cambiar&iacute;a, &ldquo;nosotros tendr&iacute;amos que salir s&iacute; o s&iacute; del convenio &uacute;nico de la Administraci&oacute;n General, tendr&iacute;amos que firmar un convenio propiamente privado y quedar&iacute;amos al margen del resto de estructuras administrativas&rdquo;, explica Rodr&iacute;guez. 
    </p><p class="article-text">
        En el comunicado los sindicatos tambi&eacute;n se&ntilde;alan la necesidad, ya hist&oacute;rica, de mejorar las condiciones de los trabajadores del INAEM &ldquo;mediante un acuerdo de retribuciones salariales adecuadas&rdquo;. Neftal&iacute; Rodr&iacute;guez avanza a este peri&oacute;dico que justo despu&eacute;s de emitirlo han recibido una propuesta para la mejora de las condiciones laborales del elenco art&iacute;stico de la Compa&ntilde;&iacute;a Nacional de Danza, &ldquo;tenemos que estudiarlo, pero tiene buena pinta. Es una propuesta que nos llega a trav&eacute;s de la Subdirecci&oacute;n General de Personal del INAEM, de Mariana Albinyana, con quienes llev&aacute;bamos trabaj&aacute;ndolo tiempo juntos, aun as&iacute; la coincidencia es curiosa&rdquo;, afirma. 
    </p><p class="article-text">
        Los sindicatos se&ntilde;alan a este diario que ven como responsable de este giro al propio secretario de estado Jordi Mart&iacute;, &ldquo;sabemos de su paso por el Institut de Cultura de Barcelona, nuestros compa&ntilde;eros ya nos han trasladado su malestar de lo que all&iacute; hizo, los grandes problemas laborales que se generaron&rdquo;, dice de este pol&iacute;tico que comenz&oacute; andadura pol&iacute;tica en el Partido Socialista Catal&aacute;n, dirigi&oacute; el ICUB entre 1999 y 2013, fue tambi&eacute;n delegado de cultura del Ayuntamiento de Barcelona entre 2006 y 2011 y, ya en 2015, abandonar&iacute;a el PSC. Cuando Ada Colau fue nombrada alcaldesa de Barcelona en 2015 fich&oacute; a Mart&iacute;, quien fue subiendo escalafones en el nuevo partido, Barcelona en Com&uacute;, hasta que en 2019 se present&oacute; como n&uacute;mero 5 en las listas de Colau. Mart&iacute; acab&oacute; siendo teniente alcalde y dirigi&oacute; el &Aacute;rea de Cultura, Educaci&oacute;n, Ciencia y Comunidad del Ayuntamiento. 
    </p><p class="article-text">
        En noviembre de 2023 fue nombrado por Urtasun Secretario de Estado del Ministerio de Cultura, cargo inexistente hasta la fecha, &ldquo;en la reuni&oacute;n del 20 de febrero Mart&iacute; nos citaba el ICUB, que es una EPE local, como un ejemplo a seguir, pero una cosa es Barcelona donde hay otra cultura de fundaciones y organismos semip&uacute;blicos, pero otra cosa es el INAEM, que es estatal&rdquo;, afirma Rodr&iacute;guez. El ya denominado &ldquo;plan Mart&iacute;&rdquo; parece haber nacido con la pata quebrada. Est&aacute; por ver si la habilidad de este veterano pol&iacute;tico y gestor es capaz de reconducir una negociaci&oacute;n que a d&iacute;a de hoy parece rota. Este peri&oacute;dico ha intentado ponerse en contacto con el propio Jordi Marti o con alg&uacute;n representante del Ministerio y el INAEM, pero han declinado hacer cualquier declaraci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Caruana Húder]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/sindicatos-rechazan-propuesta-ministerio-cultura-reformar-inaem_1_13027396.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Feb 2026 16:18:18 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a28239a1-904c-4bac-b4ef-daf8c20b386d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1137581.jpg" length="1608102" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a28239a1-904c-4bac-b4ef-daf8c20b386d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1137581.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1608102" width="3640" height="2048"/>
      <media:title><![CDATA[Los sindicatos rechazan la propuesta del Ministerio de Cultura para reformar el INAEM]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a28239a1-904c-4bac-b4ef-daf8c20b386d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1137581.jpg" width="3640" height="2048"/>
      <media:keywords><![CDATA[INAEM,Ministerio de Cultura y Deporte,CCOO - Comisiones Obreras,Sindicatos,Reforma laboral]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La mítica obra del teatro catalán 'La nit de les tribades' vuelve a subir a escena]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/mitica-obra-teatro-catalan-nit-les-tribades-vuelve-subir-escena-cultura_1_13023984.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a26aa438-4422-4cf7-ab9f-0195e629297e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La mítica obra del teatro catalán &#039;La nit de les tribades&#039; vuelve a subir a escena"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La compañía La Perla 29, dirigida por Oriol Broggi, recupera un título histórico tanto por su mensaje político como por su apuesta teatral</p><p class="subtitle">Josep María Pou es Roald Dahl en ‘Gigante’: ¿qué pasa cuando tu escritor favorito de la infancia es antisemita?
</p></div><p class="article-text">
        Hace 48 a&ntilde;os, una cooperativa de actores y profesionales del teatro que acababa de nacer, el Teatre Lliure, estrenaba una obra de un autor sueco, Per Olov Enquist. Una obra llamada <em>La nit de les tr&iacute;bades</em>. Es decir, la noche de las lesbianas, dicho po&eacute;ticamente. Aquel montaje, protagonizado por Anna Lizar&aacute;n, Muntsa Alca&ntilde;iz y Quim Lecina se convirti&oacute; con los a&ntilde;os en el montaje fundador del teatro contempor&aacute;neo catal&aacute;n. En un mito. Ahora, La Perla 29, con Oriol Broggi al frente, vuelve a levantarla.
    </p><p class="article-text">
        La obra transcurre durante un ensayo en 1899 en el Teatro Dagmar en Suecia. El dramaturgo August Strindberg est&aacute; ensayando su obra <em>La m&aacute;s fuerte</em>. Una de las actrices, Siri Von Essen, es la antigua mujer de Strinberg. La otra, Mar&iacute;e Caroline, mantiene una relaci&oacute;n amorosa con Siri. La obra es un verdadero duelo de interpretaci&oacute;n en el que salen a flote las miserias de cada personaje, la misoginia de Strindberg, la b&uacute;squeda de la identidad de la mujer en una sociedad patriarcal hasta la m&eacute;dula y la fina frontera entre el teatro y la vida.
    </p><p class="article-text">
        Broggi es uno de los directores con m&aacute;s trayectoria del teatro catal&aacute;n. Ha dirigido de Moli&egrave;re a Eduardo de Filippo, desde Shakespeare hasta Wajdi Mouawad, autor este &uacute;ltimo con el que la compa&ntilde;&iacute;a tuvo uno de sus grandes &eacute;xitos en 2013 con <em>Incendis</em>. En cierto modo Broggi se form&oacute; en el propio Teatre Lliure y su compa&ntilde;&iacute;a, que cre&oacute; con Carlota Subir&oacute;s en 2002, naci&oacute; de ese mismo esp&iacute;ritu. Por eso, no es fortuito que hoy aborde uno de sus montajes m&aacute;s representativos. &ldquo;Pero admito que no he visto el video del montaje del 78, ni tampoco los dos siguientes que hizo Lluis Pasqual&rdquo;, desliza Broggi con humildad.
    </p><p class="article-text">
        El director confiesa que hasta ya bien metido en ensayos ten&iacute;a verdadero miedo. Broggi ha decidido configurar un elenco de actores muy j&oacute;venes. &ldquo;El problema estaba en las cosas que se dicen en el texto, con actores m&aacute;s mayores la cosa habr&iacute;a chirriado&rdquo;, afirma. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No estamos en el 78 donde hablar de lesbianismo y tener a dos actrices bes&aacute;ndose en escena era claramente retador, la obra necesitaba de una mayor naturalidad. Necesitaba a actores que estuvieran empezando, de una generaci&oacute;n muy inferior a la m&iacute;a, y, por lo tanto, que tuviera una visi&oacute;n de lo que estamos hablando diferente&rdquo;, argumenta el director sobre el trabajo de Cristina Arenas, Joan Marmaneu, Clara Mir y Jordi Llovet.
    </p><p class="article-text">
        Cuando se le pregunta por el secreto de esta obra, Broggi afirma que hay que olvidarse del propio montaje y centrarse en el trabajo actoral por completo. &ldquo;La obra transcurre en un ensayo donde se mezcla lo ensayado con sus propias vidas. Hablan y hablan y hablan, es un duelo de interpretaci&oacute;n maravilloso, c&oacute;mo discuten, la gestualidad, la forma de entrar en una nueva conversaci&oacute;n&hellip; Todo tiene que ser espont&aacute;neo y fluido&rdquo;, relata el director que ha decidido mantener a los actores con traje de calle y tan solo a&ntilde;adir peque&ntilde;os matices, como una levita o un fald&oacute;n, para poder saltar del actor al personaje.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3b271be4-7c64-4abe-b700-7bb744b401ce_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3b271be4-7c64-4abe-b700-7bb744b401ce_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3b271be4-7c64-4abe-b700-7bb744b401ce_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3b271be4-7c64-4abe-b700-7bb744b401ce_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3b271be4-7c64-4abe-b700-7bb744b401ce_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3b271be4-7c64-4abe-b700-7bb744b401ce_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/3b271be4-7c64-4abe-b700-7bb744b401ce_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Anna Lizarán y Muntsa Alcañiz en el montaje del Teatre Lliure en 1978"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Anna Lizarán y Muntsa Alcañiz en el montaje del Teatre Lliure en 1978                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <em>La nit de les tr&iacute;bades</em> encaja a la perfecci&oacute;n con el teatro defendido por la compa&ntilde;&iacute;a. &ldquo;En la Perla siempre decimos que el ensayo es la obra, nada concluye todo est&aacute; por hacer, es una filosof&iacute;a que adem&aacute;s aprendimos en el Teatre Lliure. Y eso es lo que intentamos en este montaje, estar atentos a que lo importante es lo que est&aacute; pasando en escena y as&iacute; poder descubrir las cosas nuevas que aparecen delante de nosotros&rdquo;, explica sobre esta obra que ha adaptado Joan Yago a partir de la primera traducci&oacute;n al catal&aacute;n que hizo Jem Cabanes.
    </p><p class="article-text">
        Broggi indica que han ido adaptando ciertas frases, intentando acercar este texto escrito hace m&aacute;s de 40 a&ntilde;os. &ldquo;El debate de si Strindberg estaba equivocado o no est&aacute; ya superado, es evidente que es machista&rdquo;, zanja. &ldquo;Tambi&eacute;n hemos superado la sorpresa de que dos mujeres est&eacute;n juntas, de ah&iacute; que hayamos suavizado alguna frase, alguna reacci&oacute;n. Pero hay cierto machismo que tenemos impregnado del que no es tan f&aacute;cil liberarse. Creo que hoy la obra plantea eso, que no se cambia de un d&iacute;a para el otro, que hay que hablar, escuchar y explicar para que todos tengamos las mismas oportunidades&rdquo;, asevera.
    </p><h2 class="article-text">Teatro dentro del teatro</h2><p class="article-text">
        Para el montaje Oriol Broggi ha decidido salir de su teatro, ese peque&ntilde;o templo que tiene en la Biblioteca de Catalunya y coger los Ferrocarrils hasta el Teatre de Sarri&agrave;, otro peque&ntilde;o santuario de la historia del teatro catal&aacute;n.&nbsp;Un teatro a la italiana de comienzos de siglo XX, con platea, anfiteatro, tres pisos en la caja esc&eacute;nica y escenario con escotillones. Una decisi&oacute;n que en primera estancia llama la atenci&oacute;n. La obra, que est&aacute; escrita en los setenta, &eacute;poca del teatro experimental donde la busca de espacios no teatrales estaba de moda, transcurre durante un ensayo. No hay escenograf&iacute;a, es a espacio vac&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando el Teatre de Sarri&agrave; me invit&oacute; a pensar con ellos y vi el espacio enseguida se me ocurri&oacute; montar <em>La nit de les tr&iacute;bades</em>&rdquo;, explica Oriol Broggi a este peri&oacute;dico. El director ten&iacute;a en mente el m&iacute;tico montaje de Fabi&agrave; Puigserver en la cabeza, pero se acord&oacute; de Strindberg y su obra <em>La m&aacute;s fuerte</em>, en un teatro del siglo XIX, intentando luchar desde ah&iacute; contra teatro burgu&eacute;s. &ldquo;Me pareci&oacute; que ahora que el Teatre de Sarri&agrave; est&aacute; intentando reflotarse, coger nuevos caminos, todo cuadraba&rdquo;, agrega.
    </p><p class="article-text">
        Broggi ha tenido que intervenir el espacio, meter una grada y que el p&uacute;blico no ocupe todas las butacas. &ldquo;Adem&aacute;s, dejaremos las primeras butacas vac&iacute;as, llegar&aacute;n los actores, dejar&aacute;n sus abrigos y bolsos ah&iacute;, se trata de una obra que transcurre durante un ensayo, el p&uacute;blico se ve inmerso en &eacute;l&rdquo;, desvela Broggi, que a&ntilde;ade que hacerlo en la Biblioteca de Catalunya hubiera tenido menos fuerza porque espacio &ldquo;est&aacute; ya muy habituado a esas batallas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La Perla vive un momento dulce. A parte de este estreno, la compa&ntilde;&iacute;a visitar&aacute; Madrid con su espect&aacute;culo <a href="https://www.condeduquemadrid.es/actividades/la-perla-29-y-tiger-lillies-macbeth-song" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>A Macbeth song</em></a>. Broggi ya est&aacute; inmerso en un nuevo proyecto que estrena en junio, <em>L&rsquo;Albada</em>, un espect&aacute;culo sobre la Guerra Civil, inspirado en el teatro de Mouawad pero escrito por un joven autor, Jaume Vi&ntilde;as. Adem&aacute;s, Broggi ya tiene en mente un nuevo reto, nada menos que <em>La casa de Bernarda Alba</em> de Federico Garc&iacute;a Lorca.
    </p><p class="article-text">
        Cuando se le pregunta si no habr&aacute; un nuevo montaje de Mouawad, su director fetiche, dice que no, que ha hablado con el director liban&eacute;s que dentro de poco deja la direcci&oacute;n del Teatro Nacional de la Colline en Par&iacute;s, pero que todav&iacute;a no hay texto nuevo. &ldquo;Me dijo que si yo quer&iacute;a se ven&iacute;a a nuestro teatro para ser el conserje, que le gusta mucho nuestro espacio (risas). Repondremos a final de a&ntilde;o <em>Tots ocells</em>, pero habr&aacute; que esperar&rdquo;, explica Broggi que tambi&eacute;n confiesa haberle pedido un texto para la compa&ntilde;&iacute;a. Cuando se le dice que defina en pocas palabras la filosof&iacute;a de su compa&ntilde;&iacute;a afirma sin rubor, &ldquo;la alegr&iacute;a, la alegr&iacute;a del enamoramiento con el teatro y la sociedad&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Caruana Húder]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/mitica-obra-teatro-catalan-nit-les-tribades-vuelve-subir-escena-cultura_1_13023984.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 26 Feb 2026 21:13:15 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a26aa438-4422-4cf7-ab9f-0195e629297e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1826078" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a26aa438-4422-4cf7-ab9f-0195e629297e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1826078" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La mítica obra del teatro catalán 'La nit de les tribades' vuelve a subir a escena]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a26aa438-4422-4cf7-ab9f-0195e629297e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Teatro,Cultura,LGTBI,Barcelona]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Josep María Pou es Roald Dahl en ‘Gigante’: ¿qué pasa cuando tu escritor favorito de la infancia es antisemita?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/josep-maria-pou-roald-dahl-gigante-pasa-escritor-favorito-infancia-antisemita_129_13018773.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9274815e-f4eb-43bc-80ad-1f3387be1d50_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Josep María Pou es Roald Dahl en ‘Gigante’: ¿qué pasa cuando tu escritor favorito de la infancia es antisemita?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El actor catalán estrena en el Teatro Bellas Artes la obra sobre el escritor inglés que triunfó en el West End londinense la temporada pasada</p><p class="subtitle">Los tres cuentos de Roald Dahl que sus herederos no quieren que leas
</p></div><p class="article-text">
        Puede ser una de las &uacute;ltimas veces que uno pueda ver a uno de los grandes actores de este pa&iacute;s sobre un escenario. <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/parenostre-cine-recrea-caida-jordi-pujol-padre-patria-catalana-ponia-presidentes-madrid-cat_1_12211467.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Josep Mar&iacute;a Pou</a> tiene ya 82 a&ntilde;os y aunque no anuncia retirada, puede que no ande lejos. Es una gozada verle en escena. Este actor est&aacute; lleno de sabidur&iacute;a en el gesto, en el tiempo de la frase, en c&oacute;mo asentar cada palabra en el cuerpo. Y adem&aacute;s, en esta ocasi&oacute;n lo hace con el teatro que &eacute;l siempre defendi&oacute;, un teatro de ideas, inteligente y que busca el cuestionamiento y la reflexi&oacute;n del respetable.
    </p><p class="article-text">
        <em>Gigante</em> es un combate dial&eacute;ctico donde muchas de las cuestiones morales de nuestro tiempo, como la cancelaci&oacute;n, la libertad de opini&oacute;n o el dilema de si artista y arte tienen que ir de la mano, se ponen en juego. Pero tambi&eacute;n es un retrato psicol&oacute;gico de una de las figuras m&aacute;s complejas de la literatura del siglo XX: <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/gordas-calvas-mecanografas-revision-roald-dahl-enciende-debate_1_9969704.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el gran Roald Dahl.&nbsp;</a>
    </p><p class="article-text">
        La obra retoma el esc&aacute;ndalo que supuso un art&iacute;culo publicado por Dalh&nbsp;en la Literary Review en 1983. Una rese&ntilde;a sobre un libro de fotograf&iacute;as sobre el bombardeo israel&iacute; sobre Beirut publicado un a&ntilde;o antes: <em>Dios llor&oacute;</em>, del periodista australiano Tony Clifton y la fotoperiodista francesa Catherine Leroy. El art&iacute;culo, <em>No es un asunto caballeroso</em>, es duro, escrito desde una izquierda militante que exige a los jud&iacute;os levantarse contra la actuaci&oacute;n del Estado israel&iacute; en la llamada Primera Guerra del L&iacute;bano.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero el art&iacute;culo tambi&eacute;n est&aacute; lleno de dejes racistas e injustificados. Frases como &ldquo;nunca una raza gener&oacute; tanta piedad en todo el mundo para tan r&aacute;pido, en el espacio de la vida de un ser humano, conseguir que esa simpat&iacute;a se convirtiese en odio y repulsi&oacute;n&rdquo;, hacen temer a sus editores que las bibliotecas y las asociaciones de libreros pudieran vetar sus libros.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a8642868-afbb-49c4-81e9-97d41b1ad0d7_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a8642868-afbb-49c4-81e9-97d41b1ad0d7_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a8642868-afbb-49c4-81e9-97d41b1ad0d7_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a8642868-afbb-49c4-81e9-97d41b1ad0d7_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a8642868-afbb-49c4-81e9-97d41b1ad0d7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a8642868-afbb-49c4-81e9-97d41b1ad0d7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/a8642868-afbb-49c4-81e9-97d41b1ad0d7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="El reparto de &#039;Gigante&#039; en un momento de la obra"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El reparto de &#039;Gigante&#039; en un momento de la obra                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <em>Gigante</em> transcurre en la casa en obras del propio Dahl. El escritor se ha separado de su mujer, la actriz Patricia Neal, y est&aacute; comenzando vida con quien ser&iacute;a su segunda mujer Felicity Crosland (Vict&ograve;ria Pag&egrave;s). Llegar&aacute;n para convencerle de que se retracte de sus palabras su editor ingl&eacute;s Tom Maschler (Pep Planas) y una jefa de ventas de su editorial americana, Jessie Stone (Cl&agrave;udia Benito). &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En Inglaterra, esta obra escrita por Mark Rosenblatt, se estren&oacute; en el Royal Court en septiembre de 2024, justo un mes antes de la masacre del 7 de octubre que dio comienzo al genocidio israel&iacute; en Gaza. La protagoniz&oacute; uno de los actores m&aacute;s solventes y maravillosos del celuloide anglosaj&oacute;n, <a href="https://www.eldiario.es/vertele/series-usa/regreso-dexter-contara-john-lithgow-recordado-asesino-trinidad_1_8084551.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">John Lithgow</a>. El &eacute;xito fue tal que subi&oacute; al West End, al teatro Harold Pinter, y acab&oacute; ganando tres premios Oliver, el de mejor actor entre ellos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La obra lo ten&iacute;a todo, muy buena carpinter&iacute;a teatral, un conflicto, el &aacute;rabe israel&iacute;, que estaba todos los d&iacute;as a 5 columnas en todos los peri&oacute;dicos, una figura tan brit&aacute;nica como Roald Dahl; y un tema, el de la cancelaci&oacute;n de un gigante, que en Londres era imposible no relacionar con la controversia de la autora de<em> Harry Potter</em>, J.K. Rowling, por sus opiniones sobre las mujeres trans.&nbsp;Con buen olfato, Josep Mar&iacute;a Pou se hizo con los derechos.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>A cara de perro</strong></h2><p class="article-text">
        <em>Gigante</em> est&aacute; divida en dos actos con intermedio. La acci&oacute;n transcurre en tiempo real. El primer acto comienza como una obra costumbrista de mesa y camilla en el que vemos al escritor, inteligente y mani&aacute;tico, trajinar en su vida diaria. Incluso uno dir&iacute;a que la cosa no avanza. Pero de pronto, con la llegada de la editora americana, la obra se convierte en un verdadero juego dial&eacute;ctico de alta tensi&oacute;n que acaba en puro combate a cara de perro. Pocas veces he visto un final del primer acto tan efectivo y abrumador.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el segundo acto se ahondar&aacute; en ese combate de ideas y, al mismo tiempo, ir&aacute;n surgiendo aristas que ir&aacute;n haciendo bailar la opini&oacute;n que tiene el p&uacute;blico sobre cada personaje y sobre los argumentos que cada uno de ellos esgrimen. Pero quiz&aacute; lo m&aacute;s interesante, m&aacute;s all&aacute; de la esgrima intelectual sobre el conflicto &aacute;rabe israel&iacute;, radica en la complejidad con que la obra va dibujando al propio Roald Dahl.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; vemos a un hombre debatirse entre su raz&oacute;n y sus prejuicios, le veremos defender su independencia intelectual sabiendo que tendr&aacute; que pagar por ella un precio; y seremos testigos de c&oacute;mo con los a&ntilde;os, con la vejez, los prejuicios, eso que llevamos grabados en el subc&oacute;rtex cerebral, ganar&aacute;n la partida al razonamiento. Ese dibujo complejo de una de las personalidades m&aacute;s cautivadoras de la cultura inglesa del siglo XX es ciertamente apasionante. Y ah&iacute;, Pou, juguet&oacute;n y sabio, da toda una lecci&oacute;n.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/77de868f-01e5-4fac-b76b-09f5dacd49bb_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/77de868f-01e5-4fac-b76b-09f5dacd49bb_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/77de868f-01e5-4fac-b76b-09f5dacd49bb_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/77de868f-01e5-4fac-b76b-09f5dacd49bb_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/77de868f-01e5-4fac-b76b-09f5dacd49bb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/77de868f-01e5-4fac-b76b-09f5dacd49bb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/77de868f-01e5-4fac-b76b-09f5dacd49bb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Josep Maria Pou se convierte en Roald Dahl en &#039;Gigante&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Josep Maria Pou se convierte en Roald Dahl en &#039;Gigante&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        La escenograf&iacute;a, con esa casa en fabricaci&oacute;n, como si fuera una met&aacute;fora de la propia cabeza del escritor, ayuda a esta lectura, la apoya y la acompa&ntilde;a. La verdad, que el montaje, de la productora Focus, re&uacute;ne a todo un plantel del teatro catal&aacute;n m&aacute;s veterano y solvente. El elenco responde, incluso la joven Cl&agrave;udia Benito se sube a la chepa de Pou en algunos momentos. Y la direcci&oacute;n, del veterano Josep Mar&iacute;a Mestres, da ritmo. Todos, en general, hacen un trabajo de una factura, aunque un tanto viejuna, de calidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero volviendo a la pregunta del titular: &iquest;qu&eacute; pasa cuando tu escritor favorito de infancia es un antisemita de libro? Porque la obra acaba, otra vez basada en declaraciones verdaderas del propio Dahl, dejando claro que el autor ingl&eacute;s sufr&iacute;a de un antisemitismo recalcitrante. Una de las respuestas podr&iacute;a ser: nada. Tambi&eacute;n habr&aacute; quien no vuelva a leer <em>Charlie la f&aacute;brica de chocolate </em>de igual modo. Incluso quien decida no dar a sus hijos a leer <em>Las brujas</em>, o esa maravilla llamada <em>James y el melocot&oacute;n gigante</em>. Aqu&iacute; las opiniones ir&aacute;n por barrios.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero lo que tambi&eacute;n la obra deja claro es que cuando un gigante de la cultura puede caer, las instituciones que lo arropan y viven de &eacute;l intentan salvaguardar su buen nombre, aunque haya que deformarlo. Algo que &uacute;ltimamente al pobre Roald Dahl no deja de pasarle.
    </p><p class="article-text">
        No hay m&aacute;s que ver lo que hizo la hija de Dahl, que dirige su fundaci&oacute;n, con las &uacute;ltimas ediciones publicadas de este coloso de la literatura infantil. <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/tres-cuentos-roald-dahl-herederos-no-quieren-leas_1_12501875.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Este peri&oacute;dico cont&oacute; muy bien</a> c&oacute;mo cercenaron&nbsp;su antolog&iacute;a de cuentos completos para adultos de manera inexplicable. Sus cuentos infantiles tambi&eacute;n han tenido que pasar por el filtro de la correcci&oacute;n pol&iacute;tica donde tantas veces se confunde la inclusi&oacute;n con lo pacato. Tambi&eacute;n lo contaba muy bien Raquel Marcos Oliva en este <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/roald-dahl-fabrica-dinero_129_9972191.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">art&iacute;culo</a>. De lo que se trata es de seguir vendiendo libros. No lo duden.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un apunte sobre el tema israel&iacute;. En aquella Primera Guerra del L&iacute;bano murieron m&aacute;s de 20.000 libaneses, el 84% fueron civiles y se llevaron horrorosas limpiezas &eacute;tnicas en los campos de refugiados palestinos con m&aacute;s de 3.500 muertos. El problema es que Roald Dahl extendi&oacute; a todos los jud&iacute;os los males del gobierno israel&iacute;, llegando incluso a justificar a Hitler. Dahl era un referente de la izquierda en su pa&iacute;s y la obra levanta la alfombra para mostrar que el racismo y la intolerancia no tiene bando pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        La obra tiene la virtud de incomodar el status de la izquierda que, como sabemos, es proclive a creer detentar ciertos pruritos &eacute;ticos. Aun as&iacute;, aqu&iacute;, en Espa&ntilde;a, en la patria que se erigi&oacute; sobre el honor de una expulsi&oacute;n y cientos de a&ntilde;os de Inquisici&oacute;n gloriosa, la obra provoca ciertos ecos chirriantes. La derecha y los ultras espa&ntilde;oles, en el conflicto a&uacute;n irresuelto en Gaza, han tildado de racistas las cr&iacute;ticas al actual gobierno de Sharon. No es dif&iacute;cil de imaginar a alg&uacute;n espectador saliendo de esta obra contento porque ha podido confirmar sus tesis hiladas por los discursos de Ayuso o del propio Feij&oacute;o.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es curioso que la derecha espa&ntilde;ola que desayun&oacute; todos los d&iacute;as de su infancia con aquel contubernio judeo-mas&oacute;nico del ultra catolicismo franquista hoy sean los grandes humanistas que han venido a salvar el nombre del gran pueblo de Judea. &ldquo;Los adultos son criaturas llenas de caprichos y secretos&rdquo;, que dec&iacute;a Roald Dahl en <em>Matilda</em>.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Caruana Húder]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/josep-maria-pou-roald-dahl-gigante-pasa-escritor-favorito-infancia-antisemita_129_13018773.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 25 Feb 2026 21:19:06 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/9274815e-f4eb-43bc-80ad-1f3387be1d50_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="844128" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/9274815e-f4eb-43bc-80ad-1f3387be1d50_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="844128" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Josep María Pou es Roald Dahl en ‘Gigante’: ¿qué pasa cuando tu escritor favorito de la infancia es antisemita?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/9274815e-f4eb-43bc-80ad-1f3387be1d50_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Crítica,Teatro,Bellas Artes,Actores,Antisemitismo,Escritores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Alfredo Sanzol triunfa en su primer drama, 'La última noche con mi hermano', con una impresionante Nuria Mencía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/alfredo-sanzol-triunfa-primer-drama-ultima-noche-hermano-impresionante-nuria-mencia_129_13001558.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/864167e8-50e7-4af0-b73b-f5df49d9a417_16-9-discover-aspect-ratio_default_1136852.jpg" width="7691" height="4326" alt="Alfredo Sanzol triunfa en su primer drama, &#039;La última noche con mi hermano&#039;, con una impresionante Nuria Mencía"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La obra, con la que el director debuta en el drama, es una pieza de madurez que fija su mirada en la pérdida, la muerte y las relaciones filiales y sociales que nos unen y separan</p><p class="subtitle">Crítica - Alberto Conejero sorprende con un profundo retrato generacional de la mujer en 'Tres noches en Ítaca'</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/alfredo-sanzol-estrena-bufonada-aires-reflexion-politica-artistica-guerra-ucrania_129_9991995.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Alfredo Sanzol</a> ha estrenado su obra m&aacute;s pausada, una pieza de madurez que fija su <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/charlotte-gainsbourg-chanson-canciones-perdida_1_3060789.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">mirada en la p&eacute;rdida</a>, la muerte y las relaciones filiales y sociales que nos unen y separan.&nbsp;La obra escoge un tempo andante para transitar los &uacute;ltimos meses de vida de Nerea, enferma de c&aacute;ncer, y su hermano Alberto. A su alrededor surgir&aacute;n otras relaciones familiares que ir&aacute;n componiendo un paisaje sobre una &eacute;poca, la actual. Una diapositiva agria y melanc&oacute;lica, primer drama del navarro, para el que Sanzol retorna a su reino imaginario.
    </p><p class="article-text">
        El teatro de Sanzol est&aacute; partido en dos: aquellas obras de otros autores que dirige &mdash;ya sean de Lorca, Mayorga, Valle o <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/lois-patino-le-da-revolcon-shakespeare-mano-irene-escolar-ariel_1_12878576.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Shakespeare</a>&mdash; y las que &eacute;l mismo escribe. <em>La &uacute;ltima noche con mi hermano</em> pertenece a este segundo grupo. Por eso es m&aacute;s relevante su decisi&oacute;n de abandonar la comedia, g&eacute;nero que vertebra su dramaturgia, por el drama. Para entender ese cambio, miremos atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Hace poco coment&aacute;bamos el giro de Alberto Conejero al <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/alberto-conejero-sorprende-profundo-retrato-generacional-mujer-tres-noches-itaca_129_12979210.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">drama con tintes humor&iacute;sticos</a> en <em>Tres noches en &Iacute;taca</em>. Ahora es Sanzol quien ha acabado en un terreno similar, pero desde una trayectoria casi contraria. Sanzol fue escalando los pelda&ntilde;os de la comedia y, por el camino, fue dejando un teatro donde supo escribir con maestr&iacute;a para actores que han crecido con &eacute;l y que hoy son realidad y presente como Juan Antonio Lumbreras, Natalia Fern&aacute;ndez, Paco D&eacute;niz, Luc&iacute;a Quintana o la propia Nuria Menc&iacute;a.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/608816cc-7fe2-4865-84ec-344f4267ea6c_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/608816cc-7fe2-4865-84ec-344f4267ea6c_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/608816cc-7fe2-4865-84ec-344f4267ea6c_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/608816cc-7fe2-4865-84ec-344f4267ea6c_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/608816cc-7fe2-4865-84ec-344f4267ea6c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/608816cc-7fe2-4865-84ec-344f4267ea6c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/608816cc-7fe2-4865-84ec-344f4267ea6c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="La obra de teatro &#039;La última noche con mi hermano&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La obra de teatro &#039;La última noche con mi hermano&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Comedias llenas de ingenio, ritmo y humor como <em>S&iacute;, pero no lo soy</em> (2008) o <em>D&iacute;as realmente estupendos</em> (2010). Pero el armaz&oacute;n, la dramaturgia de aquellas obras, no estaba en el ritmo ni en el humor, sino en la mirada de este autor capaz de desvelar lo que los personajes tienen de humanos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Su teatro fue creciendo y lo hizo en espiral. Sus comedias se llenaron de electricidad imposible. Los cr&iacute;ticos lo comparaban con el gran Jardiel Poncela, con Mihura, con la alta comedia espa&ntilde;ola donde lo inveros&iacute;mil se convierte en revelador. Obras como <em>La ternura</em> (2017) o <em>La valent&iacute;a </em>(2018) son prueba de aquella espiral que hizo que cierto &uacute;ltimo p&uacute;blico lo adorara. Pero la triple voltereta en la comedia tiene el riesgo de que en la pirueta se te vac&iacute;e el morr&oacute;n.&nbsp;Algo de esto le pas&oacute; a su teatro. Y Sanzol, quiz&aacute; consciente, peg&oacute; un giro a lo personal y alumbr&oacute; uno de sus grandes &eacute;xitos, <a href="https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/eldiario-de-la-cultura/teatro-principal-valencia-acoge-obra-bar-trago-espanoles_132_7842773.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El bar que se trag&oacute; a todos los espa&ntilde;oles</em></a><em>. </em>En ella volv&iacute;a a su navarrismo para contar la vida de su padre.&nbsp;Despu&eacute;s, Sanzol ser&iacute;a nombrado director del CDN, sitio extra&ntilde;o desde donde crear. No es tan f&aacute;cil aunque dispongas de todos los medios. De ese pasado est&aacute; construido el trampol&iacute;n desde donde este autor y director ha decidido saltar de la comedia al drama.
    </p><h2 class="article-text">La Santa Mar&iacute;a navarra</h2><p class="article-text">
        Sanzol ha vuelto a su Santa Mar&iacute;a, a ese territorio imaginado donde transcurren sus obras, un mundo conformado por recuerdos y sensaciones. El gran Juan Carlos Onetti cre&oacute; aquella irrepetible Santa Mar&iacute;a en una irrealidad geogr&aacute;fica del Uruguay. En Sanzol, sin embargo, la correlaci&oacute;n geogr&aacute;fica existe aunque el territorio siga manteniendo la irrealidad de las Vetustas y los Castrofortes de Baralla. Ese territorio va desde el pueblo de Quintanavides, al norte de Burgos, hasta Ir&uacute;n, primera ciudad guipuzcoana despu&eacute;s de recorrer el Bidasoa navarro. Su capital no es otra que Pamplona.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En <em>La &uacute;ltima noche con mi hermano</em> la acci&oacute;n transcurre en Madrid. En el piso de Nerea (Nuria Menc&iacute;a) y en el de su hermano Alberto (Jes&uacute;s Noguera), en el hospital, en un paseo por la Casa de Campo. Pero realmente la acci&oacute;n verdadera est&aacute; en esa grieta que rompe el espacio realista propuesto por Blanca A&ntilde;&oacute;n y por el que se ve un bosque de helechos, hayas y abetos blancos, en esa selva de Irati del Pirineo navarro, coraz&oacute;n del territorio imaginado de este creador donde se juntan el tel&uacute;rico norte con la llaneza de La Ribera.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/71b764d4-66c6-402a-a1c9-11b8540f758c_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/71b764d4-66c6-402a-a1c9-11b8540f758c_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/71b764d4-66c6-402a-a1c9-11b8540f758c_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/71b764d4-66c6-402a-a1c9-11b8540f758c_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/71b764d4-66c6-402a-a1c9-11b8540f758c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/71b764d4-66c6-402a-a1c9-11b8540f758c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/71b764d4-66c6-402a-a1c9-11b8540f758c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="La obra &#039;La última noche con mi hermano&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La obra &#039;La última noche con mi hermano&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Es en ese territorio, que tiene sus propios personajes que van atravesando las obras, como el t&iacute;o Clemen, donde transcurre la verdadera acci&oacute;n de <em>La &uacute;ltima noche</em>.&nbsp;Nerea es incluso un heter&oacute;nimo, a la Pessoa, del propio Sanzol. Un personaje que ya apareci&oacute; en <em>La respiraci&oacute;n</em>, obra de hace diez a&ntilde;os donde Nerea, tambi&eacute;n interpretada por Menc&iacute;a, luchaba por su supervivencia contra otra enfermedad, la del desamor, la de la separaci&oacute;n amorosa. Aquella fue una interpretaci&oacute;n memorable. Esta no lo es menos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nuria Menc&iacute;a, dotada para la escena como las grandes, capaz de pasar del humor a la soledad en menos de una coma de una frase cualquiera, se echa a sus espaldas el drama propuesto por Sanzol. Su transformaci&oacute;n desde la primera a la &uacute;ltima escena es apabullante; su capacidad de verdad en lo humano, c&oacute;mo mira, c&oacute;mo habla al p&uacute;blico desde proscenio con todo el Teatro Mar&iacute;a Guerrero en el bolsillo es de otro planeta&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Menc&iacute;a gan&oacute; por <em>La respiraci&oacute;n </em>el Premio Max. No s&eacute; que pasar&aacute; ahora, pero no se trata de premios. Se trata de que hay ciertas actrices en este pa&iacute;s, como Menc&iacute;a, Hern&aacute;ndez, Rufo, Morales y otras tantas que deber&iacute;an llenar teatros all&iacute; por donde fuesen, y no tener problemas de distribuci&oacute;n porque no han salido en no s&eacute; qu&eacute; pel&iacute;cula o serie. Tenemos una generaci&oacute;n de actrices irrepetible. Dentro de veinte a&ntilde;os los estudiosos har&aacute;n glosas y loas de este tiempo de actuaci&oacute;n.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/90dd19d4-1e15-4c35-b10a-07753b8f2a6c_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/90dd19d4-1e15-4c35-b10a-07753b8f2a6c_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/90dd19d4-1e15-4c35-b10a-07753b8f2a6c_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/90dd19d4-1e15-4c35-b10a-07753b8f2a6c_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/90dd19d4-1e15-4c35-b10a-07753b8f2a6c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/90dd19d4-1e15-4c35-b10a-07753b8f2a6c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/90dd19d4-1e15-4c35-b10a-07753b8f2a6c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="El primer drama de Alfredo Sanzol"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El primer drama de Alfredo Sanzol                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Este bicho de la escena, que contiene lo m&aacute;s grande de la Chus Lampreave y la Marisa Paredes, por ponerse almodovariano, est&aacute; adem&aacute;s acompa&ntilde;ado por un muy buen reparto: el propio Noguera, Elisabet Gelabert, Crist&oacute;bal Su&aacute;rez, y los dos j&oacute;venes (los sobrinos de Nerea) Adriana Llobet y Biel Montoro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ellos son la familia de Nerea, los que vivir&aacute;n la tragedia de perderla y con los que iremos viendo esta sociedad, la espa&ntilde;ola, siempre al borde de tantas cosas. La precariedad laboral, el neoliberalismo que antepone el beneficio a las personas, el odio entre hermanos y conciudadanos siempre escondido detr&aacute;s de cada esquina, el desmembramiento del estado de bienestar, el joven desplazado que busca su identidad ante un feminismo pujante, la nueva realidad de las familias no tradicionales&hellip;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La obra, siempre a trav&eacute;s de la mirada distanciada de Nerea, dibuja el paisaje de una naci&oacute;n zarandeada. Y con esa distancia que da la de la propia tragedia de una muerte demasiado temprana se defienden los valores de la fraternidad, el humanismo y la capacidad de empatizar con el otro.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b01bf4e3-481d-463c-92d9-93d7632abc42_16-9-aspect-ratio_50p_1136858.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b01bf4e3-481d-463c-92d9-93d7632abc42_16-9-aspect-ratio_50p_1136858.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b01bf4e3-481d-463c-92d9-93d7632abc42_16-9-aspect-ratio_75p_1136858.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b01bf4e3-481d-463c-92d9-93d7632abc42_16-9-aspect-ratio_75p_1136858.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b01bf4e3-481d-463c-92d9-93d7632abc42_16-9-aspect-ratio_default_1136858.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b01bf4e3-481d-463c-92d9-93d7632abc42_16-9-aspect-ratio_default_1136858.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/b01bf4e3-481d-463c-92d9-93d7632abc42_16-9-aspect-ratio_default_1136858.jpg"
                    alt="La obra &#039;La última noche con mi hermano&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La obra &#039;La última noche con mi hermano&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Habr&aacute; momentos de comedia, de una comedia suave, con escenas que provocar&aacute;n una risa delicada como el de la primera sesi&oacute;n de quimio, el de un peque&ntilde;o ritual de pan y miel o la &uacute;ltima escena en la que Noguera est&aacute; estupendo y Menc&iacute;a no deja de susurrar &ldquo;corre, corre, corre&rdquo; ante una vida que se le est&aacute; yendo en ese mismo instante. Pero el coraz&oacute;n de la pieza est&aacute; en otra parte.
    </p><p class="article-text">
        Aunque la obra no deja el c&oacute;digo realista nunca y mantiene siempre la temporalidad de los &uacute;ltimos meses de la vida de Nerea, hay un distanciamiento que dota a la pieza de una melancol&iacute;a que la hace trascender. &ldquo;Esta historia es teatro hecho por una muerta que soy yo. Teatro de difuntos. Teatro hecho por los muertos para dar fuerza a los vivos&rdquo;, dice al principio de la obra Nerea.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando acab&oacute; la obra, sal&iacute; pensando que aquello no se hab&iacute;a dado en escena, que todo era demasiado realista, cotidiano, sin rupturas donde entrasen otros planos de realidad; que cuando llegan los 50 nos ponemos maduros, hablamos de la muerte e irremediablemente nos volvemos aburridamente tradicionales.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de dejar pasar varios d&iacute;as me desdigo. Con las horas y el reposo, uno se da cuenta de que este maestro de la comedia &uacute;ltima lo que ha hecho es apu&ntilde;alarte por la espalda. Bendita pu&ntilde;alada. S&iacute; hay ruptura, hay un distanciamiento casi invisible, una melanc&oacute;lica distancia sobre aquello que acontece en escena. Cu&aacute;nta tristeza distante hay en esta pieza para contar una de las grandes tragedias de hoy, ese puto c&aacute;ncer que se lleva a tantos, y el drama de los que quedamos aqu&iacute;, en esta vida donde la prisa se come el recuerdo y lo inmediato arrasa con lo esencial.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Caruana Húder]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/alfredo-sanzol-triunfa-primer-drama-ultima-noche-hermano-impresionante-nuria-mencia_129_13001558.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 18 Feb 2026 21:24:38 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/864167e8-50e7-4af0-b73b-f5df49d9a417_16-9-discover-aspect-ratio_default_1136852.jpg" length="32013727" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/864167e8-50e7-4af0-b73b-f5df49d9a417_16-9-discover-aspect-ratio_default_1136852.jpg" type="image/jpeg" fileSize="32013727" width="7691" height="4326"/>
      <media:title><![CDATA[Alfredo Sanzol triunfa en su primer drama, 'La última noche con mi hermano', con una impresionante Nuria Mencía]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/864167e8-50e7-4af0-b73b-f5df49d9a417_16-9-discover-aspect-ratio_default_1136852.jpg" width="7691" height="4326"/>
      <media:keywords><![CDATA[Teatro,Drama,Actores,Actrices,Muerte]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Israel Elejalde hace un alegato contra la represión educativa ejercida a la infancia en ‘El nudo gordiano’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/israel-elejalde-alegato-represion-educativa-ejercida-infancia-nudo-gordiano_129_12988843.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b66105df-0ce8-4ef0-a3e5-5150197fc964_16-9-discover-aspect-ratio_default_1136548.jpg" width="3401" height="1913" alt="Israel Elejalde hace un alegato contra la represión educativa ejercida a la infancia en ‘El nudo gordiano’"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Eva Rufo y María Morales protagonizan un maravilloso duelo de actrices, un electrizante baile de distancias y silencios en torno al suicidio de un niño de 11 años</p><p class="subtitle">Crítica - ‘Cumbres borrascosas’, Emerald Fennell convierte la obra de Emily Brontë en una fantasía erótica de novela rosa</p></div><p class="article-text">
        <em>El nudo gordiano</em>, la obra que se acaba de entrenar en el <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/prosa-alejandro-sawa-espana-catolica-convierte-teatro_129_12924283.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Teatro Espa&ntilde;ol</a>, est&aacute; liderada por dos de las mejores actrices del teatro actual y la dirige el tambi&eacute;n actor <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/auge-teatro-politico-arremete-sistema_1_1931987.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Israel Elejalde</a>. Es la primera obra estrenada en Espa&ntilde;a de esta autora estadounidense, Johnna Adams. Y es una burrada. Dura, seca, inteligente y al cuello de una sociedad, la norteamericana, empantanada en su <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/bad-bunny-saca-colores-eeuu-super-bowl-latinos_129_12972806.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">propia moral blanca y puritana</a>. Un ni&ntilde;o es expulsado del colegio. Horas m&aacute;s tarde, en el garaje de su casa, se descerrajar&aacute; un tiro en plena cabeza. La madre se presenta en la clase de su hijo buscando respuestas. All&iacute; se encuentra con la maestra.
    </p><p class="article-text">
        Mar&iacute;a Morales es la madre. Eva Rufo, la maestra. Un aula t&iacute;pica norteamericana con la bandera de barras y estrellas al fondo servir&aacute; como campo de batalla. Elejalde ha mantenido la ubicaci&oacute;n de la pieza en EEUU. En la pizarra incluso se lee &ldquo;Constituci&oacute;n 1787&rdquo;, &ldquo;Carta de Derechos 1791&rdquo; y los nombres de los primeros presidentes: Washington, Adams, Jefferson y Madison. Es un acierto anclar esta obra en su lugar de origen, ya que los personajes &mdash;sus modales y su psicolog&iacute;a&mdash; y la naturaleza del conflicto &mdash;donde la moral y la violencia se retroalimentan&mdash; son puramente yanquis.
    </p><p class="article-text">
        La autora, Johnna Adams, gan&oacute; con esta obra en 2012 premios y nominaciones en el teatro llamado<em> off</em>. Pero Adams no tiene premios Pulitzer ni obras en Broadway. Cuando sus obras van a Nueva York, lo hacen a peque&ntilde;os templos del teatro independiente, como el 124 Bank Street Theater<em>. </em>Sin embargo, sus obras, y sobre todo esta, <em>El nudo gordiano</em>, han recorrido como la p&oacute;lvora los numeros&iacute;simos teatros peque&ntilde;os de toda Am&eacute;rica.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2c9b437b-c2ef-425f-b74f-f301775383a1_16-9-aspect-ratio_50p_1136553.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2c9b437b-c2ef-425f-b74f-f301775383a1_16-9-aspect-ratio_50p_1136553.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2c9b437b-c2ef-425f-b74f-f301775383a1_16-9-aspect-ratio_75p_1136553.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2c9b437b-c2ef-425f-b74f-f301775383a1_16-9-aspect-ratio_75p_1136553.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2c9b437b-c2ef-425f-b74f-f301775383a1_16-9-aspect-ratio_default_1136553.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2c9b437b-c2ef-425f-b74f-f301775383a1_16-9-aspect-ratio_default_1136553.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/2c9b437b-c2ef-425f-b74f-f301775383a1_16-9-aspect-ratio_default_1136553.jpg"
                    alt="Una escena de &#039;El nudo gordiano&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Una escena de &#039;El nudo gordiano&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Se podr&iacute;an hacer correlaciones de su teatro con otros autores, pero las comparaciones sirven para bien poco. Adem&aacute;s, no conocemos su teatro, pues esta es la primera obra que se estrena en Espa&ntilde;a. Tan solo decir que su teatro es austero, un teatro pensado para el actor y que, si bien tiene una carga pol&iacute;tica e ideol&oacute;gica profunda, la tiene entre bambalinas, en puro subtexto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Alguien, por la tem&aacute;tica, podr&iacute;a emparentarla con <em>Un dios salvaje</em>, obra de Yasmina Reza que ahora est&aacute; tambi&eacute;n en cartel en el Teatro Alc&aacute;zar con Luis Merlo y Natalia Mill&aacute;n a la cabeza. Nada que ver. Es m&aacute;s, el teatro de Adams es lo contrario al de la francesa. Es un teatro netamente norteamericano, que no denuncia en verborrea la hipocres&iacute;a burguesa, sino que se adentra en los silencios, en lo que no se dice. Es un teatro de pura psicolog&iacute;a del personaje que el actor tiene que ir desplegando en peque&ntilde;os gestos y en la colocaci&oacute;n y el temblor del cuerpo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por eso es una maravilla contar con estas dos actrices. Eva Rufo se hace, y de qu&eacute; manera, con el personaje de la maestra: una publicista con un posgrado MBA que ha reconducido su carrera hacia la docencia. Una mujer netamente anglosajona, l&oacute;gica y mesurada, inteligente y sensata, que es pura correcci&oacute;n distante. Es un placer verla acometer silencios, poner distancia con esa madre que se le viene encima, sutilmente mostrar fragilidades propias sin dejar de tener un rictus perpetuo.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/579b0c7c-2790-4d1c-bd68-055112aa690b_16-9-aspect-ratio_50p_1136554.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/579b0c7c-2790-4d1c-bd68-055112aa690b_16-9-aspect-ratio_50p_1136554.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/579b0c7c-2790-4d1c-bd68-055112aa690b_16-9-aspect-ratio_75p_1136554.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/579b0c7c-2790-4d1c-bd68-055112aa690b_16-9-aspect-ratio_75p_1136554.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/579b0c7c-2790-4d1c-bd68-055112aa690b_16-9-aspect-ratio_default_1136554.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/579b0c7c-2790-4d1c-bd68-055112aa690b_16-9-aspect-ratio_default_1136554.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/579b0c7c-2790-4d1c-bd68-055112aa690b_16-9-aspect-ratio_default_1136554.jpg"
                    alt="La obra &#039;El nudo gordiano&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La obra &#039;El nudo gordiano&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En el otro lado est&aacute; Mar&iacute;a Morales. Una madre en shock, catedr&aacute;tica de literatura medieval, tan instruida como destrozada. Una madre que quiere saber qu&eacute; pas&oacute;, pero que tiene la certeza de que nunca lo sabr&aacute; del todo y que est&aacute; tan llena de culpa como de sed de culpar a alguien de su desgracia. El duelo entre ambas es espectacular, c&oacute;mo dejan que cada frase se quede suspendida, c&oacute;mo se miran y se auscultan.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute;, en ese baile de silencios entre estas dos fieras de la escena, de unos silencios que son los m&aacute;s tensos que uno recuerde desde hace a&ntilde;os en un teatro, la autora, sin decirlo, har&aacute; que los entresijos de la sociedad americana salgan a flote. Una sociedad donde todo posicionamiento moral es denunciable por v&iacute;a judicial, donde la moral es social antes que &eacute;tica, y en la que la correcci&oacute;n siempre es un arma de doble filo.
    </p><p class="article-text">
        La autora va jugando sutilmente con el p&uacute;blico, administr&aacute;ndole informaci&oacute;n que provocar&aacute; que vaya cambiando de bando, juzgando duramente a una para luego comprenderla, entendiendo y defendiendo la posici&oacute;n de la otra para luego descubrir una parte oscura que la aleja. Ese vaiv&eacute;n moral humaniza a ambos personajes e involucra tambi&eacute;n la moral del que mira desde la platea. El espectador se ve, irremediablemente, implicado con lo que pasa en escena.
    </p><p class="article-text">
        Pero realmente la pieza, aunque nunca lo explicite, es un ataque directo al coraz&oacute;n de la sociedad americana. Es lo no expuesto lo que hace grande a este texto. Porque detr&aacute;s de esa maestra y esa profesora bulle uno de los estigmas mayores de esa sociedad que lleva decenios prohibiendo libros en sus escuelas al mismo tiempo que viviendo las mayores masacres de violencia. Un ecosistema donde violencia y moral se muerden la cola en un juego diab&oacute;lico.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7bc3d014-eb04-44f6-863d-6742b73d3cf8_16-9-aspect-ratio_50p_1136555.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7bc3d014-eb04-44f6-863d-6742b73d3cf8_16-9-aspect-ratio_50p_1136555.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7bc3d014-eb04-44f6-863d-6742b73d3cf8_16-9-aspect-ratio_75p_1136555.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7bc3d014-eb04-44f6-863d-6742b73d3cf8_16-9-aspect-ratio_75p_1136555.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7bc3d014-eb04-44f6-863d-6742b73d3cf8_16-9-aspect-ratio_default_1136555.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7bc3d014-eb04-44f6-863d-6742b73d3cf8_16-9-aspect-ratio_default_1136555.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/7bc3d014-eb04-44f6-863d-6742b73d3cf8_16-9-aspect-ratio_default_1136555.jpg"
                    alt="La obra de teatro de Israel Elejalde"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La obra de teatro de Israel Elejalde                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En EEUU hay <a href="https://www.eldiario.es/internacional/lista-negra-libros-prohibidos-escuelas-eeuu_129_9577649.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">miles de libros prohibidos</a> en las bibliotecas escolares. Las razones son siempre las mismas: pol&iacute;tica, raza, g&eacute;nero, sexo e historia. Es decir, prohibiendo la vida reduci&eacute;ndola a un dogma que estigmatiza todo lo que queda fuera. Algo que desde la <a href="https://pen.org/report/the-normalization-of-book-banning/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">subida al poder de Donald Trump</a> y de gobernadores como <a href="https://www.eldiario.es/internacional/doble-asalto-ultraconservador-desantis-florida-prohibira-abortar-despues-seis-semanas-gestacion-limitara-educacion-sexual-aulas_1_10118905.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ron de Santis</a> en Florida se ha agravado con m&aacute;s de seis mil libros prohibidos en los &uacute;ltimos tres a&ntilde;os. La lista da miedo. Una lista donde est&aacute;n desde los ya cl&aacute;sicos como <em>La naranja mec&aacute;nica</em> de Burgess o <em>It</em> y <em>Carrie</em> de Stephen King, hasta algunas &ldquo;novedades&rdquo; como <em>El amor en los tiempos de colera</em> de Garc&iacute;a M&aacute;rquez (sic) o las biograf&iacute;as de Celia Cruz o Venus y Serena Williams. No se salvan ni premios nobeles, ni por supuesto cualquier libro de tem&aacute;tica LGTBI como <em>All boys aren&acute;t blue</em> de George M. Johnson, que est&aacute; prohibido en 15 estados.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La autora, de manera muy inteligente, no muestra la violencia de las masacres como las de Colombine en 1999, Virginia en 2007 o Sandy Hook en 2012, sino la violencia del sistema educativo sobre el ni&ntilde;o. Quiz&aacute; la escritora, no lo sabemos, haya le&iacute;do a Thomas Bernhard, el autor austriaco que defin&iacute;a las escuelas como &ldquo;m&aacute;quinas de aniquilaci&oacute;n&rdquo; que deforman al ni&ntilde;o hasta que lo convierte en un ser leal y consumidor. Pero esa visi&oacute;n, a la americana y no a la nacional socialista burguesa como en Bernhard, sobrevuela toda la pieza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>El nudo gordiano</em> aborda ese nudo irresoluble americano hasta el fondo y en todas sus facetas. Cuando ese ni&ntilde;o muestre su mente expandi&eacute;ndose, comenzando a volar, ser&aacute; cercenado y apartado. Pero tambi&eacute;n es importante c&oacute;mo reacciona esa cabeza de 11 a&ntilde;os, porque su reacci&oacute;n, que es extrapolable a cualquier sociedad, es netamente americana. Su respuesta recuerda a ese incre&iacute;ble <em>nerd</em> convertido en estilita que era Henry Darger, pintor que explic&oacute; como nadie el da&ntilde;o de un sistema educativo represor en una mente infantil.
    </p><p class="article-text">
        La direcci&oacute;n de Elejalde remarca esta visi&oacute;n al final de la obra, sin medias tintas. Con el espacio ya vac&iacute;o har&aacute; que la clase tiemble de luz y sangre&nbsp;con la m&uacute;sica del grupo Ghinzu a todo trapo. Ghinzu es un grupo belga de rock alternativo que suena bien americano. Pareciera que Elejalde hiciera al final un peque&ntilde;o gui&ntilde;o, una peque&ntilde;a advertencia de que los EEUU es una potencia irradiadora de aspectos estupendos, pero tambi&eacute;n de mierda. Resuena con ese final, de manera no expl&iacute;cita, siguiendo as&iacute; la hoja de estilo marcada por la autora, la cruzada de Vox en las escuelas espa&ntilde;olas con sus pines parentales, sus acusaciones de adoctrinamiento y su moralidad beata.&nbsp;La obra est&aacute; coproducida por el Teatro Espa&ntilde;ol y Kamikaze. Tiene todos los visos, ahora comenzar&aacute;n las contrataciones, de que despu&eacute;s de su paso por Madrid tenga una larga gira por toda Espa&ntilde;a. Aprovechen. La obra es toda una lecci&oacute;n de actuaci&oacute;n de dos grandes de la escena.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Caruana Húder]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/israel-elejalde-alegato-represion-educativa-ejercida-infancia-nudo-gordiano_129_12988843.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Feb 2026 21:00:28 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/b66105df-0ce8-4ef0-a3e5-5150197fc964_16-9-discover-aspect-ratio_default_1136548.jpg" length="2938850" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/b66105df-0ce8-4ef0-a3e5-5150197fc964_16-9-discover-aspect-ratio_default_1136548.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2938850" width="3401" height="1913"/>
      <media:title><![CDATA[Israel Elejalde hace un alegato contra la represión educativa ejercida a la infancia en ‘El nudo gordiano’]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/b66105df-0ce8-4ef0-a3e5-5150197fc964_16-9-discover-aspect-ratio_default_1136548.jpg" width="3401" height="1913"/>
      <media:keywords><![CDATA[Teatro,Actrices,Cultura,Educación,Suicidio,Suicidios,Enseñanza]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
